Mostrando entradas con la etiqueta autoayuda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoayuda. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Sabemos ser felices?




Hace años escribí un artículo sobre la felicidad y desde entonces he leído mucho sobre la misma, distintos puntos de vista pero todos aciertan a admitir que la felicidad no es un estado estable y continuo sino que se vive en momentos y uno elige si desea sentirse o no feliz sean cuales sean las circunstancias que envuelvan su vida. No hace mucho leí: “La felicidad no es una meta, es una trayectoria” y estoy totalmente de acuerdo con esa asunción.
La vida nos marca un camino desde que nacemos hasta que morimos, uno que a menudo tiene dificultades, obstáculos, de mayor o menor intensidad, pero es nuestra actitud frente a ellos la que aportará a nuestra vida felicidad o amargura.
Siempre he considerado al ser humano como una entidad cuyas partes están interrelacionadas. Así mente, cuerpo y emociones forman nuestro ser y cuando una de esas instancias se halla en malestar, desequilibra a las otras. Pero hay un hecho importante y es que nosotros elegimos como sentirnos sean cuales sean los eventos que nos rodeen y en esa decisión los pensamientos ocupan un papel muy importante. Cómo pensemos abocará una emoción y una gestión adecuada de las mismas concederá la diferencia.
Las emociones negativas presentadas por pensamientos irracionales, que nada tienen que ver con la realidad, sino que están teñidos por malestares ficticios, causarán infelicidad. Nos sentiremos rechazados, ofendidos, desgraciados, desesperanzados, ansiosos, tristes y creeremos que la vida es injusta porque nos produce esos sentimientos invalidantes. La cara opuesta es el conjunto de emociones positivas que vienen precedidas por pensamientos sanos que inalteran el equilibrio de la persona. Evidentemente ese estado conduce a la felicidad lo que es síntoma de bienestar personal.
Cada ser humano controla su mente gobernando asimismo los sentimientos que se generan con esos pensamientos. Nuestra mente está programada para boicotearnos pero nosotros poseemos la última palabra: somos los que elegimos cómo vivir la vida, y en esa manera de vivirla radica ser o no felices.
Pero recordemos como os he dicho al principio que la felicidad no es un estado continuo lo que establece que jamás hay que bajar la guardia.
La vida está repleta de desgracias, obstáculos, redes que se tejen en nuestra contra, contradicciones con nuestro propio yo, equivocaciones, desviaciones pero la confianza en uno mismo mantiene un sano control y equilibrio. Cuando uno cae en justificaciones, malentendidos, culpabilización, autodestrucción se está saboteando y permite que la duda desequilibre su vida.
Recuerda que tu vida es tuya y que lo que aprendemos es a saber vivirla. Nuestro mayor reto es precisamente establecer las elecciones adecuadas para vivir felizmente buscando la armonía entre nuestras necesidades y las relaciones que establecemos. Por más ingratas que sean las circunstancias, una actitud conciliadora con nuestro ser posibilita alcanzar la felicidad.

Algunas claves para lograr mantenernos felices y en equilibrio:
- Respétate a ti mismo. Elijas el camino que elijas, decidas lo que decidas, respétalo.
- Siéntete merecedor de tu vida y agradece el haber nacido.
- Conócete muy bien a ti mismo. Tienes que ser capaz de ir siempre un paso por delante de ti. El conocimiento profundo permite la buena gestión de tus emociones porque conoces tus propios demonios y sabes mantenerlos a raya.
- Nunca te avergüences por reconocerte débil, indefenso, celoso, rabioso, enojado. Simplemente aprende de esas emociones y de la función que tienen en cada momento. Lo importante es que las recibas con entendimiento para saber perdonarte.
- No te juzgues, ni juzgues a los que te rodean. Cada cual vive su vida como elige hacerlo.
- Reconócete libre para elegir tu camino. Esa es la aportación principal que le das a tu vida.
- Cuida en todo momento tu cuerpo, tu mente y las emociones que lleves contigo. Es tu responsabilidad.
- Aprende a estar a solas contigo mismo al menos cinco minutos diarios. No temas no saber qué preguntarte o peor todavía, qué responderte. Confórmate con estar a solas contigo y poco a poco tu interior se acostumbrará a fluir normalmente.
- Por último, vive el presente, cada momento intensamente como si fuera tu último aliento. El gozo de vivir se merece que vivas el presente, no que revivas el pasado o especules el futuro.

Cada instante de nuestra vida se forma con nuestras intenciones. Somos los creadores de nuestra existencia y ello supone un peso importante. Si nuestras actitudes conforman impresiones positivas además de vivir plenamente felices conformaremos impresiones de conjunto sanas y positivas. Aunque te sientas único no olvides que formas parte de una unidad y que tu infelicidad crea una realidad destructiva. Fomenta el equilibrio y con ello contribuirás a un mundo mejor.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El Merecimiento





Érase una vez una jovencita a la que se le daban bien los estudios. No era especialmente exigente con ellos pero sabia que tenia cierta facilidad para sacarse los exámenes sin demasiados problemas. Sus padres eran trabajadores pero viendo esa facilidad en la niña, hicieron de más y de menos para poder pagarle unos estudios superiores. Laura, que así se llamaba nuestra protagonista, reflexionó sobre qué carrera estudiar; había que barajar posibilidades, en primer lugar, de satisfacción personal y ,en segundo lugar, y no menos importante, de supuesto bienestar económico futuro. El papel de la mujer habia cambiado en sus años de adolescente y no podía pensar en traspasar la responsabilidad de su futuro a aquel que fuera su esposo. Así, pensando y pensando, llegó a la conclusión que Derecho sería una buena elección. Pero tenía una pequeña pero no menos insignificante pega: a Laura no le gustaba dedicar "tiempo extra" a los estudios porque a ella también le agradaba salir y relacionarse con sus amigos, disfrutar de los tiempos de ocio. Así que desestimó la abogacía a pesar de esa magnífica serie que echaban por la "caja tonta" en la que una alocada y ensimismada abogada extremadamente delgada metía frecuentemente la pata en los lavabos unisex del despacho de abogados para el que trabajaba.
De nuevo Laura tuvo que acceder a su lista de posibilidades para barajar nuevamente otra elección. Recordó que siempre le habia gustado escribir, que antaño había escrito inclusive cuentos y al parecer según le había dicho su profesor de literatura, no se le daba mal. Pero los escritores no ganan dinero con lo que la supuesta "independencia económica" por ella deseada podría verse frustrada.
Pero ella era independiente y atrevida, así pues el Periodismo podría llevarla a otros paises, acercarla a otras culturas y vivir una vida de riesgos y libertad, pensó. En realidad, Laura no era ni tan atrevida ni tan independiente como pensaba, así pues la idea de cursar estudios de Periodismo rápidamente pasó a un segundo plano.
El padre de Laura estaba preocupado porque veía a su hija perdida, sabiendo que tenia que tomar una decisión importante que todos esperaban que no fuera equivocada. El futuro para los padres había sido tan distinto del que ahora podían darle a su hija que Laura sentía una terrible responsabilidad en tomar la elección adecuada.
Una noche cualquiera de un dia cualquiera una voz desde su interior le susurró que lo que ella verdaderamente quería era conocerse más a sí misma y con ello ayudar a las personas y en ese momento tuvo claro que tenía que elegir una profesión humanitaria. Barajó Medicina, Psiquiatria, Psicologia decantándose por esta última.
Los padres suspiraban, por fin Laura habia elegido, aunque hubieran preferido llamarla "Doctora" pero se sintieron igualmente orgullosos por haber contribuido a dar a su hija unos estudios superiores que le facilitaran el camino profesional que tan difícil parecía en esos días. ¡Ella reflejaría lo que ellos no habían podido ser!
Para Laura la vida tenía muchas maravillas que descubrir y entre ellas estaba el amor, que pronto emergería. Pero sus objetivos estaban claros y no quería depender económicamente de nadie, así es que terminada su carrera trató de labrarse un futuro laboral mínimamente estable pero sin grandes ambiciones porque Laura priorizaba otras cosas al adictivo poder. Laura era soñadora, idealista y apasionada, cuestionaba lo que para ella eran injusticias y no le preocupaba ganar. Ella necesitaba sentir la ayuda, sentir que su granito de arena mejoraba a alguien de su entorno. Y así pasaron los años, sin gruesas cuentas corrientes pero con grandes satisfacciones internas aunque también tuvo decepciones por esperar un mundo más justo que el que nos toca vivir.
Fueron unas oposiciones de joven, una plaza casi adjudicada en un Ayuntamiento, por mencionar algunas de sus "internas" frustraciones para culminar en obstáculos que siempre aparecían de un modo u otro en el camino que "supuestamente" se había marcado.
Laura se decía a sí misma que si ella se creaba su realidad porqué no había prosperado en aquello que consideraba era su mérito. Dos preguntas se daban forma en su mente: ¿Porqué se levantan esos muros que me imposibilitan el acceso que creo merecer? y ¿Qué necesito demostrar con ese merecimiento?
A Laura nunca le había preocupado realmente su posicionamiento. Su filosofía siempre fue la de vivir cada instante que nos conceda la vida y enriquecernos interiormente con lo que hacemos. Merecer o no merecer una posición laboral nunca fue su prioridad sin embargo siempre buscó ese merecimiento en esas oposiciones que jamás consiguió.

Una Laura madura sonríe cuando piensa en ello y entiende, al final, que erró en ese camino porque no era el que tenia que tomar por más que se sintiera frustrada cuando no conseguía el reconocimiento.
Algunas veces la vida nos pone trabas en aquello que consideramos es nuestra meta y lo hace porque en realidad no es eso lo que queremos aunque pensemos que sí.
Laura se habia pasado media vida tratando de formar parte de la jerarquía cuando no creía en ella. ¿Porqué no se había escuchado a sí misma en vez de perder tanta energía con cada intento y posterior fracaso?

A menudo como Laura hemos de preguntarnos para qué necesitamos conseguir ese reto que nos hemos marcado, somos realmente nosotros los que lo deseamos o esa compensación viene necesitada por algún componente externo no identificado. A quién deseamos agradar, quién obtiene la recompensa, los otros o nosotros.
Si no tememos escuchar nuestro interior, las respuestas apareceran y evitaremos un gasto de energía innecesario y una proliferación de emociones negativas que sólo recompensan a aquellos que se alimentan de ellas.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Trastornos de la Personalidad




Cada ser humano es dueño de una personalidad propia y por ello somos únicos. Nuestra personalidad es la que marca la persona y su adaptación a las diferentes circunstancias de la vida será la que marque a menudo la diferencia entre trastorno o no.
Podríamos definir la personalidad como un conjunto de rasgos que contribuyen a la conformación mental del sujeto dándole su propia fisonomía. La personalidad es como una especie de masa moldeable que intenta equilibrarse con las distintas situaciones de la vida para llegar a una adaptación sujeto-entorno. En resumen, es el conjunto de características constantes de un individuo. Estas características conforman a su vez inteligencia, carácter temperamento, constitución y como conjunto que es tiene tanto elementos sanos como deficientes. El ser humano reacciona frente a las circunstancias de la vida tanto con unas como con otras. Si una persona tiene complejos es evidente que reaccionara con ellos a la vez que con el resto de la personalidad.
El arte de vivir no se hace posible si la persona no se ha desprendido de aquellos impedimentos que le impone su propia personalidad. Hay que evolucionar frente a las situaciones que vivimos y saber adaptarnos para conseguir una armonía cuerpo-mente.
Las enfermedades de la personalidad son muchas; diferentes influencias del entorno vivido, modelos inapropiados de educación, conflictos en la relación padres-hijos, situaciones límites y un sinfín de etcéteras pueden producir los llamados trastornos de personalidad.

Trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo
Se consideran controladores y responsables tanto de ellos mismos como de los demás. Es como si creyeran que todo depende de ellos y por tanto deben alcanzar y mantener el nivel óptimo de perfeccionismo. El resto de mortales aparecen ante sus ojos como “ineptos” y “despreocupados”. Para sobrevivir necesitan orden y perfección. Para ellos es catastrófico perder el control o no llevar a cabo los “deberes” que a menudo se autoimponen. Cualquier fracaso puede llevarlos a la depresión. Son individuos demasiado exigentes con un alto nivel de ansiedad que se frustran habitualmente.

Trastornos de la personalidad por dependencia
Se sienten desvalidos, desprotegidos necesitando continuamente el apoyo de los demás. Son los otros, los fuertes los que les proporcionan los recursos necesarios para alcanzar la felicidad. Sin ellos, no son nadie. Son tremendamente débiles y con una autoestima muy baja.
Este tipo de personas pueden funcionar perfectamente mientras cuenten con el apoyo y cuidado de la persona “fuerte”. Si ésta les falla, se hunden.
Su principal temor es el rechazo o el abandono.

Trastornos de la personalidad pasivo-agresiva
Su estado levita entre la pasividad y sumisión para mantener sus relaciones con el entorno y la agresividad que explosiona frente a la pérdida de autonomía que sienten en su interior. La ambivalencia les marca: necesidad de apego y miedo al abuso fluctuando entre una conducta pasiva y una conducta agresiva como aquel globo que finalmente se hincha y explota.

Trastorno paranoide de la personalidad
El sujeto paranoide es desconfiado por naturaleza. Siempre atento esperando pillar con las manos en la masa a aquél que le traicione. Ve fantasmas donde no los hay. Todo el mundo es una gran conspiración contra sí mismo.
Es cauteloso, sus interpretaciones siempre son complicadas y falsas.
Teme ser secretamente manipulado o controlado.
La ansiedad continua que sufren provocada por sus “manías” les hace a menudo solicitar terapia.

Trastorno narcisista de la personalidad
Se consideran especiales, divas, superiores a todo ser humano. Esa condición les posibilita un trato diferenciado del resto de la humanidad. Si no lo obtienen, pueden castigar o bien sentirse terriblemente frustrados.

Trastorno antisocial de la personalidad
Este tipo de personas se consideran autónomas y con fuerza en sí mismas. Creen tener derecho para violar las normas y reglas impuestas. La personalidad antisocial “primero pega y luego pregunta”. Pueden delinquir abiertamente o bien ser más sutiles y estafar mediante astutas manipulaciones.
Su creencia es que el mundo es injusto y yo merezco tener aquello que tienen otros. Sus actos delictivos siempre están justificados por ellos. No hay normas, no hay distinción entre el bien y el mal.

Trastorno esquizoide y esquizotípico de la personalidad
La palabra clave es el aislamiento y su estrategia mantenerse a distancia de los demás para preservar su soledad al máximo. El acercamiento de los demás lo viven como intrusión y ello representa una amenaza para su vida.

Trastorno de personalidad por evitación
Estas personas desean la cercanía con el entorno pero a la vez temen ser heridas. El temor al rechazo, al dolor les hace evitar toda relación y así no pueden llegar a sufrir. Evitan la evaluación, el riesgo porque el mayor temor que pueden sentir es la humillación. El paciente evitativo limita sus expectativas, se abstiene de compromisos porque en ellos existe el riesgo al fracaso.

Trastorno histriónico de la personalidad
Se viven como encantadoras con cierto estilo y totalmente merecedoras de atención por parte de los demás. Necesitan cautivar como modo de funcionamiento, atraer, expresar emociones de forma abiertamente manifiesta. Son unos excelentes actores, pues su vida entera parece puro teatro. Confabulan, manipulan siempre para conseguir que el resto se mantenga a sus pies. Bajo un aspecto jovial y seguro se esconde el temor a la indiferencia y rechazo.

Trastorno límite de la personalidad
Aquí se amontonan aquellos trastornos difíciles de encasillar, que están a caballo entre la neurosis y la psicosis. Se define como una pauta duradera de percepción, relación y pensamiento tanto sobre el entorno como sobre sí mismo en la que existen problemas en diversas zonas, como por ejemplo en la relación interpersonal, en la imagen que tiene de sí mismo, en su estado anímico, etc..
Podemos alertarnos ante un TLP cuando veamos por ejemplo: vivencias de relaciones intensas e inestables, conducta compulsiva, sentimientos de vacío o aburrimiento crónicos, impulsividad, ira intensa e incontrolable episódicamente, no tiene muy claro sus metas, sus prioridades, su escala de valores (confusión).

Tratamiento cognitivo para los trastornos de personalidad
En los trastornos de personalidad existen unos esquemas (pensamientos) inadecuados que paralizan la conducta positiva y son precisamente esos pensamientos los que hay que desbloquear en todos los trastornos de personalidad.


Ejemplos de esquemas de pensamiento de los trastornos de personalidad

Obsesivo-compulsivo Los detalles son cruciales
Por dependencia Necesito de la gente para ser feliz
Pasivo-agresiva La gente interfiere en mi libertad de acción.
Paranoide Hay que vigilar constantemente porque la traición puede venir de cualquier parte.
Narcisista Como soy especial debo tener reglas especiales.
Antisocial La gente es tonta yo tengo derecho a no respetar las normas.
Esquizoide y Esquizotípico Las relaciones son indeseables.
Por evitación No puedo soportar los sentimientos desagradables de rechazo y humillación.
Histriónico Soy tan buena que no tienen derecho los demás a negarme lo que yo quiero.
Límite Siempre estaré solo.
Soy malo, merezco el castigo.
No soy capaz de controlarme.
Tengo que protegerme de la gente porque me puede hacer daño
.
Si me conocieran realmente no estarían conmigo.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Otro




El Otro lleva tanto tiempo conmigo que ni siquiera puedo pensar en mí sin él. Él me guía en todos los instantes de mi vida. Ha estado presente en mi nacimiento, cuando tuvimos aquel accidente en el que pensé que perdía a mi madre, en aquellos difíciles días en que me lo cuestionaba todo. Me ha acompañado en todas y cada una de las situaciones que la vida me ha dado, ofreciéndome en todo momento atención y cuidado. Tanto hemos vivido juntos que ahora se hace difícil prescindir de él.

El Otro es algo así como mi propio vestido, el ropaje con el que asisto a las representaciones de la vida, mi consejero que interviene para que mis decisiones sean acertadas. Ha estado tan pegado a mí, que ahora no sé si voy a poder.

El Otro me aconsejó cuando decidía qué profesión elegir, me susurró: "éste es el hombre adecuado" cuando decidí comprometerme, me hizo sentir que estaba preparada cuando tuve a los niños. ¿Vale la pena tomar el camino equivocado?

El Otro siempre ha sabido lo que era mejor para mí, me ha acurrucado en los sollozos y ha evitado que cayera por más de un acantilado, pero lo más importante de todo es que SIEMPRE HA PENSADO POR MI.

Y ahora me pregunto: ¿Es eso lo que en verdad quiero?

El Otro se viste de sabiduría para hacer que sientas su necesidad de existir. Critica tus decisiones alocadas para que creas que sin escucharlo estarás mal. Te hace sentir pequeña cuando teme ser descubierto.

El Otro vive de ti, vive tu vida enfundado en tu caparazón. Se coló junto a tu alma en el momento en que decidiste vivir una existencia terrenal y empezó a hablarte desde tu nacimiento. Su voz cada vez sonó más fuerte en tu interior y pensaste que ésa era tu alma. Pero no, era la del Otro.
Es un ser que habita en las tinieblas que rodean tu corazón, bloqueando que éste sea escuchado.


El día que despiertes y escuches verdaderamente tu corazón quedarás deslumbrada por los misterios de la vida, estarás abierta a los milagros y vivirás cada segundo de tu existencia con tal intensidad y plenitud que jamás sentirás el vacío que habita el alma humana.

Entonces reconocerás el tiempo perdido escuchando al Otro, dejando que él viva tu vida, limitando al máximo tus sentidos y verás que esas dudas que ahora albergas sólo son una manipulación más del Otro porque ahora sí ve con temor el fin de su existencia.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Sentir




Siento cómo el aire agita los árboles y al mismo tiempo noto su brisa fresca en mi cuerpo. Lo percibo porque quiero saber porqué nunca se detiene. Es curioso pero nos preocupan los dolores, las enfermedades, tratamos de preveer las situaciones embarazosas o alarmantes pero nunca cuestionamos ese AIRE que respiramos y que sin él no viviríamos.
Suponemos, es más, damos por hecho que él siempre está ahí, pero ¿nos preocupamos por sentirlo?

Nuestra vida desde nuestro inicio consciente tiene como objetivo final consolidar una serie de logros que creemos nos llevarán a obtener la apreciada FELICIDAD. Creemos que esa meta se consigue con perseverancia, una buena dosis de suerte y por supuesto, una infancia de “nubes de algodón” que alejara posibles traumas. Pero en realidad lo único que importa es nuestra actitud y nuestra responsabilidad en la vida que vivimos.
Uno es feliz si quiere serlo, si así lo elige, importando poco si tuvo suerte, sus padres fueron excelentes educadores o si tuvo buenas o malas compañías. Lo definitivamente importante es cómo sentimos lo que nos rodea, cómo nos desprendemos de lo que nos impide evolucionar.
Nos guiamos por lo que perciben nuestros sentidos y aquello que no vemos con los ojos, carece de importancia o no ha de ser tenido en cuenta porque no puede examinarse. Pero tenemos la capacidad de desarrollar otros sentidos internos que ampliaran nuestra visión del mundo y de nosotros mismos.

La naturaleza, la vida en sí misma, nos proporciona muchos elementos con los que sentir y a los que agradecer su existencia. Pero claro eso es demasiado ¿simple?
El mensaje que trato de transmitir es que siempre nos quejamos, nos sentimos frustrados, decepcionados, fracasados,… todos los demás tienen la culpa de nuestro malestar actual. Ellos son los culpables, nosotros estamos resentidos, pero todo ese diálogo que produce nuestro veneno emocional interno en definitiva se produce porque así LO ELEGIMOS. El dilema está en ser víctima o ser juez, inclusive puedo alternar ambos estados a lo largo de mi vida, ¿con qué finalidad? Pues la de pasar por la vida sin responsabilizarme de ella.
La vida ES UN REGALO que tengo que agradecer, las consecuencias de cómo elija vivirla repercutirán en TODOS, porque todos estamos conectados y sentimos la vibración negativo del otro.
El aire que respiramos y que nos permite sentirnos vivos es un regalo que despreciamos cuando nos sentimos paralizados, cuando nos perdemos en banalidades o cuando no despertamos al milagro que supone vivir.

Tenemos la responsabilidad de hacernos cargo de nuestra vida de la manera más positiva. No hay que desperdiciar nuestro tiempo, no hay que sufrir sino que hay que aprender a sentir a través de cada poro de tu piel.
Cada nuevo día nos trae nuevas sensaciones, experiencias que sentir porque ese es nuestro propósito de vida: ser capaces de vivir desde el corazón ahora que como almas estamos enfundados en estos densos cuerpos que olvidan fácilmente el poderoso huésped que los habita.

La identificación con tu esencia, con tu yo se sentirá más fácilmente si cultivas tus espacios de contemplación. Uno tiene que aprender a estar solo, a sentir la totalidad que lo conecta al resto de seres, desprenderse de aquellos hábitos nocivos que le hacen vivir en la polaridad o mantenerse anclado en emociones negativas.

No hay tiempo que perder, hay mucho por hacer, por ti y por el mundo que habitas. Cultiva la práctica diaria de las virtudes del corazón para enfrentarte a las inclemencias de la vida. Agradecer, sentir compasión, perdonar, mostrar humildad, valor o entendimiento tienen que usarse como poderosas armas para vencer la energía negativa. La práctica te llevará al uso normalizado y ello proporcionará bienestar a tu vida. Individualmente te sentirás más despierto, más vivo, más intuitivo, sentirás con más fuerza el poder que te corresponde. El universo vibrará con tu energía positiva y eso que te pareció en algún momento “algo simple” te darás cuenta que tiene una magnitud incuestionable.
Ya ves, percibir pequeños detalles como la grandeza de ese aire que nos permite seguir vivos cada día, es una realidad que hay que empezar a sentir y a agradecer. Si podemos elegir percibir la totalidad ¿porqué conformarnos con menos?

Frena el ritmo acelerado de tu vida diaria, abre tus sentidos y escucha cómo sus percepciones resuenan en tu interior. Esa es la clave para tu despertar y el de toda la humanidad.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Controla tu vida



La noche cae dejando entrever algunas estrellas en un cielo casi cubierto por las nubes, ésas que horas antes amenazaban lluvia pero que por alguna razón desconocida se abstuvieron. La mujer flirtea con el hombre pero éste no parece cerciorarse, prefiere contemplar el cielo que ceder a los deseos de ella. Malhumorada se aleja del jardín y entra en la casa, no sabiendo muy bien en qué ocupar la mente para distraerla de la frustración sentida. Mira el reloj del pasillo y se percata que aún queda hora y media para la medianoche, horario habitual para acostarse, así pues la alternativa queda desechada. Sube los 14 peldaños que la separan del piso superior donde se encuentra su querida buhardilla. Se adentra en ella y observa por un segundo las posibilidades que la misma le depara. Pero lamentablemente ninguna es tan atractiva como un rato de sexo con su pareja. Esa noche están solos. Los hijos se encuentran en el campamento de verano. Pero, a ver, piensa ella, hace ya una semana que se fueron y desde entonces ¿lo hemos celebrado especialmente? De nuevo la frustración hace mella en su interior dejando hueco para que se instale la rabia. De repente, como si no se hubiera dado cuenta de ello algunas preguntas empiezan a oírse ruidosamente en el interior de su cabeza, preguntas que abren dudas a su hasta el momento maravillosa relación de pareja.
¿Ya no me quiere? ¿No me desea igual que antes? ¿Habrá conocido a otra? Y bla, bla, bla. Consecuentemente, frustración y rabia tienen que contraerse para permitir que los celos tengan su espacio. Y como no, la poca confianza en una misma ceden el poder a esos interrogantes que acaban por nublar enteramente su mente.

Podemos rebobinar y ponernos en la mente del hombre, vislumbrando una escena adecuada para él. Tras una jornada de duro trabajo en aquella empresa a la que se siente atado tras tantos años de servicio y que poco le aporta actualmente, sólo piensa en llegar a su apreciado “universo local” y contemplar su creación junto con su esposa, la que probablemente le estará esperando en el porche junto con un par de bebidas frías para reducir la sensación de calor en este abrumador verano. Pero no, no sucede exactamente como él planea. En casa la mujer no parece entusiasmada con su llegada, se queja de que hoy ha venido demasiado pronto y a ella no le ha dado tiempo de todos los quehaceres que se había impuesto ese día. La frustración ahora ¿quién la siente? Por supuesto él, que anticipando esos pensamientos motivados por las suposiciones que lleva a cabo, termina frustrándose cuando lo esperado no se produce.

Todo se intensifica en décimas de segundo. En poco tiempo, episodios como los descritos, pueden provocarnos una terrible infelicidad.

Tratemos de analizarlo para entender el mecanismo que actúa en nuestro interior y justifica ese descontrol emocional:
Se inicia la situación frustrante a causa de una diferencia de opiniones. Ella desea tener sexo y él se encuentra ocupado contemplando el cielo. Él improvisa una tarde apacible con una bebida refrescante y la compañía de su mujer y ella lo considera inapropiado e inoportuno.

Quizás ella no ha sabido transmitirle adecuadamente su deseo o quizás él tenía que haberla llamado antes para expresarle sus intenciones. Pero ¿todo tiene que ser tan “poco espontáneo”?
En el primer supuesto, ambos disfrutan a su manera de esa noche solos. En cualquier caso, ella “supone” y por tanto “se frustra”. No empatiza, no comunica adecuadamente sus intenciones, vive con la creencia que sus deseos son órdenes. La espera siempre frustra.
En el segundo supuesto, la frustración llega cuando uno se percata de la poca sintonía que tiene con su pareja. Concluir eso está fuera de lugar, pero el ser humano es así. Las conclusiones apresuradas están en el orden del día.
En ambos casos la emoción negativa se alimenta de los pensamientos que rondan su cabeza. Esos interrogantes que toman forma en su mente los sucumben en una paralización emocional destructiva. Entran en un círculo obsesivo que daña su persona y el amor que sienten por sí mismos.



Pero ¿en qué momento se pierde el control? Cuando uno cede el poder de su vida al otro, a los hechos y a las suposiciones, cuando se toma cualquier evento como algo personal, cuando se juzga, cuando se culpabiliza y cuando utiliza las palabras en su contra.

La vida contiene muchísimas situaciones que generan reacciones en nosotros. La persona tiene que desprenderse de aquellos hábitos que hacen de ellos seres infelices porque necesitan la aprobación de los demás para sentirse bien y no siempre pueden tenerla.
Tenemos que querernos a nosotros mismos, querer igualmente a aquellos que comparten el mundo con nosotros, sentirnos cercanos a ellos y sobretodo no juzgarlos cuando hacen cosas que no entran dentro de los parámetros que nuestros progenitores nos transmitieron. Eso es el libre albedrío y eso también es saber empatizar con el otro.
Si entendemos que la diferencia entre ser felices y vivir insatisfechos depende única y exclusivamente de nosotros mismos, ¿por qué siempre acabamos eligiendo la desdicha?

Cuando elegimos un rol siempre nos va ser víctimas o jueces, ¿por qué simplemente no disfrutamos de la vida que vivimos, sintiendo cada segundo del momento presente y agradeciendo estar vivos?
Párate y piensa por un momento, qué hay más milagroso que engendrar una propia vida. La respuesta es sencilla, sentirse satisfecho por vivirla.

La moneda tiene dos caras, felicidad e infelicidad, tú eliges con cual te quedas pero no culpes a otros de tus desdichas. Tú creas tu realidad.

miércoles, 26 de mayo de 2010

La atadura al pasado




El pasado siempre está en el presente, de un modo u otro hacemos que reaparezca y eso nos debilita, nos gobierna, nos crea infelicidad.

El almacenamiento del pasado se inicia en nuestra infancia cuando recibimos los valores que nos transmiten educadores, padres, adultos importantes, inclusive relaciones con iguales, acontecimientos vividos especialmente, traumas, hechos que nos han marcado,…
Está claro que el archivo se hace cada vez más gordo y sí que la experiencia, lo vivido, algunas veces puede salvarnos en el futuro pero tenemos que evolucionar y la atadura en el pasado no nos lo permite.

Sufrimos a menudo por recuerdos vivenciados, por esquemas de comportamiento paralizantes que tratan de controlar nuestras vidas.
La vida tiene que fluir, tiene que ser un ir y venir de experiencias, vivencias, situaciones y uno tiene que quedarse con el sabor bueno de las cosas. Si no lo sentimos así, nos limitamos, nos mostramos atrapados a viejos esquemas que no permiten el cambio.

El pasado solo frena, sólo imposibilita el avance, la mejora, la evolución.
Tampoco tenemos que futurizar porque ello frustra y causa por tanto decepción al no ver realizados los sueños.

El pasado ya pasó, el futuro todavía está por llegar pero el presente es lo que te toca vivir, si te olvidas de sentirlo, no estarás viviendo.

Cuando hablamos de ser emocionalmente inteligentes nos referimos a sentir “en y el ahora”. Si me lamento por lo vivido o muestro nostalgia por aquello que está por llegar, no estoy saboreando mi vida, la intensidad de mis momentos.

Suavemente la noche abraza el nuevo amanecer, los sueños sirven de vivencia dormida pero el día trae pequeños milagros que no podrás recibir si permaneces todavía dormido. Quedarse en el pasado es seguir dormido como asimismo lo es soñar despierto en las muchas posibilidades que te depara el futuro.
Recuerda que cada instante es único e irrepetible, no lo dejes pasar.
Cada gota de vida derramada obstaculiza tu sabiduría, aquella que logras en el avance diario.
No es más sabio el que estudia más pero sí lo es aquel que siente cada momento como esencial.

No temas cerrar el pasado, pasar página. No temas apostar por ti, por la esencia de tu ser. No limites tu conocimiento y vive cada instante que cada nuevo día te aporta. Siéntete en esencia parte de este Todo.
La vida, tu vida tienes que vivirla en tu presente, sólo así serás consciente de lo mucho que te aporta.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

NUESTRA SALUD EMOCIONAL




El ritmo diario se acelera y con cada emoción negativa que dejamos emerger, contaminamos nuestro entorno y desatendemos nuestra salud.

Del mismo modo que realizamos chequeos para revisar nuestro estado de salud física, tendríamos que llevar a cabo controles para atender nuestra salud emocional. Nosotros somos los únicos médicos que podemos curar ese malestar del alma y eso puede lograrse atendiendo nuestros pensamientos para entender el propósito de algunas de las emociones negativas sentidas.

El pensamiento crea emociones, así si el pensamiento es honesto, racional, positivo, la emoción que se creará será agradable y pura. Pero si nos dejamos llevar por la irracionalidad, por la interpretación de las vivencias, por el orgullo de nuestro Ego, lo único que podrá salir de todo ello será Rabia, Egoísmo, Ira, Desprecio, Ansiedad, Temor, Celos.
Todas esas emociones negativas causan un tremendo dolor en nuestro interior, que sabe que la clave para no sentirlas está en nosotros mismos pero demasiadas veces nos dejamos llevar por el pensamiento destructivo.

Cuando usamos las comparaciones, las diferenciaciones, las críticas, el poder, la lucha, o nos proclamamos jueces de nuestros iguales, estamos invocando esas emociones negativas que nos corroen.
Cuando usamos la humildad, el agradecimiento, la compasión o el perdón, cuando sentimos desde el corazón de nuestro interior, transformamos las emociones en positivas y ello conduce a un equilibrio de nuestra persona.
Conseguimos dos cosas: una primera sentirnos bien y en segundo lugar y como consecuencia de la primera, reducir la negatividad en el otro.

Nuestra salubridad emocional provoca un efecto imán en las personas de nuestro entorno: si nosotros estamos bien, ellos también.
Os habéis parado a pensar si realmente ¿vale la pena el consumo diario de energía malgastada en defender hechos tan poco importantes?
¿Quién gana en ello? Desde luego nosotros no y por supuesto nuestro interior tampoco, quizás ganaría aquel que estuviera interesado en alimentarse de sentimientos negativos, mediocres y deshumanizados.

Pensemos en nosotros primero, pero después en nuestro mundo, y al igual que procuramos no contaminar, favorezcamos la ecología emocional : un universo limpio habitado por seres puros y positivos.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Despertar




Con este nuevo artículo reabro el blog pero con un enfoque más concreto. Mi anterior etapa pretendía acoger diferentes composiciones como si de una escritora polifacética se tratara y la verdad es que cuando me toca hacer una novela, o escribir un cuento, me cuesta porque aunque de pequeña sí mostré mucho interés por la literatura ciertamente acabé siendo psicóloga y eso, aunque a veces trate de negármelo, forma parte de mi persona y es con ese formato con el que me siento realmente cómoda. Se me dan mejor los artículos de autoayuda que tratar de novelar lo que explico en un relato.

Hace años con ayuda de mi pareja puse en marcha una web en la que hablaba de temas de psicología con la finalidad de servir virtualmente de terapeuta. Por motivos ajenos a nuestras personas el portal donde se visualizaba la susodicha web cerró y la terapia virtual terminó.

Muchas veces me he quejado de mi profesión, me he querido alejar de ella porque la culpaba de las múltiples preguntas sin respuesta que como ser humano me hago. Tantas y tantas recetas para otros que pocas veces me apliqué. Ahora que he entrado en una etapa más madura, en la que he aprendido a valorar lo recibido y a entender que no hay que buscar fuera las respuestas que en ti habitan, siento necesidad de compartir ese despertar con todo aquel ávido de saber. En este punto mi propósito es nuevamente la ayuda, la terapia, repetir aquello que os dice vuestro interior pero que tan pocas veces escuchamos. Sí parece una frase hecha pero es bien cierta.
Nuestra disciplina siempre ha potenciado al hombre, se ha referido a él en los términos de “ser esencial, especial, único, independiente” y esto es así porque todas las preguntas que nos hacemos cuando nos sentimos perdidos tienen su respuesta en el propio ser que las cuestiona. El problema es que nos quedamos atrapados en la pregunta, inmóviles lamentándonos de nuestra vida, tirando por la borda ápices de luz que nos iluminen porque al no escuchar nuestro interior no lo oímos llorar por no encontrar el camino.

Sufrimos porque así lo elegimos, nos paralizamos atendiendo emociones negativas porque de ese modo alimentamos nuestro ego, pero amigos el ego sólo es el vestido, el cuerpo y tu yo está alojado en tu alma. Ese ser es el que llora en nuestro interior porque quiere librarse de todas las cadenas que le oprimen, ésas que cada uno de nosotros mismos nos hemos dedicado a apretar bien fuerte con cada vivencia negativa del ego. Ya no nos reconocemos, sólo somos un cuerpo atlético, con un vientre liso, unos pechos bien contorneados, un cabello tintado, una cara maquillada y por supuesto, con ropa cara y de marca. Hemos llenado tanto la superficie que nuestro yo se ahoga y aunque nos grita, no lo sentimos.

Una nueva trayectoria siguiendo los pasos de la anterior web, con una única finalidad: ayudarnos a despertar a esa gran verdad que quiere emerger del interior de cada uno. Hablaremos de pensamientos, sentimientos, felicidad, equilibrio, pero también de aceptación, transformación, espiritualidad y positividad.

Todo nos llevará a lo mismo: Amor, una palabra tan corta pero que expresa tanto, una palabra que tantas veces se pronuncia en vano o que tantas otras se muestra en desuso.

jueves, 21 de mayo de 2009

La felicidad: Mito o Realidad




Hoy me gustaría hablar de ese concepto llamado felicidad tan difícil de conseguir.En realidad la encuentra quien busca en su interior porque la vida demasiadas veces se nos muestra ingrata. El entorno a menudo se torna hostil y esa hostilidad daña nuestra capacidad de razonamiento. Nos dejamos llevar por las emociones, no siempre buenas amigas, que tiñen de odio nuestras relaciones.

¿Porqué el ser humano es tan adicto a la infelicidad con lo fácil que sería jugar a ser feliz?

Continuamente intentamos pensar en positivo, gozar de nuestra existencia pero algún pequeño imprevisto nos entorpece el entendimiento.
La vida sin las relaciones no tendría demasiado sentido; nos necesitamos los unos a los otros pero a la vez parece que queremos hacernos daño. Nuestra negatividad traspasa cualquier señal de esperanza y para cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde para tirar atrás y enmendar lo acontecido.
Vivir ya es difícil de por sí pero nosotros con nuestras limitaciones mentales potenciamos esa dificultad.
Soñamos con imposibles que jamás llegan a hacerse realidad porque siempre esperamos demasiado de la vida. Vivimos en un mundo de continua necesidad, dependiendo por completo del entorno para conseguir la tan anhelada felicidad, cuando si nos paráramos a pensar descubriríamos que no necesitamos nada más que nuestro propio equilibrio para ser felices.
Nadie puede dañarnos si nosotros no se lo permitimos, ninguna situación por difícil que sea tendría que enturbiar nuestro juicio positivo, porque cada uno de nosotros posee la capacidad de elección y el ser humano inteligente elige vivir felizmente.
Incluso el pobre viviendo en la misma miseria puede creerse el rey porque ha escogido la felicidad como manera de vivir. Todo depende de la forma en que vivas en tu interior tu propia existencia.

Recuerda que son tus pensamientos los que dirigen tus emociones y unos pensamientos positivos conducirán siempre hacia sentimientos gentiles.

El problema del ser humano es que padece de insatisfacción desde que nace y pretende compensar ese déficit con las relaciones que establece con su entorno y he ahí donde se equivoca.
Las relaciones nos proporcionan estabilidad al tiempo que conocimiento, autoestima al tiempo que convivencia, pero nuestro propio equilibrio tiene su base en nuestro interior, en nuestro propio yo.
La felicidad existe en cada uno de nosotros, en cada parte de nuestro ser, pero hay que atreverse a saborearla, a sentirla, sin miedo a ser tachados de egoístas.

La felicidad está en cada pensamiento, en cada palabra expresada, en cada átomo de nuestra existencia, sólo tenemos que abrir nuestro corazón para poder encontrarla.

jueves, 14 de mayo de 2009

La importancia de vivir



Un 30 de noviembre Juan ingresó en la sala de desintoxicación del Hospital del Mar de Barcelona. Eran las 10 de la mañana y puntualmente se hallaba en la puerta de acceso en espera de que procedieran a su registro, cosa habitual el primer día de ingreso. Media hora antes había consumido algo de heroína para despedirse. Ingresaba porque su relación con la droga era imposible de romper necesitando un entorno controlado donde llevar a cabo la desintoxicación.

María, la enfermera de guardia, le atendió sobre las 10.10 horas de la mañana. Pasaron a un despacho donde le hizo una serie de preguntas para rellenar el formulario de ingreso. Más tarde, pasaría visita con el médico y el psicólogo del hospital.

María fue quien le presentó al resto de los pacientes, aquellos que serían “su familia” en los próximos 15 días. Algunos llevaban unos días de ingreso, otros entraron ayer mismo y uno solo, Raúl, sería dado de alta al día siguiente por la mañana.

Esa era la rutina diaria de la sala de desintoxicación hospitalaria, ingresos y altas. Si se hubiera fotografiado a Raúl el día que ingresó y ahora se comparara con su aspecto actual uno pensaría que en esa sala se obraban milagros. El reflejo de un alma siniestramente absorbida había desaparecido.

Visité a Juan junto con el Dr. Pardo sobre las 12 de la mañana. La última toma ingerida todavía se hallaba presente obnulando su conciencia. Responder a las preguntas era sumamente difícil y dejamos esa primera entrevista sin completar.

Le comentamos que al día siguiente le harían una analítica completa para determinar algunos parámetros tan interesantes como el Virus de la Inmunodeficiencia adquirida. Por aquel entonces V.I.H. y heroína solían ir de la mano bastante a menudo.

Juan insistió en no querer saber el resultado pero le dijimos que tenía todo el derecho de saberlo y nosotros la obligación de comunicárselo.


Esa era la parte que más odiaba...

“Lo siento pero tienes los anticuerpos del Sida. No te preocupes, la ciencia avanza mucho y seguro que encuentran el tratamiento adecuado. No significa que vayas a morir, sólo ya tienes algo porque luchar, por lo que cuidarte, para alejarte definitivamente del mundo de la droga”.

Parecía un discurso aprendido que debía repetirse, una y otra vez. Lo peor de todo es que de alguna manera sentía que les engañaba porque la realidad es que desconocía su esperanza de vida, aunque así les profetizara. Lo único ciertamente válido es que esos resultados indicaban una gran verdad: estaban infectados, tocados por la muerte, ahora que trataban de rehacer su vida, ahora que por primera vez sí parecia importarles vivir.

La parte de la sala de desintoxicación era como un primer estadio en la trayectoria de una vida.
La última etapa yacía en la novena planta, en unas habitaciones con el indicativo “Entrar con mascarilla” en la puerta para proteger al paciente que las habitaba de contagio por gérmenes.
Esa planta albergaba únicamente pacientes terminales de SIDA. Día sí, día no, limpiaban a conciencia una habitación tras haber evacuado el cadáver del sufrido infectado.




En vida eran muertos pendientes de sacar su último aliento. Tras las puertas, rostros calavéricos, sollozando el silencio sin más deseo que terminar con esa vida sin vida.

Cuando subíamos a visitarlos la incógnita a resolver era conocer cuántos de aquellos enfermos visitados apenas dos días antes, seguían vivos. Algunos todavía no habían llegado a cumplir los 25 años y en esa corta estancia terrenal, siempre había estado presente su adicción, gozo que finalmente le llevaría a la tumba lentamente, lamento tras lamento, como si alguien disfrutara con sus eternos e incesables suspiros.

La vida es bella y saborearla albergando la esperanza de contruir un futuro feliz es el anhelo que equilibra al humano, pero cuando no hay la posibilidad cierta de un futuro, de un volar años hacia adelante con la imaginación ¿deseas vivir?

Todos sabemos que la vida acaba con la muerte pero no pensamos en ella, simplemente vivimos. Aquellos enfermos de SIDA piensan a diario en su limitada vida lo cual les hace imposible el disfrute del momento actual. Y pensar que la gran mayoría se infectaron por el uso de una jeringuilla compartida...


Los análisis de Juan dieron positivo en cuanto a presencia de anticuerpos del VIH. Su rostro al oír la noticia languideció y tras el silencio de la misma declaración, las palabras de Juan irrumpieron con profunda serenidad:

“Tardé años en cruzar la puerta de esta sala; nunca antes creía estar preparado para afrontar el reto de vivir una vida sin adicción. Ahora que lo he logrado, ella misma se ha cerrado. Ya no hay vuelta atrás y lo peor es vivir la agonía de la desesperanza. No más juegos, ahora la vida me ha dado la espalda.”

En aquel momento mis labios se entreabrieron dejando escapar unas palabras profundamente sentidas desde mi corazón:

“Juan, sé que en estos momentos de confusión, de desconcierto, vives tu futuro bajo una visión de túnel en la que sólo eres capaz de pensar en la adversidad. También sé que pensarás que para mí es muy fácil hablar, yo que sigo “limpia” difícilmente puedo ponerme en tu lugar, pero déjame decirte algo: Mi mejor amiga Sandra fue infectada hace un par de años al mantener relaciones sexuales con alguien que tenía el SIDA. Su primera reacción al conocer su “suerte” fue la misma que la tuya, odio y ofuscación. Cayó en una profunda depresión de la que salió con la única ayuda de sí misma y de un grupo de autoayuda al que acudió para superarlo...”

* * *

Todos tenemos el mismo destino final pero no pensamos continuamente en él porque si eso hiciéramos no disfrutaríamos del día a día.
Hay que aprender a amar la vida, cada nuevo día y sentir la riqueza de cada amanecer en los poros de nuestra piel. Si haces tuyo ese sentimiento no perderás el tiempo con memeces que sólo atan y paralizan.
La clave está en abrir tus sentidos al mundo y a las sensaciones que éste te ofrece.

Siente con amor la esencia de vida que enriquece tu interior.

miércoles, 13 de mayo de 2009

¿Somos codependientes?



¿Quién verdaderamente puede mantener una relación de años enteros con un enfermo sino otro enfermo?

Un adicto a sustancias obtiene el sentido de la vida a través del uso, al mismo tiempo que depende del Codependiente para mantener su estilo de vida. El codependiente a su vez depende del adicto para darle un sentido a su vida, él o ella, és la ayudadora incondicional y permanente; el codependiente es adicto al estado de la persona.

La persona codependiente es aquella que ha permitido que su vida se vea afectada por la conducta de otra y está obsesionada tratando de controlar esa conducta. El codependiente depende del adicto para obtener su seguridad psicológica.

Estas són algunas personas que pueden caer en la codependencia:

•La hija de una codependiente (conductas aprendidas)
•La joven que se convierte en madre de su hermanito
•Una madre y su relación con su hijo minusválido
•Una niña que sufre maltrato doméstico y/o abuso sexual
•Una madre sobreprotectora
•Una mujer víctima de degradaciones en su matrimonio.
•La esposa de un neurótico
•La hija de un alcóholico
•La madre de un adicto a sustancias.

En todos estos casos, la persona pierde la capacidad de pensar en sí misma. No gobierna su vida; sus sentimientos y pensamientos se hallan sujetos a la conducta de la otra persona.

Un codependiente dialoga con la vida a través de la realidad de otra persona, al mismo tiempo que construye para sí una imagen que contiene como ingredientes principales su ayuda y abnegación, haciéndolo en forma tan enfermiza que el resultado es un sufrimiento heroico, algo así como un martirio.



Su gratificación autoafirmativa proviene de los aplausos y la pena de los demás, sus procesos internos viscerales más comunes son el llanto y la rabia.

Entre un adicto a sustancias y el codependiente, la comunicación se realiza mediante los mecanismos de defensa, todo el lenguaje verbal y corporal es una lucha de posturas egocéntricas y autoafirmativas.


En una película que trata sobre la codependencia, el codependiente en su manipulación, le dice a su esposa adicta, que ya lleva un tiempo rehabilitándose, que ha cambiado mucho, que ya nada es como antes, a lo cual ella contesta:

“Probablemente aquello que nos atrajo uno del otro es precisamente la razón por la que no podemos estar juntos.”

domingo, 26 de abril de 2009

Una conversación íntima




Aquellas cuatro mujeres sentadas alrededor de una mesa exquisitamente preparada para la ocasión conversaban animadamente en esa noche exclusiva de ellas. Era día de fútbol y los maridos, amantes, incluso sus ex les concederían ese privilegio.
Todas ellas se encontraban en edad madura y poseían una mochila muy bien cargada por las experiencias de los años. Ese rincón también incluía un espacio para los secretos, las mentiras y los desengaños. Aquella noche tan especial favorecería que la mochila cobrara vida y entre copa y copa se escapara de su interior intimidades jamás contadas.

Amelia, la mayor, pero no por ello menos ingenua, parecía haber aprendido mucho de la vida. Separada desde hacía más de 20 años aparentaba superioridad y consejos a tener muy en cuenta de los hombres.

¿Por qué cuando se reúnen mujeres acaban pasando la velada hablando de ellos? Lo peor es que se definen libres y benefactoras de esa libertad, cuando ni siquiera el día que se reúnen, son capaces de dejar de hablar del género masculino.

Clara, se mostraba, al principio, escurridiza en cuanto al contenido de su mochila, fielmente atada a la espalda, pero el poder de seducción que esa bebida espumeante produjo en todas ellas no fue menos en su caso, poniendo encima de la mesa las miserias que tanto la paralizaban.

Ester seguía atrapada en una continua emoción negativa, porque todavía tras siete años no había perdonado la infidelidad de su exmarido. Al menos ella reconocía su fijación y sabía que ésa no le permitía avanzar. El resto no escuchaban su propio interior que les recordaba que carecían de libertad.

Olga observaba a cada una mientras pensaba lo feliz que era por tener que hacer lavadoras con la ropa de su marido, escucharlo malhumorado cuando había tenido un mal día o sentir sus brazos rodearla como acto reflejo mientras dormía plácidamente en su mismo lecho.

¿Soy la única que me doy cuenta de ello? –pensaba mientras una agradable sensación invadía su cuerpo.

El restaurante, acogedor, albergaba historias de parejas censuradas, tras un oculto callejón. Su luz, tenuemente iluminada, ofrecía un espacio íntimo donde poder llevar a cabo sus fantasías más sensuales. Manos atrapadas en tomas instantáneas, besos robados en sus esquinas y con toda seguridad, más de una lágrima rozaría esas mejillas ávidas de amor.

Cuántos pensamientos se sumarían a la detención de esos instantes como mágicos cuando si fuéramos honrados con nuestros sentimientos seríamos alquimistas en nuestra vida haciendo que esas elecciones que un día llevamos a cabo se mantuvieran como las deseadas. Esas parejas ocultas no tenían porque serlo porque ellos elegían encontrar la felicidad con quien tuvieran a su lado o ser desdichados lamentándose de no poder estar juntos. ¡Qué ironía! Ellos eran quienes paralizaban sus propias vidas y se las daban de seres libres.

Olga volvió a la realidad de la conversación cuando Clara definió lo que esperaba de una relación, negando la convivencia, argumentando que eso la conduciría con toda seguridad al fracaso.
Esas palabras penetraron de tal forma en su mente produciendo una reacción que daría paso al juicio.

Cuando una pareja se siente bien estando juntos, dictaminó, no tienen suficiente con los paseos, las cenas o los besos. Las noches gustan de compartir y el dormir acompañados es un placer aceptado.

Las demás la miraban atónitas pero eso no frenó a Olga que continuó en su discurso, más clara y concisa que jamás estuvo.

La convivencia encierra nuevos retos para la pareja, necesarios porque esa es la realidad. Somos seres humanos, con virtudes y con defectos, no tenemos que pretender cambiar al otro ni amoldarnos a él, sólo tenemos que amarnos y mostrarnos al otro con transparencia, sin maquillajes, sin encuentros siempre románticos, sin rostros sensibles e inocentes que esconden a la persona atormentada que a menudo somos.

La convivencia no supone limitar el espacio personal o ceder mi libertad, muy al contrario, aquellos que dan lecciones tachando la convivencia de negativa desearían con todas sus fuerzas lavar los calzoncillos de quienes ahora solo les conceden encuentros fortuitos y, con ello, poseen el control de esas vidas ajenas.

Ahora justifican sus acciones, sus limitaciones, su escaso control de su propia vida con esa efímera satisfacción que les proporciona el sentirse libres y eso es una tremenda utopia sobre la que han construido sus valores.

En esa lista han olvidado algo tan obvio como a ellas mismas, sus verdaderas necesidades, sus verdaderos sentimientos, a favor del bienestar ajeno, de aquel que engaña, que vive una vida de mentiras, atrapando egoístamente a una y a otra ofendida.

Las miradas de sus compañeras de cena continuaban expectantes y Olga terminó con estas palabras:
No critico vuestras vidas ni trato de imponeros la mía como única salida. Sólo espero que os recordéis personas cuando justificáis el engaño, cuando sois cómplices del mismo.

¿Qué valor os concede una persona que actúa de esa forma?

Tenéis el poder de decisión en vuestras manos, podéis elegir ese amor oculto, si queréis pero no os lamentéis cuando no os pueda dedicar su tiempo.
No os creáis libres cuando estáis atrapadas en sus redes ni concedáis consejos sin saber qué haríais en determinada situación.

El ser humano tiene tendencia a generalizar y experiencias vividas negativas producen rechazo y crean barreras. Esto es totalmente lógico pero tratemos de no perder la perspectiva emitiendo juicios sin valor que podrían perjudicar al débil o a aquel que no tiene criterio. En esta red humana, todos somos modelos a imitar.

El buen psicólogo no aconseja el camino a seguir sólo muestra las opciones posibles para que veas todos los senderos. La elección siempre es tuya, asumiendo por supuesto las equivocaciones que pudieran surgir, pero jamás hay que vivirlas como tales, porque TODO SUCEDE POR ALGUNA RAZÓN y eso es lo que tenemos que aprender de las vivencias recibidas.


Aquella cena de amigas terminó con reflexiones en el interior de cada una. A algunas les serviría más que a otras.

Olga reforzó su decisión de convivencia definiéndola como aquella que concede espacio personal si así se desea, porque la “CAPACIDAD DE DECISIÓN ES LO QUE OTORGA LIBERTAD”.

domingo, 19 de abril de 2009

La necesidad de ser aprobados




Hay personas que tienden a medir sus logros a partir de lo que los demás consideren que han hecho. Es decir, su pensamiento sería del tipo “me considero un buen goleador porque las personas que suelen verme jugando al fútbol consideran que marco muchos goles” o bien “si los demás me ven estúpida quizás es porque lo soy”. Estas personas para llegar a quererse a sí mismas necesitan que el resto del colectivo humanidad les apruebe.

Así, la persona adicta a la aprobación medirá su autoestima en función de lo que los demás dicen o piensan de ella.

El problema estriba en que dichas personas sufren mucho porque no siempre agradamos a todos los que nos rodean y además, continuamente tienen que estar atentos al entorno y eso comporta una cantidad de estrés adicional a nuestra vida diaria.

La autoestima o el autoconcepto tiene que construirse a partir de criterios propios, en lugar de hacerlo a partir de los comentarios, opiniones, críticas y actitudes que otra gente mantiene hacia nosotros.

La persona que sufre esa dependencia hacia los demás para construir su propia autoimagen se comporta como si fuera un espejo sin imagen propia.

Se halla bajo las redes de un juego cuyas reglas son ilógicas. Fijaos, si lo que recibe es una alabanza entonces se siente bien e incluso piensa: “Sí, es verdad, realmente soy así”. En cambio si lo que recibe es una crítica entonces también la asume en vez de reaccionar y pensar que sólo tú te conoces bien a ti misma y que no debes dejarte influenciar por los comentarios de los demás. Esa persona ante la crítica piensa y siente en negativo porque no es capaz de sacar las propias armas internas de su autoconfianza para contrarrestar la negatividad producida por la crítica.

Su dependencia a la aprobación externa hace que sea muy vulnerable tanto al elogio como a la crítica.

No hay nada válido en sus actos a no ser que los otros así lo consideren.
Esta forma de vida tiene graves consecuencias psicológicas sobre el individuo ya que le hace estar en constante tensión teniendo fácil acceso a los estados depresivos.

Su emoción más básica es la preocupación, lo cual genera una fuerte ansiedad en sus vidas. Se preocupa por los demás, para caerles bien, para hacer aquello que pueda agradarles,... Pero es imposible agradar a todo el mundo, tarde o temprano tropezarás con aquella persona que no te soporta, con un desprecio y el problema es que en lugar de defenderte del mismo, tenderás a creértelo y eso provocará un sentimiento de tristeza por no ser como los otros esperan que seas.
Al mismo tiempo, el ser adictos a la aprobación de los demás nos provoca cierta tendencia a frustrarnos con rapidez.

¿Os habéis preguntado alguna vez cómo lo hacen aquellos que no son adictos a los demás para quedarse impunes cuando alguien los rechaza o critica?

Pues es fácil no dejan que ninguna opinión ajena les anule como personas. Si reciben un elogio evidentemente éste incidirá en el concepto que tengan de ellos mismos potenciándolo pero si es una crítica lo que reciben la aceptan o la ignoran pero sobre todo y eso es lo importante, no permiten que les afecte.

Si entiendes que tu opinión tienes que colocarla al menos un peldaño más alto que la de los demás con respecto a cosas que te afecten y que la base para construir tu autoestima la sacas a partir de ti mismo, podrás alejar el sufrimiento de tu ser.

Pensar que los demás tienen derecho a juzgarte es un equívoco. Nadie tiene derecho a hacerlo. Eres tu mismo el que te juzgas cuando aceptas los comentarios de la gente en tu persona.

La persona que necesita la aprobación de los demás cree erróneamente que si se equivoca, si una sola acción suya merece ser desaprobada entonces todo su ser, su valor como persona va a quedar manchado por esa falta.
Esta creencia es irracional. Si te critican una conducta sólo critican eso, sin poner en entredicho tu valor como ser humano que eres.


Es el pensamiento, no los acontecimientos, el causante de sus estados de ánimo.

Detrás de sentimientos negativos como la ansiedad, la depresión, la culpabilidad, la vergüenza o la ira siempre se esconde un pensamiento negativo. El pensamiento distorsionado y no el hecho objetivo es el causante de los estados anímicos dolorosos, de ahí que para acabar con las emociones negativas sea preciso corregir el pensamiento.

Cuando el pensamiento es racional, las emociones resultantes también lo son y, aunque a veces pueden resultar dolorosas, siguen siendo racionales, coherentes, no autodestructivas. En cambio, cuando aceptamos nuestros sentimientos como una condena, cuando les otorgamos un poder omnipotente sobre lo que somos y lo que hacemos, acabamos atrapados en un estilo cognitivo inoperante que instala el sentimiento de fracaso en nuestra vida cotidiana.

Nuestros pensamientos negativos se convierten en un hábito y nuestra familiaridad con ellos nos impide ver los errores implícitos , haciéndonos creer que son básicamente correctos. Confundimos la costumbre con la eficacia. En realidad, ni siquiera nos planteamos la posibilidad de que no lo sean y, de esta manera caemos en las redes de un círculo vicioso asfixiante.

Una y otra vez, como si la experiencia perdiera su papel corrector, repetimos patrones de conducta que nos llevan indefectiblemente al fracaso o la insatisfacción, experimentamos de manera recurrente las mismas emociones autofrustrantes, y todo porque hemos automatizado un determinado número de pensamientos negativos que provocan una reacción emocional-conductual igualmente negativa.

domingo, 22 de marzo de 2009

Me quiero...me quieres




Cuando amamos damos parte de nuestro yo, si esa parte ya contiene amor, amamos doblemente.



Margarita se sentía deprimida, la vida ya no le daba satisfacciones sólo pasaban los días, uno tras otro. Con su marido hacía ya tiempo que la comunicación y el compartir habían terminado, las niñas que hasta ese momento tanto la habían necesitado ya habían crecido y preferían los compañeros a mamá. Los enfermos que había estado siempre cuidando finalmente habían perecido.
Ahora Margarita se miraba en el espejo y se veía reflejada en él tal como se sentía: vacía.
Empezó a analizar lo que se reflejaba ante sus ojos y se percató que no amaba nada de lo que veía. Su imagen física no era la que hubiera querido tener, su desconfianza en su valía la hacían mostrarse inhibida y cohibida en las relaciones y la pena surgía ahora que estaba sola consigo misma, sin nada que decirse ni nada que querer.


***************************


Si nos gustamos, si nos consideramos listos, con habilidades, seguros de nuestro potencial,... todo eso habla de AUTOESTIMA, o lo que es lo mismo, el poder de amarse a uno mismo.

Si nos amamos, eso es lo que reflejará nuestro cuerpo con el que nos presentamos al resto de la humanidad y ella, al percibir amor, procurará unirse para contagiarse de ese querer.
La vida parecerá más fácil, los obstáculos ya no semejarán tan abruptos, la falta de energía no nos afectará más porque rebosaremos ganas de seguir avanzando en el conocimiento y en la felicidad.

Este concepto llamado autoestima se forma día a día por los pensamientos y los sentimientos que cada uno de nosotros tiene acerca de nosotros mismos.
Si el entorno es positivo mediará en una autoestima más alta pero si por el contrario es negativo eso no significará que el resultado conseguido sea una autoestima menor, aunque por supuesto, ayudará menos a favorecerla.


Son las impresiones que nosotros nos formamos de esos estímulos, experiencias negativas, las que conformarán la autoestima.


Así, si a pesar de lo negativo que te sucede tú piensas positivamente, el resultado potenciará nuestro poder para amarnos en vez de reducirlo.
Pongamos que vives en un entorno donde continuamente te sientes devaluado pero tu pensamiento positivo dice: “Ellos no saben realmente como soy, sé que tengo muchas cualidades positivas” conseguirás que la incidencia de ese entorno negativo en tu persona sea menor.

Para aprender a pensar positivamente sobre tu propio ser tienes que llevar a cabo unas cuantas cosas claves:

Debes conocerte a ti mismo para lo cual habrá que identificar tanto tus virtudes como tus defectos. Una vez tengamos claro ante qué nos encontramos habrá que aceptarlo para quererlo. Si nos conocemos identificando claramente qué encontramos dentro del recipiente, será más fácil primero que lo aceptemos y tras ésta tengamos poder para amarlo.

Los logros a alcanzar tendrán que ser realistas porque si nos proponemos objetivos imposibles de cumplir se fomentará la frustración y eso potenciará el desamor hacia uno mismo al sentirse incapaz de lograr cualquier proposición. Proponte metas que sepas de antemano que serán fáciles de acometer y ejecútalas paso a paso.

Con ayuda de nuestros pensamientos positivos aumentaremos la confianza en nosotros mismos para aceptar cualquier reto que nos aparezca.
La confianza en uno mismo se consigue almacenando éxitos y definimos éxito como cualquier pequeño objetivo realizado. Pequeño porque una escalera se sube mejor peldaño tras peldaño. Y si a cada escalón te dices a ti mismo “¡He sido capaz de subirlo!”, estás aumentando tu poder de amarte.

Recuerda que eres único, goza de la condición especial de tu individualidad y enorgullécete por ser quien eres.


Tú tienes el poder de decisión, tienes en tus manos la llave que te conduce a una autoestima elevada vivas en el entorno que vivas.
Recuerda que es tu lenguaje interior el que manda y ése lo elaboras únicamente tú.
Si te dices: “Me gusta lo que veo” propagarás seguridad y confianza. Si te dices: “¡Dónde voy con esta cara!” probablemente ni te atrevas a salir de casa.

Es importante que te pares y pienses qué pensamiento elegirás para cada estímulo recibido porque de esas impresiones depende que logres tu felicidad.

jueves, 5 de marzo de 2009

¿SOMOS BUENAS PAREJAS?



RECETAS PARA MEJORAR NUESTRAS RELACIONES

Nuestra irracionalidad nos pierde! Fijaros en cuántos errores cometemos en una relación de pareja:

Acerca de uno mismo:

Tiene que considerarme el compañero ideal.
Simplemente debo intentar ser un buen compañero, alguien que respeta su forma de ser y se autoanaliza para descubrir sus actitudes erróneas. Quizás a veces me muestro demasiado blando o quizás al contrario, grosero y exigente.

Existen unos deberes conyugales y nunca debo olvidarlos.
Quizás necesito un respiro, me siento preocupado o agobiado. Soy humano e imperfecto y sobre todo soy único e independiente. Sí formo parte de la pareja pero tengo entidad propia.

Jamás me perdonaría decepcionar a mi pareja.
Si se siente decepcionado trataré de averiguar cuál es el motivo y si hay alguna actitud en mí que causa dicha decepción trataré de modificarla.

Primero son sus necesidades, luego van las mías.
Para que una pareja funcione es importante que conozca tanto los intereses como las necesidades propias como del otro miembro de la pareja. Dejar a un lado nuestro intereses podría producirnos insatisfacción y eso a la larga iría en detrimento de la pareja.

Si alguna cosa no me gusta , mejor me la guardo por si lo ofendo.
Hay que encontrar el momento adecuado para comentarlo sin que ello produzca ninguna ofensa.

Tengo que estar de acuerdo con él/ella en todo.
Que existan puntos de vista distintos no significa para nada que la pareja vaya hacia la ruptura, muy al contrario podría incluso enriquecer la relación.


Acerca de tu cónyuge:

Simplemente por quererme ya tiene que saber lo que necesito.
Tratará de ayudarme cuando le comunique algunos de mis problemas o de mis necesidades si es que realmente me quiere.

Como me quiere siempre tiene que estar amable conmigo.
El hecho de mostrarse algunas veces malhumorado o cansado sin atender demasiado a mis solicitudes no significa que haya dejado de quererme.

La creencia de que no es justo que él haga actividades por su cuenta, sin compartirlas conmigo.
Es importante que se sienta independiente, esas actividades personales fomentan el equilibrio en la pareja porque cada cual dispone de su propio espacio al tiempo que se siente más enriquecido para compartir experiencias en la pareja.

Con tenernos el uno al otro es suficiente, así pues tiene que empezar a despedir a sus amigos.
Es deseable poder mantener las relaciones de amistad que hemos tenido por separado cada cual. Ello ayuda igualmente al enriquecimiento mencionado en el apartado anterior.

Si mantiene sus antiguas aficiones tenemos menos tiempo para nuestra convivencia, así es que es mejor que las deje.
La convivencia mutua no tiene que implicar que renunciemos a nuestras aficiones.

Si no se percata de lo que me está pasando es que no debo importarle.
Nuestra pareja no es adivina, si yo oculto mis sentimientos no podrá darse cuenta de ellos.

El amor significa que tiene que sacrificarse por mí.
Está bien sacrificarnos uno por el otro siempre y cuando ello no represente la anulación del otro.

Acerca de la relación:

Al iniciar nuestra convivencia, seremos felices eternamente.
Para que el camino que vamos a cruzar juntos sea estable, duradero y gratificante tenemos que esforzarnos ambos miembros de la relación.

Vivir juntos significa compartir todos los aspectos intrínsecos de nuestra vida.
Es positivo para el buen equilibrio de la pareja que se mantengan las parcelas de individualidad, ello enriquecerá la convivencia.

Pensar que la vida en común será tan maravillosa que podremos prescindir de otra compañía que no sea la de nuestra pareja.
Por el hecho de convivir en pareja no tenemos que excluir de nuestras vidas aquellas personas, amigos o compañeros o familia, que han representado una parte de nuestra vida y además con los que nos sentimos asimismo a gusto. No solo compartiremos proyectos o ilusiones con nuestra pareja, también podemos compartirlos con esas otras personas.

Pensar que los objetivos de una pareja que está enamorada tienen que estar basados en hacer feliz al otro dejando de lado tu propia felicidad.
Si yo me siento equilibrado y estable haré feliz al otro. Si yo no me siento satisfecha, es difícil que pueda transmitirle felicidad a mi pareja.

sábado, 28 de febrero de 2009

Lucha contra la adicción


Nuestro cuerpo es nuestro vestido para funcionar en este Universo y debemos cuidarlo, protegiéndolo de excesos que puedan disminuir su resistencia porque no disponemos de recambio y cuando el motor se pare se dará por terminado el paseo terrenal.

Si escuchamos a nuestro interior percibiremos rechazo a esos enmascaramientos producidos por las conductas adictivas, todas y cada una de ellas sólo aportan satisfacciones superficiales y momentáneas que muy bien podríamos prolongar si trabajáramos nuestro interior. El ser adicto muestra debilidad y cobardía, miedo a dejar sentir la propia expresión de nuestros sentimientos. Hay que aprender a liberarse de modo natural y sano, luchar contra los falsos envoltorios que bajo una apetitosa funda encierran un desgraciado desenlace.

La voluntad está en nosotros mismos, sólo hay que estar en paz con nuestro interior para utilizarla. El mundo real ya es atractivo no necesitamos disfrazarlo sea cual sea el entorno que nos haya tocado vivir porque ante todo tenemos el poder de elección que nos permite en todo momento seleccionar aquello que resulta saludable o provechoso de lo que supondría a la larga dolor. El problema es que demasiadas veces el ser humano no se atreve a utilizar dicho poder engañado por sus propias defensas.

El parado se queja de la falta de trabajo y de lo cruel que es el mundo pero no elige salir de su situación, lo mismo ocurre con la pobreza, los barrios marginales, las familias desestructuradas y un montón de situaciones críticas que nos toca a menudo vivir. No digo que siempre se pueda salir de todo pero hay un pensamiento que debe permanecer siempre presente en todos nosotros: si estamos atrapados en una situación conflictiva es porque algo tenemos que aprender de ella, así es que cambia el chip y busca lo positivo dentro de tanta amargura en vez de confabularte con adicciones que nublen tu negativa existencia porque la negatividad la creas tú y tus pensamientos, no el entorno que te haya tocado vivir.

Hay que eliminar de nuestro lenguaje mental todo lo que justifica la adicción; basta ya de ser y creernos sufridores a expensas de un entorno culpable que nos hace como somos! Basta ya de engañarnos, la realidad solo es una, nos convertimos en adictos porque no sabemos cómo amarnos, tememos explorar nuestro yo y la adicción es la herramienta más usada para hacerlo en nuestro lugar.

Cada uno de nosotros somos únicos y exclusivos responsables de nuestra conducta, dejemos ya de buscar culpables en el exterior y aprendamos a conocer nuestro interior. Elige amarte y disfrutarás de una vida libre de sombras que empañan el crecimiento.

lunes, 23 de febrero de 2009

Dependencia, o autodestrucción



Los seres humanos tenemos debilidad en “engancharnos” a cualquier cosa sentida como placentera. Así, fumamos, bebemos, comemos, hacemos el amor por nombrar las más experimentadas multitudinariamente. Me diréis que muchas de las consideradas adicciones son “puras necesidades fisiológicas” y estaré de acuerdo con ello, pero también, inclusive en esas necesidades, podemos encontrar algo de adicción. En todas las adicciones se pueden establecer mecanismos comunes, los sustratos neuroquímicos que se comparten. La gente se muestra adicta al éxito, al juego, al trabajo, al poder, al ejercicio físico y ni siquiera saben la magnitud de su enganche. Cuando mostramos una conducta adictiva mantenemos una preocupación intensiva y continua en ella, la repetimos con frecuencia a pesar de que a veces las consecuencias que la acompañan no son todo lo agradables que desearíamos y nos sentimos proclives al magnetismo ejercido por ella a pesar de los repetidos intentos por evitarla.

Desde que nacemos hasta que morimos pasamos nuestra vida dependiendo de unos o de otros, para que nos instruyan, alimenten o simplemente acompañen porque en definitiva, este ser que tanto promulgamos: “es independiente”, goza poco de ese derecho.

Parecemos volcados en una eterna inquietud que nos conduce a equilibrarnos mediante esos placeres que autoimponemos en nuestro inmediato entorno.
De pequeños nos volvemos adictos a “mamá” que con sus caricias y cuidado nos proporciona continuo bienestar, a su pecho, que nos alimenta confortablemente y a la seguridad familiar que nos proporciona un eterno “dejarnos ir”. Nos enseñan el camino de la autonomía para que el día de mañana nos hagamos “mayores” pero en realidad nunca somos del todo independientes porque uno u otro, o ellos o nosotros nos mantenemos aferrados al vínculo.

Los adultos que nos enseñan y por tanto representan muestras de lo que se puede hacer, nos vinculan continuamente con el comportamiento adictivo. Ellos fuman, toman alcohol, intercambian sexo con sus parejas o con otras, se suicidan por amor o se deprimen por haber dado a luz. Ellos, nuestros modelos de enseñanza y rigor son los primeros en volverse adictos, ¡qué paradoja!

El ser humano, continuamente infeliz, se muestra adicto a los sentimientos negativos que paralizan y reprimen: egoísmo, envidia, odio, rencor.
La insatisfacción le hace buscar alternativas a la conciencia real y por ello se droga, se atiborra de fármacos o se excede en el consumo de alcohol. No se permite sentir con sus propios sentidos, ni experimentar con sus propias sensaciones porque no ha podido aprender a hacerlo en un mundo compuesto por seres independientes que muestran frecuentemente conductas opuestas a nuestro rasgo principal, la independencia.

Me adentré en el mundo de la droga cuando decidí hacer prácticas en la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria (U.D.H.) de un conocido hospital de nuestra catalana ciudad. Durante 2 años visité a diario a aquellos jóvenes que no habían sabido encontrar otras alternativas de vida a su poco saludable entorno. Para ellos la droga era parte de su mundo, una manera de escapar de la humillación, la pobreza o el desespero; una forma de lidiar con el entorno al igual que el bulímico o anoréxico. Así habían penetrado en las redes de una de las mayores adicciones de nuestro tiempo, las toxicomanías.

El primer contacto con las drogas suele ser en la adolescencia, etapa revolucionaria en donde se entremezclan con fuerza nuestras primeras crisis de identidad. Hemos dejado atrás la infancia y queremos absorber rápidamente todo lo que pertenezca al mundo adulto; y como ellos, nuestros mentores, están hechos unos completos adictos, la atracción hacia el mundo oculto de las drogas nos seduce con más fuerza. Es una manera de demostrar al mundo nuestra rebeldía y de convertirnos por fin en adultos, ¡qué inocentes e ignorantes!

Simplemente lo que hacemos es jugar con la muerte.

jueves, 19 de febrero de 2009

Crisis de Pánico



Era un 11 de noviembre de ya no recuerdo el año (por fin logré olvidarlo). Me acosté como tantos otros días después de cenar un plato de arroz blanco y unas croquetas de jamón. Había compartido la habitación con mi hermana durante 18 años pero se había casado hacía poco y yo me sentía terriblemente sola. En casa todo había girado siempre en torno de ella y cuando marchó, el vacío ocupaba gran parte de la estancia.

Pero sigamos con el relato. A medianoche me desperté atemorizada porque había sentido un calambre, nunca antes percibido, que me subía desde el estómago hasta la cabeza; creí morir y grité para que alguien me ayudara. Mi madre dijo que había sido un mal sueño y me dio un vaso de leche caliente para que conciliara el sueño pronto.

No recuerdo si dormí o no, pero aquello fue el inicio de una pesadilla que duró alrededor de 2 meses. En ese tiempo temía dormirme porque estaba convencida que jamás despertaría, incorporé una serie de “rituales” en mi comportamiento diario, visité todos los especialistas en medicina posibles y un sinfín de “estupideces” por llamar de algún modo a la conducta de entonces.

Mi miedo principal era la muerte, me deprimía pensando en que ya habían terminado mis días de existencia, pero contrariamente cada día volvía a despertar. Tenía pánico a ir sola por la calle porque podía desvanecerme y el hecho de encontrarme sola en esa situación me aterraba. Cuando andaba por la calle continuamente estaba inmersa en mis pensamientos temerarios para estar alerta por si ocurría lo fatídico. Total, parecía que fuera “flotando” e inclusive mis sensaciones y percepciones estaban alteradas porque por ejemplo el suelo parecía moverse a cada paso que yo daba. Sentía lástima de mi misma y siempre estaba en estado de “alerta” lo cual no permitía que me relajase con nada.

Después de acudir a Urgencias en dos ocasiones y a visitar tanto al especialista de la vista, como al del oído o corazón y comprobar que realmente no tenía nada físico comencé a entender que todo aquello era psicológico. Qué casualidad, pensé, yo una estudiante de segundo de Psicología, me encuentro inmersa en mi propio trastorno y no tengo ni idea de cómo solucionarlo. Ello me deprimía cada vez más.

Por aquel entonces asistía asimismo a un curso de Psicoterapia infantil de tendencia psicoanalítica en un céntrico barrio de Barcelona dos veces por semana. Cada vez que tenía que coger la moto para asistir al curso era un infierno para mí. Recuerdo que el curso se hacía en un entresuelo y el simple hecho de subir los escasos peldaños que separarían el portal del piso disparaban mi corazón haciéndolo latir desmesuradamente. No parecía estar nunca tranquila, mi primer pensamiento al despertar era siempre referente a mi estado. Quería escapar, huir, pero ¿de quién? Era de mí de quién quería huir, de mis pensamientos que parecían interrumpir continuamente y estar fuera de mi control. No me atrevía a ir a ver a ningún psicólogo porque ¡yo casi lo era!!! Y qué pensaría de mí.

Me quedé en nada, siempre concentrada en mi propio ser, amargando la existencia de los que me rodeaban, esperando y esperando,... Pero mi madre que no soportaba que su hija, en quién ella había puesto todas sus esperanzas de realización personal, fracasara, tomó cartas en el asunto y empezó a hablarme, a reñirme, a “picarme” para hacerme despertar, salir al mundo y luchar con todas mis fuerzas. ¿Qué me impedía hacerlo? Yo misma y mis pensamientos negativos. ¿Porqué quería hacerme daño? Culpabilidad posiblemente.

El caso es que mi madre fue el detonante que me hizo salir del cascarón en el que me había aislado y una vez hubo en mi reacción, el conocimiento de otros plasmado en los libros de autoayuda y superación hizo el resto...

martes, 17 de febrero de 2009

En busca del propio equilibrio



Con el ajetreo que vivimos en nuestros días se hace difícil que echemos de vez en cuando una mirada a nuestro interior de forma relajada, pero, aunque difícil, es necesario que lo logremos para mantenernos estables interiormente. Quizás sólo nos falte llegar a reconocer cuáles son las lagunas que disipan el equilibrio en vuestras vidas.

Nuestro yo tiene muchas maneras de defenderse de los “intrusos”, aunque entre ésos nos contemos a nosotros mismos, por ello muchas veces no podemos encontrar el desequilibrio que nos invade y nos parece “palabrería” todo lo que podemos leer en los libros de autoayuda.

La realidad es que demasiadas veces la verdad podría lastimarnos y por eso nos protegemos con la defensa de la “represión”.
Si nos mantenemos tenaces en nuestro objetivo lograremos alcanzarlo pero para ello debemos fomentar una autoestima alta que ningún análisis profundo pueda derrumbar.
La clave se encuentra en nuestros pensamientos, en su positividad. Un lenguaje apropiado, con el tiempo, formará los cimientos para asentar nuestra propia valía con fuerza.

Hay que mantener la mente clara, despierta sin enturbiarla con pensamientos negativos que fomentarían desequilibrio interior.
Hay que gozar con un repertorio siempre apropiado de emociones que mantengan sana nuestra persona.

Recuerda que las emociones parten de tus pensamientos y que éstos los creas tú.

La vida está llena de pruebas por las que pasar, de caminos tormentosos que desechar o de obstáculos que vencer.

La vida es demasiado corta para rendirte a mitad del camino sin apenas haber probado su dicha.

A cada paso que avanzamos, aprendemos algo aunque el paso sea doloroso. No sólo tenemos que aprender de las experiencias positivas, las negativas han surgido en el camino siempre por algo, jamás por azar.

Eres capaz de proseguir con equilibrio y descubrir ese bienestar, o por el contrario, invadir tu mente con insensatez.

Tú eliges siempre, aunque demasiadas veces no lo parezca.