sábado, 8 de agosto de 2009

Hasta siempre Xevi



Quiero dedicar esta entrada a un buen amigo que ha perdido la vida estos días. Su destino estaba ya escrito en algún manuscrito y él mismo presentía que ése, casi seguro, iba a ser su final. Lo supo desde el día que sintió atracción por esa "amante misteriosa", aquella que te conduce irremediablemente hasta extraer de tu interior todo tu ser.

Esta misma semana supimos de esa trágica noticia, ésa que esperábamos desde el mismo día que te perdimos la pista, aquellos que te dimos un lugar en nuestros corazones, aquellos que confiamos y apostamos por un destino distinto para tí. Pero lamentablemente la misteriosa dama blanca ganó la batalla y se llevó tu alma atormentada.

Saboreaste unos meses la felicidad, el perdón, la confianza de los tuyos, la comprensión en los ojos de los que te querían, y, lo más importante, el poder del amor a tí mismo y así, lo expresaste en estas palabras legadas:

"...he crecido como persona, por eso me siento orgulloso...de cada lección vivida se puede sacar una lectura positiva...hoy me marcho para seguir trabajando, contento y con una sonrisa en los labios.."

Iluminaste nuestros corazones con la ilusión de un nuevo inicio y aunque el deseo no prosperó en tí, sé que durante ese espacio de tiempo sentiste que tu vida tenia un sentido.
Espero que allá donde estés te sientas finalmente feliz...

Xevi, siempre te recordaremos!

sábado, 20 de junio de 2009

Premio a la glamourosa



Gracias a mi querídisima amiga Any por este maravilloso premio que recibo con cariño y entusiasmo tras muchos días de descanso y pocas ganas de "currar".

Ahora tengo que contestar el cuestionario que espero satisfaga el cotilleo de todos los amigos bloggeros. Ahí vamos,

Mania: Elegir una de las tantas que tengo es difícil pero lo intentaré. Dicen que busco el orden, yo creo que no es exactamente así, lo que ocurre que me gusta ver las cosas en su sitio (es algo distinto). Pienso que el problema lo tenemos cuando la estructura de orden no coincide entre las personas que conviven. Yo dispongo un lugar para las cosas y si otro las pone en otro lugar eso me desconcierta.
Pecado Capital: La lujuria, sin duda, jeje!
Mejor olor del mundo: El olor que desprende la hierba, el césped al regarse.
Si el dinero no fuera problema: Conduciría un descapotable rojo y me hubiera ido a vivir a Australia, seguro. Por supuesto, no trabajaría pero me dedicaría a ayudar a los que lo necesitasen, tipo asociación Vicente Ferrer, creo que eso tiene que ser muy gratificante. Poder gastar sin tener que pensar si puedes o no permitírtelo debe ser todo un placer.
Recuerdos de la infancia: No tantos como me gustaría. Recuerdo como me gustaba jugar con recortables que yo misma dibujaba, las meriendas que me preparaba mi madre mientras veía "Mazinger Z", lo bien que me lo pasaba con mi amiga Elena, de más pequeñita, o África, ya un poquillo menos niña. Era muy traviesa. Recuerdo no poder parar de reír en plena clase cuando la monja que nos daba "Ética" contaba cualquier chorrada y ella acercándose y perdiendo los papeles me increpaba que parara de reir y cuando más lo pedía menos podía hacerlo.
Habilidades como ama de casa: Francamente pocas, pero a destacar la cocina. Se me dan bien los canelones, la paella, los macarrones con alas de pollo, el pollo a la cerveza, los espaguettis carbonara,... por enumerar algunos platos. Detesto la plancha así es que tiro mucho de la secadora que deja la ropa bastante "arregladilla" y así menos agobios.
Lo que menos te gusta hacer en casa: Los cristales, el polvo, básicamente. Cuando ya no queda otro remedio, lo hago, pero no me gusta.
No habilidades como ama de casa: Planchar, seguro, inclusive con super planchas me quedan arrugas, ¡ufff!
Una frase: Van a ser tres : "Nadie merece tus lágrimas y quien las merezca no te hará llorar" Gabriel Garcia Marquez. "La felicidad se encuentra dentro de uno mismo" la escuché decir hace tiempo y a mi me sirve. "La vida avanza inexorablemente..." creación de mi marido que algunas veces utilizo.
Paseo para el alma: Una noche estrellada o una noche a la luz de la luna.
Paseo para el cuerpo: Un rato de sol en top less en mi tumbona y en mi jardín.
Perfume que uso: No me suelen gustar muy fuertes, así es que me declino por aguas frescas como la Eau de Rochas, aunque cuando el presupuesto no llega, Azur ya me gusta.
Perfume para él: Paco Rabanne pour homme es sensual aunque la fragancia del propio cuerpo tras la ducha es única.



Bueno espero no haberos decepcionado demasiado con estas respuestas y Any a tí decirte que me ha encantado que me consideres glamorosa.
Felicidades a todas las glamorosas!!!!!

lunes, 1 de junio de 2009

El manejo de las emociones en los desórdenes alimentarios





Sus lágrimas se calmaban ante la copiosa bollería que había acumulado en la última salida y, en menos de diez minutos había podido con un ejército de calorías.

Clara se embotaba de comida para suplir la necesidad de contacto que corría por su grueso cuerpo. No dejaba que sus emociones salieran a la luz y las tapaba con esos atracones bulímicos. Luego, no vomitaba pero se sentía terriblemente culpable,...

* * *

Los llamamos trastornos alimentarios y los más conocidos son la Bulimia y la Anorexia.
Las personas que sufren dicho tipo de trastornos tienden a negar sus propios sentimientos y en el transcurso de la terapia se trata principalmente de aprender a sentir las propias emociones, a elaborarlas. Se trabaja con los pensamientos que invalidan, paralizan la expresividad de dichas emociones, pensamientos negativos e irracionales que causan dolor en la persona que los experimenta.

Algunas de las distorsiones cognitivas que podemos encontrar comúnmente en ambos trastornos son:

•Generalizan partiendo de un aspecto parcial.
•Necesidad de incorporar rituales o rigidez de normas en sus pensamientos.
•Magnificación de consecuencias negativas, es decir, piensan que si sólo comiendo algo insignificante han aumentado rápidamente de peso, nunca podrán comer normalmente como lo hacen el resto de las personas.
•Pensamiento dicotómico, es decir tipo “todo o nada”.
•Ideas autoreferenciales como por ejemplo: “Parece que todo el mundo se ha dado cuenta de lo asquerosa que soy con la comida”.
•Ideal de imagen corporal irreal.
•Responsabilizan al propio cuerpo de cualquier fallo, desengaño o insatisfacción que reciban del entorno.
•Interpretación del pensamiento (distorsión muy típica cuando existe inseguridad o desconfianza en el propio talento o recursos).
•Se usan con exagerada profusión los “nuncas” o los “siempres”.

Una base importante, como siempre, se halla en la propia autoestima. El o la bulímica se siente “asqueroso” porque no posee control sobre su propio cuerpo ni mente dejando que el primero se transforme a cada paso que avanza el desorden. Se sienten en profunda y constante irrealidad porque su propio yo amenaza continuamente con sus cambios físicos. Tanto la bulímica como la anoréxica identifican su autoestima con la del propio cuerpo y como poseen una alteración en la percepción y valoración corporal, éste se vive negativamente.

No pueden permitirse mantener relaciones interpersonales demasiado íntimas porque ello podría delatar su “repugnante” e incontrolable comportamiento. Se mantienen en continuo aislamiento para preservar su imagen externa pero dicha constante soledad les lleva al “atracón” para paliar el sentimiento evocado.
Huyen y huyen pero la obsesión por la comida les persigue porque se halla en sus pensamientos, en su interior.

La obsesión es la principal característica del pensar bulímico y del anoréxico. En la bulimia la persona que la padece puede llegar a obsesionarse con la idea de comerse todo un arsenal de alimentos ricos en calorías; lo planeará, meditará de forma rigurosa y obsesiva como si de un ritual se tratara. En la anorexia, la obsesión se centra en la cuenta mental de calorías de todos los alimentos.

Finalmente ambas se sentirán incómodas con su propio cuerpo, una porque su autoimagen está alterada y la otra porque se siente demasiado cambiante.
Una perfeccionista y exigente al máximo se obsesionará con el control y la otra, autodestructiva negará cualquier expresividad de su persona con alimentos lo cual la culpabilizará como si del mayor crimen se tratase.

Ambas se relacionan inadecuadamente con la comida, no encontrando una manera saludable de funcionar en su entorno. Anoréxica o bulímica aprenden con la manipulación de la comida o del propio cuerpo a enfrentarse con las situaciones que se les presentan. Una manera poco saludable que les conduce a un trastorno grave que puede causar la muerte en quien lo padece.

jueves, 21 de mayo de 2009

La felicidad: Mito o Realidad




Hoy me gustaría hablar de ese concepto llamado felicidad tan difícil de conseguir.En realidad la encuentra quien busca en su interior porque la vida demasiadas veces se nos muestra ingrata. El entorno a menudo se torna hostil y esa hostilidad daña nuestra capacidad de razonamiento. Nos dejamos llevar por las emociones, no siempre buenas amigas, que tiñen de odio nuestras relaciones.

¿Porqué el ser humano es tan adicto a la infelicidad con lo fácil que sería jugar a ser feliz?

Continuamente intentamos pensar en positivo, gozar de nuestra existencia pero algún pequeño imprevisto nos entorpece el entendimiento.
La vida sin las relaciones no tendría demasiado sentido; nos necesitamos los unos a los otros pero a la vez parece que queremos hacernos daño. Nuestra negatividad traspasa cualquier señal de esperanza y para cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde para tirar atrás y enmendar lo acontecido.
Vivir ya es difícil de por sí pero nosotros con nuestras limitaciones mentales potenciamos esa dificultad.
Soñamos con imposibles que jamás llegan a hacerse realidad porque siempre esperamos demasiado de la vida. Vivimos en un mundo de continua necesidad, dependiendo por completo del entorno para conseguir la tan anhelada felicidad, cuando si nos paráramos a pensar descubriríamos que no necesitamos nada más que nuestro propio equilibrio para ser felices.
Nadie puede dañarnos si nosotros no se lo permitimos, ninguna situación por difícil que sea tendría que enturbiar nuestro juicio positivo, porque cada uno de nosotros posee la capacidad de elección y el ser humano inteligente elige vivir felizmente.
Incluso el pobre viviendo en la misma miseria puede creerse el rey porque ha escogido la felicidad como manera de vivir. Todo depende de la forma en que vivas en tu interior tu propia existencia.

Recuerda que son tus pensamientos los que dirigen tus emociones y unos pensamientos positivos conducirán siempre hacia sentimientos gentiles.

El problema del ser humano es que padece de insatisfacción desde que nace y pretende compensar ese déficit con las relaciones que establece con su entorno y he ahí donde se equivoca.
Las relaciones nos proporcionan estabilidad al tiempo que conocimiento, autoestima al tiempo que convivencia, pero nuestro propio equilibrio tiene su base en nuestro interior, en nuestro propio yo.
La felicidad existe en cada uno de nosotros, en cada parte de nuestro ser, pero hay que atreverse a saborearla, a sentirla, sin miedo a ser tachados de egoístas.

La felicidad está en cada pensamiento, en cada palabra expresada, en cada átomo de nuestra existencia, sólo tenemos que abrir nuestro corazón para poder encontrarla.

jueves, 14 de mayo de 2009

La importancia de vivir



Un 30 de noviembre Juan ingresó en la sala de desintoxicación del Hospital del Mar de Barcelona. Eran las 10 de la mañana y puntualmente se hallaba en la puerta de acceso en espera de que procedieran a su registro, cosa habitual el primer día de ingreso. Media hora antes había consumido algo de heroína para despedirse. Ingresaba porque su relación con la droga era imposible de romper necesitando un entorno controlado donde llevar a cabo la desintoxicación.

María, la enfermera de guardia, le atendió sobre las 10.10 horas de la mañana. Pasaron a un despacho donde le hizo una serie de preguntas para rellenar el formulario de ingreso. Más tarde, pasaría visita con el médico y el psicólogo del hospital.

María fue quien le presentó al resto de los pacientes, aquellos que serían “su familia” en los próximos 15 días. Algunos llevaban unos días de ingreso, otros entraron ayer mismo y uno solo, Raúl, sería dado de alta al día siguiente por la mañana.

Esa era la rutina diaria de la sala de desintoxicación hospitalaria, ingresos y altas. Si se hubiera fotografiado a Raúl el día que ingresó y ahora se comparara con su aspecto actual uno pensaría que en esa sala se obraban milagros. El reflejo de un alma siniestramente absorbida había desaparecido.

Visité a Juan junto con el Dr. Pardo sobre las 12 de la mañana. La última toma ingerida todavía se hallaba presente obnulando su conciencia. Responder a las preguntas era sumamente difícil y dejamos esa primera entrevista sin completar.

Le comentamos que al día siguiente le harían una analítica completa para determinar algunos parámetros tan interesantes como el Virus de la Inmunodeficiencia adquirida. Por aquel entonces V.I.H. y heroína solían ir de la mano bastante a menudo.

Juan insistió en no querer saber el resultado pero le dijimos que tenía todo el derecho de saberlo y nosotros la obligación de comunicárselo.


Esa era la parte que más odiaba...

“Lo siento pero tienes los anticuerpos del Sida. No te preocupes, la ciencia avanza mucho y seguro que encuentran el tratamiento adecuado. No significa que vayas a morir, sólo ya tienes algo porque luchar, por lo que cuidarte, para alejarte definitivamente del mundo de la droga”.

Parecía un discurso aprendido que debía repetirse, una y otra vez. Lo peor de todo es que de alguna manera sentía que les engañaba porque la realidad es que desconocía su esperanza de vida, aunque así les profetizara. Lo único ciertamente válido es que esos resultados indicaban una gran verdad: estaban infectados, tocados por la muerte, ahora que trataban de rehacer su vida, ahora que por primera vez sí parecia importarles vivir.

La parte de la sala de desintoxicación era como un primer estadio en la trayectoria de una vida.
La última etapa yacía en la novena planta, en unas habitaciones con el indicativo “Entrar con mascarilla” en la puerta para proteger al paciente que las habitaba de contagio por gérmenes.
Esa planta albergaba únicamente pacientes terminales de SIDA. Día sí, día no, limpiaban a conciencia una habitación tras haber evacuado el cadáver del sufrido infectado.




En vida eran muertos pendientes de sacar su último aliento. Tras las puertas, rostros calavéricos, sollozando el silencio sin más deseo que terminar con esa vida sin vida.

Cuando subíamos a visitarlos la incógnita a resolver era conocer cuántos de aquellos enfermos visitados apenas dos días antes, seguían vivos. Algunos todavía no habían llegado a cumplir los 25 años y en esa corta estancia terrenal, siempre había estado presente su adicción, gozo que finalmente le llevaría a la tumba lentamente, lamento tras lamento, como si alguien disfrutara con sus eternos e incesables suspiros.

La vida es bella y saborearla albergando la esperanza de contruir un futuro feliz es el anhelo que equilibra al humano, pero cuando no hay la posibilidad cierta de un futuro, de un volar años hacia adelante con la imaginación ¿deseas vivir?

Todos sabemos que la vida acaba con la muerte pero no pensamos en ella, simplemente vivimos. Aquellos enfermos de SIDA piensan a diario en su limitada vida lo cual les hace imposible el disfrute del momento actual. Y pensar que la gran mayoría se infectaron por el uso de una jeringuilla compartida...


Los análisis de Juan dieron positivo en cuanto a presencia de anticuerpos del VIH. Su rostro al oír la noticia languideció y tras el silencio de la misma declaración, las palabras de Juan irrumpieron con profunda serenidad:

“Tardé años en cruzar la puerta de esta sala; nunca antes creía estar preparado para afrontar el reto de vivir una vida sin adicción. Ahora que lo he logrado, ella misma se ha cerrado. Ya no hay vuelta atrás y lo peor es vivir la agonía de la desesperanza. No más juegos, ahora la vida me ha dado la espalda.”

En aquel momento mis labios se entreabrieron dejando escapar unas palabras profundamente sentidas desde mi corazón:

“Juan, sé que en estos momentos de confusión, de desconcierto, vives tu futuro bajo una visión de túnel en la que sólo eres capaz de pensar en la adversidad. También sé que pensarás que para mí es muy fácil hablar, yo que sigo “limpia” difícilmente puedo ponerme en tu lugar, pero déjame decirte algo: Mi mejor amiga Sandra fue infectada hace un par de años al mantener relaciones sexuales con alguien que tenía el SIDA. Su primera reacción al conocer su “suerte” fue la misma que la tuya, odio y ofuscación. Cayó en una profunda depresión de la que salió con la única ayuda de sí misma y de un grupo de autoayuda al que acudió para superarlo...”

* * *

Todos tenemos el mismo destino final pero no pensamos continuamente en él porque si eso hiciéramos no disfrutaríamos del día a día.
Hay que aprender a amar la vida, cada nuevo día y sentir la riqueza de cada amanecer en los poros de nuestra piel. Si haces tuyo ese sentimiento no perderás el tiempo con memeces que sólo atan y paralizan.
La clave está en abrir tus sentidos al mundo y a las sensaciones que éste te ofrece.

Siente con amor la esencia de vida que enriquece tu interior.

miércoles, 13 de mayo de 2009

¿Somos codependientes?



¿Quién verdaderamente puede mantener una relación de años enteros con un enfermo sino otro enfermo?

Un adicto a sustancias obtiene el sentido de la vida a través del uso, al mismo tiempo que depende del Codependiente para mantener su estilo de vida. El codependiente a su vez depende del adicto para darle un sentido a su vida, él o ella, és la ayudadora incondicional y permanente; el codependiente es adicto al estado de la persona.

La persona codependiente es aquella que ha permitido que su vida se vea afectada por la conducta de otra y está obsesionada tratando de controlar esa conducta. El codependiente depende del adicto para obtener su seguridad psicológica.

Estas són algunas personas que pueden caer en la codependencia:

•La hija de una codependiente (conductas aprendidas)
•La joven que se convierte en madre de su hermanito
•Una madre y su relación con su hijo minusválido
•Una niña que sufre maltrato doméstico y/o abuso sexual
•Una madre sobreprotectora
•Una mujer víctima de degradaciones en su matrimonio.
•La esposa de un neurótico
•La hija de un alcóholico
•La madre de un adicto a sustancias.

En todos estos casos, la persona pierde la capacidad de pensar en sí misma. No gobierna su vida; sus sentimientos y pensamientos se hallan sujetos a la conducta de la otra persona.

Un codependiente dialoga con la vida a través de la realidad de otra persona, al mismo tiempo que construye para sí una imagen que contiene como ingredientes principales su ayuda y abnegación, haciéndolo en forma tan enfermiza que el resultado es un sufrimiento heroico, algo así como un martirio.



Su gratificación autoafirmativa proviene de los aplausos y la pena de los demás, sus procesos internos viscerales más comunes son el llanto y la rabia.

Entre un adicto a sustancias y el codependiente, la comunicación se realiza mediante los mecanismos de defensa, todo el lenguaje verbal y corporal es una lucha de posturas egocéntricas y autoafirmativas.


En una película que trata sobre la codependencia, el codependiente en su manipulación, le dice a su esposa adicta, que ya lleva un tiempo rehabilitándose, que ha cambiado mucho, que ya nada es como antes, a lo cual ella contesta:

“Probablemente aquello que nos atrajo uno del otro es precisamente la razón por la que no podemos estar juntos.”

lunes, 11 de mayo de 2009

El despertar de Carlos




Conocí a Carlos cuando yo pasaba visitas a la sala de Psiquiatría de un conocido hospital catalán junto con el psiquiatra encargado de mi master. En dicha sala se encontraban internados 10 pacientes de diferente diagnóstico psiquiátrico. La mayoría eran personas mayores salvo Carlos, un paciente con TOC (Trastorno obsesivo compulsivo) llamado Víctor que finalmente trasladamos de centro por falta de recursos propios y Mónica, una adolescente que le gustaba “comerse” todo lo que pillaba por delante (bolígrafos, termómetros, etc…) así es que había pasado por quirófano varias veces en sus múltiples tentativas de suicidio o autodestrucción.

Carlos me gustó desde el primer día por su delicado aire infantil y a la vez inocente. Tenía mi misma edad y parecía haber perdido toda ilusión que caracteriza nuestra etapa juvenil. Sus fascinantes ojos azules siempre anclados en un horizonte que carecía de objetivo donde fijarlos. Su cuerpo se sentía siempre cansado y, a pesar de las exigencias de su médico de que evitara el meterse en cama, siempre se encontraba acostado porque sufría de una apatía extrema.
Supongo que la suerte o casualidad provocaron que mi mentor delegara el caso de Carlos en mi persona mientras él se mantenía ocupado en otros quehaceres. Pudiendo ejercer libremente la labor terapéutica en un despacho provisto para la ocasión, di rienda suelta a mi trabajo psicológico.
Mi objetivo era doble: conseguir que sonriera y que paseara por las diferentes disposiciones del hospital.
Parecerán simples objetivos pero para Carlos era todo un logro conseguirlo y yo sabía que si lo lograba, eso supondría un avance en su enfermedad de manera que junto con la medicación imprescindible de todo esquizofrénico, pudiera empezar a contactar con el entorno y “sentir”.
Su enfermedad sería más llevadera tanto para él como para su familia si lográbamos ambos propósitos aunque para mantenerlo tuviéramos que estar “encima” continuamente.
Tenía unos padres que lo querían y se preocupaban mucho por él, así es que si en su internamiento avanzábamos algo, podrían ellos ocuparse de él en casa intentando que llevara medianamente lo que podemos llamar “vida normal” para un esquizofrénico.
Tras dos o tres visitas sin ninguno de los resultados deseados le pedí que me mirara con sus bonitos ojos y supongo que al sentirse turbado, sonrió. Fue algo apenas perceptible pero lo suficiente para sentirme satisfecha en mi propósito.
Luis, el doctor, apenas podía creerlo cuando transcurridas unas semanas volvió a visitarlo junto a mí. Habíamos conseguido relativamente poco para otros pero para nosotros eran verdaderos logros. El primero, su sonrisa que volvía a estar presente ante chistes, comentarios sarcásticos o simplemente muestra de afecto. El segundo, mantenerse de pie, sin acostarse o tumbarse, durante todo el día salvo la noche y la siesta de la tarde. Y finalmente, sus salidas hasta la entrada del hospital o hasta la planta 5ª.
Recuerdo que la primera vez salió conmigo y estuvo todo el paseo quejándose de todo tipo de dolores musculares, intentando volver varias veces. Los primeros días si lo encontraba acostado se justificaba porque había salido al pasillo durante cinco minutos y eso lo había agotado. A las enfermeras les tenía dicho que no admitieran su cansancio y si hacía falta lo levantaran a la fuerza. Una mañana fui yo quién le increpó una jarra de agua para sacarlo de la cama. Realmente no fue fácil pero conseguimos avances y conforme los fuimos alcanzando él se sentía mejor y a la vez más consciente de la aterradora realidad que giraba en torno a su enfermedad. Un mal que le haría de sombra toda su vida.
En su historia clínica ése fue su segundo brote importante tras la separación de su mujer por deseo de ella. Como respuesta él se derrumbó y tuvo que ser hospitalizado. Era uno de los antiguos, se había acostumbrado a la rutina del hospital. Yo lo liberé de alguna manera de esa “rutina” pero devolviéndole a la realidad se aferraba con fuerza a recuperar a su mujer que ya no lo amaba pero eso él no lo entendía. Si él estaba bien, no enfermo, ella seguiría con él.
La realidad era otra, me aclaró su madre, ella se había vuelto a casar e inclusive no quería que Carlos pudiera visitar los fines de semana alternos a su propio hijo, porque sí, Carlos tenía un hijo de 5 años que apenas conocía o había sabido tratar.
Cuando le pregunté sobre sus expectativas a Carlos se puso a llorar con la inocencia de un bebé. Me dijo que sólo quería tener a su lado a su mujer y a su hijo y merecer su cariño no su comprensión.
Me hablo del niño y me contó que se avergonzaba de sí mismo ante él, de su esquizofrenia con la que tendría que vivir para el resto de sus días.

La conciencia de la enfermedad invalidante le habían enterrado en un caparazón con todos sus recuerdos bien hundidos. No deseaba salir al mundo, a un mundo al que no podía servir con su esquizofrenia siempre tras sus talones. Porque uno nace, vive y muere, por así decirlo, siendo esquizofrénico o al menos, diferente... a los seres humanos ¿normales?