sábado, 21 de mayo de 2011

Hablemos de Autoestima




La autoestima podría definirse como el nivel de autosatisfacción que tiene una persona de su competencia y de su merecimiento frente a los retos que se va encontrando en su vida.
La autoestima se va forjando y a la vez acumulando con el paso del tiempo. Es dinámica y abierta aunque en la vida adulta tiende a mantener cierta estabilidad.

Es el concepto que tenemos de nosotros, cómo nos vemos, si nos gustamos o no, si solemos criticarnos, si nos consideramos capaces, listos, inteligentes, responsables, por poner ejemplos. Todo ello habla de autoestima. Y ésta se va formando con el tiempo, con los mensajes que uno se dice a sí mismo y con lo que recibe de su entorno.

La frecuencia de situaciones vividas como fracasos, con el consiguiente sentimiento de pérdida y la cuota importante de frustración agregada por no poder cumplir con nuestros deseos y necesidades es la que nos impulsa a cuestionar nuestro ser.

En el instante en que nos disponemos a quitar los disfraces que han ido ocultando nuestra verdadera persona, nos encontramos con el verdadero que somos, dispuestos ya a hacernos cargo de nuestros errores pero también a salir al mundo en la nave de nuestras virtudes.

Viviendo las experiencias bajo el prisma del fracaso, la autoestima se resiente y no siempre nuestra perspectiva es correcta o racional. Es importante que nos demos cuenta del lenguaje utilizado cuando nos hablamos a nosotros mismos porque esto se traduce en más o menos confianza y respeto por nuestro ser.

Todos somos capaces de desarrollar una sana autoestima en la medida en que nos fijemos metas accesibles y lógicas.

“Es la ley de vida que cada vez que se nos cierra una puerta, se nos abre otra. Lo malo es que con frecuencia miramos con demasiado ahínco hacia el pasado y añoramos la puerta cerrada con tanto afán, que no vemos la que se acaba de abrir.”
ALBERT SCHWEITZER

Realmente es nuestra actitud hacia los hechos que nos suceden la que marca la consecuencia. Frente a cualquier dificultad siempre hay distintas maneras de actuar:
1.Puedo lamentarme de mi mala suerte y aferrarme siempre a ese pasado que me limita mi actuación en el presente.
2.Puedo tratar de salirme de la escena y verla como un mero espectador para así, de forma objetiva y sin implicación personal, ser capaz de dar una respuesta adecuada.
3.Una actitud positiva de resolución de conflictos y no de puro victimismo ayudada por una actitud de confianza y respeto por mi mismo, favorecerán el camino hacia una sana autoestima.
4.El lamento me frustra, me hace sentir impotente y ello se traduce en resentimiento.


Recuerda: A menudo un árbol solitario puede no dejarte ver el bosque entero.

domingo, 1 de mayo de 2011

Destino: Petersgaard (2ª parte y final)




Måndag

La mañana del lunes amaneció soleada y radiante. Todos los de la casa ya estaban en pie. Laura se hallaba todavía en la improvisada cama saboreando los rayos dorados sobre su piel. Le gustaba esa sensación.
Aprovechó para observar con detenimiento la habitación que ocupaba: centenares de libros, algunas fotos antiguas, un par de animales disecados, unos muñecos de madera, entre los cuales destacaba un payaso, y muchas botellas llenas de buen vino.
Recordó que antaño aquella habitación había sido la de Karen, pero ahora era el despacho de Jens y a él le gustaba guardar lo que consideraba detalles importantes de sus vivencias.
A los padres de Karen les encantaba viajar y siempre que podían se escapaban. Los lugares elegidos no solían ser turísticos. Les gustaba vivir emocionantes experiencias. Destinos como Groenlandia, Islandia cuando la lava del volcán estaba en pleno auge, Vietnam, por nombrar algunos de los escogidos. Realmente eran una pareja peculiar, quizás por ese motivo Laura se sentía como en casa.

Miró el reloj, ya eran cerca de las nueve, aquel era su primer despertar en Dinamarca y no quería desaprovechar ni un minuto más con tanta ensoñación. Aquel día Laura se adentraría por primera vez en el bosque de los gnomos y hadas y se sentía excitada al desconocer lo que le depararía ese encuentro.
Tras el desayuno, Karen y Laura iniciaron el recorrido.
Atravesaron la gran arboleda y pronto empezaron a oír los sonidos del hábitat del bosque. Pequeños ciervos y liebres cruzaban libremente por el camino.
“Si te paras y cierras los ojos – le dijo Karen - sentirás la magia del lugar”.




Inusuales sonidos eran captados por los oídos de Laura. Parecía un lenguaje propio e inteligible para el humano, pero de algún modo que desconocía ella lo entendía. Eso mismo le sucedía en su querido bosque, aquel al que acudía a diario en su paseo con Loki, su perro.
Siguió con los ojos cerrados y respiró profundamente, necesitaba asimilar la energía del lugar. Sintió como ésta le recorría su interior. El tiempo se detuvo y de repente todo quedó en calma. Laura y Karen abrieron los ojos a la vez al sentir esa presencia. Como dándoles la bienvenida, aquellas hojas caídas a sus pies se alzaron y circularon en el aire mágicamente. Fueron escasos segundos pero ambas sintieron la fuerza de esa presencia.
“¿Has visto eso? – preguntó Karen a Laura. “Lo he visto y lo he sentido” – respondió ella.

Tardaron un buen rato en volver a hablar, aquel acontecimiento vivido las había transportado al corazón del bosque y se hallaban en estado de shock.
No sentían temor ninguno pero aquella profunda sensación mágica las invadió y paralizó la comunicación verbal humana.
Cada cual necesitaba absorber la experiencia por sí sola.
No volvieron a hablar más de ello y jamás lo contaron pero sabían que así había sucedido.

El resto del paseo transcurrió agradablemente observando la grandeza de los árboles, la adecuada combinación coloreada de flores que la llegada de la primavera había permitido resurgir y como no, suaves aromas distintos que al mezclarse producían placer al olfato.

Tirsdag

Aquella nueva mañana de martes amaneció como de costumbre soleada. Habían organizado una pequeña excursión al lugar donde trabajaba la madre de Karen. Era un complejo centro sanitario residencial, donde diferentes colectivos de enfermos mentales trabajaban cultivos, cuidaban los pequeños animales de la granja, producían esencias ecológicas y disfrutaban de prolongados paseos terapéuticos en un entorno casi paradisiaco. Lo más interesante era saber que todo eso era de acceso público. Realmente esa sociedad velaba por sus miembros.
Conforme se adentraba más en esa cultura nórdica, Laura se sentía más vinculada. Ese concepto de terapia era impensable donde ella venía pero las piezas allí encajaban perfectamente y ella comprendía y compartía esas creencias.

Recorrieron los 60 kms de regreso a casa, tras esa interesante experiencia. Deleitaron su paladar con una exquisita cena danesa y tras la misma, la ya acostumbrada tertulia junto a sus tazas de té y miel.

Al acostarse, la llamada de Ernesto culminó con alegría aquel día. Se hallaba a media semana y las sensaciones se acumulaban sin tiempo apenas de condensarlas. Tenía tanto que contarle, pensaba Laura, que no sabía por donde empezar. “Disfruta cada segundo, no es necesario que encuentres las palabras para describirlo, sólo siéntelo” – le dijo Ernesto.
Era tal el sincronismo entre ambos que a menudo no eran necesarias las palabras.
Aquella noche soñó encontrarse en el bosque danzando alegremente junto con unos seres mágicos bajo la luz de la luna. Llevaba un vestido de tul blanco con detalles de purpurina incrustados que brillaban con intensidad con cada danza. Se sentía inmensamente feliz porque pertenecía al mundo mágico de las hadas, gnomos y elfos. Todo era bello y armónico.

Onsdag

Ese día tocaba visitar la capital, como una buena turista.
København era una peculiar y pintoresca ciudad. Sus gentes se movían con armonía, sin prisas. En el ambiente sentías la paz y el equilibrio que parecían contener los aires nórdicos.
Laura no había dejado de sentir esa sensación desde que llegara a ese país. Aún ahora si cerraba los ojos podía trasladarse al bosque mágico y recibir la energía que le transmitió la presencia ese primer día que se adentraron en él. Sabía que nada era casual y aquello que presenció no fue una casualidad.

Cruzaron calles, plazas, edificios emblemáticos, tomaron un barco y disfrutaron de una deliciosa comida armonizada con un buen blues callejero.
Todo aparecía ante los ojos de Laura mágicamente orquestado. Contemplaba como el tiempo parecía detenerse, como las personas disfrutaban del momento, sentadas en el asfalto con una copa de vino o una cerveza, simplemente charlando, saboreando sus vidas humanas.

De algún modo que apenas entendía. Laura se sentía parte de esa gente, de esas costumbres, de esa cultura que parecía entender tan bien.

Aquella noche soñó ser una bella y pecosa vikinga con largas trenzas pelirroja, de no más de 15 años, que vivía una existencia feliz en un barco que recorría verde azulados mares.

Torsdag

Ese nuevo día Laura conocería algunas plantas que Jens, el padre de Karen, cultivaba en el jardín. También saludaría y captaría fotográficamente al miembro animal de la familia, “Pjuske”, un divertido gato con tiesos y desmelenados pelos.
Los días pasaban rápidamente y Laura trataba de mantener la esencia del lugar permanentemente en su interior. Sentía que de alguna manera posible necesitaba que Ernesto experimentara esas sensaciones. Captaba especiales instantáneas que le permitieran revivir lo sentido por Laura, pero sobretodo ella se dejaba sumergir constantemente por lo afrodisíaco del lugar.

Fredag

El último día lo pasaron en familia, disfrutando de los diferentes entornos del jardín, tomando el sol y conversando.
Ese día organizaron una comida especial y al mismo tiempo tradicional en honor a la visita de Laura. La amabilidad de esas personas era auténticamente única.
Aquella tarde Karen y Laura hicieron “traditional cookies” que se servirían como acompañamiento con el café.
Quedaban pocas horas antes de partir y Laura necesitaba sentir una vez más esa brisa mágica que le proporcionaba el bosque. Pensó que Karen y sus padres posiblemente necesitarían compartir a solas esos momentos y aprovechó para adentrarse por última vez en la magia del bosque danés.

Sola, sin su cámara pero como adueñada por el lugar recorrió el mismo absorbiendo la energía de esas inmensas hayas.
Se detuvo donde el primer día tuvo esa particular experiencia.
Cerró nuevamente los ojos y sintió una vez más cómo la presencia la rodeaba dulcemente para acariciarla con suavidad.
Un fino hilo dorado penetró en su interior como si de algún modo quisiera sanarla. Laura se dejó llevar por aquel misterio sin temor y escuchó una débil y dulce voz. Tras lo que se podían considerar palabras, Laura esbozó una sonrisa.



La mensajera del bosque, una pequeña ninfa dorada, le decía que ya se conocían, que siempre habían estado juntas, aunque quizás con el ajetreo, con las prisas, con la rutina, la voz interior se había ido silenciando. Le recordó que la magia y la energía de los bosques ayudaban a poder ser nuevamente escuchada.


Nada había sido por casualidad: el inesperado viaje, la invitación, Loki, sus paseos en su bosque, su universo local repleto de árboles y plantas, aquellos queridos petirrojos que la visitaban a diario. Todo formaba parte de un plan para ayudarla a despertar. Ahora entendía aquella frase que tantas veces oía repetir a Ernesto: “Si deseas con intensidad alguna cosa, todo el universo conspirará para que lo consigas”.

lunes, 25 de abril de 2011

Destino: Petersgaard (primera parte)



Aquella soleada mañana de Primavera, Laura pondría rumbo a su aventura, partiendo sola hacia un destino desconocido.
La posibilidad surgió de las manos de Karen, su amiga danesa y la confirmación la haría posible su querido Ernesto. Todo surgió precipitadamente, sin tiempo para dilaciones.
Eran unas vacaciones en un mágico lugar hacia al que no sabía porqué Laura sentía una fuerte atracción. “Esos aires vikingos te harán sentir como en casa”, le había dicho tantas veces bromeando su amiga, y ahora, tendría la posibilidad de comprobar si aquella cercanía que sentía con esa cultura era real o fruto de su imaginación.
Desde siempre, recordaba, le habían atraído los gnomos y las hadas, y esos países nórdicos eran la cuna de ambos seres mágicos. Especialmente, el lugar a donde se dirigía era privilegiado ya que estaba en una zona arbórea.

Todo se había producido tan rápidamente que a Laura le parecía estar viviendo todavía en un sueño. Vagamente recordaba la invitación de manos de Karen, la conversación en la cocina con Ernesto y la visión de esa tarjeta de embarque impresa donde junto a su nombre podía ver claramente un destino: København, o lo que era lo mismo, Copenhague.
Laura pensó en las dudas surgidas al tomar aquella decisión: demasiados temores no resueltos navegaban por su cabeza. Todavía confusa pero decidida a encararse con sus miedos, pulsó el OK de su vuelo, JK033, no sin antes sentir aquel hormigueo característico que la acompañaba cuando tomaba decisiones arriesgadas.
En realidad, el riesgo sólo radicaba en tomar un avión para llegar a su destino y disfrutar una semana en compañía de su amiga en un entorno nórdico misterioso.

Ya no podía dar marcha atrás y tampoco era lo que deseaba. Era un viaje de placer pero para Laura significaba asimismo un avance en su crecimiento, una superación y un descubrimiento. Crecer interiormente, superar sus profundos y anclados miedos y descubrir aquellos aires vikingos que tanto la atraían. El destino estaba ya escrito y ese domingo de primavera, Laura iniciaría su aventura nórdica.


Søndag

El primer obstáculo para aquel viaje estaba vencido: la despedida. Tan sólo una semana, pero el sentimiento de añoranza era la primera de las ataduras de las que Laura tenía que desprenderse.
En pleno vuelo, Laura sonreía mientras recordaba el rostro de su amado Ernesto alejándose conforme ella avanzaba hacia su puerta de embarque, ese beso intenso y la llamada al móvil para desearle un feliz vuelo. “Disfruta de ese viaje a tu interior – dijo- y aprende a "observar".
¡Menudo maestro tenía en Ernesto! Era una persona digna de imitar. Sabía reconocer la belleza en un mínimo detalle. Era una excelente observador. Nada le pasaba por alto. ¡Cuánto le agradecía Laura aquel regalo!

La segunda batalla la estaba librando justo en esos momentos: disfrutar del vuelo sin temores.

El JK033 de Spanair estaba completo. Laura compartía la fila 14 con un amable jubilado danés y una estudiante inglesa que parecía algo nerviosa. En sus asientos traseros dos niños daneses de unos 5-6 años no paraban de juguetear y reír. El pobre chico argelino que estaba sentado en su misma fila ya no sabía que hacer. Nuestro jubilado danés les refirió algunas palabras de protesta por la actitud de los niños. Las madres, magníficamente sentadas tras los niños, no se inmutaron. Seguían conversando de sus cosas.
La inglesa y Laura retiraron sus asientos hacia atrás, para ganar comodidad. Mientras la chica dormía, Laura observaba a través de la pequeña ventana del avión la inmensidad del cielo. Se sentía equilibrada y en sintonía con ese maravilloso paisaje. Una tras otra, aquellas nubes dibujaban indescriptivas formas que aseguraran la armonía de ese cielo.

La voz del piloto la sacó del ensimismamiento en que se encontraba, informándoles que en unos minutos aterrizarían en destino. El avión se introdujo majestuosamente entre las nebulosas blancas y emergió en un nuevo paisaje de gran belleza. Unas altas y magistrales torres eólicas en medio del inmenso mar, un puente que parecía cortarse dentro del mar (Laura luego supo que era el puente sumergido que conectaba Dinamarca con Suecia). Todo aquel paisaje emergía fascinante a los ojos de Laura.

Tras el aterrizaje, el largo recorrido entre tiendas y más tiendas comerciales la acercaron a recoger su equipaje facturado y tras cruzar la automática puerta, el encuentro con Karen, su amiga danesa.

Una despejada carretera y algo más de una hora de trayecto, llevó a ambas hasta la casa donde se hospedarían, la de los padres de Karen.
Ellos las esperaban en el acceso exterior para dar una calurosa bienvenida a Laura.



El entorno, mágicamente perdido, le recordó a aquellas campiñas escocesas que antaño tanto la enamoraran. El azul del mar se mezclaba sabiamente con las diferentes tonalidades verdosas del campo. Esbeltas e inacabadas hayas rodeaban la casa, al tiempo que señalaban el camino para adentrarse en el ansiado y mágico bosque.
Perpleja aún por esas vistas, Laura balbuceó las primeras palabras en inglés.

En menos de una hora estaba ya preparada para la primera inspección y captación de tomas fotográficas del lugar. Lo que veía era impensable en el país de donde provenía: animales libres jugueteando alrededor del bosque, uno bien protegido por las leyes danesas impidiendo que las personas accedan cuando anochece, para preservar la naturaleza en su estado puro. Leyes que no necesitan de barreras para hacerse cumplir.

La energía de aquel lugar la cautivó desde el principio.
Tras ese emocionante paseo, su primer contacto con el arte culinario del país (¿quién dijo que los daneses no comían bien?), una buena conversación y la necesidad de un sueño reparador.
Esa noche era la primera de su aventura nórdica y en sus sueños aparecieron gnomos y hadas dándole la bienvenida a aquel particular bosque con el que Laura forjaría un intenso vínculo.

jueves, 13 de enero de 2011

Vivir desde el corazón fomenta la coherencia emocional




El ritmo acelerado de nuestra sociedad dificulta una buena gestión de las emociones. Ellas son la causa de la mayoría de los malestares que acusa el ser humano.

Cuando las reprimimos y no las liberamos, nos crean Resentimiento. Esta emoción se libera en una doble dirección: por un lado, hacia la persona o personas que la originaron, y, por el otro, hacia nosotros mismos.
Cuando surgen precipitadamente y sin reflexión, aparece la Culpa que todo lo justifica, obviamente ésta también actúa de forma bidireccional.

Regular bien nuestras emociones, es decir, saber cómo y cuando expresar el sentimiento, nos beneficia a ambos: a ti que recibes mi emoción y a mí que al expresarla adecuadamente dejo que fluya.
Ésta es la clave para conseguir emociones inteligentes: dejar que fluyan.

Habitualmente el ser humano se identifica con la emoción sentida lo que produce “atascos malsanos” en su interior.

Pensamos que somos aquello que sentimos y eso, nos decepciona, nos conmueve, nos debilita, nos paraliza.

La Inteligencia Emocional es una disciplina que surge para equilibrar nuestras vidas. Establece cinco niveles para obtener óptimos resultados:

1.Autoconocimiento o consciencia de uno mismo
2.Autorregulación o saber cuál es el momento adecuado para expresar y cómo hacerlo.
3.Automotivación: orientar mi intención hacia un logro.
4.Empatía: Ser capaz de ponerme en el lugar del otro para así sentir como él lo haría.
5.Hábil socialmente: Disponer de las herramientas adecuadas para la interrelación.

El camino que aquí os quiero mostrar es el arte de lo genuino, es un modo de vida que favorecerá la coherencia que nos enseña la Inteligencia Emocional.

Se trata de responder a las situaciones a las que nos enfrentamos a diario utilizando las virtudes del corazón, que como aliadas del Amor Incondicional nos protegen de la emisión de sentimientos negativos.

Básicamente podemos enumerar seis virtudes del corazón:
Agradecimiento, Compasión, Perdón, Humildad, Entendimiento y Valor.

El agradecimiento tiene que ver con apreciar lo que los otros hacen por mi, lo que me ha sido dado por el Universo, en definitiva “mi dicha”. Para valorarlo tengo que desprenderme del “merecimiento”, “recompensa”, “contravalor”.
Agradezco desde la claridad del sol que me ayuda a despertar, el techo que me acoge cada día o el trabajo que me permite aquello que considero “posesiones”.
Recuerdo una frase que se cita en “El Alquimista” de P.Coelho que reza así: “Cuando quieres algo todo el universo conspira para que lo consigas”. Partiendo de ello y del supuesto que nada sucede sin una causa, tienes que agradecer todo lo que te ocurra, porque ése es tu aprendizaje.

La compasión me permite recordar que somos una gran familia, que todos somos iguales y que nadie ni nada merece sufrir. Cuando siento compasión empatizo con el otro, con su tragedia o con su dicha y ello me permite perdonar y a la vez entender.

El perdón aleja el resentimiento e instaura un patrón de amor y armonía en la persona.

La humildad nos recuerda que tenemos que alejarnos de la polaridad, de las diferencias y hay que sentir amor por aquel que no entiende, por aquel que su falta de comprensión en el propósito le hizo perderse en la materia.

El entendimiento nos capacita para irradiar ese sentimiento amoroso, nos proporciona conocimiento sobre nuestra verdadera esencia, aquella que habita en nuestro interior y que tras tanto tiempo identificándose con su vehículo o cuerpo, perdió la consciencia de su ser.

El valor es un arma poderosa, nos ayuda a tomar decisiones, nos aleja de la culpa y nos reconoce el propósito por el que fuimos creados.

Si entendemos que todo es energía y que para que ésta fluya positivamente tenemos que actuar con armonía, entenderemos el uso de las virtudes que nos proporciona el corazón energético como valiosos recursos para obtener la apreciada coherencia emocional.

Si en nuestras manos está transformar las olas en apacible mar, ¿porqué nos cuesta tanto hacerlo?

Hay que creer en el Poder de Transformación, en la soberanía interna que habita dentro de ti y que es la Esencia de tu ser. Si sientes esa grandeza, si sientes esa totalidad, sentirás cómo se va formando la coherencia en tu interior.

El poder de transformar las emociones, el poder de elegir aquellas que son saludables radica en TÍ.
Las virtudes del corazón son elementos a tu disposición para hacerte el camino más fácil.


Artículo escrito para el Portal de Inteligencia Emocional y publicado el 30/11/2010

domingo, 9 de enero de 2011

Tiempo para ser felices




Cada época de la vida tiene sus satisfacciones y lo importante no es si ya eres mayor o todavía eres demasiado niño, sino lo verdaderamente importante es sentirse feliz e ilusionado por la vida.
Este camino es un sendero de aprendizaje donde absorbemos experiencias, vivencias que nos conducirán a un mayor conocimiento de uno mismo y su realidad. Este punto álgido suele llamarse Madurez.
A menudo cuando entramos en esta etapa miramos atrás para hacer balance de nuestra vida, de nuestros errores, de nuestras victorias, en definitiva, de lo conseguido.
No sé si es adecuado definirlo de este modo. Creo que lo positivo es que uno cuando alcanza el grado de madurez necesario mire atrás con satisfacción, con orgullo, entendiendo todas y cada una de las experiencias pasadas como necesarias para encontrarse en el punto actual. Nada ocurre por nada. Todo está totalmente calculado y todo tiene una razón de ser.
Cuantas veces luchamos contracorriente y ello nos hace sentirnos frustrados y fracasados, porque pensamos que erramos el objetivo. Ese sentimiento nos debilita e incide directamente en nuestra autoestima. Es importante que cada suceso vivido se sienta de forma positiva, a pesar a veces de no atender al propósito previsto.
Me explicaré, muchos de los eventos que suceden en nuestra vida no lo hacen tal y como “pensamos” que hubiéramos querido: aquella relación fracasada, aquel examen suspendido, aquel trabajo no adjudicado, aquellas oposiciones por las que tanto estudiamos, fallidas. Habitualmente esos sucesos no conseguidos se viven negativamente como “nuestros fracasos”.
Lo que os propongo es que los vivamos positivamente de un modo totalmente distinto. Si todo tiene una razón de ser, ¿no es posible que aquel logro no se consiguiera simplemente porque no estaba escrito que así fuera?Esta formulación no conlleva frustración y por ende, no hay incidencia negativa en la autoestima de cada uno.
El Universo conspira para que las cosas que en su día escribimos que viviríamos, se cumplan y a menudo al no recordarlo, cogemos caminos distintos a los que “teníamos” que coger.
La emoción sentida al “fracasar” nos vuelve infelices mientras que si la emoción que siento es comprensión por la manera en que las cosas se han torcido para que consiga lo que me propuse antes de nacer, seguiré sintiéndome feliz.
Hay muchísimas experiencias que quisiéramos borrar de nuestra mente, pero seguro que esas vivencias tuvieron que ser vividas para encontrarnos en el punto de vida en el que estamos. “Si aquel día no hubiera tenido ese accidente, me hubiera encontrado en clase cuando se produjo el atentado”, “Si hubiera aprobado las oposiciones no hubiera entrado a trabajar en el periódico donde te conocí” y así millones de casos.
La diferencia es que no siempre sabemos a qué nos condujo determinado “fracaso” pero ciertamente el simple hecho de pensar que tuvo su razón de ser ya es suficiente para sentirnos felices por seguir nuestro propósito de vida.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Caos




No estoy poco acertada cuando afirmo que estamos abocados al caos y me remito a la situación actual que vivimos en este planeta que habitamos en nuestra condición humana.
No hay que irse muy lejos para constatar los hechos que están sucediendo y que lamentablemente nos están haciendo sentir bailando dentro del caos y desequilibrio. Antaño hechos como los que actualmente suceden podían deberse a “las vacas locas”, “enajenación mental transitoria”, “emociones desajustadas como los celos enfermizos”, por nombrar algunos de los nombres con los que se justificarían conductas como las que esta semana provocó un vecino de la comarca catalana de Girona. Pero ciertamente, ¿es ese un fenómeno aislado? Ni es aislado ni hay motivo que justificase (si ello cabe en lo posible) tal atrocidad. Sólo se me ocurre que la mente de ese individuo entró en el caos que gobierna nuestros días.

La sociedad está quebrando, están cayendo los poderes que la sustentaban y los individuos que siempre hemos sido marionetas de la misma, aunque de manera inconsciente, empezamos a identificar los líderes del caos, aquellos que han gobernado nuestras vidas imponiendo a su antojo nuestro supuesto libre albedrío. Dosificaron nuestra agua, acordaron unilateralmente cánones para disponer de ciertas “necesidades indispensables” creando estatus, diferencias sociales y nosotros seguíamos tolerando, cerrando los ojos a nuestros hermanos pobres, creyendo que la pobreza tenia que existir para equilibrar la balanza de la riqueza.
Ilusos sentimos que si trabajábamos mucho podríamos tener ciertas comodidades, nos hicieron creer que podíamos dejar de soñar y convertir nuestros sueños materiales en realidad y así dimos alimento a los Bancos para construir su Imperio, ese que ahora se desmorona pero que nos esta llevando consigo en su caída.

Se creó una sociedad desigual, que llamó democracia al control oculto, sociedad que no pensó en las personas por igual sino que marcó diferencias desde que tenemos conocimiento. Amigos, el feudalismo no ha dejado de existir.

Ahora que hemos cambiado los valores de la humanidad, que hemos dado luz verde a la separación, a la polaridad, al materialismo como única compensación humana, que nos distanciamos de nuestra fuente divina para ingresar de lleno en la otra cara de la moneda, donde se dan la mano, la crueldad con el engaño, la competencia con la avaricia, ahora es cuando el caos se apodera de nuestras vidas porque este mundo ya no es sostenible.

Ahora toca que el poder mundial se quite su máscara, deje de jugar este juego de marionetas que se han inventado para tejer nuestras vidas y desocupen sus cargos. Cada ser que habita este planeta tiene el derecho de decidir por él mismo, tiene el derecho de conocer todos los engaños con los que han llenado nuestras vidas.

Sólo la manipulación genética explica el desorden mental de las personas, sólo la sensación de indefensión que ha sumido esta sociedad actual a muchas de las personas que habitan hoy nuestro Planeta puede justificar los repetidos actos “incongruentes” que ocupan nuestras noticias.
Vale decir que nos cuentan lo que interesa que sepamos, porque como cobayas de laboratorio ahora mismo lo que necesitan es que entremos en pánico, en caos, para hacer más atractivo el juego de tu vida. Sólo que precisamente tú no te diviertes.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El Merecimiento





Érase una vez una jovencita a la que se le daban bien los estudios. No era especialmente exigente con ellos pero sabia que tenia cierta facilidad para sacarse los exámenes sin demasiados problemas. Sus padres eran trabajadores pero viendo esa facilidad en la niña, hicieron de más y de menos para poder pagarle unos estudios superiores. Laura, que así se llamaba nuestra protagonista, reflexionó sobre qué carrera estudiar; había que barajar posibilidades, en primer lugar, de satisfacción personal y ,en segundo lugar, y no menos importante, de supuesto bienestar económico futuro. El papel de la mujer habia cambiado en sus años de adolescente y no podía pensar en traspasar la responsabilidad de su futuro a aquel que fuera su esposo. Así, pensando y pensando, llegó a la conclusión que Derecho sería una buena elección. Pero tenía una pequeña pero no menos insignificante pega: a Laura no le gustaba dedicar "tiempo extra" a los estudios porque a ella también le agradaba salir y relacionarse con sus amigos, disfrutar de los tiempos de ocio. Así que desestimó la abogacía a pesar de esa magnífica serie que echaban por la "caja tonta" en la que una alocada y ensimismada abogada extremadamente delgada metía frecuentemente la pata en los lavabos unisex del despacho de abogados para el que trabajaba.
De nuevo Laura tuvo que acceder a su lista de posibilidades para barajar nuevamente otra elección. Recordó que siempre le habia gustado escribir, que antaño había escrito inclusive cuentos y al parecer según le había dicho su profesor de literatura, no se le daba mal. Pero los escritores no ganan dinero con lo que la supuesta "independencia económica" por ella deseada podría verse frustrada.
Pero ella era independiente y atrevida, así pues el Periodismo podría llevarla a otros paises, acercarla a otras culturas y vivir una vida de riesgos y libertad, pensó. En realidad, Laura no era ni tan atrevida ni tan independiente como pensaba, así pues la idea de cursar estudios de Periodismo rápidamente pasó a un segundo plano.
El padre de Laura estaba preocupado porque veía a su hija perdida, sabiendo que tenia que tomar una decisión importante que todos esperaban que no fuera equivocada. El futuro para los padres había sido tan distinto del que ahora podían darle a su hija que Laura sentía una terrible responsabilidad en tomar la elección adecuada.
Una noche cualquiera de un dia cualquiera una voz desde su interior le susurró que lo que ella verdaderamente quería era conocerse más a sí misma y con ello ayudar a las personas y en ese momento tuvo claro que tenía que elegir una profesión humanitaria. Barajó Medicina, Psiquiatria, Psicologia decantándose por esta última.
Los padres suspiraban, por fin Laura habia elegido, aunque hubieran preferido llamarla "Doctora" pero se sintieron igualmente orgullosos por haber contribuido a dar a su hija unos estudios superiores que le facilitaran el camino profesional que tan difícil parecía en esos días. ¡Ella reflejaría lo que ellos no habían podido ser!
Para Laura la vida tenía muchas maravillas que descubrir y entre ellas estaba el amor, que pronto emergería. Pero sus objetivos estaban claros y no quería depender económicamente de nadie, así es que terminada su carrera trató de labrarse un futuro laboral mínimamente estable pero sin grandes ambiciones porque Laura priorizaba otras cosas al adictivo poder. Laura era soñadora, idealista y apasionada, cuestionaba lo que para ella eran injusticias y no le preocupaba ganar. Ella necesitaba sentir la ayuda, sentir que su granito de arena mejoraba a alguien de su entorno. Y así pasaron los años, sin gruesas cuentas corrientes pero con grandes satisfacciones internas aunque también tuvo decepciones por esperar un mundo más justo que el que nos toca vivir.
Fueron unas oposiciones de joven, una plaza casi adjudicada en un Ayuntamiento, por mencionar algunas de sus "internas" frustraciones para culminar en obstáculos que siempre aparecían de un modo u otro en el camino que "supuestamente" se había marcado.
Laura se decía a sí misma que si ella se creaba su realidad porqué no había prosperado en aquello que consideraba era su mérito. Dos preguntas se daban forma en su mente: ¿Porqué se levantan esos muros que me imposibilitan el acceso que creo merecer? y ¿Qué necesito demostrar con ese merecimiento?
A Laura nunca le había preocupado realmente su posicionamiento. Su filosofía siempre fue la de vivir cada instante que nos conceda la vida y enriquecernos interiormente con lo que hacemos. Merecer o no merecer una posición laboral nunca fue su prioridad sin embargo siempre buscó ese merecimiento en esas oposiciones que jamás consiguió.

Una Laura madura sonríe cuando piensa en ello y entiende, al final, que erró en ese camino porque no era el que tenia que tomar por más que se sintiera frustrada cuando no conseguía el reconocimiento.
Algunas veces la vida nos pone trabas en aquello que consideramos es nuestra meta y lo hace porque en realidad no es eso lo que queremos aunque pensemos que sí.
Laura se habia pasado media vida tratando de formar parte de la jerarquía cuando no creía en ella. ¿Porqué no se había escuchado a sí misma en vez de perder tanta energía con cada intento y posterior fracaso?

A menudo como Laura hemos de preguntarnos para qué necesitamos conseguir ese reto que nos hemos marcado, somos realmente nosotros los que lo deseamos o esa compensación viene necesitada por algún componente externo no identificado. A quién deseamos agradar, quién obtiene la recompensa, los otros o nosotros.
Si no tememos escuchar nuestro interior, las respuestas apareceran y evitaremos un gasto de energía innecesario y una proliferación de emociones negativas que sólo recompensan a aquellos que se alimentan de ellas.