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domingo, 9 de septiembre de 2012

Un sin sentido

En este, mi paseo por la vida observo como el sin sentido se apodera de cada uno de los seres que habitan nuestro planeta. Pero qué sociedad hemos construido?, en qué seres hemos confiado para dirigirla? y lo peor de todo, con qué sin sentido estamos funcionando?… Retrocedamos unas pocas décadas y entonces hablábamos de “democracia”, en definitiva y sin entrar en jerga política, un juego en el que los habitantes ampliábamos nuestras opciones decisorias y con ella, la sensación de libertad empezaría a subir por nuestras venas como pura adrenalina. Pero había una pega y es que la libertad sólo era una sensación, vamos que no era real, que duraba poco. Os explico, en nuestro país cambiamos a un dictador por un grupo político que seguía mandando, aunque fuera el pueblo el que lo eligiera, en definitiva el panorama era el mismo aunque probablemente no lo vimos entonces. Siempre ha existido su soberanía nunca la nuestra. Siempre ha existido la sensación de libertad pero no la libertad real. Sólo que cuando el término políticamente elegido fue “Democracia” nos vendimos a otro impostor, con diferente cara pero con mismo fondo. Nos lavaron las calles que pisábamos, pintaron los edificios que habitábamos y le pegaron un empujoncito a la tecnología, esa que ahora es dueña de nuestras vidas. Menudos esclavos estamos hechos! Y con que poco nos contentamos: un trabajo para pagar la hipoteca que me esclaviza de por vida, un coche que nunca se acaba de pagar pero mola sobre todo cada vez que tengo que llenar el combustible y no sé si tendré para llenar, el último modelo de móvil y la suerte de poder pedir un nuevo crédito para pagar esas ansiadas vacaciones. Y esa es la vida que hemos conseguido los que seguimos en esta sociedad. Pero no nos quejamos, bueno alguna que otra manifestación, revolución, crítica verbal pero contundente acción nada de nada. Por eso lo llamo “sin sentido”. Pregúntate a qué estarías dispuest@ a renunciar y para cada una de las respuestas pregúntate para qué lo necesitas. Es probable que no te atrevas a vivir una vida sin dinero, moneda porque le has concedido el máximo poder en tu vida. Con él te parece que vives: te alimentas, habitas bajo cobijo, compras regalos, te diviertes, … y un sinfín de cosas que nos dan la felicidad! (uf que mal estamos! La felicidad no se obtiene con ese papel que la sociedad llama dinero, ese sentimiento sólo puede sentirlo el ser libre y eso nunca, repito nunca, lo hemos sido. Triste pero cierto. Lo peor es que ahora que el culo está al descubierto, que las cartas están boca arriba sólo criticamos, nos revolucionamos pero seguimos sin actuar de manera coherente con nuestro interior y eso es así porque seguimos temiendo perder aquello que nunca ha sido dado: nuestra libertad. En realidad nacimos libres pero aquí permitimos que el sistema nos esclavizara y todo por pensar que el poder estaba en la moneda que permitía al habitante adquirir suministros. Formamos parte de la Tierra; acaso el árbol perece porque la Naturaleza se olvida de proporcionarle aquello que necesita? Jamás, perece cuando ha cumplido su ciclo o a manos de los habitantes animados, esos que ahora organizan revueltas para quejarse de lo corrompido del sistema o de lo caro que se está poniendo todo. La verdad es que yo también me quejo y lo hago desde el silencio pero ciertamente estoy aprendiendo a desprenderme de todo aquello que me ata a esta sociedad engañosa, a todo aquello que no necesito y veo hoy mucho más que ayer las injusticias y no estoy dispuesta a consentirlas por más tiempo. Yo elijo y eso me hace conocedora de mis posibilidades. Sólo hay que atreverse a renunciar a vivir en un sistema que esclaviza bajo un trasfondo de libertad. Las señales las tenemos delante de nuestros ojos cada maldito día, en la portada de los diarios, en las noticias de la televisión, y vosotros no las veis? Todo el espectáculo es un verdadero sin sentido donde las marionetas seguimos nuestras rutinas a ritmo de los mismos engaños día tras día. Eso no te hace pensar?

jueves, 5 de abril de 2012

El amor y la manera en que aman los hombres y las mujeres




Balzac nos decía que el “amor no es sólo un sentimiento, sino es también un arte” el arte de tratar de transmitir ese sentimiento sin dañar al otro, sin coartar su libertad, entendiendo el espacio que como persona necesita tener, distinguiendo el apego del deseo, la dependencia, adicción o necesidad del auténtico amor.
Frases como “Mi existencia no tiene sentido sin él/ella”, “Él es lo más importante de mi vida”, “Nuestro amor es eterno, es imposible que nos dejemos de querer” tienden más hacia un apego afectivo que hacia un concepto de amor racional.

Amar no es poseer, no es temer perder al otro. Cuando reclamas poseer al otro, buscas controlarlo por miedo a perderlo. El apego surge de la inseguridad propia y de una serie de creencias o asunciones disfuncionales que nos conducen a entender el amor como dependencia.

Hay muchas clases de maltrato además del físico, propiamente dicho. Cuando un componente de una pareja pierde su libertad, está siendo maltratado.”

Del modo en que la sociedad nos ha transmitido el amor no es realista: el concepto de amor surge del Romanticismo y se basa en el idealismo romántico que encontramos en los cuentos de príncipes y princesas. Así lo describe la siguiente poesía:

Los invisibles átomos del aire en rededor palpitan y se inflaman; el cielo se deshace en rayos de oro; la tierra se estremece alborozada; oigo flotando en olas de armonía el rumor de besos y el batir de alas; mis párpados se cierran…¿Qué sucede? ¡Es el amor que pasa!” Gustavo Adolfo Becquer

El amor espera una excesiva correspondencia: con o sin intención, el amor induce a las parejas a exigir demasiado.

Jaime ama a Alicia y no comprende porque desea estar sola. Ella le ama pero necesita recuperar su espacio. Él vive la convivencia como un espacio que se comparte las 24 horas del día. Necesita saber, conocer, controlar, porque así es como Jaime entiende el amor. Alicia acaba negándose su propia libertad en pros a un amor asfixiante. Deja de escuchar su propio deseo para corresponder al de él.”

Es bastante probable que una historia como la de Jaime y Alicia se viva en muchas familias y seguramente cuando nuestra supuesta Alicia le comenta a su madre o a una amiga esa forma tan especial que tiene su Jaime de amar, ellas comentarían:
“¡Qué suerte que tienes de tener un hombre que te adora y sólo vive por y para ti!”.
Estos son los valores que han marcado el amor en nuestra sociedad. Un amor romántico, posesivo, en el que se retiene al ser amado por temor a perderlo y en ese punto cedemos nuestros derechos como seres individuales.

El cariño consiste en dar libertad al ser amado, no en retenerlo.

El amor engendra sumisión: por tradición al hombre se le inculcaba la idea de que le correspondía proteger a la mujer. Ella era la débil y él el fuerte.
Hoy en día, hombres y mujeres aceptan el hecho de que ambos son seres humanos, dotados de inteligencia, necesidades y emociones semejantes. El género no marca la diferencia.
Si cedes tu libertad al otro, si caes en la sumisión para demostrar tu amor, te estás faltando al respeto ignorando por completo toda la lucha que se ha llevado a cabo para dejar atrás el concepto antiguo de hombre fuerte y mujer débil.

En toda relación de pareja se pasa por las siguientes fases:

Enamoramiento, en donde aparece un fuerte sentimiento de atracción hacia la otra persona, mediado por una presión social y una predisposición cultural. Aparece también un proceso de idealización de la persona que nos atrae y finalmente la actitud que tenemos hacia el otro es de compromiso y entrega máxima.
Noviazgo, aparece el intercambio de conductas gratificantes, la novedad genera un proceso de euforia. El desconocimiento mutuo sigue supliéndose con la fantasía, a partir de una imagen previamente idealizada y un conocimiento selectivo.
Compromiso, con la convivencia diaria aparece nueva información sobre el compañero, a menudo este conocimiento implica cierto desengaño al compararse con la imagen previamente idealizada. En el aspecto negativo aparece la rutina y el porcentaje de actividades gratificantes disminuye, mientras que en el positivo, se consigue comprensión, compañía, identidad social, satisfacción sexual y reproductiva, protección.

El amor completo y por tanto satisfactorio es el que incluye los siguientes componentes de manera equilibrada sin perder de vista el respeto hacia uno mismo:

Ágape, es la ternura, el cuidado por el otro
Eros, es la pasión por el otro. El deseo en estado puro.
Philia, es la amistad, el compañerismo.

Tras aquellos indicadores de dependencia, apego afectivo insano, estilos afectivos tóxicos, en una relación de pareja podemos encontrar pensamientos irracionales tipo:

•“Esa es su manera de amar
•“Me quiere pero no se da cuenta
•“No es tan grave
•“No recuerdo que haya habido nada malo
•“Se va a dar cuenta de lo que valgo
•“Intentaré nuevas estrategias de seducción
•“Mi amor y comprensión lo curarán
•“Me quedaré sola. Nadie me amará nunca
•“Sería terrible que él me dejara
•“Las mujeres son todas infieles
•“Los hombres son infieles por naturaleza

Y creencias irracionales tipo:

•“Si hay amor no necesitas nada más
•“El verdadero amor es incondicional
•“El amor es eterno
•“El amor supone sacrificio


Amor y apego no siempre deben ir de la mano. Declararse afectivamente libre es promover afecto sin opresión, es distanciarse en lo perjudicial y hacer contacto en la ternura. No podemos vivir sin afecto pero si podemos amar sin esclavizarnos. El desapego es una elección que dice a gritos: “el amor es ausencia de miedo”.

¿Qué ideas erróneas están en la base del concepto que tenemos del amor?
¿Por qué nos ofendemos si el otro no se angustia con nuestra ausencia?
¿Por qué nos desconcierta que nuestra pareja no sienta celos?


Existen una serie de esquemas cognitivos y necesidades que nos vinculan a determinados estilos afectivos tóxicos:

•El amor desconfiado donde él diría “Si no estoy vigilante me engañarán” y ella diría “Necesito que me celes y sufras por mi, para sentir que tu amor es verdadero”.
•El amor hostigante en donde el esquema cognitivo disfuncional diría “Tu vida debe girar a mi alrededor” y la necesidad que nos vincularía a él “Es mejor que yo. Debo entregarme totalmente a él”.
•El amor violento donde tiene su origen la violencia machista “Te lo tienes merecido, ¿Quién te manda ser tan débil?” y la necesidad a vincularse a un esquema tan desadaptado “Necesito alguien que me defienda” “Necesito alguien valiente a quien admirar”
•El amor egoísta “Mis necesidades son más importantes que las tuyas” y la necesidad “Necesito alguien con quien identificarme”.

Para prevenir todos estos esquemas cognitivos erróneos que nos acercan más al apego, a la dependencia, al encarcelamiento afectivo y puede desencadenar actitudes que promuevan la violencia machista tenemos que empezar a cambiar los desastrosos preceptos sociales todavía estancados en la sociedad.

Desde pequeños hábitos educativos hay que crear valores que promuevan la libertad humana, el respeto, la dignidad, la unidad hombre-mujer, una sana autoestima.

En el amor hay que potenciar un estilo de vida orientado a fomentar la independencia psicológica. Hablamos de Soberanía psicológica individual e incluye: mi espacio, mis cosas, mis amigos, mis salidas, mis pensamientos, en definitiva todo aquello que sea “MI” que no necesariamente excluye el “TU”.

El equilibrio adecuado es aquel donde las demandas de la pareja y las propias necesidades se acoplan respetuosamente. Recuerda siempre que no te merece quien te haga sufrir. Predicar un amor recíproco es aceptar que todos los humanos son valiosos, incluido tú mismo.

jueves, 5 de enero de 2012

Carta a Los Magos



Sentada en su cómodo sillón de cuero negro Julia se disponía a escribir aquella carta en un día tan apropiado para esa actividad. La única diferencia era que Julia no creía en esas cosas, no solo porque ya fuera adulta, sino más bien porque poco creía en las tradiciones que había impuesto la sociedad consumidora a la que pertenecía.
El día de los Reyes Magos, otra fecha justificada y obligada a la que acudir a los establecimientos para consumir. Los regalos son mágicos y por eso los traen esos poderosos reyes de Oriente… en realidad disfrazamos y otorgamos un poder a unos pocos, todo con la excusa nuevamente del consumo obligado.
Pertenecemos a una sociedad que trata continuamente de adormecernos con idioteces como la de los Reyes Magos y la magia de la Navidad; fechas para soñar, para desear, para recuperar la ilusión, para gastar lo poco que hemos podido ahorrar y así conseguir que otros sean felices. No nos damos cuenta que lo que estamos propugnando es que “el dinero Sí trae la FELICIDAD”.

Nuestra actitud compulsiva genera necesidad y con la compra, el regalo, el deseo, la ilusión caemos en nuestra propia desgracia, aquella que nos esclaviza por necesitar mucho dinero para lograr estar a la altura de lo que nos impone la sociedad en la que vivimos.
Aunque seamos y nos sintamos pobres (económicamente hablando) hay que consumir durante estas fiestas porque es la magia de la Navidad y "ya nos apretaremos el cinturón más tarde", decimos.

¡Qué ingenuos y tontos somos!

Párate y piensa: en realidad, ¿necesitas recibir regalos? ¿necesitas regalar?, ¿acaso ello nos hará más felices?

Si contestamos a esas tres preguntas de manera honesta, obtendremos un NO por respuesta. Si por el contrario en alguna de ellas contestas un sí, entonces estás más dormido que la mayoría.

Veamos, si necesito recibir regalos es que creo que un vestido nuevo, un juego de consola, un reloj o la última fragancia de moda, son imprescindibles para mi y además no sólo no me los puedo comprar yo, sino que necesito sentir que se me recompensa de alguna manera con esos “regalos”.
Esto se asemeja a la necesidad de sentirme aprobado por los demás. Primer problema.

Si necesito regalar es que necesito aparentar, posicionarme, transmitir materialmente una emoción de amor o cariño. Recuerda cuanto más cara sea la joya, más te quieren…
Realmente ¿piensas que quien te ame de veras necesitará demostrártelo con algo que se paga con monedas?. Si fuera así sólo podrían dar amor aquellos que más tuvieran. Nuevamente injusto y sinsentido.

Finalmente, si piensas que cuantos más regalos hagas y/o obtengas más feliz vas a ser es que has perdido toda conexión con tu interior, con tu propio YO y ese ser al que llamas equivocadamente YO se ha infiltrado en tu ser para robotizarte y hacerte víctima de tus emociones dañinas:
rabia por no poder, impotencia por no llegar, frustración por no ser mejor que.


Por todo lo dicho Julia se disponía a escribir una carta a los Magos, que no eran más reyes que ella que era toda una Soberana, por supuesto, como tú o como yo. Y no es que los Magos fueran menos magos que ella pero claro tanto tiempo vivido como humana le habían hecho perder el contacto con su Magia, la que siempre había habitado en ella, como en ti y en mí.

A diferencia de las cartas del resto de Julias, Lauras, Mónicas o Claras, la de nuestra protagonista no pediría nada que pudiera comprarse con aquellos trozos de papeles que llamaban dinero, ni supondría ningún sobreesfuerzo para nuestros elegidos Magos, sólo deseaba que ellos le recordaran su eterna sabiduría siempre existente pero olvidada para vivir con MAGIA lo que otros viven con “la venda de la ilusión”.


lunes, 5 de diciembre de 2011

AMAR NO ES POSEER




Diálogo imaginario entre una pareja:

Ella le dice a él:
Te amo, me gusta sentir que tú también me amas, que me deseas, que me quieres sólo para ti, que te muestras celoso cuando miro a otros,…

Él responde:
NO, Claudia, esto no es amor. Amar no es poseer. Yo no quiero poseerte, no quiero temer perderte. Sólo quiero amarte porque así lo elijo, libremente.

Claudia duda:
Pero Diego, si no hay atadura el vínculo puede romperse.

Diego responde:
Si así sucede es porque así lo decidimos soberanamente, desde nuestra individualidad atendiendo a nuestra libertad.

Claudia sigue expresando recelo en su duda:
No entiendo. Cuando nos comprometimos, me prometiste fidelidad y amor eterno. Cuando nos casamos, el sacerdote que ofició la ceremonia dijo que tendríamos que estar juntos hasta el resto de nuestros días. Mi madre, cuando yo era adolescente, me contaba que un hombre es para toda la vida,…pero nunca me contó cómo hacer que no tome otro camino que no sea el de seguir a tu lado.

Diego aclara dulcemente:
Nuestra unidad esta formada por dos seres libres, únicos e individuales, por tanto soberanos. Ni yo puedo mandar sobre ti ni tú sobre mí. Tratamos de elegir las cosas juntos, pero habrán cosas que te gusten a ti y otras que me gusten a mí. Eso no significa que ya no nos amemos. Eso refuerza nuestra individualidad. Las compartiremos si deseamos hacerlo entendiéndonos ambos como soberanos, pero si lo hacemos a causa de prejuicios, temores, dudas, controles… pisamos la propia soberanía.

¿Tú, Claudia, realmente necesitas controlar mis movimientos? ¿Te sientes amada cuando yo te coarto tu libertad?

Claudia responde:
No sé contestarte. Si te veo hablando con una amiga, recelo de ella. Si te suena el móvil y el número que llama no es conocido por mi, pienso que tienes una aventura. Si al acostarnos y yo acercarme me dices que estas cansado y ese día no hacemos el amor, pienso que ya no me deseas. Si eliges salir un viernes a cenar con tus amigos en vez de llevarme a un restaurante de parejas, siento celos porque presupongo que prefieres su compañía en vez de la mía. Evidentemente pienso que si me amaras sólo desearías estar conmigo.

Diego se echa a reír y dice:
No ves que en el trasfondo de todos tus argumentos solo hay deseo de poseer por temor a perder. Cuando reclamas esa posesión cedes tu individualidad y reclamas la mía. No existe un vínculo sano entre dos personas si se pierde la soberanía de cada uno. ¿Te das cuenta que todo lo que reclamas se basa en creencias irracionales que parten de una sociedad que confunde el libre albedrío con la infidelidad, que exige posesión pero al mismo tiempo castiga el comportamiento basado en los celos? Y yo digo, ¿dónde está la línea adecuada?

Vivimos en una ilusión que crea polaridad entre los propios actores, que acusa de maltratadores aquellos que “controlan” pero que al mismo tiempo reafirma continuamente esa actitud posesiva. Somos esclavos de nuestros miedos, nos permiten disponer de nuestro propio feudo para sentirnos poseedores de algo, en este caso, poseemos la soberanía de otro ser humano, nos creemos libres y juzgamos siempre la polaridad para evaluar el comportamiento correcto en base a los principios que nos han inculcado.

Claudia, olvida todo lo aprendido y respóndeme:
¿Sientes necesidad de controlarme?
Si así fuera, eso indicaría que confías en mí o al contrario.
Si nuestra relación fuera una casa, ¿tendría ventanas? Y éstas ¿cómo estarían abiertas o cerradas?

Claudia refunfuñando dice:
Tú Diego siempre usando recursos psicológicos.

Diego:
Las alegorías siempre se usan con buenos fines.
Al igual que haces respirar las habitaciones de tu casa para que salga el aire viciado y entre el aire fresco, las relaciones tienen que permitir el espacio de cada uno porque eso refuerza el vínculo en vez de ahogarlo.

Amar no es poseer, Claudia. Soy un ser libre que elige amarte HOY, AHORA, DURANTE pero siempre desde mi soberanía y libertad como individuo, jamás pisando la tuya. Por eso TE AMO pero NO TE POSEO, porque hacerlo iría en contra de tu soberanía.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Ejerzamos nuestra soberanía




Soy una "simple" humana como todos los que formamos parte de este colectivo denominado humanidad y lo pongo entrecomillas porque en realidad, aunque parezca en cierto modo contradictorio, soy al mismo tiempo una soberana como el resto de vosotros. Somos poderosos, especiales, únicos, cada uno de nosotros, pero lo más importante es que somos libres, libres para decidir, para ejercer nuestra soberania como nos plazca.
El ser humano, y actualmente en mayor intensidad, vive desde el concepto de esclavismo, puro y duro, sin siquiera saberlo, o lo que es peor, siendo consciente y conformándose, porque teme no poder seguir pagando, no poder disfrutar de los ocios que tanto deleite le proporcionan, porque cree simplemente que no merece el privilegio de liberarse.
Nuestra sociedad no ha evolucionado, al contrario, seguimos anclados en un sistema feudal que nos esclaviza a diario, en el que unos pocos (o muchos según se mire) actúan de caciques porque piensan que tienen el poder para actuar así.
El resto, los esclavos conformes, viven autoconvencidos que sólo son merecedores de un trozo de tierra si reciben nóminas de sus empresarios y para conseguirlo, ceden su soberania al otro.
Hoy en dia, el sistema feudal se aprovecha del temor subyacente a perder privilegios llegando a aceptar situaciones de pura tiranía. El empleado cede su soberania porque no cree en su poder ni en sus derechos innatos. El cacique amenaza, relega, explota, exprime, recrimina los fallos, nunca elogia los logros y encima pide el derecho a ser respetado y jamás juzgado; su premisa "Yo soy el amo" es la única válida porque la amenaza de perder el trabajo y formar parte como miembro activo de las colas del INEM parece no gustar a nadie. Tu eres un ser libre y como tal has de valorar si estás siendo respetado. Tienes que exigir con valor y respeto porque tú también eres un soberano, lo que ocurre es que te compraron con supuestas necesidades que ahora sientes como básicas y lo peor es que otorgas el poder de esa obtención a mantener un trabajo esclavista, para poder seguir pagando esa hipoteca que te vincula y te ata a los bancos y esos, al final, son los verdaderos amos de nuestra soberanía.

martes, 18 de octubre de 2011

Palabras desde el silencio para papá


Nunca antes me habia planteado como me sentiria si padre o madre fallase. De hecho la primera en "supuestamente" enfermar fue mamá, pero nunca pensé que su enfermedad la llevara directamente a morir. Contigo, papá, se ha producido algo distinto en mi interior. No sé explicarme, pero me ha parecido escuchar que una vocecita en mi interior, me decía: "Prepárate, el fin se acerca" y eso, desde aquel dia que por teléfono me preguntaste: "¿Cuando vendrás a vernos?", como si sintieras realmente el final.
Cierro los ojos y te recuerdo antaño, con un aspecto más mejorado pero también serio, sin dejar entrever demasiado esos sentimientos que ocupan tu corazón. Ni siquiera cuando tuviste que enfrentarte al cancer de mamá, lo expresaste. De todos modos, tú sufrías, el vacio se apoderaba de tí con cada pensamiento sobre un mañana sin su compañia. Ahora es ella la que sufre, la que siente que el camino que iniciasteis juntos se termina, pero también oculta su pena.
Imagino que toda esa represión tiene que ver con el temor, temor a pronunciar su nombre...muerte.
El otro dia una paciente me decia ¿porqué somos tan complicados en nuestra cultura? ¿porqué las muertes no pueden vivirse con alegria en vez del sufrimiento que las acompaña?
Pensé en tí, papá, entonces, y pedí al cielo, al universo, a quien pertoque, que no sufras, porque tu dolor sé que me hará daño y no quiero sentirlo.
Y también yo me pregunto ¿porqué hacemos tan difícil lo facil? Me repito una y otra vez, como si me estuviera preparando, que nacemos para morir y que la muerte no es más que una etapa de transición y lo creo realmente pero también sé que te echaré de menos. Sonrío cuando releo esas palabras, "...te echaré de menos" y lo hago porque en realidad mi vida, mi dia a dia, transcurre sin tu presencia. A menudo llamaros es más "la obligación de una hija" pero no la necesidad. Siempre he sido "rarita" papá, observadora y solitaria, rebelde con tus consejos que yo vivía como imposiciones. Con los años, nos suavizamos ambos, nos toleramos más. Tú te cansaste de "sugerir" y yo "toleré que lo hicieras". Ni en eso estuvimos de acuerdo!
Me gustaria poderte agradecer todo lo que has hecho por mi, que es muchísimo, pero sé que ahora mismo no podría expresártelo sin que me cayeran las lágrimas.
Me has dado la vida, has cuidado de mí, jamás te has olvidado que tenías una hija y cuando ha hecho falta, has estado allí. No recuerdo haber recibido un no por respuesta...bueno, sólo cuando de adolescente te pediría algo que tú considerarías inapropiado, por supuesto.
Ahora mismo me vienen algunas imágenes de recuerdos a la mente: aquel día que tu adolescente hija se enfadó y te envió aquella libreta en dirección a tu cabeza, que por suerte, supiste sortear; Cuando te desmayaste en la boda de mi hermana, por la emoción del momento, y pensamos todos que te habíamos perdido; nuestra comida en la cafeteria del hospital mientras operaban a mamá; Tu rostro cuando ella gemía de dolor y ese beso que le diste para que sintiera tu cariño y proximidad; el día que celebrasteis los 50 años, la emoción de mamá mientras tú le leias aquel verso. ¿Sabes? Ayer mismo miré la foto de archivo de ese momento y me entristeció pensar que no sabríais vivir uno sin el otro. ¡Cómo llegamos a depender tanto de nuestra pareja!

Papá, lo has hecho bien, nos has cuidado, querido y protegido. Has intentado hacer felices a aquellos que han estado contigo y estoy segura que a menudo de modo totalmente altruista.

No temas, no sientas la enfermedad en tu interior. Trata de sanar tu cuerpo, confía en tu poder. Disfruta al máximo de tu vida, no le concedas espacio al dolor y a la preocupación. No temas morir porque es el miedo el que crea tu enfermedad. Decide tú.

domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Sabemos ser felices?




Hace años escribí un artículo sobre la felicidad y desde entonces he leído mucho sobre la misma, distintos puntos de vista pero todos aciertan a admitir que la felicidad no es un estado estable y continuo sino que se vive en momentos y uno elige si desea sentirse o no feliz sean cuales sean las circunstancias que envuelvan su vida. No hace mucho leí: “La felicidad no es una meta, es una trayectoria” y estoy totalmente de acuerdo con esa asunción.
La vida nos marca un camino desde que nacemos hasta que morimos, uno que a menudo tiene dificultades, obstáculos, de mayor o menor intensidad, pero es nuestra actitud frente a ellos la que aportará a nuestra vida felicidad o amargura.
Siempre he considerado al ser humano como una entidad cuyas partes están interrelacionadas. Así mente, cuerpo y emociones forman nuestro ser y cuando una de esas instancias se halla en malestar, desequilibra a las otras. Pero hay un hecho importante y es que nosotros elegimos como sentirnos sean cuales sean los eventos que nos rodeen y en esa decisión los pensamientos ocupan un papel muy importante. Cómo pensemos abocará una emoción y una gestión adecuada de las mismas concederá la diferencia.
Las emociones negativas presentadas por pensamientos irracionales, que nada tienen que ver con la realidad, sino que están teñidos por malestares ficticios, causarán infelicidad. Nos sentiremos rechazados, ofendidos, desgraciados, desesperanzados, ansiosos, tristes y creeremos que la vida es injusta porque nos produce esos sentimientos invalidantes. La cara opuesta es el conjunto de emociones positivas que vienen precedidas por pensamientos sanos que inalteran el equilibrio de la persona. Evidentemente ese estado conduce a la felicidad lo que es síntoma de bienestar personal.
Cada ser humano controla su mente gobernando asimismo los sentimientos que se generan con esos pensamientos. Nuestra mente está programada para boicotearnos pero nosotros poseemos la última palabra: somos los que elegimos cómo vivir la vida, y en esa manera de vivirla radica ser o no felices.
Pero recordemos como os he dicho al principio que la felicidad no es un estado continuo lo que establece que jamás hay que bajar la guardia.
La vida está repleta de desgracias, obstáculos, redes que se tejen en nuestra contra, contradicciones con nuestro propio yo, equivocaciones, desviaciones pero la confianza en uno mismo mantiene un sano control y equilibrio. Cuando uno cae en justificaciones, malentendidos, culpabilización, autodestrucción se está saboteando y permite que la duda desequilibre su vida.
Recuerda que tu vida es tuya y que lo que aprendemos es a saber vivirla. Nuestro mayor reto es precisamente establecer las elecciones adecuadas para vivir felizmente buscando la armonía entre nuestras necesidades y las relaciones que establecemos. Por más ingratas que sean las circunstancias, una actitud conciliadora con nuestro ser posibilita alcanzar la felicidad.

Algunas claves para lograr mantenernos felices y en equilibrio:
- Respétate a ti mismo. Elijas el camino que elijas, decidas lo que decidas, respétalo.
- Siéntete merecedor de tu vida y agradece el haber nacido.
- Conócete muy bien a ti mismo. Tienes que ser capaz de ir siempre un paso por delante de ti. El conocimiento profundo permite la buena gestión de tus emociones porque conoces tus propios demonios y sabes mantenerlos a raya.
- Nunca te avergüences por reconocerte débil, indefenso, celoso, rabioso, enojado. Simplemente aprende de esas emociones y de la función que tienen en cada momento. Lo importante es que las recibas con entendimiento para saber perdonarte.
- No te juzgues, ni juzgues a los que te rodean. Cada cual vive su vida como elige hacerlo.
- Reconócete libre para elegir tu camino. Esa es la aportación principal que le das a tu vida.
- Cuida en todo momento tu cuerpo, tu mente y las emociones que lleves contigo. Es tu responsabilidad.
- Aprende a estar a solas contigo mismo al menos cinco minutos diarios. No temas no saber qué preguntarte o peor todavía, qué responderte. Confórmate con estar a solas contigo y poco a poco tu interior se acostumbrará a fluir normalmente.
- Por último, vive el presente, cada momento intensamente como si fuera tu último aliento. El gozo de vivir se merece que vivas el presente, no que revivas el pasado o especules el futuro.

Cada instante de nuestra vida se forma con nuestras intenciones. Somos los creadores de nuestra existencia y ello supone un peso importante. Si nuestras actitudes conforman impresiones positivas además de vivir plenamente felices conformaremos impresiones de conjunto sanas y positivas. Aunque te sientas único no olvides que formas parte de una unidad y que tu infelicidad crea una realidad destructiva. Fomenta el equilibrio y con ello contribuirás a un mundo mejor.

jueves, 11 de agosto de 2011

Ellos




Aquella pareja de ancianos permanecía sentada en el sofá, con la televisión encendida y las manos entrelazadas. Sus miradas vacías surcaban un pasado ya recorrido sin apenas lamentarse de lo vivido.
Llevaban más de 50 años juntos y seguían queriéndose como el primer día, o eso les parecía. Se habían acostumbrado tanto uno al otro, que cuando uno falleciera, el otro sentiría la oscuridad de la muerte por compañera.

Pensaban equivocadamente que su existencia se había completado: se enamoraron, se casaron, viajaron mientras se sintieron con fuerzas, tuvieron hijos, los cuales les dieron nietos que a su vez tuvieron bisnietos, cuidaron de sus padres, trabajaron hasta que tuvieron edad de jubilarse y celebraron esos cincuenta años de convivencia con sus mejores galas.

Tras aquello, enfermedades, médicos, entierros, cansancio, dolor y una espera jamás deseada de dejar este sufrimiento para morar en lo desconocido.

Ella penetró en primer lugar en el reino de la quimioterapia, con sus engañosas promesas de salvación y con un contrato indefinido.
El silencioso sufrimiento de él y su mimetismo por la causa de su amada, le llevarían a él a vincularse también a los tratamientos oncológicos, como si dos ancianos no tuvieran derecho simplemente a vivir el resto de sus días tranquilos.

Menuda palabra: ¡tranquilidad! Ellos jamás se habían sentido así.

Cuando no se preocuparon por llegar a fin de mes, lo hicieron por sus hijos o por sus padres, o por aquel nieto que estaba de viaje o para que el contrato laboral de su yerno pasara de temporal a indefinido.

Así ha sido su vida realmente y ahora que probablemente creían haber aprendido la lección de vivir el presente, de ocuparse de las cosas sólo cuando fuera necesario para dar con la solución, el tiempo transcurrió.

¿Y ese fabuloso viaje a Paris? O ¿y aquel finde a Madrid en AVE? ¿Para cuando?
Siempre anteponíais a otros, os conformabais con imaginaros en un futuro realizando esos viajes.
El próximo año, cuando pase la revisión, …total para encontraros ahora frente a una pantalla de televisión encendida lamentándoos por lo que os está sucediendo, cuestionando si la enfermedad ha sido o no merecida dentro de vuestra creencia cristiana, entrando como única alternativa posible, de nuevo, una vez más, en la rueda de la quimioterapia.
¿No hemos aprendido nada en estos años? ¿No os sirvió el aviso de ella para cambiar vuestro pensamiento?


Estamos programados para temer la muerte, salirnos de la rutina, separarnos de los únicos seres que creemos querer.

No percibimos más allá y en la vejez nos sentimos abocados a la indefensión y al sufrimiento por la espera. Vivimos sin vivir, sin sentir pasar los días, sin ilusión siquiera pero aferrados a una vida sin vida.


Aquella pareja de ancianos se había dormido frente a la pantalla de su televisor. Un día más, esperando y temiendo, pero aferrándose a un cuerpo cada vez más deteriorado, no por el paso del tiempo sino por creer antes en la salvación del sistema sanitario que en la autosanación.

domingo, 9 de enero de 2011

Tiempo para ser felices




Cada época de la vida tiene sus satisfacciones y lo importante no es si ya eres mayor o todavía eres demasiado niño, sino lo verdaderamente importante es sentirse feliz e ilusionado por la vida.
Este camino es un sendero de aprendizaje donde absorbemos experiencias, vivencias que nos conducirán a un mayor conocimiento de uno mismo y su realidad. Este punto álgido suele llamarse Madurez.
A menudo cuando entramos en esta etapa miramos atrás para hacer balance de nuestra vida, de nuestros errores, de nuestras victorias, en definitiva, de lo conseguido.
No sé si es adecuado definirlo de este modo. Creo que lo positivo es que uno cuando alcanza el grado de madurez necesario mire atrás con satisfacción, con orgullo, entendiendo todas y cada una de las experiencias pasadas como necesarias para encontrarse en el punto actual. Nada ocurre por nada. Todo está totalmente calculado y todo tiene una razón de ser.
Cuantas veces luchamos contracorriente y ello nos hace sentirnos frustrados y fracasados, porque pensamos que erramos el objetivo. Ese sentimiento nos debilita e incide directamente en nuestra autoestima. Es importante que cada suceso vivido se sienta de forma positiva, a pesar a veces de no atender al propósito previsto.
Me explicaré, muchos de los eventos que suceden en nuestra vida no lo hacen tal y como “pensamos” que hubiéramos querido: aquella relación fracasada, aquel examen suspendido, aquel trabajo no adjudicado, aquellas oposiciones por las que tanto estudiamos, fallidas. Habitualmente esos sucesos no conseguidos se viven negativamente como “nuestros fracasos”.
Lo que os propongo es que los vivamos positivamente de un modo totalmente distinto. Si todo tiene una razón de ser, ¿no es posible que aquel logro no se consiguiera simplemente porque no estaba escrito que así fuera?Esta formulación no conlleva frustración y por ende, no hay incidencia negativa en la autoestima de cada uno.
El Universo conspira para que las cosas que en su día escribimos que viviríamos, se cumplan y a menudo al no recordarlo, cogemos caminos distintos a los que “teníamos” que coger.
La emoción sentida al “fracasar” nos vuelve infelices mientras que si la emoción que siento es comprensión por la manera en que las cosas se han torcido para que consiga lo que me propuse antes de nacer, seguiré sintiéndome feliz.
Hay muchísimas experiencias que quisiéramos borrar de nuestra mente, pero seguro que esas vivencias tuvieron que ser vividas para encontrarnos en el punto de vida en el que estamos. “Si aquel día no hubiera tenido ese accidente, me hubiera encontrado en clase cuando se produjo el atentado”, “Si hubiera aprobado las oposiciones no hubiera entrado a trabajar en el periódico donde te conocí” y así millones de casos.
La diferencia es que no siempre sabemos a qué nos condujo determinado “fracaso” pero ciertamente el simple hecho de pensar que tuvo su razón de ser ya es suficiente para sentirnos felices por seguir nuestro propósito de vida.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El Merecimiento





Érase una vez una jovencita a la que se le daban bien los estudios. No era especialmente exigente con ellos pero sabia que tenia cierta facilidad para sacarse los exámenes sin demasiados problemas. Sus padres eran trabajadores pero viendo esa facilidad en la niña, hicieron de más y de menos para poder pagarle unos estudios superiores. Laura, que así se llamaba nuestra protagonista, reflexionó sobre qué carrera estudiar; había que barajar posibilidades, en primer lugar, de satisfacción personal y ,en segundo lugar, y no menos importante, de supuesto bienestar económico futuro. El papel de la mujer habia cambiado en sus años de adolescente y no podía pensar en traspasar la responsabilidad de su futuro a aquel que fuera su esposo. Así, pensando y pensando, llegó a la conclusión que Derecho sería una buena elección. Pero tenía una pequeña pero no menos insignificante pega: a Laura no le gustaba dedicar "tiempo extra" a los estudios porque a ella también le agradaba salir y relacionarse con sus amigos, disfrutar de los tiempos de ocio. Así que desestimó la abogacía a pesar de esa magnífica serie que echaban por la "caja tonta" en la que una alocada y ensimismada abogada extremadamente delgada metía frecuentemente la pata en los lavabos unisex del despacho de abogados para el que trabajaba.
De nuevo Laura tuvo que acceder a su lista de posibilidades para barajar nuevamente otra elección. Recordó que siempre le habia gustado escribir, que antaño había escrito inclusive cuentos y al parecer según le había dicho su profesor de literatura, no se le daba mal. Pero los escritores no ganan dinero con lo que la supuesta "independencia económica" por ella deseada podría verse frustrada.
Pero ella era independiente y atrevida, así pues el Periodismo podría llevarla a otros paises, acercarla a otras culturas y vivir una vida de riesgos y libertad, pensó. En realidad, Laura no era ni tan atrevida ni tan independiente como pensaba, así pues la idea de cursar estudios de Periodismo rápidamente pasó a un segundo plano.
El padre de Laura estaba preocupado porque veía a su hija perdida, sabiendo que tenia que tomar una decisión importante que todos esperaban que no fuera equivocada. El futuro para los padres había sido tan distinto del que ahora podían darle a su hija que Laura sentía una terrible responsabilidad en tomar la elección adecuada.
Una noche cualquiera de un dia cualquiera una voz desde su interior le susurró que lo que ella verdaderamente quería era conocerse más a sí misma y con ello ayudar a las personas y en ese momento tuvo claro que tenía que elegir una profesión humanitaria. Barajó Medicina, Psiquiatria, Psicologia decantándose por esta última.
Los padres suspiraban, por fin Laura habia elegido, aunque hubieran preferido llamarla "Doctora" pero se sintieron igualmente orgullosos por haber contribuido a dar a su hija unos estudios superiores que le facilitaran el camino profesional que tan difícil parecía en esos días. ¡Ella reflejaría lo que ellos no habían podido ser!
Para Laura la vida tenía muchas maravillas que descubrir y entre ellas estaba el amor, que pronto emergería. Pero sus objetivos estaban claros y no quería depender económicamente de nadie, así es que terminada su carrera trató de labrarse un futuro laboral mínimamente estable pero sin grandes ambiciones porque Laura priorizaba otras cosas al adictivo poder. Laura era soñadora, idealista y apasionada, cuestionaba lo que para ella eran injusticias y no le preocupaba ganar. Ella necesitaba sentir la ayuda, sentir que su granito de arena mejoraba a alguien de su entorno. Y así pasaron los años, sin gruesas cuentas corrientes pero con grandes satisfacciones internas aunque también tuvo decepciones por esperar un mundo más justo que el que nos toca vivir.
Fueron unas oposiciones de joven, una plaza casi adjudicada en un Ayuntamiento, por mencionar algunas de sus "internas" frustraciones para culminar en obstáculos que siempre aparecían de un modo u otro en el camino que "supuestamente" se había marcado.
Laura se decía a sí misma que si ella se creaba su realidad porqué no había prosperado en aquello que consideraba era su mérito. Dos preguntas se daban forma en su mente: ¿Porqué se levantan esos muros que me imposibilitan el acceso que creo merecer? y ¿Qué necesito demostrar con ese merecimiento?
A Laura nunca le había preocupado realmente su posicionamiento. Su filosofía siempre fue la de vivir cada instante que nos conceda la vida y enriquecernos interiormente con lo que hacemos. Merecer o no merecer una posición laboral nunca fue su prioridad sin embargo siempre buscó ese merecimiento en esas oposiciones que jamás consiguió.

Una Laura madura sonríe cuando piensa en ello y entiende, al final, que erró en ese camino porque no era el que tenia que tomar por más que se sintiera frustrada cuando no conseguía el reconocimiento.
Algunas veces la vida nos pone trabas en aquello que consideramos es nuestra meta y lo hace porque en realidad no es eso lo que queremos aunque pensemos que sí.
Laura se habia pasado media vida tratando de formar parte de la jerarquía cuando no creía en ella. ¿Porqué no se había escuchado a sí misma en vez de perder tanta energía con cada intento y posterior fracaso?

A menudo como Laura hemos de preguntarnos para qué necesitamos conseguir ese reto que nos hemos marcado, somos realmente nosotros los que lo deseamos o esa compensación viene necesitada por algún componente externo no identificado. A quién deseamos agradar, quién obtiene la recompensa, los otros o nosotros.
Si no tememos escuchar nuestro interior, las respuestas apareceran y evitaremos un gasto de energía innecesario y una proliferación de emociones negativas que sólo recompensan a aquellos que se alimentan de ellas.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Loki




Naciste a primeros de agosto de unos excelentes padres, aunque por desgracia no pudiste seguir con ellos, imagino que eso a tí poco te importó. Como buen perro, lo único que deseas es una vida gratificante al lado de unos humanos que te cuiden, te proporcionen cariño, buenos paseos y lo más importante, ¡mucha comida!

Te recogimos dos meses más tarde, tras preparar tu nuevo hábitat y desde el primer momento te adaptaste a la perfección.
¡Qué diferente hubiera sido para nosotros esa adaptación si hubiéramos estado en tu lugar!
Tú sólo pedías atención y alimento y como recompensa podemos asegurar que darías tu vida por nosotros.

Algunas veces cuando estoy contigo te observo y me gusta lo que veo. Te siento feliz, alegre, loco y atolondrado cuando comparto mi tiempo contigo, y eso me place porque aprendo a quererte, a disfrutar de las pequeñas cosas, de esos momentos en los que comparto a tu lado.
¡Es tan fácil hacerte feliz! que me siento egoísta cuando me quejo, cuando exijo, cuando me frustro...

Rebosas entusiasmo cuando nos ves, cuando apenas estamos unos minutos a tu lado pendientes de un reloj que gobierna nuestras vidas humanas. Y tú, siempre esperas atento nuestro regreso, nunca te muestras cansado, decepcionado, rechazado, al contrario, siempre sabes darnos lo mejor de tí. Eso, querido Loki, lo valoramos y apreciamos y aunque sólo seas un perro, eres parte de nuestra familia como los peces del estanque o los pájaros que visitan nuestro entorno, construyendo sus nidos para pasar el invierno o tener a sus crías.

Cuanto más observas a los animales más aprendes valores como la lealtad o la tranquilidad, despertando en tí un sentimiento de gratitud que como humanos parecíamos haber perdido.

Gracias Loki por "casualmente" ser miembro de nuestra familia. Te queremos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Otro




El Otro lleva tanto tiempo conmigo que ni siquiera puedo pensar en mí sin él. Él me guía en todos los instantes de mi vida. Ha estado presente en mi nacimiento, cuando tuvimos aquel accidente en el que pensé que perdía a mi madre, en aquellos difíciles días en que me lo cuestionaba todo. Me ha acompañado en todas y cada una de las situaciones que la vida me ha dado, ofreciéndome en todo momento atención y cuidado. Tanto hemos vivido juntos que ahora se hace difícil prescindir de él.

El Otro es algo así como mi propio vestido, el ropaje con el que asisto a las representaciones de la vida, mi consejero que interviene para que mis decisiones sean acertadas. Ha estado tan pegado a mí, que ahora no sé si voy a poder.

El Otro me aconsejó cuando decidía qué profesión elegir, me susurró: "éste es el hombre adecuado" cuando decidí comprometerme, me hizo sentir que estaba preparada cuando tuve a los niños. ¿Vale la pena tomar el camino equivocado?

El Otro siempre ha sabido lo que era mejor para mí, me ha acurrucado en los sollozos y ha evitado que cayera por más de un acantilado, pero lo más importante de todo es que SIEMPRE HA PENSADO POR MI.

Y ahora me pregunto: ¿Es eso lo que en verdad quiero?

El Otro se viste de sabiduría para hacer que sientas su necesidad de existir. Critica tus decisiones alocadas para que creas que sin escucharlo estarás mal. Te hace sentir pequeña cuando teme ser descubierto.

El Otro vive de ti, vive tu vida enfundado en tu caparazón. Se coló junto a tu alma en el momento en que decidiste vivir una existencia terrenal y empezó a hablarte desde tu nacimiento. Su voz cada vez sonó más fuerte en tu interior y pensaste que ésa era tu alma. Pero no, era la del Otro.
Es un ser que habita en las tinieblas que rodean tu corazón, bloqueando que éste sea escuchado.


El día que despiertes y escuches verdaderamente tu corazón quedarás deslumbrada por los misterios de la vida, estarás abierta a los milagros y vivirás cada segundo de tu existencia con tal intensidad y plenitud que jamás sentirás el vacío que habita el alma humana.

Entonces reconocerás el tiempo perdido escuchando al Otro, dejando que él viva tu vida, limitando al máximo tus sentidos y verás que esas dudas que ahora albergas sólo son una manipulación más del Otro porque ahora sí ve con temor el fin de su existencia.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Sentir




Siento cómo el aire agita los árboles y al mismo tiempo noto su brisa fresca en mi cuerpo. Lo percibo porque quiero saber porqué nunca se detiene. Es curioso pero nos preocupan los dolores, las enfermedades, tratamos de preveer las situaciones embarazosas o alarmantes pero nunca cuestionamos ese AIRE que respiramos y que sin él no viviríamos.
Suponemos, es más, damos por hecho que él siempre está ahí, pero ¿nos preocupamos por sentirlo?

Nuestra vida desde nuestro inicio consciente tiene como objetivo final consolidar una serie de logros que creemos nos llevarán a obtener la apreciada FELICIDAD. Creemos que esa meta se consigue con perseverancia, una buena dosis de suerte y por supuesto, una infancia de “nubes de algodón” que alejara posibles traumas. Pero en realidad lo único que importa es nuestra actitud y nuestra responsabilidad en la vida que vivimos.
Uno es feliz si quiere serlo, si así lo elige, importando poco si tuvo suerte, sus padres fueron excelentes educadores o si tuvo buenas o malas compañías. Lo definitivamente importante es cómo sentimos lo que nos rodea, cómo nos desprendemos de lo que nos impide evolucionar.
Nos guiamos por lo que perciben nuestros sentidos y aquello que no vemos con los ojos, carece de importancia o no ha de ser tenido en cuenta porque no puede examinarse. Pero tenemos la capacidad de desarrollar otros sentidos internos que ampliaran nuestra visión del mundo y de nosotros mismos.

La naturaleza, la vida en sí misma, nos proporciona muchos elementos con los que sentir y a los que agradecer su existencia. Pero claro eso es demasiado ¿simple?
El mensaje que trato de transmitir es que siempre nos quejamos, nos sentimos frustrados, decepcionados, fracasados,… todos los demás tienen la culpa de nuestro malestar actual. Ellos son los culpables, nosotros estamos resentidos, pero todo ese diálogo que produce nuestro veneno emocional interno en definitiva se produce porque así LO ELEGIMOS. El dilema está en ser víctima o ser juez, inclusive puedo alternar ambos estados a lo largo de mi vida, ¿con qué finalidad? Pues la de pasar por la vida sin responsabilizarme de ella.
La vida ES UN REGALO que tengo que agradecer, las consecuencias de cómo elija vivirla repercutirán en TODOS, porque todos estamos conectados y sentimos la vibración negativo del otro.
El aire que respiramos y que nos permite sentirnos vivos es un regalo que despreciamos cuando nos sentimos paralizados, cuando nos perdemos en banalidades o cuando no despertamos al milagro que supone vivir.

Tenemos la responsabilidad de hacernos cargo de nuestra vida de la manera más positiva. No hay que desperdiciar nuestro tiempo, no hay que sufrir sino que hay que aprender a sentir a través de cada poro de tu piel.
Cada nuevo día nos trae nuevas sensaciones, experiencias que sentir porque ese es nuestro propósito de vida: ser capaces de vivir desde el corazón ahora que como almas estamos enfundados en estos densos cuerpos que olvidan fácilmente el poderoso huésped que los habita.

La identificación con tu esencia, con tu yo se sentirá más fácilmente si cultivas tus espacios de contemplación. Uno tiene que aprender a estar solo, a sentir la totalidad que lo conecta al resto de seres, desprenderse de aquellos hábitos nocivos que le hacen vivir en la polaridad o mantenerse anclado en emociones negativas.

No hay tiempo que perder, hay mucho por hacer, por ti y por el mundo que habitas. Cultiva la práctica diaria de las virtudes del corazón para enfrentarte a las inclemencias de la vida. Agradecer, sentir compasión, perdonar, mostrar humildad, valor o entendimiento tienen que usarse como poderosas armas para vencer la energía negativa. La práctica te llevará al uso normalizado y ello proporcionará bienestar a tu vida. Individualmente te sentirás más despierto, más vivo, más intuitivo, sentirás con más fuerza el poder que te corresponde. El universo vibrará con tu energía positiva y eso que te pareció en algún momento “algo simple” te darás cuenta que tiene una magnitud incuestionable.
Ya ves, percibir pequeños detalles como la grandeza de ese aire que nos permite seguir vivos cada día, es una realidad que hay que empezar a sentir y a agradecer. Si podemos elegir percibir la totalidad ¿porqué conformarnos con menos?

Frena el ritmo acelerado de tu vida diaria, abre tus sentidos y escucha cómo sus percepciones resuenan en tu interior. Esa es la clave para tu despertar y el de toda la humanidad.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Controla tu vida



La noche cae dejando entrever algunas estrellas en un cielo casi cubierto por las nubes, ésas que horas antes amenazaban lluvia pero que por alguna razón desconocida se abstuvieron. La mujer flirtea con el hombre pero éste no parece cerciorarse, prefiere contemplar el cielo que ceder a los deseos de ella. Malhumorada se aleja del jardín y entra en la casa, no sabiendo muy bien en qué ocupar la mente para distraerla de la frustración sentida. Mira el reloj del pasillo y se percata que aún queda hora y media para la medianoche, horario habitual para acostarse, así pues la alternativa queda desechada. Sube los 14 peldaños que la separan del piso superior donde se encuentra su querida buhardilla. Se adentra en ella y observa por un segundo las posibilidades que la misma le depara. Pero lamentablemente ninguna es tan atractiva como un rato de sexo con su pareja. Esa noche están solos. Los hijos se encuentran en el campamento de verano. Pero, a ver, piensa ella, hace ya una semana que se fueron y desde entonces ¿lo hemos celebrado especialmente? De nuevo la frustración hace mella en su interior dejando hueco para que se instale la rabia. De repente, como si no se hubiera dado cuenta de ello algunas preguntas empiezan a oírse ruidosamente en el interior de su cabeza, preguntas que abren dudas a su hasta el momento maravillosa relación de pareja.
¿Ya no me quiere? ¿No me desea igual que antes? ¿Habrá conocido a otra? Y bla, bla, bla. Consecuentemente, frustración y rabia tienen que contraerse para permitir que los celos tengan su espacio. Y como no, la poca confianza en una misma ceden el poder a esos interrogantes que acaban por nublar enteramente su mente.

Podemos rebobinar y ponernos en la mente del hombre, vislumbrando una escena adecuada para él. Tras una jornada de duro trabajo en aquella empresa a la que se siente atado tras tantos años de servicio y que poco le aporta actualmente, sólo piensa en llegar a su apreciado “universo local” y contemplar su creación junto con su esposa, la que probablemente le estará esperando en el porche junto con un par de bebidas frías para reducir la sensación de calor en este abrumador verano. Pero no, no sucede exactamente como él planea. En casa la mujer no parece entusiasmada con su llegada, se queja de que hoy ha venido demasiado pronto y a ella no le ha dado tiempo de todos los quehaceres que se había impuesto ese día. La frustración ahora ¿quién la siente? Por supuesto él, que anticipando esos pensamientos motivados por las suposiciones que lleva a cabo, termina frustrándose cuando lo esperado no se produce.

Todo se intensifica en décimas de segundo. En poco tiempo, episodios como los descritos, pueden provocarnos una terrible infelicidad.

Tratemos de analizarlo para entender el mecanismo que actúa en nuestro interior y justifica ese descontrol emocional:
Se inicia la situación frustrante a causa de una diferencia de opiniones. Ella desea tener sexo y él se encuentra ocupado contemplando el cielo. Él improvisa una tarde apacible con una bebida refrescante y la compañía de su mujer y ella lo considera inapropiado e inoportuno.

Quizás ella no ha sabido transmitirle adecuadamente su deseo o quizás él tenía que haberla llamado antes para expresarle sus intenciones. Pero ¿todo tiene que ser tan “poco espontáneo”?
En el primer supuesto, ambos disfrutan a su manera de esa noche solos. En cualquier caso, ella “supone” y por tanto “se frustra”. No empatiza, no comunica adecuadamente sus intenciones, vive con la creencia que sus deseos son órdenes. La espera siempre frustra.
En el segundo supuesto, la frustración llega cuando uno se percata de la poca sintonía que tiene con su pareja. Concluir eso está fuera de lugar, pero el ser humano es así. Las conclusiones apresuradas están en el orden del día.
En ambos casos la emoción negativa se alimenta de los pensamientos que rondan su cabeza. Esos interrogantes que toman forma en su mente los sucumben en una paralización emocional destructiva. Entran en un círculo obsesivo que daña su persona y el amor que sienten por sí mismos.



Pero ¿en qué momento se pierde el control? Cuando uno cede el poder de su vida al otro, a los hechos y a las suposiciones, cuando se toma cualquier evento como algo personal, cuando se juzga, cuando se culpabiliza y cuando utiliza las palabras en su contra.

La vida contiene muchísimas situaciones que generan reacciones en nosotros. La persona tiene que desprenderse de aquellos hábitos que hacen de ellos seres infelices porque necesitan la aprobación de los demás para sentirse bien y no siempre pueden tenerla.
Tenemos que querernos a nosotros mismos, querer igualmente a aquellos que comparten el mundo con nosotros, sentirnos cercanos a ellos y sobretodo no juzgarlos cuando hacen cosas que no entran dentro de los parámetros que nuestros progenitores nos transmitieron. Eso es el libre albedrío y eso también es saber empatizar con el otro.
Si entendemos que la diferencia entre ser felices y vivir insatisfechos depende única y exclusivamente de nosotros mismos, ¿por qué siempre acabamos eligiendo la desdicha?

Cuando elegimos un rol siempre nos va ser víctimas o jueces, ¿por qué simplemente no disfrutamos de la vida que vivimos, sintiendo cada segundo del momento presente y agradeciendo estar vivos?
Párate y piensa por un momento, qué hay más milagroso que engendrar una propia vida. La respuesta es sencilla, sentirse satisfecho por vivirla.

La moneda tiene dos caras, felicidad e infelicidad, tú eliges con cual te quedas pero no culpes a otros de tus desdichas. Tú creas tu realidad.

domingo, 16 de mayo de 2010

Dios mio ¡vivo en la polaridad!



Desde que nacemos nos enfrentamos a la polaridad, ¿seré niño o niña? Evidentemente es importante saberlo porque nuestros papás preparan la canastilla en tonos rosáceos o en tonos azulados.
Llegamos a nuestro nuevo hogar y ya se marcan las diferencias que nos acompañarán a lo largo de toda nuestra vida: si somos varones, tanto la ropa como la habitación será probablemente azul, si por el contrario, somos niñas, el rosa será el color que se elegirá. En la escuela siguen las diferencias: ellos juegan al futbol y son más violentos, ellas prefieran las muñecas y las cocinitas.
Triste reconocerlo pero somos nosotros mismos los que marcamos la diferencia desde el principio, y es que la raza humana vive en la polaridad desde sus orígenes: la bondad y la maldad, la riqueza y la pobreza, los nobles y los esclavos, los jefes y los empleados, las mujeres y los hombres, los niños y las niñas,... Pero el ser humano antes que cualquier clasificación dicotómica es: un ser único y especial sin atender a géneros ni a razas.
Nuestra esencia es pura y no responde a polaridades pero nuestro carruaje con el que nos paseamos por este planeta marca ya unas diferencias desde el inicio del viaje. A veces nos corresponden cuerpos atléticos, otras veces nos sentiremos víctimas de la injusticia cuando nos corresponda uno de defectuoso, unas veces seremos las reinas del baile y otras, simples peones. Nos parecerá que no elegimos pero lo cierto es que sí lo hacemos pero no lo recordamos. Creo que nos sucede como al astronauta cuando se pone su traje espacial, dejamos de oír lo que nos transmite nuestra conciencia y perdemos el propósito de nuestro viaje.Pienso que nuestra principal razón es la de vivir esta experiencia, la de siendo alma pura, sin atender diferenciación ninguna, convivir con el peso de la polaridad, y conseguir ser felices.
Si yo soy amor y sólo sé ver eso a mí alrededor, entrar en el mundo humano y vencer la batalla a la dualidad tiene que ser todo un reto y uno nada fácil. Para empezar, la sociedad gobernante marca las diferencias, crea las clases y busca en cualquier recoveco la polaridad. Te instruye en la competencia, en el liderazgo, en la obtención de poder. Te manda mensajes de caras bonitas, cuerpos perfectos y lujosos coches como iconos asociados al éxito, al poder personal, a la felicidad. ¡Qué gran mentira! El dinero no hace la felicidad porque el dinero es una gran mentira inventada por los que están en el poder para crear las diferencias. La felicidad está dentro de cada uno de nosotros, somos felices al sentirnos conciencia, al sentir la luz que emana de nuestro interior, al entender que no tenemos límites. La limitación la crea la sociedad, la crean aquellos que mueven nuestras fichas para provocar el caos en el que hemos convertido nuestro mundo.
¿Habéis pensado alguna vez porque existe la tristeza, el miedo, los celos, el enfado? Para crear polaridad. Somos almas puras de amor inmersas en un mar revuelto de emociones negativas. Navegamos contracorriente cuando lo único que tenemos que hacer es salirnos de la polaridad. Nuestro pequeñísimo grano de arena se reflejará en la totalidad, nuestra revolución sin armas se sentirá en otros corazones y por fin entenderemos que la clave para vencer este caos en el que hemos convertido la sociedad en la que vivimos es la de sentir la unicidad, la unión de todas las personas, sin atender a ninguna diferencia, porque nuestra esencia es pura y todos, absolutamente todos, provenimos de la misma fuente.
No hay que buscar justicia para compensar las injusticias, no hay que luchar al lado de los débiles para vencer a los más fuertes, no hay que vanagloriarse sintiendo el triunfo,…sólo hay que sentir indiferencia, neutralidad, porque “el lado oscuro”, aquel que crea polaridad se alimenta de nuestra energía, esa que derrochamos cuando competimos, nos lamentamos, nos culpabilizamos, criticamos, nos enfadamos, nos censuramos, nos mostramos cobardes, envidiosos, rencorosos. Recuerda que la polaridad no existe en realidad, es producto de este mundo para alejarnos de nuestra propia conciencia, de nuestro yo, porque si supiéramos quien somos en realidad, nada ni nadie podría mantenernos en la esclavitud en la que vivimos.
La peor arma son nuestras emociones, aquellas que se muestran vulnerables ante los acontecimientos. Practica el sentimiento de amor incondicional, elimina las diferencias, siente la unión con todos los habitantes del planeta y verás como ese granito de arena crea una realidad distinta.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Autoconocimiento




Laura sentía que necesitaba resolver aquellos acertijos que día tras día se le presentaban. En el trabajo, sucumbía ante el temor de las interminables interacciones que se daban cita a diario en su despacho; en casa, perdía la motivación que en su día le llevó a interesarse por ampliar sus estudios; en la relación con sus hijos, le invadía una sensación de indefensión al ver reflejada en sí misma aquellas actitudes que tanto odiaba de su progenitora y, sin saber porqué, ella repetía esas mismas equivocaciones que antaño le alejaron de su madre. Con su marido, no se sentía mucho mejor; él llegaba de su trabajo bastante cansado y no parecía demasiado predispuesto a recibir de parte de Laura determinadas “memeces”, vocablo usado por Roberto para definir los problemas que a ella le parecían importantes y que tenían que ver con sus emociones…
Así estaban las cosas y, precisamente aquel lluvioso día del mes de febrero, Laura se planteaba si era conveniente o no acudir a un “loquero” como así los llamaba.
Sentada frente al teléfono revisaba aquellos tantos números dispuestos al azar que le acercaban de la visita con un especialista. Quizás pudiera entender tanto entresijo de confusión que apenas la dejaba vivir, pensaba.
Hacia años que Laura se definía a sí misma como una superviviente y, curiosamente ahora al recordarlo, se reía para sus adentros. Realmente poco tenia de superviviente, más bien se acercaría mejor denominarse “eternamente dormida”. Un superviviente es aquel que sobrevive a los conflictos, a los malestares, pero ella no estaba sobreviviendo, estaba aletargada, asustada de despertar a su conciencia, pero al mismo tiempo necesitada de salir de ese eterno dormitar.
Ensimismada en esos pensamientos, una voz le sorprendió al otro lado del aparato:
-Aquí la consulta de la Dra. Julia Humbert, ¿desea que le demos hora?
Y sin tiempo a decidir, Laura se encontró anotando en su agenda una cita para ese mismo día.

Horas más tarde, en la consulta de Julia, ésta se preparaba para la apretada agenda que le esperaba y repasando los nombres ya habituales, se percató de aquel nuevo, Laura Ibáñez, una primera visita.
“Cada vez más personas perdidas” pensó Julia.
Antes se encontraba con depresiones, ataques de ansiedad, fobias diversas… pero desde el inicio de este nuevo año, sólo le aparecían casos de gente pérdida, confundida, que luchaba entre lo que suponía el despertar para sus viejas y cerradas creencias y el estado cataléptico impuesto desde fuera por la sociedad que nos gobierna.
Cuando llegaban a la consulta esos seres se preguntaban de forma inconsciente si preferían tener su mente controlada o bien tomar las riendas de su vida y con ello asumir el poder que les corresponda.
Podría parecer fácil la decisión y de hecho así lo fue en su día para Julia pero no todas las personas disponían de la claridad de conciencia que sentía ella. Como decía un buen amigo “Prefiero que me llamen loco y estar despierto que seguir dormido pero ser considerado normal”.

Laura llegó unos minutos antes a la cita, se encontraba nerviosa, no sabía muy bien porqué. Su marido la había llamado hacia apenas media hora y ella había obviado, conscientemente, comentarle lo de su cita. Probablemente no lo hizo porque él jamás lo entendería. Para Roberto, la vida era apasionante: futbol, televisión, partida de tenis, negocios, viajes y cuando se dejaba ver por casa, por supuesto, nada de ruidos que dificultaran su “relajada” existencia. Así estaba la pobre Laura que tenia que lidiar ella solita con esa pareja de hijos tan maleducados que les había tocado sufrir, manteniendo la falsa armonía bajo control para no desestabilizar el caparazón familiar.
Víctima de un trabajo funcionarial que la aburría horrores, casada con un hombre al que no amaba ni apenas soportaba, madre de unos niños desapegados pero cruelmente caprichosos, a los que nunca había sabido educar, posiblemente invadida por un sentimiento de culpa generado por su carencia de afecto hacia ellos.
Víctima sí pero también indefensa, sin armas con las que enfrentarse a su vida ni un segundo más.

-Buenas tardes, Laura. Mi nombre es Julia y voy a ser tu terapeuta. Me gustaría que una vez acomodada trates de contarme de la forma más clara posible, qué te ha llevado hasta aquí. ¿Qué te preocupa, Laura?

Laura miró aquel rostro angelical que tanta paz le trajo repentinamente a su inquieto espíritu.
El silencio no incomodó a ninguna de las mujeres. Laura saboreaba la sensación y Julia sabia tolerar esos espacios de reflexión.

-Vivo dentro de un caos y no sé cómo salir de él – dijo Laura rompiendo así la calma que invadía aquella sala.

Con estas primeras palabras, nuestra protagonista inició una relación transferencial que la llevó a conocerse a sí misma, pasando por muy duros momentos en los que a punto estuvo de no volver a visitarse. Cada sesión era un conocimiento más profundo de su ser, con ello, reconocerse a veces débil, otras veces ruin, otras frustrada. Pero todos y cada uno de esos sentimientos, todas esas emociones sentidas en algún momento formaban parte de ella y no por eso debía menospreciarse.

Aprendió mucho de esas sesiones pero lo más importante es que llegó a conocerse a sí misma, lo que le ofreció la oportunidad de romper las cadenas que le ataban a lo ingrávido, a lo paralizante. Despertó a lo genuino, a su conciencia, a su sabiduría y con su despertar, ayudó a otros que seguían dormidos.

viernes, 22 de enero de 2010

La muerte




Hace unos cuantos años escribí sobre ella. Era la primera vez que abiertamente declaraba mis temores, aquellos que me habían acompañado durante tantos años y al mismo tiempo, recordaba un episodio de mi vida que despertó en mí unas sensaciones nuevas que restablecieron todo mi sistema de creencias al respecto.
Ayer, sin ir más lejos, encontraba unas líneas de lo que escribí entonces:

“…Crecí con temor y el paso a la madurez me ha hecho empezar a querer entenderla, incorporándola en mi visión de la vida. He comprendido que en el pensamiento se alberga la clave para una mente sana e intento a lo largo de mi vida incorporar pensamientos positivos que me ayuden a evitar frustraciones o malestares. Frente a cualquier situación lo peor que puede pasar es la propia muerte y ello es un hecho totalmente natural, con lo cual son innecesarias emociones tales como ansiedad o depresión.”

Estas palabras actualmente sirven de argumento para el trabajo con ancianos, con personas cercanas a la experiencia de muerte para mejorar su calidad de vida.
Repasando nuevamente aquel artículo encuentro conceptos a tener en cuenta cuando hablamos de la muerte:

“Es un proceso natural que nos conduce a un nuevo despertar, porque hay algo en tu interior que así te lo dice y que llamamos alma, aquella que alberga tu cuerpo físico y que es invisible y adimensional. Este pensamiento proporcionará seguridad y mantendrá alejado el miedo a esa misteriosa experiencia.”

La muerte es un proceso natural.
Nacemos sabiendo que pereceremos. Esta es la ley de la vida humana y lo refiero de este modo “vida humana” porque más allá de nuestro cuerpo físico (vehículo, si lo prefieres) tenemos un alma que es nuestra verdadera esencia. Por tanto la muerte es la finalidad del cuerpo elegido en ese renacer.

Ansiedad y miedo son las emociones que reflejamos ante la posibilidad de morir. Son sentimientos que invalidan, que paralizan creados desde nuestro pensamiento irracional y dañino.


La razón básica de tu ansiedad en relación con la muerte es el hábito de toda una vida de creer que tu cuerpo eres tú. En realidad eres una mente consciente que habita en un cuerpo.

El miedo a la muerte inhibe nuestra vida porque muchos actos no se realizan pensando en el peligro que comportan. Nos volvemos débiles, catastróficos porque no entendemos con qué medida se toma la gran decisión de despojarnos de nuestra vida, creyendo a menudo que no es justo. Nos pasamos media vida invocando el perdón de un Dios o resolviendo antiguas culpas para así disponer de la concesión de más tiempo. Pero, ¿tiempo para qué? Para que nuestro cuerpo agotado siga viviendo esta realidad.

La muerte forma parte del proceso de la vida.
Pocas personas llegan a aceptar la muerte como un proceso natural y normal en la vida y aquellas que lo consiguen, probablemente tengan una vida más feliz.

La ansiedad que sentimos a lo largo de nuestra existencia física en torno a esa experiencia, tiene que ver con la falsa creencia de que somos eso que vemos reflejado en un espejo y, “eso” se lastima, se hiere, se arruga y desaparece vitalmente.

Nuestro principal problema es que todavía no hemos asimilado la idea de que tan sólo es nuestro caparazón el que muere, es decir, el cuerpo o forma que adquirimos al presentarnos a los demás mortales. Nosotros somos una mente consciente habitando un cuerpo y por ello hemos de entender que aunque el cuerpo se extinga con el proceso de la muerte, la mente que lo habitaba sigue su camino en la eternidad del Universo.

Recuerda que nada es horrible ni intolerable en sí, sino que son sus ideas irracionales las que se lo hacen creer así.
Lo peor que puede pasarnos ante un acontecimiento es que terminemos muriéndonos. Pero eso mismo es completamente normal y nos llega tarde o temprano a todos.
¿Por qué pues alterarse y deprimirse ante lo que, después de todo, no es más que normal?

martes, 22 de diciembre de 2009

Desde mi corazón





Laura reflexionaba sobre los acontecimientos de ese día mientras conducía por aquella carretera que tantas veces recorrería. La mañana había transcurrido sin numerosos desasosiegos salvo por el maldito temporal que acechaba el cielo sin detenerse en contemplaciones. El sol tímidamente se dejaría ver temprano para a media mañana esconderse tras los malhumorados nubarrones que presagiaban intensa lluvia.

Aquel día, Laura tenía planeado recorrer cerca de 70 kilómetros para comer con sus padres, a quienes tenía algo olvidados. Nunca quiso obligaciones y desde jovencita sintió que tenía que alejarse de ellos, como si la cercanía le produjera malestar.
Muchas veces analizaba su aparente frialdad ante el supuesto lógico vínculo familiar, que nuestra sociedad impone y siempre concluía que ella era "rara" porque no los necesitaba ni sentía la preocupación por saber de ellos.
Antes de este último año, era su madre la que la llamaba para saber de Laura. Eso a ella la agobiaba porque necesitaba escapar a su "supuesto control". Ahora las cosas habían cambiado mucho desde su enfermedad... aunque el escaso vínculo para con ellos seguía existiendo como antaño.
Hacía poco menos de un año que a su madre le habían diagnosticado un cáncer y Laura sentía que tenia que preocuparse más por ella. Al principio estuvo a su lado, sobretodo porque veía a su padre cansado y temeroso por la posibilidad de perderla pero también porque creía que quizás ahora podrían estar más cercanas madre e hija. Desde luego, Laura, fiel seguidora de la teoría que todo sucede por alguna razón, pensaba que el cáncer cumplía una función en su madre, avisarla que tenía que vivir más en el presente y pensar más en ella y no tanto en las autoobligaciones que se habia impuesto a lo largo de sus 70 años.
Pero fuera o no fuera cierta esa funcionalidad, lo que ahora Laura tenia claro es que en cualquier caso su madre no había entendido nada y aunque días atrás se lamentara de que así fuera, ahora, con otra perspectiva, se compadecía con cariño de su madre. Sucede a veces que desde fuera contemplamos estupendamente determinada escena, pero precisamente, necesitamos salirnos para verlo claro. No hay que juzgar, simplemente hay que ponerse en el lugar de la otra persona, siendo ella con sus creencias, con sus valores, para entenderla.
Hoy, sin ir más lejos, cuando Laura le dijo "Tú tienes el poder para luchar contra esta enfermedad" a lo que su madre respondió "Díme donde está ese poder que yo no lo sé ver", ella supo comprender que esas palabras tan lógicas en su mente eran un puro galimatías para su madre. La decepción de antaño pasó a comprensión actual. Hay que entender y compadecerse de aquel que no está en disposición de aceptar ese conocimiento.

Laura sonreía feliz al recordar el rostro de su abuela cuando la había visto aparecer por su habitación en la residencia que ocupaba desde ya hacía... ¿tres años? Curioso el dato porque precisamente Laura fue quien consiguió esa plaza pero nunca la habia ido a visitar allí. En estos últimos tres años, la habría visto a lo sumo cuatro veces; la última, la recordaría claramente su abuela, "el 4 de noviembre de 2008" le había dicho, sin que su tono de voz reflejara crítica o reproche alguno. Laura no sabía porque motivo había elegido el dia de hoy para verla,... quizás sentía que el recuerdo de su rostro se desdibujaba y necesitaba volver a contornearlo antes que fuera demasiado tarde. Estaba claro que habia valido la pena, la sensación de satisfacción que le transmitiría su abuela y de paz, sobretodo de paz, como si interiormente una voz le susurrara al oído "Ahora ya puedo morir".
Esos escasos quince minutos en esa habitación se sentían eternos para Laura por la plenitud que la experiencia le aportaría. La conversación mantenida con aquella mujer de 93 años, tan lúcida, recordando aquellas personas importantes para Laura, su tranquilidad, su sosiego, su cercanía, su comprensión, la calidez de sus frágiles manos,...

Mientras se acercaba a la urbanización donde residía, transcurridos los 70 kilómetros que distaban de la ciudad, Laura agradeció ese día, en el que a pesar de no contemplar apenas el sol, las pequeñas nebulosas que entorpecían a menudo su mente desaparecerían dando paso a una sensación de bienestar que eclipsaría cualquier duda o temor. Una sonrisa de comprensión iluminaría su rostro entendiendo ahora aquella frase que así reza: "La vida tiene pequeños milagros en las cosas más insignificantes, sólo hay que atreverse a observar y contagiarse del milagro"

lunes, 14 de diciembre de 2009

Un espejo al mundo




Elena se sentía bella. Había llegado a la cuarentena pero sus rasgos mantenían la textura de su juventud. Apenas discretas arrugas se agrupaban alrededor de aquellos avispados ojos negros que a tantos hombres habían enamorado.
Aquella mañana mantenía su mirada atenta hacia su persona. Sabía que lo que veía seguía siendo bello pero sin embargo algo en sí misma le decía que no era así.
“Esa maldita vocecita que tanto me hace dudar” se decía mientras seguía atrapada ante ese espejo. Parecía querer traspasarlo o quizás esperar a que el tiempo se detuviera y le diera una respuesta a esa inquietud que le quemaba el alma.
Tenía todo lo que una mujer podía desear: fama, belleza, inteligencia, un hombre adorable a su lado y unos hijos maravillosos. Los años de duro trabajo habían quedado atrás y ahora era cuando podía recibir la tan preciada recompensa: su felicidad. Había, de todas formas, alguna cosa que ensombrecía su alma y muy a su pesar, no lograba adivinar el motivo.

Como Elena, muchos de nosotros, los humanos, sentimos un terrible vacío que nos azota hasta el fondo de nuestro ser. Aparentemente lo tenemos todo pero seguimos sintiendo que algo nos falla.
Como Elena, muchos de nosotros, los humanos, nos quedamos atrapados frente a nuestro espejo, contemplándonos, pero no como Narciso admirando la propia belleza sino tratando de atravesar el alma.

Nuestra alma se halla prisionera en el fondo de nuestros corazones y cubierta de multitud de edredones que la protegen de la frialdad de su cobijo al tiempo que la aíslan de nuestra persona. La distancia proporciona el olvido.

El espejo no refleja el alma, así es que por más que tratemos de recordarla no lo lograremos simplemente con permanecer atentos a su transparencia.
El alma se funde en eco en nuestros corazones, sólo hay que escucharlos para oír como nos habla, como se queja mientras nosotros, esos cuerpos bellos y humanos nos perdemos en las banalidades de nuestras vidas pobres de espíritu aunque ricas de materia, de Ego creyendo que ese quizás sea nuestro propósito en la Tierra.

jueves, 21 de mayo de 2009

La felicidad: Mito o Realidad




Hoy me gustaría hablar de ese concepto llamado felicidad tan difícil de conseguir.En realidad la encuentra quien busca en su interior porque la vida demasiadas veces se nos muestra ingrata. El entorno a menudo se torna hostil y esa hostilidad daña nuestra capacidad de razonamiento. Nos dejamos llevar por las emociones, no siempre buenas amigas, que tiñen de odio nuestras relaciones.

¿Porqué el ser humano es tan adicto a la infelicidad con lo fácil que sería jugar a ser feliz?

Continuamente intentamos pensar en positivo, gozar de nuestra existencia pero algún pequeño imprevisto nos entorpece el entendimiento.
La vida sin las relaciones no tendría demasiado sentido; nos necesitamos los unos a los otros pero a la vez parece que queremos hacernos daño. Nuestra negatividad traspasa cualquier señal de esperanza y para cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde para tirar atrás y enmendar lo acontecido.
Vivir ya es difícil de por sí pero nosotros con nuestras limitaciones mentales potenciamos esa dificultad.
Soñamos con imposibles que jamás llegan a hacerse realidad porque siempre esperamos demasiado de la vida. Vivimos en un mundo de continua necesidad, dependiendo por completo del entorno para conseguir la tan anhelada felicidad, cuando si nos paráramos a pensar descubriríamos que no necesitamos nada más que nuestro propio equilibrio para ser felices.
Nadie puede dañarnos si nosotros no se lo permitimos, ninguna situación por difícil que sea tendría que enturbiar nuestro juicio positivo, porque cada uno de nosotros posee la capacidad de elección y el ser humano inteligente elige vivir felizmente.
Incluso el pobre viviendo en la misma miseria puede creerse el rey porque ha escogido la felicidad como manera de vivir. Todo depende de la forma en que vivas en tu interior tu propia existencia.

Recuerda que son tus pensamientos los que dirigen tus emociones y unos pensamientos positivos conducirán siempre hacia sentimientos gentiles.

El problema del ser humano es que padece de insatisfacción desde que nace y pretende compensar ese déficit con las relaciones que establece con su entorno y he ahí donde se equivoca.
Las relaciones nos proporcionan estabilidad al tiempo que conocimiento, autoestima al tiempo que convivencia, pero nuestro propio equilibrio tiene su base en nuestro interior, en nuestro propio yo.
La felicidad existe en cada uno de nosotros, en cada parte de nuestro ser, pero hay que atreverse a saborearla, a sentirla, sin miedo a ser tachados de egoístas.

La felicidad está en cada pensamiento, en cada palabra expresada, en cada átomo de nuestra existencia, sólo tenemos que abrir nuestro corazón para poder encontrarla.