
Cuando amamos damos parte de nuestro yo, si esa parte ya contiene amor, amamos doblemente.
Margarita se sentía deprimida, la vida ya no le daba satisfacciones sólo pasaban los días, uno tras otro. Con su marido hacía ya tiempo que la comunicación y el compartir habían terminado, las niñas que hasta ese momento tanto la habían necesitado ya habían crecido y preferían los compañeros a mamá. Los enfermos que había estado siempre cuidando finalmente habían perecido.
Ahora Margarita se miraba en el espejo y se veía reflejada en él tal como se sentía:
vacía.
Empezó a analizar lo que se reflejaba ante sus ojos y se percató que no amaba nada de lo que veía. Su imagen física no era la que hubiera querido tener, su desconfianza en su valía la hacían mostrarse inhibida y cohibida en las relaciones y la pena surgía ahora que estaba sola consigo misma, sin nada que decirse ni nada que querer.
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Si nos gustamos, si nos consideramos listos, con habilidades, seguros de nuestro potencial,... todo eso habla de
AUTOESTIMA, o lo que es lo mismo, el poder de amarse a uno mismo.
Si nos amamos, eso es lo que reflejará nuestro cuerpo con el que nos presentamos al resto de la humanidad y ella, al percibir amor, procurará unirse para contagiarse de ese querer.
La vida parecerá más fácil, los obstáculos ya no semejarán tan abruptos, la falta de energía no nos afectará más porque rebosaremos ganas de seguir avanzando en el conocimiento y en la felicidad.
Este concepto llamado autoestima se forma día a día por los pensamientos y los sentimientos que cada uno de nosotros tiene acerca de nosotros mismos.
Si el entorno es positivo mediará en una autoestima más alta pero si por el contrario es negativo eso no significará que el resultado conseguido sea una autoestima menor, aunque por supuesto, ayudará menos a favorecerla.
Son las impresiones que nosotros nos formamos de esos estímulos, experiencias negativas, las que conformarán la autoestima.
Así, si a pesar de lo negativo que te sucede tú piensas positivamente, el resultado potenciará nuestro poder para amarnos en vez de reducirlo.
Pongamos que vives en un entorno donde continuamente te sientes devaluado pero tu pensamiento positivo dice: “Ellos no saben realmente como soy, sé que tengo muchas cualidades positivas” conseguirás que la incidencia de ese entorno negativo en tu persona sea menor.
Para aprender a pensar positivamente sobre tu propio ser tienes que llevar a cabo unas cuantas cosas claves:
Debes conocerte a ti mismo para lo cual habrá que identificar tanto tus virtudes como tus defectos. Una vez tengamos claro ante qué nos encontramos habrá que
aceptarlo para quererlo. Si nos conocemos identificando claramente qué encontramos dentro del recipiente, será más fácil primero que lo aceptemos y tras ésta tengamos poder para amarlo.
Los logros a alcanzar tendrán que ser realistas porque si nos proponemos objetivos imposibles de cumplir se fomentará la frustración y eso potenciará el desamor hacia uno mismo al sentirse incapaz de lograr cualquier proposición. Proponte metas que sepas de antemano que serán fáciles de acometer y ejecútalas paso a paso.
Con ayuda de nuestros
pensamientos positivos aumentaremos la confianza en nosotros mismos para aceptar cualquier reto que nos aparezca.
La confianza en uno mismo se consigue almacenando éxitos y definimos éxito como cualquier pequeño objetivo realizado. Pequeño porque una escalera se sube mejor peldaño tras peldaño. Y si a cada escalón te dices a ti mismo “¡He sido capaz de subirlo!”, estás aumentando tu poder de amarte.
Recuerda que
eres único, goza de la condición especial de tu individualidad y
enorgullécete por ser quien eres.
Tú tienes el poder de decisión, tienes en tus manos la llave que te conduce a una autoestima elevada vivas en el entorno que vivas.
Recuerda que es tu lenguaje interior el que manda y ése lo elaboras únicamente tú.
Si te dices: “Me gusta lo que veo” propagarás seguridad y confianza. Si te dices: “¡Dónde voy con esta cara!” probablemente ni te atrevas a salir de casa.
Es importante que te pares y pienses qué pensamiento elegirás para cada estímulo recibido porque de esas impresiones depende que logres tu felicidad.