miércoles, 9 de diciembre de 2009

NUESTRA SALUD EMOCIONAL




El ritmo diario se acelera y con cada emoción negativa que dejamos emerger, contaminamos nuestro entorno y desatendemos nuestra salud.

Del mismo modo que realizamos chequeos para revisar nuestro estado de salud física, tendríamos que llevar a cabo controles para atender nuestra salud emocional. Nosotros somos los únicos médicos que podemos curar ese malestar del alma y eso puede lograrse atendiendo nuestros pensamientos para entender el propósito de algunas de las emociones negativas sentidas.

El pensamiento crea emociones, así si el pensamiento es honesto, racional, positivo, la emoción que se creará será agradable y pura. Pero si nos dejamos llevar por la irracionalidad, por la interpretación de las vivencias, por el orgullo de nuestro Ego, lo único que podrá salir de todo ello será Rabia, Egoísmo, Ira, Desprecio, Ansiedad, Temor, Celos.
Todas esas emociones negativas causan un tremendo dolor en nuestro interior, que sabe que la clave para no sentirlas está en nosotros mismos pero demasiadas veces nos dejamos llevar por el pensamiento destructivo.

Cuando usamos las comparaciones, las diferenciaciones, las críticas, el poder, la lucha, o nos proclamamos jueces de nuestros iguales, estamos invocando esas emociones negativas que nos corroen.
Cuando usamos la humildad, el agradecimiento, la compasión o el perdón, cuando sentimos desde el corazón de nuestro interior, transformamos las emociones en positivas y ello conduce a un equilibrio de nuestra persona.
Conseguimos dos cosas: una primera sentirnos bien y en segundo lugar y como consecuencia de la primera, reducir la negatividad en el otro.

Nuestra salubridad emocional provoca un efecto imán en las personas de nuestro entorno: si nosotros estamos bien, ellos también.
Os habéis parado a pensar si realmente ¿vale la pena el consumo diario de energía malgastada en defender hechos tan poco importantes?
¿Quién gana en ello? Desde luego nosotros no y por supuesto nuestro interior tampoco, quizás ganaría aquel que estuviera interesado en alimentarse de sentimientos negativos, mediocres y deshumanizados.

Pensemos en nosotros primero, pero después en nuestro mundo, y al igual que procuramos no contaminar, favorezcamos la ecología emocional : un universo limpio habitado por seres puros y positivos.