sábado, 18 de diciembre de 2010

Caos




No estoy poco acertada cuando afirmo que estamos abocados al caos y me remito a la situación actual que vivimos en este planeta que habitamos en nuestra condición humana.
No hay que irse muy lejos para constatar los hechos que están sucediendo y que lamentablemente nos están haciendo sentir bailando dentro del caos y desequilibrio. Antaño hechos como los que actualmente suceden podían deberse a “las vacas locas”, “enajenación mental transitoria”, “emociones desajustadas como los celos enfermizos”, por nombrar algunos de los nombres con los que se justificarían conductas como las que esta semana provocó un vecino de la comarca catalana de Girona. Pero ciertamente, ¿es ese un fenómeno aislado? Ni es aislado ni hay motivo que justificase (si ello cabe en lo posible) tal atrocidad. Sólo se me ocurre que la mente de ese individuo entró en el caos que gobierna nuestros días.

La sociedad está quebrando, están cayendo los poderes que la sustentaban y los individuos que siempre hemos sido marionetas de la misma, aunque de manera inconsciente, empezamos a identificar los líderes del caos, aquellos que han gobernado nuestras vidas imponiendo a su antojo nuestro supuesto libre albedrío. Dosificaron nuestra agua, acordaron unilateralmente cánones para disponer de ciertas “necesidades indispensables” creando estatus, diferencias sociales y nosotros seguíamos tolerando, cerrando los ojos a nuestros hermanos pobres, creyendo que la pobreza tenia que existir para equilibrar la balanza de la riqueza.
Ilusos sentimos que si trabajábamos mucho podríamos tener ciertas comodidades, nos hicieron creer que podíamos dejar de soñar y convertir nuestros sueños materiales en realidad y así dimos alimento a los Bancos para construir su Imperio, ese que ahora se desmorona pero que nos esta llevando consigo en su caída.

Se creó una sociedad desigual, que llamó democracia al control oculto, sociedad que no pensó en las personas por igual sino que marcó diferencias desde que tenemos conocimiento. Amigos, el feudalismo no ha dejado de existir.

Ahora que hemos cambiado los valores de la humanidad, que hemos dado luz verde a la separación, a la polaridad, al materialismo como única compensación humana, que nos distanciamos de nuestra fuente divina para ingresar de lleno en la otra cara de la moneda, donde se dan la mano, la crueldad con el engaño, la competencia con la avaricia, ahora es cuando el caos se apodera de nuestras vidas porque este mundo ya no es sostenible.

Ahora toca que el poder mundial se quite su máscara, deje de jugar este juego de marionetas que se han inventado para tejer nuestras vidas y desocupen sus cargos. Cada ser que habita este planeta tiene el derecho de decidir por él mismo, tiene el derecho de conocer todos los engaños con los que han llenado nuestras vidas.

Sólo la manipulación genética explica el desorden mental de las personas, sólo la sensación de indefensión que ha sumido esta sociedad actual a muchas de las personas que habitan hoy nuestro Planeta puede justificar los repetidos actos “incongruentes” que ocupan nuestras noticias.
Vale decir que nos cuentan lo que interesa que sepamos, porque como cobayas de laboratorio ahora mismo lo que necesitan es que entremos en pánico, en caos, para hacer más atractivo el juego de tu vida. Sólo que precisamente tú no te diviertes.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El Merecimiento





Érase una vez una jovencita a la que se le daban bien los estudios. No era especialmente exigente con ellos pero sabia que tenia cierta facilidad para sacarse los exámenes sin demasiados problemas. Sus padres eran trabajadores pero viendo esa facilidad en la niña, hicieron de más y de menos para poder pagarle unos estudios superiores. Laura, que así se llamaba nuestra protagonista, reflexionó sobre qué carrera estudiar; había que barajar posibilidades, en primer lugar, de satisfacción personal y ,en segundo lugar, y no menos importante, de supuesto bienestar económico futuro. El papel de la mujer habia cambiado en sus años de adolescente y no podía pensar en traspasar la responsabilidad de su futuro a aquel que fuera su esposo. Así, pensando y pensando, llegó a la conclusión que Derecho sería una buena elección. Pero tenía una pequeña pero no menos insignificante pega: a Laura no le gustaba dedicar "tiempo extra" a los estudios porque a ella también le agradaba salir y relacionarse con sus amigos, disfrutar de los tiempos de ocio. Así que desestimó la abogacía a pesar de esa magnífica serie que echaban por la "caja tonta" en la que una alocada y ensimismada abogada extremadamente delgada metía frecuentemente la pata en los lavabos unisex del despacho de abogados para el que trabajaba.
De nuevo Laura tuvo que acceder a su lista de posibilidades para barajar nuevamente otra elección. Recordó que siempre le habia gustado escribir, que antaño había escrito inclusive cuentos y al parecer según le había dicho su profesor de literatura, no se le daba mal. Pero los escritores no ganan dinero con lo que la supuesta "independencia económica" por ella deseada podría verse frustrada.
Pero ella era independiente y atrevida, así pues el Periodismo podría llevarla a otros paises, acercarla a otras culturas y vivir una vida de riesgos y libertad, pensó. En realidad, Laura no era ni tan atrevida ni tan independiente como pensaba, así pues la idea de cursar estudios de Periodismo rápidamente pasó a un segundo plano.
El padre de Laura estaba preocupado porque veía a su hija perdida, sabiendo que tenia que tomar una decisión importante que todos esperaban que no fuera equivocada. El futuro para los padres había sido tan distinto del que ahora podían darle a su hija que Laura sentía una terrible responsabilidad en tomar la elección adecuada.
Una noche cualquiera de un dia cualquiera una voz desde su interior le susurró que lo que ella verdaderamente quería era conocerse más a sí misma y con ello ayudar a las personas y en ese momento tuvo claro que tenía que elegir una profesión humanitaria. Barajó Medicina, Psiquiatria, Psicologia decantándose por esta última.
Los padres suspiraban, por fin Laura habia elegido, aunque hubieran preferido llamarla "Doctora" pero se sintieron igualmente orgullosos por haber contribuido a dar a su hija unos estudios superiores que le facilitaran el camino profesional que tan difícil parecía en esos días. ¡Ella reflejaría lo que ellos no habían podido ser!
Para Laura la vida tenía muchas maravillas que descubrir y entre ellas estaba el amor, que pronto emergería. Pero sus objetivos estaban claros y no quería depender económicamente de nadie, así es que terminada su carrera trató de labrarse un futuro laboral mínimamente estable pero sin grandes ambiciones porque Laura priorizaba otras cosas al adictivo poder. Laura era soñadora, idealista y apasionada, cuestionaba lo que para ella eran injusticias y no le preocupaba ganar. Ella necesitaba sentir la ayuda, sentir que su granito de arena mejoraba a alguien de su entorno. Y así pasaron los años, sin gruesas cuentas corrientes pero con grandes satisfacciones internas aunque también tuvo decepciones por esperar un mundo más justo que el que nos toca vivir.
Fueron unas oposiciones de joven, una plaza casi adjudicada en un Ayuntamiento, por mencionar algunas de sus "internas" frustraciones para culminar en obstáculos que siempre aparecían de un modo u otro en el camino que "supuestamente" se había marcado.
Laura se decía a sí misma que si ella se creaba su realidad porqué no había prosperado en aquello que consideraba era su mérito. Dos preguntas se daban forma en su mente: ¿Porqué se levantan esos muros que me imposibilitan el acceso que creo merecer? y ¿Qué necesito demostrar con ese merecimiento?
A Laura nunca le había preocupado realmente su posicionamiento. Su filosofía siempre fue la de vivir cada instante que nos conceda la vida y enriquecernos interiormente con lo que hacemos. Merecer o no merecer una posición laboral nunca fue su prioridad sin embargo siempre buscó ese merecimiento en esas oposiciones que jamás consiguió.

Una Laura madura sonríe cuando piensa en ello y entiende, al final, que erró en ese camino porque no era el que tenia que tomar por más que se sintiera frustrada cuando no conseguía el reconocimiento.
Algunas veces la vida nos pone trabas en aquello que consideramos es nuestra meta y lo hace porque en realidad no es eso lo que queremos aunque pensemos que sí.
Laura se habia pasado media vida tratando de formar parte de la jerarquía cuando no creía en ella. ¿Porqué no se había escuchado a sí misma en vez de perder tanta energía con cada intento y posterior fracaso?

A menudo como Laura hemos de preguntarnos para qué necesitamos conseguir ese reto que nos hemos marcado, somos realmente nosotros los que lo deseamos o esa compensación viene necesitada por algún componente externo no identificado. A quién deseamos agradar, quién obtiene la recompensa, los otros o nosotros.
Si no tememos escuchar nuestro interior, las respuestas apareceran y evitaremos un gasto de energía innecesario y una proliferación de emociones negativas que sólo recompensan a aquellos que se alimentan de ellas.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Loki




Naciste a primeros de agosto de unos excelentes padres, aunque por desgracia no pudiste seguir con ellos, imagino que eso a tí poco te importó. Como buen perro, lo único que deseas es una vida gratificante al lado de unos humanos que te cuiden, te proporcionen cariño, buenos paseos y lo más importante, ¡mucha comida!

Te recogimos dos meses más tarde, tras preparar tu nuevo hábitat y desde el primer momento te adaptaste a la perfección.
¡Qué diferente hubiera sido para nosotros esa adaptación si hubiéramos estado en tu lugar!
Tú sólo pedías atención y alimento y como recompensa podemos asegurar que darías tu vida por nosotros.

Algunas veces cuando estoy contigo te observo y me gusta lo que veo. Te siento feliz, alegre, loco y atolondrado cuando comparto mi tiempo contigo, y eso me place porque aprendo a quererte, a disfrutar de las pequeñas cosas, de esos momentos en los que comparto a tu lado.
¡Es tan fácil hacerte feliz! que me siento egoísta cuando me quejo, cuando exijo, cuando me frustro...

Rebosas entusiasmo cuando nos ves, cuando apenas estamos unos minutos a tu lado pendientes de un reloj que gobierna nuestras vidas humanas. Y tú, siempre esperas atento nuestro regreso, nunca te muestras cansado, decepcionado, rechazado, al contrario, siempre sabes darnos lo mejor de tí. Eso, querido Loki, lo valoramos y apreciamos y aunque sólo seas un perro, eres parte de nuestra familia como los peces del estanque o los pájaros que visitan nuestro entorno, construyendo sus nidos para pasar el invierno o tener a sus crías.

Cuanto más observas a los animales más aprendes valores como la lealtad o la tranquilidad, despertando en tí un sentimiento de gratitud que como humanos parecíamos haber perdido.

Gracias Loki por "casualmente" ser miembro de nuestra familia. Te queremos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Trastornos de la Personalidad




Cada ser humano es dueño de una personalidad propia y por ello somos únicos. Nuestra personalidad es la que marca la persona y su adaptación a las diferentes circunstancias de la vida será la que marque a menudo la diferencia entre trastorno o no.
Podríamos definir la personalidad como un conjunto de rasgos que contribuyen a la conformación mental del sujeto dándole su propia fisonomía. La personalidad es como una especie de masa moldeable que intenta equilibrarse con las distintas situaciones de la vida para llegar a una adaptación sujeto-entorno. En resumen, es el conjunto de características constantes de un individuo. Estas características conforman a su vez inteligencia, carácter temperamento, constitución y como conjunto que es tiene tanto elementos sanos como deficientes. El ser humano reacciona frente a las circunstancias de la vida tanto con unas como con otras. Si una persona tiene complejos es evidente que reaccionara con ellos a la vez que con el resto de la personalidad.
El arte de vivir no se hace posible si la persona no se ha desprendido de aquellos impedimentos que le impone su propia personalidad. Hay que evolucionar frente a las situaciones que vivimos y saber adaptarnos para conseguir una armonía cuerpo-mente.
Las enfermedades de la personalidad son muchas; diferentes influencias del entorno vivido, modelos inapropiados de educación, conflictos en la relación padres-hijos, situaciones límites y un sinfín de etcéteras pueden producir los llamados trastornos de personalidad.

Trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo
Se consideran controladores y responsables tanto de ellos mismos como de los demás. Es como si creyeran que todo depende de ellos y por tanto deben alcanzar y mantener el nivel óptimo de perfeccionismo. El resto de mortales aparecen ante sus ojos como “ineptos” y “despreocupados”. Para sobrevivir necesitan orden y perfección. Para ellos es catastrófico perder el control o no llevar a cabo los “deberes” que a menudo se autoimponen. Cualquier fracaso puede llevarlos a la depresión. Son individuos demasiado exigentes con un alto nivel de ansiedad que se frustran habitualmente.

Trastornos de la personalidad por dependencia
Se sienten desvalidos, desprotegidos necesitando continuamente el apoyo de los demás. Son los otros, los fuertes los que les proporcionan los recursos necesarios para alcanzar la felicidad. Sin ellos, no son nadie. Son tremendamente débiles y con una autoestima muy baja.
Este tipo de personas pueden funcionar perfectamente mientras cuenten con el apoyo y cuidado de la persona “fuerte”. Si ésta les falla, se hunden.
Su principal temor es el rechazo o el abandono.

Trastornos de la personalidad pasivo-agresiva
Su estado levita entre la pasividad y sumisión para mantener sus relaciones con el entorno y la agresividad que explosiona frente a la pérdida de autonomía que sienten en su interior. La ambivalencia les marca: necesidad de apego y miedo al abuso fluctuando entre una conducta pasiva y una conducta agresiva como aquel globo que finalmente se hincha y explota.

Trastorno paranoide de la personalidad
El sujeto paranoide es desconfiado por naturaleza. Siempre atento esperando pillar con las manos en la masa a aquél que le traicione. Ve fantasmas donde no los hay. Todo el mundo es una gran conspiración contra sí mismo.
Es cauteloso, sus interpretaciones siempre son complicadas y falsas.
Teme ser secretamente manipulado o controlado.
La ansiedad continua que sufren provocada por sus “manías” les hace a menudo solicitar terapia.

Trastorno narcisista de la personalidad
Se consideran especiales, divas, superiores a todo ser humano. Esa condición les posibilita un trato diferenciado del resto de la humanidad. Si no lo obtienen, pueden castigar o bien sentirse terriblemente frustrados.

Trastorno antisocial de la personalidad
Este tipo de personas se consideran autónomas y con fuerza en sí mismas. Creen tener derecho para violar las normas y reglas impuestas. La personalidad antisocial “primero pega y luego pregunta”. Pueden delinquir abiertamente o bien ser más sutiles y estafar mediante astutas manipulaciones.
Su creencia es que el mundo es injusto y yo merezco tener aquello que tienen otros. Sus actos delictivos siempre están justificados por ellos. No hay normas, no hay distinción entre el bien y el mal.

Trastorno esquizoide y esquizotípico de la personalidad
La palabra clave es el aislamiento y su estrategia mantenerse a distancia de los demás para preservar su soledad al máximo. El acercamiento de los demás lo viven como intrusión y ello representa una amenaza para su vida.

Trastorno de personalidad por evitación
Estas personas desean la cercanía con el entorno pero a la vez temen ser heridas. El temor al rechazo, al dolor les hace evitar toda relación y así no pueden llegar a sufrir. Evitan la evaluación, el riesgo porque el mayor temor que pueden sentir es la humillación. El paciente evitativo limita sus expectativas, se abstiene de compromisos porque en ellos existe el riesgo al fracaso.

Trastorno histriónico de la personalidad
Se viven como encantadoras con cierto estilo y totalmente merecedoras de atención por parte de los demás. Necesitan cautivar como modo de funcionamiento, atraer, expresar emociones de forma abiertamente manifiesta. Son unos excelentes actores, pues su vida entera parece puro teatro. Confabulan, manipulan siempre para conseguir que el resto se mantenga a sus pies. Bajo un aspecto jovial y seguro se esconde el temor a la indiferencia y rechazo.

Trastorno límite de la personalidad
Aquí se amontonan aquellos trastornos difíciles de encasillar, que están a caballo entre la neurosis y la psicosis. Se define como una pauta duradera de percepción, relación y pensamiento tanto sobre el entorno como sobre sí mismo en la que existen problemas en diversas zonas, como por ejemplo en la relación interpersonal, en la imagen que tiene de sí mismo, en su estado anímico, etc..
Podemos alertarnos ante un TLP cuando veamos por ejemplo: vivencias de relaciones intensas e inestables, conducta compulsiva, sentimientos de vacío o aburrimiento crónicos, impulsividad, ira intensa e incontrolable episódicamente, no tiene muy claro sus metas, sus prioridades, su escala de valores (confusión).

Tratamiento cognitivo para los trastornos de personalidad
En los trastornos de personalidad existen unos esquemas (pensamientos) inadecuados que paralizan la conducta positiva y son precisamente esos pensamientos los que hay que desbloquear en todos los trastornos de personalidad.


Ejemplos de esquemas de pensamiento de los trastornos de personalidad

Obsesivo-compulsivo Los detalles son cruciales
Por dependencia Necesito de la gente para ser feliz
Pasivo-agresiva La gente interfiere en mi libertad de acción.
Paranoide Hay que vigilar constantemente porque la traición puede venir de cualquier parte.
Narcisista Como soy especial debo tener reglas especiales.
Antisocial La gente es tonta yo tengo derecho a no respetar las normas.
Esquizoide y Esquizotípico Las relaciones son indeseables.
Por evitación No puedo soportar los sentimientos desagradables de rechazo y humillación.
Histriónico Soy tan buena que no tienen derecho los demás a negarme lo que yo quiero.
Límite Siempre estaré solo.
Soy malo, merezco el castigo.
No soy capaz de controlarme.
Tengo que protegerme de la gente porque me puede hacer daño
.
Si me conocieran realmente no estarían conmigo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Mujeres Maltratadas




- ¿Qué has visto a un fantasma o es que me escondes alguna cosa? – murmuró Lucas receloso por la actitud de su mujer -
- ¡Hola cariño! ¿Qué tal ha ido el trabajo? – dijo María con voz temblorosa tratando de ignorar el interrogante inicial de Lucas – Hoy has llegado un poco más temprano ¿no?
- ¿Acaso ya no me escuchas, quizás tu mente limitada no sabe responder a una simple pregunta? – inquirió Lucas mientras se acercaba a ella con mirada desafiante.
- Perdona no quería disgustarte – apremió María tratando de evitar lo inevitable.

Lucas se abalanzó hacia María y ante la inútil huida de ésta la agarró por sus lacios cabellos negros para abofetearla en la mejilla derecha. Del impulso de la bofetada María salió despedida hasta un sofá cayendo abatida en él con el albornoz abierto dejando entrever sus muslos, cosa que excitó a Lucas.

- ¿Con quién has pasado la noche ramera? Ahora sabrás lo que es un hombre de verdad – musitó Lucas al tiempo que se bajaba los grasientos pantalones de trabajo que directamente le estaban rozando la piel. Su masculinidad se hallaba erecta ante la excitación del momento.
- Déjame Lucas, ahora no me apetece y además no me gusta que me digas esas cosas. – suplicó temerosa María.

Lucas le propinó una nueva paliza que la dejó semiinconsciente sin apenas tiempo para enterarse de la eyaculación de su marido en su interior.


Así eran los momentos de intimidad en casa de los Gómez, intensos y duros, procurando el placer de uno de tantos eyaculadores precoces y obviando la hostilidad que rodeaba al acto.
María se había acostumbrado a esas vivencias por el bien de la familia; lloraba en silencio mientras se encontraba sola, aguantaba porque creía que todas las parejas tenían períodos difíciles, y, sobretodo pensaba que su inferior condición social de mujer no le otorgaba otros derechos que los de tener y cuidar una familia. Lucas era el cabeza de familia y ella tenía que tratar de equilibrar la armonía en el hogar.
¿Armonía? Se reía en sus adentros mientras susurraba esas palabras.

Todavía despojada de sus ropas y con Lucas dormido encima de ella, María recordó la petición de Doña Isabel, su señora, de preparar una comida especial para dar la bienvenida a su hija Elena quién tras años en el extranjero finalmente regresaba.

“María mañana vendrá Elena, mi hija, para pasar una temporada con nosotros, me gustaría que preparases un cocido de aquellos que te salen tan bien para que sienta el calor del hogar tras su separación”.- había dicho.

Al parecer, Elena se había divorciado recientemente de su marido con el que vivía desde hacia 12 años y había abandonado país y trabajo para regresar a su ciudad natal con sus padres y demás amigos. Desde que se casó marchó a Inglaterra, país origen de su marido y allí vivió hasta hoy.
María no la conocía pero sentía curiosidad por esa chica independiente que había elegido separarse sin ningún temor a seguir viviendo un engaño.
La consideraba inteligente por su valentía y, al compararse con ella, María se sentía simplemente una estúpida mujer casada y dependiente de un marido, con dos hijos de 12 y 8 años y quizás uno por venir, si así lo confirmaba el análisis de orina que le practicaron en la farmacia de Manolo el día anterior.

Llevaba casi 3 años trabajando en casa de los Hurtado y se sentía muy a gusto con ellos. Probablemente eso y sus niños eran los motivos que la mantenían viva.

Miró el reloj de encima de la cómoda y con gran destreza se liberó de los 90 kilos de Lucas y se puso en marcha. Se sentía algo indispuesta pero no había tiempo que perder. Se lavó sus partes íntimas y se vistió con uno de los vestidos que Doña Isabel le había regalado. Cada vez que Doña Isabel paseaba por el mercadillo llegaba a la casa con un vestido para María. La apreciaba como si fuera una hija y María sentía por ella, al mismo tiempo, el afecto de una hija a su madre, o eso creía ya que María era huérfana de padre y madre y se había criado en instituciones hasta que cumplió la mayoría de edad. Ese mismo año conoció a Lucas y se enamoró perdidamente de él. Se sentía protegida y querida, aunque esto último duro poco tiempo. Pero no quedaba más tiempo para recordar, debía darse prisa si quería tener listo el cocido para cuando Doña Isabel llegara del aeropuerto con su hija Elena.
Se maquilló con esmero para disimular la rojez aparecida por las bofetadas que Lucas le había propinado. Estaba acostumbrada a ocultar al vecindario las palizas recibidas, aunque a Doña Isabel nada podía pasársele.
“Cuando dejarás a Lucas, es cruel contigo y no te merece” solía decirle a menudo, a lo que María respondía “No se preocupe, seguro que no volverá a pasar, en el fondo sé que me quiere aunque tiene un poco de mal carácter, como todos los hombres” y cambiaba de tema ante la mirada dubitativa de Doña Isabel.
Comprobó que la comida estuviera a punto para cuando Lucas despertara y cerró la puerta con sigilo para salir apresuradamente en dirección a la calle Padilla donde vivían los Sres. Hurtado, Don Álvaro y Doña Isabel, sus patrones.
En casa de los Hurtado, María se sentía feliz porque a pesar de ser su criada la trataban con cariño y respeto. Cada día entraba sobre las 9:30 horas y salía a las 17:30 a tiempo de recoger a los niños a la llegada del autocar. Desde la parada donde descendían paseaban los tres juntos felices hasta la llegada a casa. Durante ese paseo María disfrutaba escuchando las peripecias de sus queridos Ana y Marcos. Ese rato y la estancia en casa de los Hurtado eran lo mejor que le había proporcionado la vida.

A sus recién cumplidos 31 años parecía haber recorrido una larga vida por lo agotada que se sentía. Conoció a Lucas con 18 y se quedó embarazada de Marcos enseguida así que se tuvieron que casar a toda prisa al año de conocerse. Se había enamorado de Lucas locamente quizás porque no había conocido otro hombre pero ahora, a sus 31 años y tras 12 de casados, dudaba por primera vez si había hecho bien. Siempre se había mostrado conforme con lo que la vida le había aportado pero llevaba una temporada soñando despierta demasiadas veces en una vida distinta, sin riñas, sin miserias y sin desengaños. Suerte tenía de sus amados hijos, aquellos por los que ella daría la vida pero ahora... ahora llevaba en su interior otro pequeño ser, un bebé no deseado por el padre que traería más problemas dentro de la desestructurada dinámica familiar en que vivían.

Absorta en sus problemas llegó a casa de los Hurtado con tiempo para arreglar la casa antes de que llegaran Isabel y Elena.
En el salón-comedor había una vitrina repleta de fotos de esta última, desde su infancia hasta escasos meses atrás. No era excesivamente guapa pero su rostro tenía una gran fuerza con unos profundos ojos verdes y una hermosa cabellera pelirroja. Tenía 37 años aunque nadie le hubiera echado más de 35. Si la comparaba con ella los seis años de diferencia apenas se percibían.

El rostro de María reflejaba la amargura y el cansancio de los años de infelicidad vividos y el de Elena la esperanza de un nuevo camino por seguir.

El timbre del teléfono la despertó nuevamente de sus pensamientos.

- ¡Buenos días María! ¿Qué tal va todo por casa? – preguntó doña Isabel.
- Muy bien, doña Isabel – interpuso María – ahora mismo iba a preparar el cocido. ¿Ya ha llegado su hija?
- No querida, su vuelo llega con retraso – contesto doña Isabel – así es que cuentas con una hora más. Si todo marcha sobre lo previsto estaremos en casa aproximadamente a las 13:30 horas.
- Tranquila, doña Isabel que todo estará listo a esa hora. ¿Qué le digo al señor Álvaro cuando llame? – preguntó María.
- Recuérdale que traiga un poco de repostería de la pastelería de doña Encarna. - contestó Isabel.
- Muy bien, así lo haré. – respondió educadamente María.

Se adentró en la cocina y puso en cocción todos los ingredientes a fuego lento. Limpió las habitaciones y preparó con esmero la de Elena para que se sintiera a gusto y reconfortada nuevamente en su hogar.

¡Cuánto hubiera deseado María haber sentido el afecto de unos padres que la cuidaran y la hubieran protegido en los momentos difíciles!

Quizás por esa carencia, María se comportaba con dulzura y cariño hacia sus hijos, y los momentos diarios que pasaban los tres solos los recubría de gran afectividad.
Esperaba que de mayores al recordar su niñez se sintieran felices eclipsando con dicha felicidad el temor diario hacia su progenitor.
Marcos y Ana se habían vuelto tímidos e introvertidos cuando se encontraban frente a su padre. En Marcos podía adivinarse cierto odio por el sufrimiento perpetuado a su madre, la cual parecía languidecer día tras día. Ana todavía eclipsada por un desengañoso Edipo, ocultaba tras su sumisa mirada su amor por su padre, aunque a menudo él la rechazaba burlándose de su timidez.
“¿Qué pasa niña tonta, no sabes responder cuando se te pregunta?” le decía Lucas y se reía de una Ana avergonzada y sonrojada.

“La gran virtud de Lucas, la insensibilidad, característica a la que yo ya me había acostumbrado – se decía a sí misma María - pero que no dejaba de sorprenderme cuando la utilizaba con ellos, nuestros hijos.”


Continuará…

lunes, 18 de octubre de 2010

Mujeres Maltratadas



Episodio 1: MARÍA

Los rayos de sol alumbraban la estancia a través de la pequeña y descolorida ventana. María estaba sentada en la cocina con una taza de café y un cigarrillo; reflexionaba en qué se había convertido su vida. Marcos y Ana, sus hijos, estaban de colonias, esa misma tarde regresaban, y Lucas, su marido, todavía no había vuelto del turno de noche en la fábrica de metales. Por suerte, hoy los chicos no asistirían a otra de las habituales peleas y no llorarían en silencio por el sufrimiento de mamá.
Día tras día Lucas llegaba a casa malhumorado, cansado y la tomaba con María. Ella trataba de no hacerle enfadar y no imponer queja alguna que pudiera hacer estallar la bronca entre ellos, pero, hiciera lo que hiciera, Lucas buscaba siempre la manera de justificar su agresividad y en consecuencia sus golpes. Cualquier minucia como una mota de polvo apreciada o una zapatilla fuera de su sitio era motivo suficiente para atestarle el primer golpe, y, tras éste venía la paliza, paliza a la que María ya se había acostumbrado.
Ese comportamiento de Lucas se daba prácticamente desde el principio de su unión aunque ella siempre creía que ocurría porque él era extremadamente celoso. De hecho, en los primeros años de matrimonio ya se producían episodios de violencia doméstica. Si, por ejemplo, cuando Lucas llegaba a casa encontraba a María en la escalera conversando con algún vecino varón, lo primero que hacía al entrar en casa (no antes porque sabía guardar discreción) era abofetearla por desvergonzada. A ella eso no le ofendía, al contrario, creía que así debía comportarse un hombre que amara a una mujer. Pero el paso de los años y el estancamiento laboral habían acusado esos encuentros haciéndolos cada vez más intensos y violentos.
Lo que en un principio podían considerarse bofetadas que pocos moratones dejaban, en la actualidad María sufría peleas casi a diario de las que salía fuertemente magullada.
Ella justificaba la actitud de Lucas diciendo que así era su hombre, con carácter, y porque tras la pelea, tarde o temprano, recibía alguna muestra de cariño, por pequeña que fuera.
La verdad es que nunca había sido excesivamente cariñoso, inclusive su aspecto duro y distante no parecían demasiado apropiados para ofrecer muestras de amor, pero María conservaba aún algún que otro buen recuerdo de los 3 primeros años de unión.
Lo conoció en un baile al que asistió con una amiga un domingo del mes de abril. Lucas se le acercó para pedirle que bailara con ella y desde ese momento ya no dejaron de verse. Llevaba un traje gris algo gastado por el paso del tiempo pero que le resaltaba sus rasgados ojos negros. Su pelo, peinado hacia atrás, acumulaba bastante gomina para disimular sus afianzados rizos de color castaño.
Le pareció apuesto desde el mismo instante en que le vio a pesar de los consejos de su amiga indicándole la fama de mujeriego que tenía. Consuelo ya había sido víctima de esos penetrantes ojos negros y sentía recelo de que María obtuviera la misma fortuna.
Bailaron hasta bien entrada la noche y al acompañarla a la pensión donde vivía, la besó ardientemente en los labios. María se sintió frágil a la vez que poseída por la fortaleza de ese hombre que le había arrancado su primer beso. Fuertemente atraída por él volvió a citarse la siguiente tarde a la salida de la fábrica de telares en la que trabajaba. Lucas plantado en la puerta la esperaba vestido con una cazadora de cuero negra y unos pantalones blancos de pinzas. Realmente parecía un completo gigoló pero a pesar de ello y de los comentarios o referencias que tenía, María quedó perdidamente enamorada de él. En este segundo encuentro Lucas la rozó con un beso en la mejilla y la cogió fuertemente de la mano para así juntos caminar hasta un local donde todo el mundo parecía conocerlo. Tomaron un refresco y charlaron.
María recordaba vagamente ese día puesto que ocurrieron cosas algo contradictorias, si ahora lo pensaba:

“En ese mismo local hubo un incidente con el chico que nos trajo las bebidas. Al acercarse a mí me susurró al oído que tuviera cuidado con mi acompañante, que ya era la tercera o cuarta mujer a la que invitaba y, todas, tras esa cita, huían de su lado como si miedo le tuvieran.
La verdad es que lo comentó de forma simpática y para nada grosera, pero Lucas no así se lo tomó y se levantó y lo cercó hacia una esquina donde lo amenazó discretamente para no dar la nota en el lugar, pero con una intensa ira en su mirada. Tras ello se acercó nuevamente a mí y me tomó la mano para así irnos del local al que acusó de poco elegante para una “damisela como tú”; sí, esas fueron exactamente las palabras.
Tras ese incidente no volvimos a pisar el lugar, bueno al menos juntos, porque al cabo de poco menos de una semana acudí con una amiga porque sentía interés en conocer la verdad de esas palabras pronunciadas por el camarero. No estaba allí, pregunté por él y me dijeron que estaba enfermo. Nunca más lo volví a ver.”

Ahora pienso que quizás esa misma noche, una vez me hubo dejado en la pensión donde me hospedaba, regresó y terminó aquello que mi presencia importunó.
Lo cierto es que los hechos siguientes fueron tan maravillosos que en poco menos de un año nos casamos.
Realmente Lucas se había vuelto más agrio y grosero desde el nacimiento de Ana, la hija pequeña, y el cierre de la fábrica en la que estaba. El dinero siempre faltaba en casa y, probablemente pensaría que justo se había quedado sin empleo en el peor de los momentos, con una boca más por alimentar.
Esa época, recordaba María, fue la más dura de su relación. Lucas se tiró mucho a la bebida y regresaba a menudo borracho despertando a la pequeña con sus gritos y palizas. Marcos, el mayor, se tapaba los oídos con sus manitas y se sentaba en el suelo en un rincón de su habitación. Lucas jamás le puso la mano encima, ni a él ni a Ana, sólo tenía coraje para golpearme a mí.

Por suerte esa fatídica época no duró demasiado y el paso del tiempo la ha suavizado en el recuerdo.

Lucas pronto encontró un nuevo trabajo y aunque el salario no era suficiente y tenia que echar horas en un pequeño taller para complementar el sueldo, lo cual le predisponía al malhumor, el abuso de alcohol se había moderado y ello facilitaba la convivencia.
La verdad es que la relación entre la pareja estaba cada vez más deteriorada. Los ánimos estaban siempre caldeados y María tenía bastante facilidad para embarazarse lo que provocaba mayor tensión en la relación.
Los tres abortos provocados le taponaron su fertilidad relajando los problemas de nuevos embarazos por un tiempo. Lucas era un hombre potente y con muchas necesidades y María tenía que estar siempre a punto para satisfacerle. El placer de ella nunca contó ni tampoco le importó al hombre cómo se lo hacía María para evitar un embarazo.
Mientras los niños fueron pequeños ella tuvo que cuidar de ellos y de la casa y fue Lucas quien trabajaba para mantenerlos.

El estrés por la cantidad de horas echadas y la rutina a la que se vio inmerso agravarían su agresividad.

Mientras se encontraba inmersa en sus reflexiones, la puerta se abrió y un ojeroso y sucio Lucas apareció. María se levantó sobresaltada de la silla en la que se hallaba porque sabía que se avecinaba la tormenta.

Continuará...

sábado, 9 de octubre de 2010

Mujeres maltratadas




“Hay muchas clases de maltrato además del físico, propiamente dicho. Cuando un componente de una pareja pierde su libertad, está siendo maltratado.”

Un día cualquiera de un mes cualquiera

Las dos mujeres aún no se conocían, formaban parte de mundos distintos pero iban a iniciar una trayectoria común, unidas por un destino que quizás persiguiera su salvación o tal vez su desgracia. La vida de cada una de ellas era bien distinta, pero en común tenían su condición de mujer y el maltrato al que habían sido o eran sometidas. Jóvenes ambas iban a aprender mucho la una de la otra.

Quién parecía más inteligente, quizás se escudaba en esa actitud para verse más fuerte, y, aquella a quien los ojos del entorno vieran más sumisa, podía muy bien ser simplemente una opción de vida elegida.

María y Elena se llamaban y pronto sus vidas se cruzarían...

* * *

Elena

Elena llamó a su madre como cada semana solía hacer. Esta vez ya estaba cansada de fingir que todo era maravilloso e iba a contarle todo el dolor y la amargura acumulados en los últimos meses. Mentir no era ningún rasgo de su carácter, muy al contrario, una característica de su personalidad era precisamente la sinceridad con que encauzaba cualquier conversación, pero había aprendido a usar la mentira para no preocupar a los suyos, aquellos que tan lejos estaban pero seguían cercanos en su corazón.

Había tomado una decisión que afectaba en cierta medida a sus padres y necesitaba sentir que ellos seguían a su lado. Había perdido dignidad y autoestima y sólo ellos podían devolverle algo del amor desvanecido. El tiempo y su voluntad harían el resto, pero ahora todo estaba demasiado reciente y necesitaba llorar, aunque sus lágrimas resbalaran por el auricular sin poder ser atendidas con una cálida acogida. Su madre sabría contener ese lamento como cuando de niña se hacía daño y ella le calmaba dulcemente el dolor. Ahora el dolor punzaba con fuerza el interior como si una herida interna sangrase sin poder ser taponada.

-¡Me han hecho daño mamá! – Se lamentó sollozando la niña interior de Elena a través del auricular – Me siento perdida y necesito que me escuches y me calmes como cuando era niña.
-Sabes querida mía que siempre he estado a tu lado aunque la distancia no lo haya querido así – respondió su madre – Algo en mi interior me decía que no eras feliz, que sufrías, pero no podía cuestionarte porque entonces hubiera faltado a mi lealtad y confianza. Tú tenías que contarlo, tenías que pedir mi ayuda, para que yo, sin pestañear siquiera, te ofreciera todo el consuelo que me fuera posible.
-No me quiere mamá, nunca me ha querido, todo ha sido una farsa. Creía que era yo quién descuidaba mis deberes como esposa, como mujer, siempre atareada con el trabajo a cuestas, pero finalmente he abierto los ojos y he visto aquello que mi corazón negaba. – dijo Elena.

-No siempre, querida niña, estamos preparados para escuchar la verdad e insonorizamos con pequeños matices aquello que podría lastimar nuestra alma, hasta que finalmente estamos preparados para afrontarlo – la consoló su madre.

-Pero es que yo no creo que esté preparada para sufrir esa terrible derrota, porque no es otra mujer la que me ha vencido, sino su homosexualidad. – confesó Elena.

–Uno no despierta de la noche a la mañana con esos instintos, eso es algo que se halla muy arraigado en su interior y que podría haber permanecido oculto durante toda una vida si yo no hubiera intervenido.- prosiguió.

-Pensé que sería positivo para nuestra frágil relación improvisar un encuentro- contó Elena –llevábamos demasiado tiempo distanciados y creí oportuno pedirle perdón dejando por una vez de lado el trabajo en pro al amor.

-No me cuentes más, creo poder imaginar lo que sucedió – le cortó la madre
-Pobre niña, ¡qué ultrajada te debiste sentir!

–No sabes bien cómo me sentí en aquel instante mamá –dijo Elena.–No solo los sentimientos hacia él, sino los propios, se vinieron abajo y todo el trabajo de poder logrado con los años se desvaneció como si la auto-confianza jamás hubiera estado presente en mi ser.

-Pero tú eres fuerte mi niña y sé que te repondrás. No debes permanecer por más tiempo sola, rodeada de extraños – dijo su madre –tienes que liquidar todo ese pasado y volver a tu país. Allí no serás capaz de recobrar tu vida. Aquí, no será fácil, pero al menos podremos ayudarte a olvidar. Creemos en ti, pequeña, y sé que podremos lograr juntos que la confianza perdida vuelva de nuevo a ti.

–Gracias mamá –dijo Elena –precisamente ahora es lo que trato de hacer, terminar con todos los hilos que me unen a esta pesadilla para regresar de nuevo a mi país, pero se me hace difícil, porque debo hacerlo toda sola y no soy tan fuerte como en un principio creí.

-Me gustaría pedirte que vinieras, aunque fueran unos pocos días, porque ahora mismo no sé si quizás sería capaz de hacer alguna tontería.-prosiguió Elena – Me siento débil y os necesito cerca. Terminar con este episodio de vida londinense me llevará aún unos cuantos meses y necesito unas dosis de vuestro amor y comprensión.

–Cariño, eso ya había quedado claro. Tus asuntos son los nuestros, si así lo deseas. Papá no podrá dejar su trabajo durante mucho tiempo, pero yo podré arreglarlo perfectamente para permanecer a tu lado hasta que recobres la serenidad – dijo su madre con empatía.
–Me vendrán bien unas vacaciones en la capital oscura así es que prepárate a sonreír porque eso es lo que harás a partir de los próximos días -concluyó su madre.

Tras esa conversación, Elena se sintió más comprendida y querida, con más fuerzas para actuar con el aplomo necesario durante los episodios venideros. Tenía que enfrentarse con una familia noble a la que nada gustaría sacar a relucir “trapos sucios”. Probablemente la chantajearían, la humillarían,... pero ella debía mantenerse firme y segura porque lo que había visto había hundido todo lo que sentía por su marido y probablemente quebraría parte de la seguridad adquirida.

La entrañable voz de su madre, sus cariñosas palabras, le devolvieron momentáneamente la fe en su poder, en sí misma. Era una mujer herida pero finalmente había encontrado el camino para cicatrizar el dolor. La habían humillado, ultrajado pero lograría sacar su fuerza interior para reponerse de sus heridas. Tenia poder, el poder de amarse a sí misma y eso la salvaría.


María

María se levantaba cada día a las 7:30 horas. Ese día no tenía nada de especial, iba a ser uno de tantos en su monótona vida. Se sentía especialmente cansada esa mañana, quizás no era exactamente cansancio pero sí cierta predisposición apática. Nunca había sido demasiado alegre ni siquiera amante de los deportes, pero desde que tuvo a los niños se volvió más pausada; realmente ya tenía bastante con el ajetreo de su hogar, los críos y la casa de doña Isabel, donde limpiaba y cocinaba, como para pensar encima en mantenerse atlética.

Se reía en sus adentros imaginándose por un momento practicando un deporte. Realmente tenía suerte de su constitución delgada porque nada tenía que ver con la práctica deportiva. Ni tiempo tendría aunque quisiera. Recordaba, eso sí, que le gustaba bailar, aunque eso pertenecía a un pasado bastante lejano.
No era tan mayor, pero sus huesos estaban agotados; ya fuera por el día a día, ya fuera por los golpes.

María estaba casada con Lucas, alguien a quien le gustaba mostrarse autoritario con las mujeres y si era necesario utilizar la fuerza, aunque en el fondo tenía un gran corazón, al menos así lo demostraba con los niños. Tampoco había tenido mucha fortuna con su trabajo y esa situación poco fructífera tenía mucho que decir en su comportamiento para con María.

Lucas se había marchado ya al trabajo y María se desperezaba como de costumbre; pronto tendría que levantar a los niños, pero antes debía arreglar su habitación para que cuando él llegara pudiera echarse una siesta.

A las 8 en punto los niños se levantaban y ellos mismos arreglaban su cama. Por fortuna, tenía unos hijos maravillosos y muy hacendosos. La vida en eso si le había sonreído.

La comida la preparaba la noche anterior y así podía dormir un poco más. Por la mañana era cuando más a gusto se estaba en la cama y además, tampoco le interesaba lo que echaban por la televisión. Cuando terminaba de cenar se metía en la cocina y no salía hasta que hubiera acabado la comida del día siguiente.
Algunas veces los niños se habían acostado solos y Lucas entraba sigilosamente en la cocina acosándola, otras se quedaba frito en el sofá y ya no había nada que temer.

Odiaba hacer el amor con él porque había perdido la dulzura sustituyéndola por la fuerza. Parecía que se sintiera poderoso cada vez que agresivamente la penetraba. Obligarla le excitaba pero también le enojaba.

Esa era su vida, casada con un hombre que tenía mal carácter, intensamente posesivo pero al que debía lo que ella era. Formaban una familia y eso ella no lo había tenido. Lo quería y lo respetaba. Era el sostén de su familia, su propia familia y tenía que cuidarlo porque era su deber.

Era una mujer agotada pero con unas creencias demasiado difíciles de vencer. Eso probablemente la hundiría o tal vez, la mataría. ¿Hasta dónde podría llegar su paciencia? ¿Cuánto habría que ultrajarla para que ese tipo de mujer, devota y sumisa, reaccionara?

La elección siempre es nuestra, en cada acto, en cada palabra. Una primera vez pueden hacernos daño pero si seguimos aguantándolo es en cierto modo porque así lo deseamos en alguna parte de nuestro ser.


Dos Mujeres

En un punto de nuestra historia los caminos de ambas mujeres se cruzarían, una ayudaría a la otra a abrir los ojos y a rebelarse recuperando la confianza perdida.

Tan distintas, pero, a la vez, con historias paralelas.

Elena sufrió en su propia piel el maltrato psicológico que la vida conyugal le había deparado al casarse con un ser rígido y sin sentimientos. Fueron años escondiendo la verdad que ahora se destapaba, ocultando un hecho tan desconcertante como que tu propia pareja desee a alguien de su propio sexo. Ese descubrimiento la frustró tanto que su propio equilibrio se desestabilizó sufriendo un verdadero desajuste emocional.

Esa es la gran incidencia del entorno en el propio ser, que de la noche a la mañana puede producir el más terrible y asolador terremoto al edificio más bien construido. Elena sintió en su ser el paso de esa tragedia.

María vivía sumida en un continuo maremoto pero todavía no lo había constatado. En su percepción del mundo, esa manera de vivir era la normal. La fortaleza de Elena serviría de empuje para que María proclamara su independencia. La lucha ayudaría a Elena a reconstruir ese interior magullado.

Dos mujeres maltratadas, dos historias similares, pero con un solo destino.

domingo, 19 de septiembre de 2010

¿Fluyen tus emociones?




Definimos Inteligencia Emocional como una disciplina que nos ayuda a lidiar de manera inteligente con nuestras emociones.
Una emoción es una sensación que surge en nosotros frente a una situación o pensamiento.
Algunas veces es agradable pero otras no. A menudo funcionamos evitando sentir aquella emoción desagradable, con lo que la REPRIMIMOS.
Otras veces, también desafortunadas, la EXPRESAMOS CON RABIA.
Cuando reprimimos surge el RESENTIMIENTO, cuando la expresamos con rabia surge la CULPA.

La Inteligencia Emocional surge para ayudarnos a que eso no suceda y para ello establece 5 estadios:

• AUTOCONOCIMIENTO
• AUTOREGULACIÓN
• AUTOMOTIVACIÓN
• EMPATIA
• HABILIDADES SOCIALES

En el autoconocimiento, aprendo a conocer mi interior, a saber cómo me siento, cómo reacciono frente a un estímulo.
En la autorregulación, aprendo a gestionar las emociones que siento para fluyan adecuadamente.
En la automotivación, aprendo a motivarme por mí mismo, entiendo el propósito de mi vida y intenciono mis pasos para lograrlo.
Con la empatía, soy capaz de ponerme en el lugar del otro y me es más fácil sentir su dolor y su alegría. Aprendo a suponer menos y a entender más.
Finalmente las habilidades sociales me ayudan a ser más asertivo, a relacionarme de manera más eficaz con las personas.

Pero demos marcha atrás porque para que esta disciplina tenga sentido tengo que entender que TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS SOMOS ALMAS O SERES DE LUZ que habitamos en un cuerpo y así experimentamos nuestro paso por la Tierra.

Como cuerpo poseemos MENTE y EMOCIONES. La mente tiene que ver con los pensamientos, con el razonamiento y las emociones tienen que ver con los sentimientos.

Imaginemos que nuestra alma es el pasajero de un tren (cuerpo) que recorre una vía inagotable o de duración determinada (la vida). Durante el recorrido verá muchas cosas a través de las ventanas de su vagón, interactuará con ellas e inclusive con las personas que compartan vagón (familiares, amigos, profesores…). Ese conocimiento transmitido por las personas que comparten el vagón durante el largo recorrido irán dejando una IMPRONTA en la persona creando así el grupo de CREENCIAS, ASUNCIONES, VALORES con los que crecemos.

El paisaje, lo que sucede en el exterior nos produce sensaciones, pensamientos, sentimientos y todo a la vez se tiñe de las creencias que hemos ido adquiriendo.

En definitiva, el conjunto ALMA-CUERPO-MENTE-EMOCIÓN es un conjunto interdependiente y por ello es tan importante que todas las partes se hallen en ARMONIA Y EQUILIBRIO.

Si la creencia es IRRACIONAL, produce PENSAMIENTO IRRACIONAL y en consecuencia LAS EMOCIONES RESULTANTES SON IRRACIONALES.

Esas emociones irracionales nos PARALIZAN, SE ENQUISTAN y lo más importante AL NO FLUIR NOS PRODUCEN MALESTAR.

Con los cinco estadios propuestos por la INTELIGENCIA EMOCIONAL conseguimos coherencia emocional, dejamos que las emociones transiten y vivimos más felizmente.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Otro




El Otro lleva tanto tiempo conmigo que ni siquiera puedo pensar en mí sin él. Él me guía en todos los instantes de mi vida. Ha estado presente en mi nacimiento, cuando tuvimos aquel accidente en el que pensé que perdía a mi madre, en aquellos difíciles días en que me lo cuestionaba todo. Me ha acompañado en todas y cada una de las situaciones que la vida me ha dado, ofreciéndome en todo momento atención y cuidado. Tanto hemos vivido juntos que ahora se hace difícil prescindir de él.

El Otro es algo así como mi propio vestido, el ropaje con el que asisto a las representaciones de la vida, mi consejero que interviene para que mis decisiones sean acertadas. Ha estado tan pegado a mí, que ahora no sé si voy a poder.

El Otro me aconsejó cuando decidía qué profesión elegir, me susurró: "éste es el hombre adecuado" cuando decidí comprometerme, me hizo sentir que estaba preparada cuando tuve a los niños. ¿Vale la pena tomar el camino equivocado?

El Otro siempre ha sabido lo que era mejor para mí, me ha acurrucado en los sollozos y ha evitado que cayera por más de un acantilado, pero lo más importante de todo es que SIEMPRE HA PENSADO POR MI.

Y ahora me pregunto: ¿Es eso lo que en verdad quiero?

El Otro se viste de sabiduría para hacer que sientas su necesidad de existir. Critica tus decisiones alocadas para que creas que sin escucharlo estarás mal. Te hace sentir pequeña cuando teme ser descubierto.

El Otro vive de ti, vive tu vida enfundado en tu caparazón. Se coló junto a tu alma en el momento en que decidiste vivir una existencia terrenal y empezó a hablarte desde tu nacimiento. Su voz cada vez sonó más fuerte en tu interior y pensaste que ésa era tu alma. Pero no, era la del Otro.
Es un ser que habita en las tinieblas que rodean tu corazón, bloqueando que éste sea escuchado.


El día que despiertes y escuches verdaderamente tu corazón quedarás deslumbrada por los misterios de la vida, estarás abierta a los milagros y vivirás cada segundo de tu existencia con tal intensidad y plenitud que jamás sentirás el vacío que habita el alma humana.

Entonces reconocerás el tiempo perdido escuchando al Otro, dejando que él viva tu vida, limitando al máximo tus sentidos y verás que esas dudas que ahora albergas sólo son una manipulación más del Otro porque ahora sí ve con temor el fin de su existencia.

viernes, 27 de agosto de 2010

MAKTUB = "Está escrito"



Se dice que todos tenemos escrito nuestro destino antes ya de nacer y que conforme crecemos todo se va alineando de modo que podamos cumplir con nuestra Historia Personal, aquella que nos pertenece y que elegimos vivir.
Pero no todos recordamos, no siempre atendemos a las señales que nos muestra la vida. Es importante entender cuál es nuestro propósito de vida, porqué determinadas personas se cruzan en nuestro camino y, aunque al final siempre acabamos eligiendo conscientemente nuestro destino, hemos de saber que nuestra historia ya estaba escrita por nosotros mismos antes siquiera de ocupar este cuerpo.

Nuestra alma guía nuestro sendero con aquellas señales que llamamos “intuiciones” aunque muchas veces ésas se confunden con deseos de la mente. Hemos de aprender a reconocer las verdaderas señales para conseguir el objetivo o propósito de todo humano: cumplir su historia personal, tal y como él mismo la diseñó.

Para ayudarnos a recordar nos cruzamos en el camino con personas, situaciones, accidentes, “casualidades”. A veces, pensamos que eso es injusto, que aquello nos desvía de nuestro propósito, que esto no nos lo merecemos,... pero todo sucede por alguna razón y cuando te dispersas demasiado, el Universo te da un toque para que recuerdes tu realidad, aquella que tú creaste.

Nuestro diario fue escrito mucho antes de nacer, cada ser humano tiene el suyo, en el que se relatan aquellas vivencias que uno desea vivir en su condición humana. Esto habla de “Libre albedrío” porque todas las situaciones por las que pasamos estaban descritas por nosotros mismos antes de renacer en este cuerpo. La espesa densidad del mismo nos hace olvidar el verdadero propósito y rápidamente aprendemos a lamentarnos de la vida que vivimos, de las circunstancias. Comparamos, juzgamos y sobre todo nos quejamos, porque siempre hemos creído que “Otro” decide por nosotros.

Responsabilízate de tus elecciones, porque son tuyas y sólo tuyas, solo que a veces el Universo te echa una mano conspirando a tu favor para que alcances realizar tu Historia Personal, esa que alejaste de tus posibilidades cuando tomaste un sendero equivocado. Pero fíjate que por más vueltas que dé el destino, al final siempre te conduce al camino que te llevará a vivir esa vida que en su día elegiste vivir en tu forma humana.

Si reflexionas sobre tu pasado, seguro encuentras puntos en los que tomaste una dirección u otra, “casualidades” que hicieron cambiar un propósito, inclusive a veces, mismas almas se te presentan con aspecto distinto.
No siempre estamos abiertos a recordar y la vida humana nos “enriquece” con placeres banales para que olvidemos el verdadero propósito. Es algo así como aquellos guerreros que tenían una misión por cumplir pero al entrar en aquel lujurioso lugar cayeron en tal trance que nunca más recordaron a dónde debían dirigirse.
Nosotros somos esos guerreros que al ocupar un cuerpo humano sufrimos una especie de amnesia. Nuestro objetivo es curarnos de ese olvido y para ello el Universo interviene con sutiles señales que nos lleven a despertar del coma inducido.
La sociedad humana tiene “seres” cuya misión es la contraria, es decir, así como el Universo conspira para abrirnos los ojos, esos Seres lo hacen para borrar las huellas del Recuerdo.

Cuando tu forma humana siente el vacío de su existencia, tu Yo Interior trata de captar tu atención para hacerte recordar.
Tu propósito no es trabajar, comprarte una casa, tener hijos y bla, bla, bla…Tu objetivo es llevar tu Alma a la conciencia para recordar tu Historia Personal. Sólo así reconocerás el soberano poder que habita en tu interior y recuperarás la Esencia de la Primera Fuente de la que formas parte como un Todo.

No nacemos para morir, nacemos para vivir aquello que decidimos libremente vivir y unos pocos se creen con el poder de usurpar.
Recordar te permitirá liberarte de esa prisión y en consecuencia liberar y sanar el Planeta que libremente un día elegimos poblar.
Ahora mismo somos esclavos de nuestro propio destino, uno que otros han escrito para toda la Humanidad.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Sentir




Siento cómo el aire agita los árboles y al mismo tiempo noto su brisa fresca en mi cuerpo. Lo percibo porque quiero saber porqué nunca se detiene. Es curioso pero nos preocupan los dolores, las enfermedades, tratamos de preveer las situaciones embarazosas o alarmantes pero nunca cuestionamos ese AIRE que respiramos y que sin él no viviríamos.
Suponemos, es más, damos por hecho que él siempre está ahí, pero ¿nos preocupamos por sentirlo?

Nuestra vida desde nuestro inicio consciente tiene como objetivo final consolidar una serie de logros que creemos nos llevarán a obtener la apreciada FELICIDAD. Creemos que esa meta se consigue con perseverancia, una buena dosis de suerte y por supuesto, una infancia de “nubes de algodón” que alejara posibles traumas. Pero en realidad lo único que importa es nuestra actitud y nuestra responsabilidad en la vida que vivimos.
Uno es feliz si quiere serlo, si así lo elige, importando poco si tuvo suerte, sus padres fueron excelentes educadores o si tuvo buenas o malas compañías. Lo definitivamente importante es cómo sentimos lo que nos rodea, cómo nos desprendemos de lo que nos impide evolucionar.
Nos guiamos por lo que perciben nuestros sentidos y aquello que no vemos con los ojos, carece de importancia o no ha de ser tenido en cuenta porque no puede examinarse. Pero tenemos la capacidad de desarrollar otros sentidos internos que ampliaran nuestra visión del mundo y de nosotros mismos.

La naturaleza, la vida en sí misma, nos proporciona muchos elementos con los que sentir y a los que agradecer su existencia. Pero claro eso es demasiado ¿simple?
El mensaje que trato de transmitir es que siempre nos quejamos, nos sentimos frustrados, decepcionados, fracasados,… todos los demás tienen la culpa de nuestro malestar actual. Ellos son los culpables, nosotros estamos resentidos, pero todo ese diálogo que produce nuestro veneno emocional interno en definitiva se produce porque así LO ELEGIMOS. El dilema está en ser víctima o ser juez, inclusive puedo alternar ambos estados a lo largo de mi vida, ¿con qué finalidad? Pues la de pasar por la vida sin responsabilizarme de ella.
La vida ES UN REGALO que tengo que agradecer, las consecuencias de cómo elija vivirla repercutirán en TODOS, porque todos estamos conectados y sentimos la vibración negativo del otro.
El aire que respiramos y que nos permite sentirnos vivos es un regalo que despreciamos cuando nos sentimos paralizados, cuando nos perdemos en banalidades o cuando no despertamos al milagro que supone vivir.

Tenemos la responsabilidad de hacernos cargo de nuestra vida de la manera más positiva. No hay que desperdiciar nuestro tiempo, no hay que sufrir sino que hay que aprender a sentir a través de cada poro de tu piel.
Cada nuevo día nos trae nuevas sensaciones, experiencias que sentir porque ese es nuestro propósito de vida: ser capaces de vivir desde el corazón ahora que como almas estamos enfundados en estos densos cuerpos que olvidan fácilmente el poderoso huésped que los habita.

La identificación con tu esencia, con tu yo se sentirá más fácilmente si cultivas tus espacios de contemplación. Uno tiene que aprender a estar solo, a sentir la totalidad que lo conecta al resto de seres, desprenderse de aquellos hábitos nocivos que le hacen vivir en la polaridad o mantenerse anclado en emociones negativas.

No hay tiempo que perder, hay mucho por hacer, por ti y por el mundo que habitas. Cultiva la práctica diaria de las virtudes del corazón para enfrentarte a las inclemencias de la vida. Agradecer, sentir compasión, perdonar, mostrar humildad, valor o entendimiento tienen que usarse como poderosas armas para vencer la energía negativa. La práctica te llevará al uso normalizado y ello proporcionará bienestar a tu vida. Individualmente te sentirás más despierto, más vivo, más intuitivo, sentirás con más fuerza el poder que te corresponde. El universo vibrará con tu energía positiva y eso que te pareció en algún momento “algo simple” te darás cuenta que tiene una magnitud incuestionable.
Ya ves, percibir pequeños detalles como la grandeza de ese aire que nos permite seguir vivos cada día, es una realidad que hay que empezar a sentir y a agradecer. Si podemos elegir percibir la totalidad ¿porqué conformarnos con menos?

Frena el ritmo acelerado de tu vida diaria, abre tus sentidos y escucha cómo sus percepciones resuenan en tu interior. Esa es la clave para tu despertar y el de toda la humanidad.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Controla tu vida



La noche cae dejando entrever algunas estrellas en un cielo casi cubierto por las nubes, ésas que horas antes amenazaban lluvia pero que por alguna razón desconocida se abstuvieron. La mujer flirtea con el hombre pero éste no parece cerciorarse, prefiere contemplar el cielo que ceder a los deseos de ella. Malhumorada se aleja del jardín y entra en la casa, no sabiendo muy bien en qué ocupar la mente para distraerla de la frustración sentida. Mira el reloj del pasillo y se percata que aún queda hora y media para la medianoche, horario habitual para acostarse, así pues la alternativa queda desechada. Sube los 14 peldaños que la separan del piso superior donde se encuentra su querida buhardilla. Se adentra en ella y observa por un segundo las posibilidades que la misma le depara. Pero lamentablemente ninguna es tan atractiva como un rato de sexo con su pareja. Esa noche están solos. Los hijos se encuentran en el campamento de verano. Pero, a ver, piensa ella, hace ya una semana que se fueron y desde entonces ¿lo hemos celebrado especialmente? De nuevo la frustración hace mella en su interior dejando hueco para que se instale la rabia. De repente, como si no se hubiera dado cuenta de ello algunas preguntas empiezan a oírse ruidosamente en el interior de su cabeza, preguntas que abren dudas a su hasta el momento maravillosa relación de pareja.
¿Ya no me quiere? ¿No me desea igual que antes? ¿Habrá conocido a otra? Y bla, bla, bla. Consecuentemente, frustración y rabia tienen que contraerse para permitir que los celos tengan su espacio. Y como no, la poca confianza en una misma ceden el poder a esos interrogantes que acaban por nublar enteramente su mente.

Podemos rebobinar y ponernos en la mente del hombre, vislumbrando una escena adecuada para él. Tras una jornada de duro trabajo en aquella empresa a la que se siente atado tras tantos años de servicio y que poco le aporta actualmente, sólo piensa en llegar a su apreciado “universo local” y contemplar su creación junto con su esposa, la que probablemente le estará esperando en el porche junto con un par de bebidas frías para reducir la sensación de calor en este abrumador verano. Pero no, no sucede exactamente como él planea. En casa la mujer no parece entusiasmada con su llegada, se queja de que hoy ha venido demasiado pronto y a ella no le ha dado tiempo de todos los quehaceres que se había impuesto ese día. La frustración ahora ¿quién la siente? Por supuesto él, que anticipando esos pensamientos motivados por las suposiciones que lleva a cabo, termina frustrándose cuando lo esperado no se produce.

Todo se intensifica en décimas de segundo. En poco tiempo, episodios como los descritos, pueden provocarnos una terrible infelicidad.

Tratemos de analizarlo para entender el mecanismo que actúa en nuestro interior y justifica ese descontrol emocional:
Se inicia la situación frustrante a causa de una diferencia de opiniones. Ella desea tener sexo y él se encuentra ocupado contemplando el cielo. Él improvisa una tarde apacible con una bebida refrescante y la compañía de su mujer y ella lo considera inapropiado e inoportuno.

Quizás ella no ha sabido transmitirle adecuadamente su deseo o quizás él tenía que haberla llamado antes para expresarle sus intenciones. Pero ¿todo tiene que ser tan “poco espontáneo”?
En el primer supuesto, ambos disfrutan a su manera de esa noche solos. En cualquier caso, ella “supone” y por tanto “se frustra”. No empatiza, no comunica adecuadamente sus intenciones, vive con la creencia que sus deseos son órdenes. La espera siempre frustra.
En el segundo supuesto, la frustración llega cuando uno se percata de la poca sintonía que tiene con su pareja. Concluir eso está fuera de lugar, pero el ser humano es así. Las conclusiones apresuradas están en el orden del día.
En ambos casos la emoción negativa se alimenta de los pensamientos que rondan su cabeza. Esos interrogantes que toman forma en su mente los sucumben en una paralización emocional destructiva. Entran en un círculo obsesivo que daña su persona y el amor que sienten por sí mismos.



Pero ¿en qué momento se pierde el control? Cuando uno cede el poder de su vida al otro, a los hechos y a las suposiciones, cuando se toma cualquier evento como algo personal, cuando se juzga, cuando se culpabiliza y cuando utiliza las palabras en su contra.

La vida contiene muchísimas situaciones que generan reacciones en nosotros. La persona tiene que desprenderse de aquellos hábitos que hacen de ellos seres infelices porque necesitan la aprobación de los demás para sentirse bien y no siempre pueden tenerla.
Tenemos que querernos a nosotros mismos, querer igualmente a aquellos que comparten el mundo con nosotros, sentirnos cercanos a ellos y sobretodo no juzgarlos cuando hacen cosas que no entran dentro de los parámetros que nuestros progenitores nos transmitieron. Eso es el libre albedrío y eso también es saber empatizar con el otro.
Si entendemos que la diferencia entre ser felices y vivir insatisfechos depende única y exclusivamente de nosotros mismos, ¿por qué siempre acabamos eligiendo la desdicha?

Cuando elegimos un rol siempre nos va ser víctimas o jueces, ¿por qué simplemente no disfrutamos de la vida que vivimos, sintiendo cada segundo del momento presente y agradeciendo estar vivos?
Párate y piensa por un momento, qué hay más milagroso que engendrar una propia vida. La respuesta es sencilla, sentirse satisfecho por vivirla.

La moneda tiene dos caras, felicidad e infelicidad, tú eliges con cual te quedas pero no culpes a otros de tus desdichas. Tú creas tu realidad.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La extinción del mundo




¿Nuestro mundo, tal y como lo conocemos, termina?

Esta pregunta ronda por mi cabeza hace días. Leo determinados artículos que versan sobre el tema, unos se decantan por el final devastador, otros lo relatan más como un despertar a la conciencia de cada cual y eso, evidentemente, conlleva cambios.
Se hablan de líneas de tiempo paralelas, de visión remota,… Está claro que una lucha se está produciendo en los cielos y ésta se traduce aquí en la Tierra.

El Universo lamenta sentirnos hacer oídos sordos a nuestra cruda realidad. Ve con ojos de súplica cómo destrozamos el potencial innato, cómo permitimos ser esclavos de unos pocos que sólo albergan deseos de poder.
Ellos, la Élite dominante, nos tienen atrapados en una cárcel de cristal y juegan con nosotros a los “Sims”. ¿Alguna vez habéis jugado? Se llevan personas en un simulacro de mundo virtual y haces que interactúen. Total, sólo es un juego en el que puedes ser quien quieras. Si mueres, si fracasas, siempre puedes cargar un nuevo personaje.
Pues bien, para el Poder, somos “muñequitos” con los que jugar. Lo malo es que hemos aceptado y lo peor es que ¡nos encanta! Triste ¿no?

El mundo que creemos haber creado es una simple partida de un juego en el que el control de nuestras vidas lo llevan otros. Ellos tienen el mando y cuando les parezca pueden apretar el botón de desconexión.
El Universo grita con desespero ante nuestra indiferencia, apatía e incluso, consentimiento.

Hemos permitido una sociedad en la que todo se paga, en la que nos invaden con mensajes subliminales y, no tan subliminales, sobre las necesidades y los deseos. Es tal la fuerza que produce en nosotros que necesitamos comprar, hipotecarnos, trabajar en desagradables empleos sólo para poder vivir como dicta esta sociedad que creemos tan “agradable”.
No nos equivoquemos, de agradable tiene poco: la necesidad produce ansiedad, el acto no concluido se traduce en frustración y todas esas emociones negativas terminan en un desgaste de energía brutal.

Nosotros como almas puras que somos, tenemos derecho a vivir en esta, nuestra Tierra, de la cual formamos parte. No hay que pagar por lo que es un bien dado. Con la humanidad, se creo la Naturaleza, el agua, los seres que habitan el planeta, todo se formó de la misma fuente.
La Tierra existe vinculada al ser humano, no hay que pagar por ello, nadie tiene el derecho de darle un valor monetario. Somos seres libres y ella vive en sintonía con nuestra libertad.

Pero así se inicio nuestra sociedad: impuestos, gobernantes, oro que se transformó en papeles que decidimos llamar dinero, entretenimiento, búsqueda continuada del placer efímero y un largo etcétera.
Y la pregunta es: Sabiéndote con un potencial infinito, ¿aceptarías una sociedad como ésta que te esclaviza, te divide y te limita?

Si algo podemos hacer en esta batalla que se está llevando a cabo es aceptarnos con el poder que nos ha sido dado. Éste es el primer paso: Cree en tu condición soberana.
Cómo tal tengo que sentir la unión y el amor con el resto de seres. Hay que sentir desde el corazón, que te guiará por el camino que salvará el mundo.
No esperes pantallas de colores, programas, videojuegos. Tu vida es muchísimo más que todo eso. Tienes el Universo completo para descubrir y eso tan grande es especialmente maravilloso.
Nuestras generaciones posteriores se merecen que movamos ficha, porque si no lo hacemos nosotros, lo hará el Universo que ya se ha cansado de gritar ¡Basta! Y no ser escuchado.

viernes, 2 de julio de 2010

La huida (segunda parte)




Los sueños se adueñaron de ellas, pero lo curioso es que parecían tan reales que Elena despertó con una nueva sensación en su interior.
Recordaba cada fragmento con total nitidez. La cueva las invadió de algo especial que las sumió en un estado semiinconsciente. En ese momento las imágenes grabadas en las paredes empezaron a cobrar forma y los colores vibraron con mayor intensidad. Una suave música sonaba a lo lejos proporcionando una sensación de paz a su mente.
Entre esas ahora desdibujadas formas, surgió una con apariencia humana. Elena no podía decir si era hombre o mujer tal y como los conocíamos los humanos pero ciertamente su apariencia era angelical.
En esa forma humana se unían paz, bondad, amor y dicha. Esas sensaciones empezaron a confortar a Elena como si fuera capaz de reflejar tal “positividad” para sí misma.
Esa presencia le habló aunque no llegó a abrir sus labios para expresarse pero así lo sintió Elena.
En su cabeza aquellas palabras resonaron con fuerza y claridad.

Tras esa vivencia, Elena sabía lo que tenia que hacer y no temía nada.
La pequeña Irene despertó con una amplia sonrisa y acercándose a su protectora, la besó con ternura en la mejilla.
Tras esa visión en la cueva, ambas sentían que todo era posible y que fuerzas mayores las protegían, fuerzas que no eran de este mundo pero que sentían con fuerte apego hacia ellas.
Tomaron un tentempié de la mochila y prosiguieron el camino por el pasadizo. La claridad se percibía aún lejos, el camino ahora parecía distinto de ayer. Quizás todavía no habían despertado, pero ¿era eso posible?
Cuando llegaron a la luz comprobaron que esa salida no era lo esperado. Un bosque distinto a los habitualmente conocidos se presentaba ante sus ojos. Incrédulas se miraron un segundo y nuevamente mantuvieron sus ojos fijos en ese espectáculo que se iniciaba… Una naturaleza viva y distinta, con sonidos dulces y olores diversos. Colores nunca antes descubiertos coloreaban ese paisaje y seres no humanos se perdían en el espesor de ese bosque.
Elena e Irene estaban felices mientras lo contemplaban pero la mente racional de Elena la despertó del asombro en el que se hallaba y se preguntó: ¿Estamos muertas?

Una voz sonó en su interior respondiendo a la pregunta: “Seguís vivas pero tenéis algo que aprender en este, nuestro mundo y por eso estáis aquí. El tiempo como vosotros los humanos lo conocéis, se ha detenido.
De algún modo una parte de vuestro ser sigue en la cueva, en la tercera dimensión. Pero, a la vez, estáis aquí cruzando el portal dimensional que os ha llevado a este lado.”

Irene se acercó a Elena y dijo: “Estamos en ese mundo que tantas veces percibo y me guía. Ahora tú también estás preparada para verlo. No temas lo desconocido. Abre tu corazón a las enseñanzas que se te mostrarán.”



Fuera o no un sueño, Elena confiaba en esos seres y por ese motivo cuando aquel la abrazó no sintió miedo alguno.
Le dijo que al despertar en la cueva poseería un nuevo conocimiento. De hecho, éste ya estaba en sus manos. Aquellos números y gráficos que ilustraban la agenda de Julián, formaban parte de un mapa de la Genética Humana. Se clarificaban las vías de acceso a la conciencia, aquella que los dioses de la antigüedad anularon con tanta sutileza.
Este conocimiento le había sido transmitido a Julián, pues su privilegiada posición profesional le ayudaría a entenderlo y posteriormente, difundirlo. Lamentablemente al intentar hacerlo fue eliminado.
Esas últimas palabras provocaron lágrimas en Elena, quien todavía poseía un halo de esperanza de reencontrarse con Julián.
La misión ahora recaía en ellas. Deberían transmitir el conocimiento para garantizar el despertar de la esclavizada humanidad en esta nueva era.

En este punto de la comunicación, el temor se apoderó de Elena. Ella era la responsable de Irene y tal aventura podría hacer peligrar su vida.
El ser dimensional percibió su sentimiento y la tranquilizó garantizándole que nada les pasaría.
En vuestro camino -le dijo- hay dos seres de nuestro mundo que tienen como misión protegeros para que podáis cumplir el objetivo. De hecho –prosiguió- los encontraréis en una forma amiga. Son Roberto y Clara.
A él lo conoces, es tu antiguo compañero de facultad. A Clara todavía no. Ella tuvo la misión de despertar y proteger a Julián y aunque falló en lo segundo, dará su vida por vosotras.
Clara os espera fuera de la cueva para llevaros con Roberto.
En estos momentos la Humanidad se encuentra preparada para el cambio que se ha de provocar. Aquellos que no sintonicen con la vibración actual, desaparecerán de sus formas humanas. La Primera Fuente nunca quiso veros esclavos en esta Tierra que os pertenece. Él no pidió que se os alojara en esta cárcel de cristal. Pero no todos siguieron los dictados de la Primera Fuente. Algunos tenían planes distintos para vosotros, los seres humanos.

Con estas últimas palabras el ser de luz se desvaneció junto con todo aquel mundo abierto ante sus ojos. La cueva se restableció y ambas mujeres despertaron nuevamente en ella.
Se cargaron las mochilas a sus espaldas y con una renovada energética sensación en su interior prosiguieron el camino hacia el final de la cueva, donde ciertamente una figura de mujer les esperaba fuera. Era Clara y con ella, Irene y Elena iniciarían un maravilloso viaje que llevaría a toda la humanidad a su ansiada edad dorada.

domingo, 6 de junio de 2010

La huida (primera parte)




Algo en el interior de Elena le sugería una huida precipitada, quizás aquella tenue silueta que se vislumbraba a través del abrupto bosque de arbustos que rodeaba su casa, era la razón de esa sensación o, tal vez, el apretón de manos que recibió de Irene, una vez apagó las luces del sótano para no ser delatadas.
En esta ocasión, Elena decidió hacerle caso a su intuición y tomando aquellos nuevos objetos descubiertos y descifrados por esa niña prodigio con la que había compartido hogar los últimos 4 años, corrió junto a ella deslizándose ambas por el pasadizo hábilmente construido por su fallecido padre. El camino por el mismo no era fácil pero sabía que elegir esa salida les haría ganar tiempo, un tiempo necesario para su supervivencia.

Nunca antes Elena había usado ese pasadizo, así pues desconocía tanto su recorrido como los obstáculos que pudiera haber ocasionado el paso del tiempo, lo que le generaba cierta angustia. Su padre había dedicado muchos años de su vida a su construcción. Pasaba horas y horas encerrado en el sótano, diseñando y calculando, siempre atento a que la mafia conspiradora no le encontrara desprevenido, anticipando sus pasos a los conspiradores, a la élite gubernamental.
Mientras tanto, Elena pensaba que su padre había enloquecido y lo único que quería era alejarse más y más de él.
Su padre tuvo que morir para que Elena empezara a creerse sus paranoias. Varios indicios sospechosos en el accidente ocurrido la hicieron activar esa alerta que sólo se disparaba cuando algo no iba bien.
Ahora era ella la desconfiada, la que vivía alejada de todos, la que luchaba, como antaño su padre hiciera, para revelar al mundo el plan corrupto de aquellos que estaban en el poder, de aquellos que se alimentaban de nuestras emociones descontroladas, nuestras crisis, nuestros suspiros, nuestra maldad y así, quitarnos nuestro poder real, aquel que como seres de luz nos correspondía pero que olvidamos tenerlo.
Esa lucha la alejaría de Julián en un pasado no muy lejano. Ahora, que él había abierto los ojos a la realidad, probablemente, esa misma revolución nuevamente los acercaría…

Irene tiró con fuerza de Elena que parecía conducirse con prudencia al adentrarse en el pasadizo. No temas, le dijo, todo saldrá bien.
Unos metros más adelante encontraron una mochila repleta de víveres que al parecer dejaría en previsión el padre de Elena. La mochila contenía botellas de agua, barritas energéticas, linternas, algunas prendas de abrigo y una brújula. Ambas chicas se colocaron una linterna en la frente para proseguir el camino y dejaron el resto de los ítems nuevamente en el interior de la mochila, que Elena colocó en su espalda.
Llegó un momento que esa cueva parecía demasiado bien construida para que lo hubiera hecho un hombre solo. Francamente, ni tan siquiera un ser humano. Conforme se adentraban más y más en ella, más frío sentían pero a la misma vez una sensación confortable se adueñaba de ellas.
En un cruce de caminos, Irene le indicó el sendero de la derecha a pesar de parecer más siniestro y estrecho. Elena siempre le hacía caso, porque a pesar de su corta edad, Irene era un ser especial y tenia esa desarrollada intuición que la hacían tan mágicamente sabia.


Ese sendero las adentró en una cavidad que al ser iluminada por sus linternas reflejó toda una serie de símbolos en sus paredes.
Era curioso pero esa simbología le era familiar. Tomó aquella agenda negra que Julián le enviara y contempló las similitudes de aquellos escritos con los de la pared.
Irene le acercó las extravagantes gafas con doble juego de vidrios y por el colorido de las paredes supo que la combinación tenía que ser azul-naranja. Así fue como Elena descubrió el primero de los enigmas de aquella cueva.
Decidieron que aquel era un mágico lugar para descansar y así lo hicieron ambas mujeres. Lo que ambas soñaron o vivieron en ese recinto les abrió más su mente para el recuerdo…

miércoles, 26 de mayo de 2010

La atadura al pasado




El pasado siempre está en el presente, de un modo u otro hacemos que reaparezca y eso nos debilita, nos gobierna, nos crea infelicidad.

El almacenamiento del pasado se inicia en nuestra infancia cuando recibimos los valores que nos transmiten educadores, padres, adultos importantes, inclusive relaciones con iguales, acontecimientos vividos especialmente, traumas, hechos que nos han marcado,…
Está claro que el archivo se hace cada vez más gordo y sí que la experiencia, lo vivido, algunas veces puede salvarnos en el futuro pero tenemos que evolucionar y la atadura en el pasado no nos lo permite.

Sufrimos a menudo por recuerdos vivenciados, por esquemas de comportamiento paralizantes que tratan de controlar nuestras vidas.
La vida tiene que fluir, tiene que ser un ir y venir de experiencias, vivencias, situaciones y uno tiene que quedarse con el sabor bueno de las cosas. Si no lo sentimos así, nos limitamos, nos mostramos atrapados a viejos esquemas que no permiten el cambio.

El pasado solo frena, sólo imposibilita el avance, la mejora, la evolución.
Tampoco tenemos que futurizar porque ello frustra y causa por tanto decepción al no ver realizados los sueños.

El pasado ya pasó, el futuro todavía está por llegar pero el presente es lo que te toca vivir, si te olvidas de sentirlo, no estarás viviendo.

Cuando hablamos de ser emocionalmente inteligentes nos referimos a sentir “en y el ahora”. Si me lamento por lo vivido o muestro nostalgia por aquello que está por llegar, no estoy saboreando mi vida, la intensidad de mis momentos.

Suavemente la noche abraza el nuevo amanecer, los sueños sirven de vivencia dormida pero el día trae pequeños milagros que no podrás recibir si permaneces todavía dormido. Quedarse en el pasado es seguir dormido como asimismo lo es soñar despierto en las muchas posibilidades que te depara el futuro.
Recuerda que cada instante es único e irrepetible, no lo dejes pasar.
Cada gota de vida derramada obstaculiza tu sabiduría, aquella que logras en el avance diario.
No es más sabio el que estudia más pero sí lo es aquel que siente cada momento como esencial.

No temas cerrar el pasado, pasar página. No temas apostar por ti, por la esencia de tu ser. No limites tu conocimiento y vive cada instante que cada nuevo día te aporta. Siéntete en esencia parte de este Todo.
La vida, tu vida tienes que vivirla en tu presente, sólo así serás consciente de lo mucho que te aporta.

domingo, 16 de mayo de 2010

Dios mio ¡vivo en la polaridad!



Desde que nacemos nos enfrentamos a la polaridad, ¿seré niño o niña? Evidentemente es importante saberlo porque nuestros papás preparan la canastilla en tonos rosáceos o en tonos azulados.
Llegamos a nuestro nuevo hogar y ya se marcan las diferencias que nos acompañarán a lo largo de toda nuestra vida: si somos varones, tanto la ropa como la habitación será probablemente azul, si por el contrario, somos niñas, el rosa será el color que se elegirá. En la escuela siguen las diferencias: ellos juegan al futbol y son más violentos, ellas prefieran las muñecas y las cocinitas.
Triste reconocerlo pero somos nosotros mismos los que marcamos la diferencia desde el principio, y es que la raza humana vive en la polaridad desde sus orígenes: la bondad y la maldad, la riqueza y la pobreza, los nobles y los esclavos, los jefes y los empleados, las mujeres y los hombres, los niños y las niñas,... Pero el ser humano antes que cualquier clasificación dicotómica es: un ser único y especial sin atender a géneros ni a razas.
Nuestra esencia es pura y no responde a polaridades pero nuestro carruaje con el que nos paseamos por este planeta marca ya unas diferencias desde el inicio del viaje. A veces nos corresponden cuerpos atléticos, otras veces nos sentiremos víctimas de la injusticia cuando nos corresponda uno de defectuoso, unas veces seremos las reinas del baile y otras, simples peones. Nos parecerá que no elegimos pero lo cierto es que sí lo hacemos pero no lo recordamos. Creo que nos sucede como al astronauta cuando se pone su traje espacial, dejamos de oír lo que nos transmite nuestra conciencia y perdemos el propósito de nuestro viaje.Pienso que nuestra principal razón es la de vivir esta experiencia, la de siendo alma pura, sin atender diferenciación ninguna, convivir con el peso de la polaridad, y conseguir ser felices.
Si yo soy amor y sólo sé ver eso a mí alrededor, entrar en el mundo humano y vencer la batalla a la dualidad tiene que ser todo un reto y uno nada fácil. Para empezar, la sociedad gobernante marca las diferencias, crea las clases y busca en cualquier recoveco la polaridad. Te instruye en la competencia, en el liderazgo, en la obtención de poder. Te manda mensajes de caras bonitas, cuerpos perfectos y lujosos coches como iconos asociados al éxito, al poder personal, a la felicidad. ¡Qué gran mentira! El dinero no hace la felicidad porque el dinero es una gran mentira inventada por los que están en el poder para crear las diferencias. La felicidad está dentro de cada uno de nosotros, somos felices al sentirnos conciencia, al sentir la luz que emana de nuestro interior, al entender que no tenemos límites. La limitación la crea la sociedad, la crean aquellos que mueven nuestras fichas para provocar el caos en el que hemos convertido nuestro mundo.
¿Habéis pensado alguna vez porque existe la tristeza, el miedo, los celos, el enfado? Para crear polaridad. Somos almas puras de amor inmersas en un mar revuelto de emociones negativas. Navegamos contracorriente cuando lo único que tenemos que hacer es salirnos de la polaridad. Nuestro pequeñísimo grano de arena se reflejará en la totalidad, nuestra revolución sin armas se sentirá en otros corazones y por fin entenderemos que la clave para vencer este caos en el que hemos convertido la sociedad en la que vivimos es la de sentir la unicidad, la unión de todas las personas, sin atender a ninguna diferencia, porque nuestra esencia es pura y todos, absolutamente todos, provenimos de la misma fuente.
No hay que buscar justicia para compensar las injusticias, no hay que luchar al lado de los débiles para vencer a los más fuertes, no hay que vanagloriarse sintiendo el triunfo,…sólo hay que sentir indiferencia, neutralidad, porque “el lado oscuro”, aquel que crea polaridad se alimenta de nuestra energía, esa que derrochamos cuando competimos, nos lamentamos, nos culpabilizamos, criticamos, nos enfadamos, nos censuramos, nos mostramos cobardes, envidiosos, rencorosos. Recuerda que la polaridad no existe en realidad, es producto de este mundo para alejarnos de nuestra propia conciencia, de nuestro yo, porque si supiéramos quien somos en realidad, nada ni nadie podría mantenernos en la esclavitud en la que vivimos.
La peor arma son nuestras emociones, aquellas que se muestran vulnerables ante los acontecimientos. Practica el sentimiento de amor incondicional, elimina las diferencias, siente la unión con todos los habitantes del planeta y verás como ese granito de arena crea una realidad distinta.

martes, 11 de mayo de 2010

El cuento del anillo y la princesa aburrida




Érase una vez una princesa que creía en los cuentos de hadas. Vivía en un palacete de cristal y a través de esos ventanales saboreaba el mundo, en la distancia para que nadie fuera a lastimarla.

Un día empezó a albergar la idea de cruzar esos abruptos muros y recorrer las calles que otros recorrían a diario. Y así lo propuso a quien consideraba su amo y señor. Éste le comunicó sus dudas al respecto pero también, en un empeño por ser más tolerante, le concedió ese deseo a su amada princesa. No sin antes entregarle un bello tesoro que la protegería de la maldad humana que se escondía más allá de su reino. Y ese regalo no fue otra cosa que un precioso anillo tallado especialmente para ella. La piedra elegida era un topacio de color ámbar.

El intuitivo príncipe presentía que esa deseosa búsqueda de nuevos caminos podía hacer tropezar a su amada con algún que otro aprovechado de la ingenuidad e inocencia de ésta. Pero sabía que expresar ese temor sería vivido con rechazo y así el hombre se mantuvo al margen, dejando que fuera la princesa la que descubriera los engaños que le depararía su nueva andadura. Eso sí, se aseguró que jamás dejara de llevar ese amuleto y así quedó algo más tranquilo.

Cristina, que así se llamaba nuestra protagonista, recogió sus enseres y se despidió efusivamente de su amado príncipe diciéndole:

“No desesperes amado, necesito sentir y dentro de tu reino me estoy ahogando y eso me impide ser feliz. Quizás esté equivocada pero la respuesta la encontraré en el camino más allá de los muros del reino.”

Y sin mirar atrás, cruzó las majestuosas puertas que la separaban del mundo exterior.

Diego, que así se llamaba el esposo, contempló con pena como se escapaba su perla, aquella que tantos años de satisfacción le proporcionaron. Quería correr hacia Cristina para hacerla razonar, quería expresarle todo lo que nunca antes dijo porque siempre había supuesto que sobraban las palabras cuando el amor era evidente. Ese amor que ahogaría a Cristina por no, paradójicamente, sentirse amada.
Supo que no tenía que cruzarse en ese destino que ahora quería mostrarse caprichoso. La batalla estaba de antemano decidida y él no tenía papel en ella.

Cristina se adentró en un mundo lleno de experiencias, historias tumultuosas, unas atractivas y otras no tanto. Aprendió de la gente, se emocionó con las vivencias de otros y sufrió en su propia carne todo lo que no había padecido antaño.
Ese era su destino: sentir el dolor, la frustración, la confusión que los actores que se iban incorporando en su nueva vida padecían. Pero ése no era su rol.

Una mañana despertose angustiada. No se reconocía en el espejo. ¿Cuánto tiempo había pasado? Semanas, meses quizás años viviendo vidas paralelas que la estaban destruyendo y contempló nuevamente aquel anillo que ahora yacía ingrávido en su cajita. Se preguntó porqué no lo llevaba puesto y recordó que un día lo sacó de su dedo para desafiar el poder de la magia oculta en la piedra tallada.

Así pues en un momento de lucidez entre tanto mar de dudas se decidió a sacarlo de la cajita y colocarlo nuevamente en su dedo.
A partir de ese instante los días se abrieron más claros, y Cristina supo que había llegado el momento de regresar tras su pintoresca aventura.

Recorrió pueblos y caminos, aprendió de algunas personas sabias y sobretodo se reconoció a sí misma en más de una ocasión. Y un día alcanzó aquel lugar que abandonó creyéndose ahogada por sus fortificados muros y comprobó que se hallaba deshabitado, abrupto y solitario.

Su fiel guardián no la había esperado a pesar de todas las promesas, ésas que ahora aparecían vacías de contenido ante los ojos de Cristina.

Se instaló nuevamente en su palacio y mandó derruir aquellos ventanales para poder desde esa altura contemplar aquellos paisajes con mayor claridad. Aprendió a gozar de cada instante y a esperar pacientemente el regreso de quien posiblemente también iría en busca de su propio equilibrio.

Aquel hombre no supo encontrar el camino de regreso y quedó inmerso en un mar de acontecimientos que perturbaron su mente.

Cansada de esperar, Cristina partió en su búsqueda y preguntó al anciano alquimista de barba blanca por el paradero de Diego. El viejo titubeó porque reconoció en esa bella mujer aquella que antaño le pareció tan confundida e indecisa. Ahora, permanecía segura y sabía cuál era su objetivo. Finalmente le indicó una casa alejada al lado del mar, donde al parecer vivía con otra mujer. Le dijo que intuía que Diego se encontraba en peligro y la acompañaría en tal proeza.

Cristina y el sabio mago caminaron noche y día hasta llegar a aquel lugar señalado por el anciano y cuando estaban a poco menos de cien metros, Cristina divisó una silueta que se alejaba mar adentro. Corrió hacia él porque tuvo un extraño presentimiento y como poseída por una extraordinaria fuerza, alcanzó aquel cuerpo ya inerte antes de que se perdiera en la profundidad de las aguas marinas.

Nadó con él a cuestas y lo tendió en la arena al lado de Vigortis, que así se llamaba el anciano, que hizo a Diego sacar el agua que había tragado.

Cuando recuperó la conciencia preguntó si estaba soñando y dijo que si morir servía para poder verla de nuevo ese era su destino. Cristina le besó como nunca antes lo hiciera y le respondió que todavía tenían mucho por compartir juntos de nuevo, en esta vida. Le dijo que lamentaba haberle hecho desgraciado por sus deseos egoístas de sentir sin comprender que también podía haber recorrido ese camino con él.

Unos meses más tarde ella le preguntó porqué se adentró en el mar y Diego le dijo que en un sueño la vio desaparecer dentro del mar y aquella mañana la seguía para salvarla de un trágico final.

*.*.*


La vida avanza inexorablemente como el agua de un río arrastrando al ser humano con la corriente. El hombre con su equilibrio ha de ser capaz de afrontar las circunstancias adversas que le salen al paso. La vida no es más o menos justa, más o menos injusta, mala o buena, podríamos decir que la vida tan solo ES.