sábado, 28 de marzo de 2009

Sábados literarios - La primera vez...




La primera vez que vi la claridad, se mostró bruscamente ante mis deshabituados ojos. Sentí cómo me arrancaban de aquel que había sido mi espacio durante tanto tiempo, para que una inmensa luz me secuestrara, despertando de un profundo sueño. Sólo oí unas desgarradoras voces que taladraban, mis todavía, desacostumbrados oídos y no pude más que quejarme todo lo fuerte que los pulmones me permitieron.

Ese fue el inicio de mi vida, una extraña manera de nacer, en la que lo primero que aprendemos es a tolerar el dolor, la soledad, el desarraigo, para así ejercer de maestros en este mundo tan a menudo injusto.

Ahora, con una serenidad ya aprendida, reconozco en ese dolor infringido una manera de valorar más, cada día que pasa;

Sintiendo la vida correr por mis venas.

jueves, 26 de marzo de 2009

¿Tu sexo es placentero?



Ese tesoro llamado sexo nos causa tanto placer como aflicción. A través de él comunicamos y recibimos amor y por él, a veces, sentimos dolor.

Se dice que en toda relación de pareja el sexo en gran medida es el causante de que la balanza se equilibre hacia la armonía o por el contrario hacia la ruptura.

Un hombre y una mujer, usualmente, y no con ello quiero dejar fuera a los homosexuales, se sienten fuertemente atraídos y pueden verse volcados hacia el desenfreno pasional sin ni siquiera haber cursado palabra. Esta es la fuerza del sexo que llama, incita y perturba.

¿Es posible el sexo sin amor? Cada día más podemos asentir la afirmación a ese interrogante. Ya no hay que ser “prostituta” para permitirse el lujo de “hacer el amor” cuando uno quiere y con quien le apetezca.
Cada vez más privan aquellas relaciones de una noche, intensas pero irrepetibles, en las que el propio orgasmo es lo que prevalece sin importar el mañana.

Pero... ¿y el amor? Esa bella palabra que tanto condensa en sí misma.
¿Dónde queda el Romanticismo, el arte de atraer al otro con minúsculas gotas de uno mismo? Creo que todavía pueden conservarse dentro de la pareja si así lo deseamos porque a pesar del libertinaje alcanzado en nuestra sociedad, el sexo con amor es vivido más profunda e intensamente.
Cuando simplemente haces el amor una noche cualquiera sin ni siquiera haber intercambiado palabras con quien supuestamente se puso a tiro, terminas sintiendo un gran vacío interior porque no has hallado el amor en sus caricias ni en sus besos.


Nuestros cuerpos se abalanzaron uno hacia el otro como si tuvieran vida propia o se hubieran olvidado de pedir permiso a nuestro yo, mente espiritual y… gozamos de lo que curiosamente se ha dado en llamar Sexo.


Cuando alcanzamos la plenitud de nuestra adolescencia emanamos sexo a cada aliento que damos. Cada percepción, sensación produce un efecto dominó por todo nuestro cuerpo ardiente y sensual. Con el paso de la adolescencia florecemos pasionalmente con todo nuestro sexo pero la cultura recibida impondrá su severidad censurando tanto las acciones como las fantasías que se deriven de su práctica.

¿Porqué se vive el sexo como tabú cuando es una de las mejores cosas que se le ha concedido al ser humano?

Nuestro primer beso jamás será olvidado, turbios los labios se juntaron, algo chispeante recorrió nuestro interior ¡qué sensación!
Siento tus manos recorriendo fugazmente mi cuerpo, tus dedos apenas imperceptibles exploran cada palmo de mi sensualidad.

Cuando vives en esa etapa cualquier relación amorosa es sentida en todos sus extremos como si tuvieras que absorber cada experiencia hasta su último aliento. Pero el tiempo y el cúmulo de experiencias nos hacen madurar y experimentar más objetivamente.

Cuando decidimos asentar una relación de pareja tenemos claro que el sexo con él funciona porque si no fuera así ya no daríamos ese paso en nuestra vida. Lo queremos, funcionamos equilibradamente en la cama y mantenemos una buena comunicación proporcionándonos seguridad y respeto.

El sexo es el ingrediente básico para que las parejas persistan unidas pero es necesario que la forma de vivirlo sea abierta y con respeto.

El sexo es cosa de dos y ambos deberán estar preparados para dar y recibir lo cual aportará plenitud y equilibrio a la pareja.

domingo, 22 de marzo de 2009

Me quiero...me quieres




Cuando amamos damos parte de nuestro yo, si esa parte ya contiene amor, amamos doblemente.



Margarita se sentía deprimida, la vida ya no le daba satisfacciones sólo pasaban los días, uno tras otro. Con su marido hacía ya tiempo que la comunicación y el compartir habían terminado, las niñas que hasta ese momento tanto la habían necesitado ya habían crecido y preferían los compañeros a mamá. Los enfermos que había estado siempre cuidando finalmente habían perecido.
Ahora Margarita se miraba en el espejo y se veía reflejada en él tal como se sentía: vacía.
Empezó a analizar lo que se reflejaba ante sus ojos y se percató que no amaba nada de lo que veía. Su imagen física no era la que hubiera querido tener, su desconfianza en su valía la hacían mostrarse inhibida y cohibida en las relaciones y la pena surgía ahora que estaba sola consigo misma, sin nada que decirse ni nada que querer.


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Si nos gustamos, si nos consideramos listos, con habilidades, seguros de nuestro potencial,... todo eso habla de AUTOESTIMA, o lo que es lo mismo, el poder de amarse a uno mismo.

Si nos amamos, eso es lo que reflejará nuestro cuerpo con el que nos presentamos al resto de la humanidad y ella, al percibir amor, procurará unirse para contagiarse de ese querer.
La vida parecerá más fácil, los obstáculos ya no semejarán tan abruptos, la falta de energía no nos afectará más porque rebosaremos ganas de seguir avanzando en el conocimiento y en la felicidad.

Este concepto llamado autoestima se forma día a día por los pensamientos y los sentimientos que cada uno de nosotros tiene acerca de nosotros mismos.
Si el entorno es positivo mediará en una autoestima más alta pero si por el contrario es negativo eso no significará que el resultado conseguido sea una autoestima menor, aunque por supuesto, ayudará menos a favorecerla.


Son las impresiones que nosotros nos formamos de esos estímulos, experiencias negativas, las que conformarán la autoestima.


Así, si a pesar de lo negativo que te sucede tú piensas positivamente, el resultado potenciará nuestro poder para amarnos en vez de reducirlo.
Pongamos que vives en un entorno donde continuamente te sientes devaluado pero tu pensamiento positivo dice: “Ellos no saben realmente como soy, sé que tengo muchas cualidades positivas” conseguirás que la incidencia de ese entorno negativo en tu persona sea menor.

Para aprender a pensar positivamente sobre tu propio ser tienes que llevar a cabo unas cuantas cosas claves:

Debes conocerte a ti mismo para lo cual habrá que identificar tanto tus virtudes como tus defectos. Una vez tengamos claro ante qué nos encontramos habrá que aceptarlo para quererlo. Si nos conocemos identificando claramente qué encontramos dentro del recipiente, será más fácil primero que lo aceptemos y tras ésta tengamos poder para amarlo.

Los logros a alcanzar tendrán que ser realistas porque si nos proponemos objetivos imposibles de cumplir se fomentará la frustración y eso potenciará el desamor hacia uno mismo al sentirse incapaz de lograr cualquier proposición. Proponte metas que sepas de antemano que serán fáciles de acometer y ejecútalas paso a paso.

Con ayuda de nuestros pensamientos positivos aumentaremos la confianza en nosotros mismos para aceptar cualquier reto que nos aparezca.
La confianza en uno mismo se consigue almacenando éxitos y definimos éxito como cualquier pequeño objetivo realizado. Pequeño porque una escalera se sube mejor peldaño tras peldaño. Y si a cada escalón te dices a ti mismo “¡He sido capaz de subirlo!”, estás aumentando tu poder de amarte.

Recuerda que eres único, goza de la condición especial de tu individualidad y enorgullécete por ser quien eres.


Tú tienes el poder de decisión, tienes en tus manos la llave que te conduce a una autoestima elevada vivas en el entorno que vivas.
Recuerda que es tu lenguaje interior el que manda y ése lo elaboras únicamente tú.
Si te dices: “Me gusta lo que veo” propagarás seguridad y confianza. Si te dices: “¡Dónde voy con esta cara!” probablemente ni te atrevas a salir de casa.

Es importante que te pares y pienses qué pensamiento elegirás para cada estímulo recibido porque de esas impresiones depende que logres tu felicidad.