lunes, 5 de diciembre de 2011

AMAR NO ES POSEER




Diálogo imaginario entre una pareja:

Ella le dice a él:
Te amo, me gusta sentir que tú también me amas, que me deseas, que me quieres sólo para ti, que te muestras celoso cuando miro a otros,…

Él responde:
NO, Claudia, esto no es amor. Amar no es poseer. Yo no quiero poseerte, no quiero temer perderte. Sólo quiero amarte porque así lo elijo, libremente.

Claudia duda:
Pero Diego, si no hay atadura el vínculo puede romperse.

Diego responde:
Si así sucede es porque así lo decidimos soberanamente, desde nuestra individualidad atendiendo a nuestra libertad.

Claudia sigue expresando recelo en su duda:
No entiendo. Cuando nos comprometimos, me prometiste fidelidad y amor eterno. Cuando nos casamos, el sacerdote que ofició la ceremonia dijo que tendríamos que estar juntos hasta el resto de nuestros días. Mi madre, cuando yo era adolescente, me contaba que un hombre es para toda la vida,…pero nunca me contó cómo hacer que no tome otro camino que no sea el de seguir a tu lado.

Diego aclara dulcemente:
Nuestra unidad esta formada por dos seres libres, únicos e individuales, por tanto soberanos. Ni yo puedo mandar sobre ti ni tú sobre mí. Tratamos de elegir las cosas juntos, pero habrán cosas que te gusten a ti y otras que me gusten a mí. Eso no significa que ya no nos amemos. Eso refuerza nuestra individualidad. Las compartiremos si deseamos hacerlo entendiéndonos ambos como soberanos, pero si lo hacemos a causa de prejuicios, temores, dudas, controles… pisamos la propia soberanía.

¿Tú, Claudia, realmente necesitas controlar mis movimientos? ¿Te sientes amada cuando yo te coarto tu libertad?

Claudia responde:
No sé contestarte. Si te veo hablando con una amiga, recelo de ella. Si te suena el móvil y el número que llama no es conocido por mi, pienso que tienes una aventura. Si al acostarnos y yo acercarme me dices que estas cansado y ese día no hacemos el amor, pienso que ya no me deseas. Si eliges salir un viernes a cenar con tus amigos en vez de llevarme a un restaurante de parejas, siento celos porque presupongo que prefieres su compañía en vez de la mía. Evidentemente pienso que si me amaras sólo desearías estar conmigo.

Diego se echa a reír y dice:
No ves que en el trasfondo de todos tus argumentos solo hay deseo de poseer por temor a perder. Cuando reclamas esa posesión cedes tu individualidad y reclamas la mía. No existe un vínculo sano entre dos personas si se pierde la soberanía de cada uno. ¿Te das cuenta que todo lo que reclamas se basa en creencias irracionales que parten de una sociedad que confunde el libre albedrío con la infidelidad, que exige posesión pero al mismo tiempo castiga el comportamiento basado en los celos? Y yo digo, ¿dónde está la línea adecuada?

Vivimos en una ilusión que crea polaridad entre los propios actores, que acusa de maltratadores aquellos que “controlan” pero que al mismo tiempo reafirma continuamente esa actitud posesiva. Somos esclavos de nuestros miedos, nos permiten disponer de nuestro propio feudo para sentirnos poseedores de algo, en este caso, poseemos la soberanía de otro ser humano, nos creemos libres y juzgamos siempre la polaridad para evaluar el comportamiento correcto en base a los principios que nos han inculcado.

Claudia, olvida todo lo aprendido y respóndeme:
¿Sientes necesidad de controlarme?
Si así fuera, eso indicaría que confías en mí o al contrario.
Si nuestra relación fuera una casa, ¿tendría ventanas? Y éstas ¿cómo estarían abiertas o cerradas?

Claudia refunfuñando dice:
Tú Diego siempre usando recursos psicológicos.

Diego:
Las alegorías siempre se usan con buenos fines.
Al igual que haces respirar las habitaciones de tu casa para que salga el aire viciado y entre el aire fresco, las relaciones tienen que permitir el espacio de cada uno porque eso refuerza el vínculo en vez de ahogarlo.

Amar no es poseer, Claudia. Soy un ser libre que elige amarte HOY, AHORA, DURANTE pero siempre desde mi soberanía y libertad como individuo, jamás pisando la tuya. Por eso TE AMO pero NO TE POSEO, porque hacerlo iría en contra de tu soberanía.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Ejerzamos nuestra soberanía




Soy una "simple" humana como todos los que formamos parte de este colectivo denominado humanidad y lo pongo entrecomillas porque en realidad, aunque parezca en cierto modo contradictorio, soy al mismo tiempo una soberana como el resto de vosotros. Somos poderosos, especiales, únicos, cada uno de nosotros, pero lo más importante es que somos libres, libres para decidir, para ejercer nuestra soberania como nos plazca.
El ser humano, y actualmente en mayor intensidad, vive desde el concepto de esclavismo, puro y duro, sin siquiera saberlo, o lo que es peor, siendo consciente y conformándose, porque teme no poder seguir pagando, no poder disfrutar de los ocios que tanto deleite le proporcionan, porque cree simplemente que no merece el privilegio de liberarse.
Nuestra sociedad no ha evolucionado, al contrario, seguimos anclados en un sistema feudal que nos esclaviza a diario, en el que unos pocos (o muchos según se mire) actúan de caciques porque piensan que tienen el poder para actuar así.
El resto, los esclavos conformes, viven autoconvencidos que sólo son merecedores de un trozo de tierra si reciben nóminas de sus empresarios y para conseguirlo, ceden su soberania al otro.
Hoy en dia, el sistema feudal se aprovecha del temor subyacente a perder privilegios llegando a aceptar situaciones de pura tiranía. El empleado cede su soberania porque no cree en su poder ni en sus derechos innatos. El cacique amenaza, relega, explota, exprime, recrimina los fallos, nunca elogia los logros y encima pide el derecho a ser respetado y jamás juzgado; su premisa "Yo soy el amo" es la única válida porque la amenaza de perder el trabajo y formar parte como miembro activo de las colas del INEM parece no gustar a nadie. Tu eres un ser libre y como tal has de valorar si estás siendo respetado. Tienes que exigir con valor y respeto porque tú también eres un soberano, lo que ocurre es que te compraron con supuestas necesidades que ahora sientes como básicas y lo peor es que otorgas el poder de esa obtención a mantener un trabajo esclavista, para poder seguir pagando esa hipoteca que te vincula y te ata a los bancos y esos, al final, son los verdaderos amos de nuestra soberanía.

martes, 18 de octubre de 2011

Palabras desde el silencio para papá


Nunca antes me habia planteado como me sentiria si padre o madre fallase. De hecho la primera en "supuestamente" enfermar fue mamá, pero nunca pensé que su enfermedad la llevara directamente a morir. Contigo, papá, se ha producido algo distinto en mi interior. No sé explicarme, pero me ha parecido escuchar que una vocecita en mi interior, me decía: "Prepárate, el fin se acerca" y eso, desde aquel dia que por teléfono me preguntaste: "¿Cuando vendrás a vernos?", como si sintieras realmente el final.
Cierro los ojos y te recuerdo antaño, con un aspecto más mejorado pero también serio, sin dejar entrever demasiado esos sentimientos que ocupan tu corazón. Ni siquiera cuando tuviste que enfrentarte al cancer de mamá, lo expresaste. De todos modos, tú sufrías, el vacio se apoderaba de tí con cada pensamiento sobre un mañana sin su compañia. Ahora es ella la que sufre, la que siente que el camino que iniciasteis juntos se termina, pero también oculta su pena.
Imagino que toda esa represión tiene que ver con el temor, temor a pronunciar su nombre...muerte.
El otro dia una paciente me decia ¿porqué somos tan complicados en nuestra cultura? ¿porqué las muertes no pueden vivirse con alegria en vez del sufrimiento que las acompaña?
Pensé en tí, papá, entonces, y pedí al cielo, al universo, a quien pertoque, que no sufras, porque tu dolor sé que me hará daño y no quiero sentirlo.
Y también yo me pregunto ¿porqué hacemos tan difícil lo facil? Me repito una y otra vez, como si me estuviera preparando, que nacemos para morir y que la muerte no es más que una etapa de transición y lo creo realmente pero también sé que te echaré de menos. Sonrío cuando releo esas palabras, "...te echaré de menos" y lo hago porque en realidad mi vida, mi dia a dia, transcurre sin tu presencia. A menudo llamaros es más "la obligación de una hija" pero no la necesidad. Siempre he sido "rarita" papá, observadora y solitaria, rebelde con tus consejos que yo vivía como imposiciones. Con los años, nos suavizamos ambos, nos toleramos más. Tú te cansaste de "sugerir" y yo "toleré que lo hicieras". Ni en eso estuvimos de acuerdo!
Me gustaria poderte agradecer todo lo que has hecho por mi, que es muchísimo, pero sé que ahora mismo no podría expresártelo sin que me cayeran las lágrimas.
Me has dado la vida, has cuidado de mí, jamás te has olvidado que tenías una hija y cuando ha hecho falta, has estado allí. No recuerdo haber recibido un no por respuesta...bueno, sólo cuando de adolescente te pediría algo que tú considerarías inapropiado, por supuesto.
Ahora mismo me vienen algunas imágenes de recuerdos a la mente: aquel día que tu adolescente hija se enfadó y te envió aquella libreta en dirección a tu cabeza, que por suerte, supiste sortear; Cuando te desmayaste en la boda de mi hermana, por la emoción del momento, y pensamos todos que te habíamos perdido; nuestra comida en la cafeteria del hospital mientras operaban a mamá; Tu rostro cuando ella gemía de dolor y ese beso que le diste para que sintiera tu cariño y proximidad; el día que celebrasteis los 50 años, la emoción de mamá mientras tú le leias aquel verso. ¿Sabes? Ayer mismo miré la foto de archivo de ese momento y me entristeció pensar que no sabríais vivir uno sin el otro. ¡Cómo llegamos a depender tanto de nuestra pareja!

Papá, lo has hecho bien, nos has cuidado, querido y protegido. Has intentado hacer felices a aquellos que han estado contigo y estoy segura que a menudo de modo totalmente altruista.

No temas, no sientas la enfermedad en tu interior. Trata de sanar tu cuerpo, confía en tu poder. Disfruta al máximo de tu vida, no le concedas espacio al dolor y a la preocupación. No temas morir porque es el miedo el que crea tu enfermedad. Decide tú.

domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Sabemos ser felices?




Hace años escribí un artículo sobre la felicidad y desde entonces he leído mucho sobre la misma, distintos puntos de vista pero todos aciertan a admitir que la felicidad no es un estado estable y continuo sino que se vive en momentos y uno elige si desea sentirse o no feliz sean cuales sean las circunstancias que envuelvan su vida. No hace mucho leí: “La felicidad no es una meta, es una trayectoria” y estoy totalmente de acuerdo con esa asunción.
La vida nos marca un camino desde que nacemos hasta que morimos, uno que a menudo tiene dificultades, obstáculos, de mayor o menor intensidad, pero es nuestra actitud frente a ellos la que aportará a nuestra vida felicidad o amargura.
Siempre he considerado al ser humano como una entidad cuyas partes están interrelacionadas. Así mente, cuerpo y emociones forman nuestro ser y cuando una de esas instancias se halla en malestar, desequilibra a las otras. Pero hay un hecho importante y es que nosotros elegimos como sentirnos sean cuales sean los eventos que nos rodeen y en esa decisión los pensamientos ocupan un papel muy importante. Cómo pensemos abocará una emoción y una gestión adecuada de las mismas concederá la diferencia.
Las emociones negativas presentadas por pensamientos irracionales, que nada tienen que ver con la realidad, sino que están teñidos por malestares ficticios, causarán infelicidad. Nos sentiremos rechazados, ofendidos, desgraciados, desesperanzados, ansiosos, tristes y creeremos que la vida es injusta porque nos produce esos sentimientos invalidantes. La cara opuesta es el conjunto de emociones positivas que vienen precedidas por pensamientos sanos que inalteran el equilibrio de la persona. Evidentemente ese estado conduce a la felicidad lo que es síntoma de bienestar personal.
Cada ser humano controla su mente gobernando asimismo los sentimientos que se generan con esos pensamientos. Nuestra mente está programada para boicotearnos pero nosotros poseemos la última palabra: somos los que elegimos cómo vivir la vida, y en esa manera de vivirla radica ser o no felices.
Pero recordemos como os he dicho al principio que la felicidad no es un estado continuo lo que establece que jamás hay que bajar la guardia.
La vida está repleta de desgracias, obstáculos, redes que se tejen en nuestra contra, contradicciones con nuestro propio yo, equivocaciones, desviaciones pero la confianza en uno mismo mantiene un sano control y equilibrio. Cuando uno cae en justificaciones, malentendidos, culpabilización, autodestrucción se está saboteando y permite que la duda desequilibre su vida.
Recuerda que tu vida es tuya y que lo que aprendemos es a saber vivirla. Nuestro mayor reto es precisamente establecer las elecciones adecuadas para vivir felizmente buscando la armonía entre nuestras necesidades y las relaciones que establecemos. Por más ingratas que sean las circunstancias, una actitud conciliadora con nuestro ser posibilita alcanzar la felicidad.

Algunas claves para lograr mantenernos felices y en equilibrio:
- Respétate a ti mismo. Elijas el camino que elijas, decidas lo que decidas, respétalo.
- Siéntete merecedor de tu vida y agradece el haber nacido.
- Conócete muy bien a ti mismo. Tienes que ser capaz de ir siempre un paso por delante de ti. El conocimiento profundo permite la buena gestión de tus emociones porque conoces tus propios demonios y sabes mantenerlos a raya.
- Nunca te avergüences por reconocerte débil, indefenso, celoso, rabioso, enojado. Simplemente aprende de esas emociones y de la función que tienen en cada momento. Lo importante es que las recibas con entendimiento para saber perdonarte.
- No te juzgues, ni juzgues a los que te rodean. Cada cual vive su vida como elige hacerlo.
- Reconócete libre para elegir tu camino. Esa es la aportación principal que le das a tu vida.
- Cuida en todo momento tu cuerpo, tu mente y las emociones que lleves contigo. Es tu responsabilidad.
- Aprende a estar a solas contigo mismo al menos cinco minutos diarios. No temas no saber qué preguntarte o peor todavía, qué responderte. Confórmate con estar a solas contigo y poco a poco tu interior se acostumbrará a fluir normalmente.
- Por último, vive el presente, cada momento intensamente como si fuera tu último aliento. El gozo de vivir se merece que vivas el presente, no que revivas el pasado o especules el futuro.

Cada instante de nuestra vida se forma con nuestras intenciones. Somos los creadores de nuestra existencia y ello supone un peso importante. Si nuestras actitudes conforman impresiones positivas además de vivir plenamente felices conformaremos impresiones de conjunto sanas y positivas. Aunque te sientas único no olvides que formas parte de una unidad y que tu infelicidad crea una realidad destructiva. Fomenta el equilibrio y con ello contribuirás a un mundo mejor.

jueves, 11 de agosto de 2011

Ellos




Aquella pareja de ancianos permanecía sentada en el sofá, con la televisión encendida y las manos entrelazadas. Sus miradas vacías surcaban un pasado ya recorrido sin apenas lamentarse de lo vivido.
Llevaban más de 50 años juntos y seguían queriéndose como el primer día, o eso les parecía. Se habían acostumbrado tanto uno al otro, que cuando uno falleciera, el otro sentiría la oscuridad de la muerte por compañera.

Pensaban equivocadamente que su existencia se había completado: se enamoraron, se casaron, viajaron mientras se sintieron con fuerzas, tuvieron hijos, los cuales les dieron nietos que a su vez tuvieron bisnietos, cuidaron de sus padres, trabajaron hasta que tuvieron edad de jubilarse y celebraron esos cincuenta años de convivencia con sus mejores galas.

Tras aquello, enfermedades, médicos, entierros, cansancio, dolor y una espera jamás deseada de dejar este sufrimiento para morar en lo desconocido.

Ella penetró en primer lugar en el reino de la quimioterapia, con sus engañosas promesas de salvación y con un contrato indefinido.
El silencioso sufrimiento de él y su mimetismo por la causa de su amada, le llevarían a él a vincularse también a los tratamientos oncológicos, como si dos ancianos no tuvieran derecho simplemente a vivir el resto de sus días tranquilos.

Menuda palabra: ¡tranquilidad! Ellos jamás se habían sentido así.

Cuando no se preocuparon por llegar a fin de mes, lo hicieron por sus hijos o por sus padres, o por aquel nieto que estaba de viaje o para que el contrato laboral de su yerno pasara de temporal a indefinido.

Así ha sido su vida realmente y ahora que probablemente creían haber aprendido la lección de vivir el presente, de ocuparse de las cosas sólo cuando fuera necesario para dar con la solución, el tiempo transcurrió.

¿Y ese fabuloso viaje a Paris? O ¿y aquel finde a Madrid en AVE? ¿Para cuando?
Siempre anteponíais a otros, os conformabais con imaginaros en un futuro realizando esos viajes.
El próximo año, cuando pase la revisión, …total para encontraros ahora frente a una pantalla de televisión encendida lamentándoos por lo que os está sucediendo, cuestionando si la enfermedad ha sido o no merecida dentro de vuestra creencia cristiana, entrando como única alternativa posible, de nuevo, una vez más, en la rueda de la quimioterapia.
¿No hemos aprendido nada en estos años? ¿No os sirvió el aviso de ella para cambiar vuestro pensamiento?


Estamos programados para temer la muerte, salirnos de la rutina, separarnos de los únicos seres que creemos querer.

No percibimos más allá y en la vejez nos sentimos abocados a la indefensión y al sufrimiento por la espera. Vivimos sin vivir, sin sentir pasar los días, sin ilusión siquiera pero aferrados a una vida sin vida.


Aquella pareja de ancianos se había dormido frente a la pantalla de su televisor. Un día más, esperando y temiendo, pero aferrándose a un cuerpo cada vez más deteriorado, no por el paso del tiempo sino por creer antes en la salvación del sistema sanitario que en la autosanación.

sábado, 2 de julio de 2011

Palabras de amor



La mujer se sentó en su cómodo sillón de cuero negro y abrió su portátil tal y como acostumbraba hacer a diario. El reloj de sobremesa marcaba las 10:10 aunque en realidad eran las 19 horas. Recordó que tenía que cambiar la agotada pila pero como buena seguidora de señales pensaba que esos números simbolizarían algo y tenía que descubrirlo. “Excusas”, se dijo, “simplemente que nunca te acuerdas de cambiarla”.
La vida transcurría de forma confusa desde que tuvo un extraño sueño, o no tenia que llamarlo así, en cualquier caso, ese evento sucedió la misma noche que el reloj marcó y se detuvo en las 10 y 10. Quizás ese era el motivo que la llevaba día tras día a sentarse en esa misma posición esperando que sucediera algo más que la hiciera entender. Pero ese viernes tenía alguna cosa especial, era un 10 de octubre de 2010 y además se cumplía el décimo aniversario de la muerte de su abuela.
Lo casual radicaba en que en el supuesto sueño, su abuela se le aparecía tal y cómo ella la recordaba y la advertía especialmente de algo que tenía que ver con ese preciso día. La información se presentaba confusa pero aquella hora detenida en el reloj simbolizaba algo y ella lo sabía.
Repitió los mismos actos que hiciera antaño en espera que un nuevo trance la ayudara a descifrar aquel misterio.
Buscó la relación de números en el ordenador y un sinfín de páginas se abrieron ante sus ojos.
“Esto no tiene sentido”, se dijo al tiempo que movía el cursor deteniéndose en la noticia que ocupaba el décimo lugar y sin saber muy bien porqué, se dirigió a leer el párrafo 10.
“Creo que tanta soledad me paranoia”, se dijo mientras leía el contenido del mismo:
“Palabras de amor, nuevo libro del escritor Roberto Guzmán, …”
“Roberto”…repitió…”mi querido Roberto”, y siguió leyendo: el viernes 10 de octubre a las 20 horas firmará ejemplares de su último libro en la librería Valls.
Tras acabar el párrafo y, como movida por un resorte, se levantó, cogió su bolso y se dirigió hacia la puerta. Se detuvo unos instantes para mirarse en el espejo del recibidor. Habían pasado veinte años desde la última vez que se vieron, quizás no la reconocería pero algo en su interior le decía que tenía que acudir. Sacó el carmín del bolso y pintó sus labios. Los años no habían pasado en balde pero todavía seguía sintiéndose atractiva. Por un momento la duda embargó su cuerpo…

La librería Valls se encontraba en una céntrica plaza del casco antiguo de la ciudad. En el aparador un gran cartel y una docena de libros mostraban el rostro de Roberto Guzmán, su gran amor. Durante unos minutos se perdió en el recuerdo del tiempo que pasaron juntos. Una voz conocida la devolvió del trance. Laura, ¿eres tú Laura?, La mujer miró aquel hombre de pelo canoso y dulce sonrisa, los años transcurridos no le habían quitado su atractivo. Como movida por el deseo se acercó a él y le besó en su mejilla, él la agarró con fuerza por la cintura y la besó ardientemente en sus labios. Laura sintió un temblor extraño en todo su cuerpo mientras Roberto la besaba, incluso parecía que el suelo temblaba bajo sus pies y entonces recordó las palabras que su abuela dijo en su sueño: “Vete de tu casa en el décimo aniversario de mi muerte, pues allí no estarás a salvo”.
El temblor cada vez era más pronunciado. Roberto la sujetó con fuerza del brazo y ambos se dirigieron al centro de la plaza, donde parecía ser más seguro. Los edificios se resquebrajaban a su alrededor llegando algunos a desmoronarse. No había duda, era un terremoto. Tras varios minutos que parecieron eternos el temblor cesó. Una rápida mirada a su entorno le mostró que tanto la librería como otros edificios adyacentes se habían derrumbado.

Habían transcurrido varios meses desde aquel terremoto que destrozó parte de la ciudad donde vivía Laura incluida su vivienda.
Tenía abierto un libro en su regazo en cuyo prólogo impreso podía leerse:

“Palabras de amor, dedicado a Laura, el amor de mi juventud”

sábado, 4 de junio de 2011

Encuentro con los indignados




No podía dejar de pensar en aquella “revolución” que tanto me recordaba esos tiempos en los que pedíamos una democracia, un voto, nuestro derecho a la libertad. Allí, apelotonados en pequeñas tiendas de campaña, habían ocupado Plaza Cataluña, centro de nuestra ciudad, esos que se hacían llamar asimismo “los indignados”.

Sólo sabía del movimiento lo que los medios habían divulgado y en mis adentros me sentía orgullosa de nuestros jóvenes, de esos inteligentes muchachos que, como nosotros en su momento, clamaban libertad.

Pude sentir su energía mientras recorría palmo a palmo esa plaza pero también, decepcionada, pude notar de cerca las garras de la bestia orquestando cada paso de ese movimiento.

Unos días antes leí un artículo sobre “The spanish revolution” en el website de Trinity a tierra ( www.trinityatierra.com ) que recomiendo encarecidamente donde se analiza en profundidad los detalles de esta revolución, que se inició en la capital española y siguió en Barcelona, detalles que los medios ignoran y/o prefieren ignorar. Recuerdo que se me pusieron los pelos de punta al leer aquellas referencias a personas que se hacen sentir como líderes bajo la premisa de su capacidad de liderazgo, organizando la voz del esclavo pueblo que todavía no sabe que sigue siendo utilizado.



Esas pancartas, ahora mojadas, rezaban verdades, una tras otra, pero ese caos organizado no deja de ser una estrategia de aquellos que nos gobiernan.
Disfrazados de amigos del pueblo, hay impostores que asimismo están siendo utilizados por los únicos que desde el principio del juego han sabido de qué trataba la partida.

Caos, confusión, revolución, indefensión creada por un sistema opresor en el que lo único que oprime es tu propia adicción al mismo. ¿Qué significa esto? ¿Nosotros mismos nos hemos encadenado? Sí amigos, nosotros hemos accedido a jugar al juego del dinero, del poder, del lujo, de la tecnología, del control, del sistema sanitario, del educativo, de la llamada “democracia”, de la polaridad, del yo tengo más que tú, del yo soy mejor que tú. Hemos accedido a ser envenenados, lentamente, por las medicinas, por la comida basura y también por aquella que reza “ecológica”, por las emociones negativas que nos invaden a diario con nuestras luchas de poder.

Ellos nos han dado un enorme caramelo que nos ha hecho esclavos de un sistema bancario, nos ha hecho sentirnos frustrados si no podíamos tener aquella casa o aquel coche. Poco a poco hemos sido corrompidos, sin saberlo, con la lujuria humana y así nos hemos distanciado de nuestro verdadero ser, aquel que no necesita nada PORQUE LO TIENE TODO.

“Los indignados” somos títeres bailando al son de una música que eligen otros, somos peones de una partida de ajedrez que juegan otros y lo peor de todo es que ni siquiera lo sabemos.

Se habla del despertar de la humanidad, del reencuentro con nuestra alma, con nuestra luz que todo lo ilumina y cuando meditamos, nos apuntamos a cursos de crecimiento personal y/o tratamos de mantener nuestras emociones bajo control, creemos que ya estamos despertando y, no digo que esas cosas no ayuden pero olvidamos otras muchas.
Salirse del sistema supone “salirse totalmente”, esto es, no cuentas bancarias, no posesiones materiales, no apegos, no educación reglada, no sistema sanitario, sentirte unid@ a la naturaleza y a todos los seres que habitan en ella, alimentarte única y exclusivamente de aquello que tú mismo cultives, no ver la televisión, no tener móvil, no creer ni apoyar la política y un sinfín de cosas que seguro me dirás que no eres capaz, porque no crees en ti mismo, en tu poder y necesitas la droga del sistema, que parece que te libera cuando en realidad te ata cada vez más.

No te quedes sólo con mis palabras, investiga, abre tu mente en busca de conspiraciones, y no temas lo que halles.
Recuerda que estamos en un juego, sólo somos simples peones pero podemos ser Reyes y Reinas si simplemente observamos sin dejar que la interacción nos corrompa.

sábado, 21 de mayo de 2011

Hablemos de Autoestima




La autoestima podría definirse como el nivel de autosatisfacción que tiene una persona de su competencia y de su merecimiento frente a los retos que se va encontrando en su vida.
La autoestima se va forjando y a la vez acumulando con el paso del tiempo. Es dinámica y abierta aunque en la vida adulta tiende a mantener cierta estabilidad.

Es el concepto que tenemos de nosotros, cómo nos vemos, si nos gustamos o no, si solemos criticarnos, si nos consideramos capaces, listos, inteligentes, responsables, por poner ejemplos. Todo ello habla de autoestima. Y ésta se va formando con el tiempo, con los mensajes que uno se dice a sí mismo y con lo que recibe de su entorno.

La frecuencia de situaciones vividas como fracasos, con el consiguiente sentimiento de pérdida y la cuota importante de frustración agregada por no poder cumplir con nuestros deseos y necesidades es la que nos impulsa a cuestionar nuestro ser.

En el instante en que nos disponemos a quitar los disfraces que han ido ocultando nuestra verdadera persona, nos encontramos con el verdadero que somos, dispuestos ya a hacernos cargo de nuestros errores pero también a salir al mundo en la nave de nuestras virtudes.

Viviendo las experiencias bajo el prisma del fracaso, la autoestima se resiente y no siempre nuestra perspectiva es correcta o racional. Es importante que nos demos cuenta del lenguaje utilizado cuando nos hablamos a nosotros mismos porque esto se traduce en más o menos confianza y respeto por nuestro ser.

Todos somos capaces de desarrollar una sana autoestima en la medida en que nos fijemos metas accesibles y lógicas.

“Es la ley de vida que cada vez que se nos cierra una puerta, se nos abre otra. Lo malo es que con frecuencia miramos con demasiado ahínco hacia el pasado y añoramos la puerta cerrada con tanto afán, que no vemos la que se acaba de abrir.”
ALBERT SCHWEITZER

Realmente es nuestra actitud hacia los hechos que nos suceden la que marca la consecuencia. Frente a cualquier dificultad siempre hay distintas maneras de actuar:
1.Puedo lamentarme de mi mala suerte y aferrarme siempre a ese pasado que me limita mi actuación en el presente.
2.Puedo tratar de salirme de la escena y verla como un mero espectador para así, de forma objetiva y sin implicación personal, ser capaz de dar una respuesta adecuada.
3.Una actitud positiva de resolución de conflictos y no de puro victimismo ayudada por una actitud de confianza y respeto por mi mismo, favorecerán el camino hacia una sana autoestima.
4.El lamento me frustra, me hace sentir impotente y ello se traduce en resentimiento.


Recuerda: A menudo un árbol solitario puede no dejarte ver el bosque entero.

domingo, 1 de mayo de 2011

Destino: Petersgaard (2ª parte y final)




Måndag

La mañana del lunes amaneció soleada y radiante. Todos los de la casa ya estaban en pie. Laura se hallaba todavía en la improvisada cama saboreando los rayos dorados sobre su piel. Le gustaba esa sensación.
Aprovechó para observar con detenimiento la habitación que ocupaba: centenares de libros, algunas fotos antiguas, un par de animales disecados, unos muñecos de madera, entre los cuales destacaba un payaso, y muchas botellas llenas de buen vino.
Recordó que antaño aquella habitación había sido la de Karen, pero ahora era el despacho de Jens y a él le gustaba guardar lo que consideraba detalles importantes de sus vivencias.
A los padres de Karen les encantaba viajar y siempre que podían se escapaban. Los lugares elegidos no solían ser turísticos. Les gustaba vivir emocionantes experiencias. Destinos como Groenlandia, Islandia cuando la lava del volcán estaba en pleno auge, Vietnam, por nombrar algunos de los escogidos. Realmente eran una pareja peculiar, quizás por ese motivo Laura se sentía como en casa.

Miró el reloj, ya eran cerca de las nueve, aquel era su primer despertar en Dinamarca y no quería desaprovechar ni un minuto más con tanta ensoñación. Aquel día Laura se adentraría por primera vez en el bosque de los gnomos y hadas y se sentía excitada al desconocer lo que le depararía ese encuentro.
Tras el desayuno, Karen y Laura iniciaron el recorrido.
Atravesaron la gran arboleda y pronto empezaron a oír los sonidos del hábitat del bosque. Pequeños ciervos y liebres cruzaban libremente por el camino.
“Si te paras y cierras los ojos – le dijo Karen - sentirás la magia del lugar”.




Inusuales sonidos eran captados por los oídos de Laura. Parecía un lenguaje propio e inteligible para el humano, pero de algún modo que desconocía ella lo entendía. Eso mismo le sucedía en su querido bosque, aquel al que acudía a diario en su paseo con Loki, su perro.
Siguió con los ojos cerrados y respiró profundamente, necesitaba asimilar la energía del lugar. Sintió como ésta le recorría su interior. El tiempo se detuvo y de repente todo quedó en calma. Laura y Karen abrieron los ojos a la vez al sentir esa presencia. Como dándoles la bienvenida, aquellas hojas caídas a sus pies se alzaron y circularon en el aire mágicamente. Fueron escasos segundos pero ambas sintieron la fuerza de esa presencia.
“¿Has visto eso? – preguntó Karen a Laura. “Lo he visto y lo he sentido” – respondió ella.

Tardaron un buen rato en volver a hablar, aquel acontecimiento vivido las había transportado al corazón del bosque y se hallaban en estado de shock.
No sentían temor ninguno pero aquella profunda sensación mágica las invadió y paralizó la comunicación verbal humana.
Cada cual necesitaba absorber la experiencia por sí sola.
No volvieron a hablar más de ello y jamás lo contaron pero sabían que así había sucedido.

El resto del paseo transcurrió agradablemente observando la grandeza de los árboles, la adecuada combinación coloreada de flores que la llegada de la primavera había permitido resurgir y como no, suaves aromas distintos que al mezclarse producían placer al olfato.

Tirsdag

Aquella nueva mañana de martes amaneció como de costumbre soleada. Habían organizado una pequeña excursión al lugar donde trabajaba la madre de Karen. Era un complejo centro sanitario residencial, donde diferentes colectivos de enfermos mentales trabajaban cultivos, cuidaban los pequeños animales de la granja, producían esencias ecológicas y disfrutaban de prolongados paseos terapéuticos en un entorno casi paradisiaco. Lo más interesante era saber que todo eso era de acceso público. Realmente esa sociedad velaba por sus miembros.
Conforme se adentraba más en esa cultura nórdica, Laura se sentía más vinculada. Ese concepto de terapia era impensable donde ella venía pero las piezas allí encajaban perfectamente y ella comprendía y compartía esas creencias.

Recorrieron los 60 kms de regreso a casa, tras esa interesante experiencia. Deleitaron su paladar con una exquisita cena danesa y tras la misma, la ya acostumbrada tertulia junto a sus tazas de té y miel.

Al acostarse, la llamada de Ernesto culminó con alegría aquel día. Se hallaba a media semana y las sensaciones se acumulaban sin tiempo apenas de condensarlas. Tenía tanto que contarle, pensaba Laura, que no sabía por donde empezar. “Disfruta cada segundo, no es necesario que encuentres las palabras para describirlo, sólo siéntelo” – le dijo Ernesto.
Era tal el sincronismo entre ambos que a menudo no eran necesarias las palabras.
Aquella noche soñó encontrarse en el bosque danzando alegremente junto con unos seres mágicos bajo la luz de la luna. Llevaba un vestido de tul blanco con detalles de purpurina incrustados que brillaban con intensidad con cada danza. Se sentía inmensamente feliz porque pertenecía al mundo mágico de las hadas, gnomos y elfos. Todo era bello y armónico.

Onsdag

Ese día tocaba visitar la capital, como una buena turista.
København era una peculiar y pintoresca ciudad. Sus gentes se movían con armonía, sin prisas. En el ambiente sentías la paz y el equilibrio que parecían contener los aires nórdicos.
Laura no había dejado de sentir esa sensación desde que llegara a ese país. Aún ahora si cerraba los ojos podía trasladarse al bosque mágico y recibir la energía que le transmitió la presencia ese primer día que se adentraron en él. Sabía que nada era casual y aquello que presenció no fue una casualidad.

Cruzaron calles, plazas, edificios emblemáticos, tomaron un barco y disfrutaron de una deliciosa comida armonizada con un buen blues callejero.
Todo aparecía ante los ojos de Laura mágicamente orquestado. Contemplaba como el tiempo parecía detenerse, como las personas disfrutaban del momento, sentadas en el asfalto con una copa de vino o una cerveza, simplemente charlando, saboreando sus vidas humanas.

De algún modo que apenas entendía. Laura se sentía parte de esa gente, de esas costumbres, de esa cultura que parecía entender tan bien.

Aquella noche soñó ser una bella y pecosa vikinga con largas trenzas pelirroja, de no más de 15 años, que vivía una existencia feliz en un barco que recorría verde azulados mares.

Torsdag

Ese nuevo día Laura conocería algunas plantas que Jens, el padre de Karen, cultivaba en el jardín. También saludaría y captaría fotográficamente al miembro animal de la familia, “Pjuske”, un divertido gato con tiesos y desmelenados pelos.
Los días pasaban rápidamente y Laura trataba de mantener la esencia del lugar permanentemente en su interior. Sentía que de alguna manera posible necesitaba que Ernesto experimentara esas sensaciones. Captaba especiales instantáneas que le permitieran revivir lo sentido por Laura, pero sobretodo ella se dejaba sumergir constantemente por lo afrodisíaco del lugar.

Fredag

El último día lo pasaron en familia, disfrutando de los diferentes entornos del jardín, tomando el sol y conversando.
Ese día organizaron una comida especial y al mismo tiempo tradicional en honor a la visita de Laura. La amabilidad de esas personas era auténticamente única.
Aquella tarde Karen y Laura hicieron “traditional cookies” que se servirían como acompañamiento con el café.
Quedaban pocas horas antes de partir y Laura necesitaba sentir una vez más esa brisa mágica que le proporcionaba el bosque. Pensó que Karen y sus padres posiblemente necesitarían compartir a solas esos momentos y aprovechó para adentrarse por última vez en la magia del bosque danés.

Sola, sin su cámara pero como adueñada por el lugar recorrió el mismo absorbiendo la energía de esas inmensas hayas.
Se detuvo donde el primer día tuvo esa particular experiencia.
Cerró nuevamente los ojos y sintió una vez más cómo la presencia la rodeaba dulcemente para acariciarla con suavidad.
Un fino hilo dorado penetró en su interior como si de algún modo quisiera sanarla. Laura se dejó llevar por aquel misterio sin temor y escuchó una débil y dulce voz. Tras lo que se podían considerar palabras, Laura esbozó una sonrisa.



La mensajera del bosque, una pequeña ninfa dorada, le decía que ya se conocían, que siempre habían estado juntas, aunque quizás con el ajetreo, con las prisas, con la rutina, la voz interior se había ido silenciando. Le recordó que la magia y la energía de los bosques ayudaban a poder ser nuevamente escuchada.


Nada había sido por casualidad: el inesperado viaje, la invitación, Loki, sus paseos en su bosque, su universo local repleto de árboles y plantas, aquellos queridos petirrojos que la visitaban a diario. Todo formaba parte de un plan para ayudarla a despertar. Ahora entendía aquella frase que tantas veces oía repetir a Ernesto: “Si deseas con intensidad alguna cosa, todo el universo conspirará para que lo consigas”.

lunes, 25 de abril de 2011

Destino: Petersgaard (primera parte)



Aquella soleada mañana de Primavera, Laura pondría rumbo a su aventura, partiendo sola hacia un destino desconocido.
La posibilidad surgió de las manos de Karen, su amiga danesa y la confirmación la haría posible su querido Ernesto. Todo surgió precipitadamente, sin tiempo para dilaciones.
Eran unas vacaciones en un mágico lugar hacia al que no sabía porqué Laura sentía una fuerte atracción. “Esos aires vikingos te harán sentir como en casa”, le había dicho tantas veces bromeando su amiga, y ahora, tendría la posibilidad de comprobar si aquella cercanía que sentía con esa cultura era real o fruto de su imaginación.
Desde siempre, recordaba, le habían atraído los gnomos y las hadas, y esos países nórdicos eran la cuna de ambos seres mágicos. Especialmente, el lugar a donde se dirigía era privilegiado ya que estaba en una zona arbórea.

Todo se había producido tan rápidamente que a Laura le parecía estar viviendo todavía en un sueño. Vagamente recordaba la invitación de manos de Karen, la conversación en la cocina con Ernesto y la visión de esa tarjeta de embarque impresa donde junto a su nombre podía ver claramente un destino: København, o lo que era lo mismo, Copenhague.
Laura pensó en las dudas surgidas al tomar aquella decisión: demasiados temores no resueltos navegaban por su cabeza. Todavía confusa pero decidida a encararse con sus miedos, pulsó el OK de su vuelo, JK033, no sin antes sentir aquel hormigueo característico que la acompañaba cuando tomaba decisiones arriesgadas.
En realidad, el riesgo sólo radicaba en tomar un avión para llegar a su destino y disfrutar una semana en compañía de su amiga en un entorno nórdico misterioso.

Ya no podía dar marcha atrás y tampoco era lo que deseaba. Era un viaje de placer pero para Laura significaba asimismo un avance en su crecimiento, una superación y un descubrimiento. Crecer interiormente, superar sus profundos y anclados miedos y descubrir aquellos aires vikingos que tanto la atraían. El destino estaba ya escrito y ese domingo de primavera, Laura iniciaría su aventura nórdica.


Søndag

El primer obstáculo para aquel viaje estaba vencido: la despedida. Tan sólo una semana, pero el sentimiento de añoranza era la primera de las ataduras de las que Laura tenía que desprenderse.
En pleno vuelo, Laura sonreía mientras recordaba el rostro de su amado Ernesto alejándose conforme ella avanzaba hacia su puerta de embarque, ese beso intenso y la llamada al móvil para desearle un feliz vuelo. “Disfruta de ese viaje a tu interior – dijo- y aprende a "observar".
¡Menudo maestro tenía en Ernesto! Era una persona digna de imitar. Sabía reconocer la belleza en un mínimo detalle. Era una excelente observador. Nada le pasaba por alto. ¡Cuánto le agradecía Laura aquel regalo!

La segunda batalla la estaba librando justo en esos momentos: disfrutar del vuelo sin temores.

El JK033 de Spanair estaba completo. Laura compartía la fila 14 con un amable jubilado danés y una estudiante inglesa que parecía algo nerviosa. En sus asientos traseros dos niños daneses de unos 5-6 años no paraban de juguetear y reír. El pobre chico argelino que estaba sentado en su misma fila ya no sabía que hacer. Nuestro jubilado danés les refirió algunas palabras de protesta por la actitud de los niños. Las madres, magníficamente sentadas tras los niños, no se inmutaron. Seguían conversando de sus cosas.
La inglesa y Laura retiraron sus asientos hacia atrás, para ganar comodidad. Mientras la chica dormía, Laura observaba a través de la pequeña ventana del avión la inmensidad del cielo. Se sentía equilibrada y en sintonía con ese maravilloso paisaje. Una tras otra, aquellas nubes dibujaban indescriptivas formas que aseguraran la armonía de ese cielo.

La voz del piloto la sacó del ensimismamiento en que se encontraba, informándoles que en unos minutos aterrizarían en destino. El avión se introdujo majestuosamente entre las nebulosas blancas y emergió en un nuevo paisaje de gran belleza. Unas altas y magistrales torres eólicas en medio del inmenso mar, un puente que parecía cortarse dentro del mar (Laura luego supo que era el puente sumergido que conectaba Dinamarca con Suecia). Todo aquel paisaje emergía fascinante a los ojos de Laura.

Tras el aterrizaje, el largo recorrido entre tiendas y más tiendas comerciales la acercaron a recoger su equipaje facturado y tras cruzar la automática puerta, el encuentro con Karen, su amiga danesa.

Una despejada carretera y algo más de una hora de trayecto, llevó a ambas hasta la casa donde se hospedarían, la de los padres de Karen.
Ellos las esperaban en el acceso exterior para dar una calurosa bienvenida a Laura.



El entorno, mágicamente perdido, le recordó a aquellas campiñas escocesas que antaño tanto la enamoraran. El azul del mar se mezclaba sabiamente con las diferentes tonalidades verdosas del campo. Esbeltas e inacabadas hayas rodeaban la casa, al tiempo que señalaban el camino para adentrarse en el ansiado y mágico bosque.
Perpleja aún por esas vistas, Laura balbuceó las primeras palabras en inglés.

En menos de una hora estaba ya preparada para la primera inspección y captación de tomas fotográficas del lugar. Lo que veía era impensable en el país de donde provenía: animales libres jugueteando alrededor del bosque, uno bien protegido por las leyes danesas impidiendo que las personas accedan cuando anochece, para preservar la naturaleza en su estado puro. Leyes que no necesitan de barreras para hacerse cumplir.

La energía de aquel lugar la cautivó desde el principio.
Tras ese emocionante paseo, su primer contacto con el arte culinario del país (¿quién dijo que los daneses no comían bien?), una buena conversación y la necesidad de un sueño reparador.
Esa noche era la primera de su aventura nórdica y en sus sueños aparecieron gnomos y hadas dándole la bienvenida a aquel particular bosque con el que Laura forjaría un intenso vínculo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Anatomía de una esquizofrenia




Me siento extraña, distinta de aquellos que me rodean y dicen llamarse amigos o familia. No recuerdo desde cuando me siento así pero sé que hace mucho. He ido pasando entre vosotros, entre la gente como una hoja de papel que débilmente puede volar y desaparecer. Así me siento a menudo: frágil, sin fuerzas, como si la fuerza del viento pudiera despedazarme. No puedo comentarlo con nadie, ni siquiera con aquellas que dicen ser mis mejores amigas. No lo entenderían. Ni siquiera lo entiendo yo.


Hoy he abierto el ordenador y he buscado en ese tesoro llamado Internet “Esquizofrenia”. Wuau! Me estremezco, nunca seré como tú o como él. Soy distinta, vivo entre dos mundos o quizás entre muchos más, quien lo sabe. Ni siquiera yo puedo distinguirlos. Ni siquiera puedo reconocer la realidad entre tanta ficción, las personas entre tantas sombras.

Temo constantemente que la oscuridad me atrape, me seduzca y ya nunca más reconozca esos ápices de realidad que me envuelven: papá, mamá, el abuelo, la profesora, mis compañeros. Cada vez os siento más lejanos, cada vez sólo sois formas ocupando un espacio, cada vez estoy más cerca de dejar de sentir.

El temor no desaparece nunca ni cuando duermo porque no sé si sueño o eso que vivo en los sueños es mi realidad.

Vivo constantemente confundida, atemorizada y tengo una sensación agónicamente alarmante de estarme rompiendo, como si los huesos que forman mi anatomía se resquebrajaran uno a uno, poco a poco, lentamente.

Dios! ¿Y a esto lo llaman vida?
No me imagino un futuro más allá del mañana y éste ni siquiera siempre. A menudo pienso en morir para renacer de nuevo y ser igual que otros, sin miedos, sin confusiones, sin fragilidades. Con motivación, con entusiasmo, con sorpresas, con alegrías, …pero sobretodo con los pies en el suelo, escuchando a los que realmente hablan, claro y alto, sin errores. Viendo a los que están en realidad en el mundo de los vivos, no a los que habitan entre las sombras y pretenden usurpar mi alma.

No entiendo porqué yo, porqué me han elegido a mí, qué debo aprender de tanto sufrimiento. Mi interior nunca deja de llorar, nunca deja de lamentar esta vida sin forma, sin equilibrio, sin estabilidad.

Mi nombre es Clara, solo tengo 12 años y estoy cansada.
No puedo luchar más contra lo que no entiendo, sólo quiero sentirme adolescente y normal. Pronto cuando se den cuenta de lo que me pasa, me señalaran con el dedo, se apartaran de mi, como si tuviera la lepra y mi vida desde ese momento será un rutinario paseo entre antipsicóticos, siempre dormida, siempre aletargada, siempre controlada.

jueves, 13 de enero de 2011

Vivir desde el corazón fomenta la coherencia emocional




El ritmo acelerado de nuestra sociedad dificulta una buena gestión de las emociones. Ellas son la causa de la mayoría de los malestares que acusa el ser humano.

Cuando las reprimimos y no las liberamos, nos crean Resentimiento. Esta emoción se libera en una doble dirección: por un lado, hacia la persona o personas que la originaron, y, por el otro, hacia nosotros mismos.
Cuando surgen precipitadamente y sin reflexión, aparece la Culpa que todo lo justifica, obviamente ésta también actúa de forma bidireccional.

Regular bien nuestras emociones, es decir, saber cómo y cuando expresar el sentimiento, nos beneficia a ambos: a ti que recibes mi emoción y a mí que al expresarla adecuadamente dejo que fluya.
Ésta es la clave para conseguir emociones inteligentes: dejar que fluyan.

Habitualmente el ser humano se identifica con la emoción sentida lo que produce “atascos malsanos” en su interior.

Pensamos que somos aquello que sentimos y eso, nos decepciona, nos conmueve, nos debilita, nos paraliza.

La Inteligencia Emocional es una disciplina que surge para equilibrar nuestras vidas. Establece cinco niveles para obtener óptimos resultados:

1.Autoconocimiento o consciencia de uno mismo
2.Autorregulación o saber cuál es el momento adecuado para expresar y cómo hacerlo.
3.Automotivación: orientar mi intención hacia un logro.
4.Empatía: Ser capaz de ponerme en el lugar del otro para así sentir como él lo haría.
5.Hábil socialmente: Disponer de las herramientas adecuadas para la interrelación.

El camino que aquí os quiero mostrar es el arte de lo genuino, es un modo de vida que favorecerá la coherencia que nos enseña la Inteligencia Emocional.

Se trata de responder a las situaciones a las que nos enfrentamos a diario utilizando las virtudes del corazón, que como aliadas del Amor Incondicional nos protegen de la emisión de sentimientos negativos.

Básicamente podemos enumerar seis virtudes del corazón:
Agradecimiento, Compasión, Perdón, Humildad, Entendimiento y Valor.

El agradecimiento tiene que ver con apreciar lo que los otros hacen por mi, lo que me ha sido dado por el Universo, en definitiva “mi dicha”. Para valorarlo tengo que desprenderme del “merecimiento”, “recompensa”, “contravalor”.
Agradezco desde la claridad del sol que me ayuda a despertar, el techo que me acoge cada día o el trabajo que me permite aquello que considero “posesiones”.
Recuerdo una frase que se cita en “El Alquimista” de P.Coelho que reza así: “Cuando quieres algo todo el universo conspira para que lo consigas”. Partiendo de ello y del supuesto que nada sucede sin una causa, tienes que agradecer todo lo que te ocurra, porque ése es tu aprendizaje.

La compasión me permite recordar que somos una gran familia, que todos somos iguales y que nadie ni nada merece sufrir. Cuando siento compasión empatizo con el otro, con su tragedia o con su dicha y ello me permite perdonar y a la vez entender.

El perdón aleja el resentimiento e instaura un patrón de amor y armonía en la persona.

La humildad nos recuerda que tenemos que alejarnos de la polaridad, de las diferencias y hay que sentir amor por aquel que no entiende, por aquel que su falta de comprensión en el propósito le hizo perderse en la materia.

El entendimiento nos capacita para irradiar ese sentimiento amoroso, nos proporciona conocimiento sobre nuestra verdadera esencia, aquella que habita en nuestro interior y que tras tanto tiempo identificándose con su vehículo o cuerpo, perdió la consciencia de su ser.

El valor es un arma poderosa, nos ayuda a tomar decisiones, nos aleja de la culpa y nos reconoce el propósito por el que fuimos creados.

Si entendemos que todo es energía y que para que ésta fluya positivamente tenemos que actuar con armonía, entenderemos el uso de las virtudes que nos proporciona el corazón energético como valiosos recursos para obtener la apreciada coherencia emocional.

Si en nuestras manos está transformar las olas en apacible mar, ¿porqué nos cuesta tanto hacerlo?

Hay que creer en el Poder de Transformación, en la soberanía interna que habita dentro de ti y que es la Esencia de tu ser. Si sientes esa grandeza, si sientes esa totalidad, sentirás cómo se va formando la coherencia en tu interior.

El poder de transformar las emociones, el poder de elegir aquellas que son saludables radica en TÍ.
Las virtudes del corazón son elementos a tu disposición para hacerte el camino más fácil.


Artículo escrito para el Portal de Inteligencia Emocional y publicado el 30/11/2010

domingo, 9 de enero de 2011

Tiempo para ser felices




Cada época de la vida tiene sus satisfacciones y lo importante no es si ya eres mayor o todavía eres demasiado niño, sino lo verdaderamente importante es sentirse feliz e ilusionado por la vida.
Este camino es un sendero de aprendizaje donde absorbemos experiencias, vivencias que nos conducirán a un mayor conocimiento de uno mismo y su realidad. Este punto álgido suele llamarse Madurez.
A menudo cuando entramos en esta etapa miramos atrás para hacer balance de nuestra vida, de nuestros errores, de nuestras victorias, en definitiva, de lo conseguido.
No sé si es adecuado definirlo de este modo. Creo que lo positivo es que uno cuando alcanza el grado de madurez necesario mire atrás con satisfacción, con orgullo, entendiendo todas y cada una de las experiencias pasadas como necesarias para encontrarse en el punto actual. Nada ocurre por nada. Todo está totalmente calculado y todo tiene una razón de ser.
Cuantas veces luchamos contracorriente y ello nos hace sentirnos frustrados y fracasados, porque pensamos que erramos el objetivo. Ese sentimiento nos debilita e incide directamente en nuestra autoestima. Es importante que cada suceso vivido se sienta de forma positiva, a pesar a veces de no atender al propósito previsto.
Me explicaré, muchos de los eventos que suceden en nuestra vida no lo hacen tal y como “pensamos” que hubiéramos querido: aquella relación fracasada, aquel examen suspendido, aquel trabajo no adjudicado, aquellas oposiciones por las que tanto estudiamos, fallidas. Habitualmente esos sucesos no conseguidos se viven negativamente como “nuestros fracasos”.
Lo que os propongo es que los vivamos positivamente de un modo totalmente distinto. Si todo tiene una razón de ser, ¿no es posible que aquel logro no se consiguiera simplemente porque no estaba escrito que así fuera?Esta formulación no conlleva frustración y por ende, no hay incidencia negativa en la autoestima de cada uno.
El Universo conspira para que las cosas que en su día escribimos que viviríamos, se cumplan y a menudo al no recordarlo, cogemos caminos distintos a los que “teníamos” que coger.
La emoción sentida al “fracasar” nos vuelve infelices mientras que si la emoción que siento es comprensión por la manera en que las cosas se han torcido para que consiga lo que me propuse antes de nacer, seguiré sintiéndome feliz.
Hay muchísimas experiencias que quisiéramos borrar de nuestra mente, pero seguro que esas vivencias tuvieron que ser vividas para encontrarnos en el punto de vida en el que estamos. “Si aquel día no hubiera tenido ese accidente, me hubiera encontrado en clase cuando se produjo el atentado”, “Si hubiera aprobado las oposiciones no hubiera entrado a trabajar en el periódico donde te conocí” y así millones de casos.
La diferencia es que no siempre sabemos a qué nos condujo determinado “fracaso” pero ciertamente el simple hecho de pensar que tuvo su razón de ser ya es suficiente para sentirnos felices por seguir nuestro propósito de vida.