miércoles, 11 de marzo de 2009

Nuestro maldito vacío



Te levantas día tras día, no tiene porque suceder nada especial, nada que destaque, simplemente sucede: te sientes vacía, sin saber cómo siempre hay un hueco que nunca acaba de llenarse con nada especial o diferente o inclusive excitante que hagamos. Ese es nuestro gran dilema: nuestra propia insatisfacción por la vida por más ganas que tengamos de seguir permaneciendo en ella.
Tememos la muerte, queremos envejecer, llegar a cumplir más años que nadie, pero tenemos muchos días en los que sin saber cómo ni porqué nos sentimos vacíos, parásitos, en tránsito. A veces nos comportamos como si estuviéramos enfurecidos, como si alguien nos hubiera hecho una mala pasada, pero en realidad no hay motivo para ese estado de ánimo, simplemente no encontramos modo de llenar el vacío que caracteriza al ser humano.
La respuesta como siempre se encuentra en nuestro interior.
Nos alimentamos de materialismos, salidas especiales, gastos extraordinarios, pero de nada sirve, el agujero sigue ahí.
Culpamos a aquel que está a nuestro lado de nuestra propia infelicidad, ¿quizás dejamos de amarlo? Nos preguntamos pero sabemos que esa no es la respuesta correcta. Seguimos enamorados como el primer día pero la insatisfacción nos recuerda que sigue ahí.
El tiempo transcurre deprisa, inexorablemente, no hay vuelta atrás por más arrepentimiento que sintamos. Día a día hay que sonreír por pequeñas cosas, sin dejar que la sombra nos invada. No venimos a este mundo para sufrir, venimos a aprender, a disfrutar, a reír, a llorar, a sentir, a crecer, a experimentar pero todo con control, deseando hacerlo. No hay que permitir que la insatisfacción que parece formar parte de nuestro interior corporal nos fastidie este corto paseo por la Tierra.
La lucha está en aprender que todo tiene una razón racional para existir. Si nos sentimos molestos porque nos han echado del trabajo, hay una razón que justifica el enfado y/ o la preocupación, pero si simplemente estás en casa, sin hacer nada, simplemente disfrutando del momento y no te permites hacerlo, estás dejando entrar el vacío en tu vida. Páralo, recuerda que el control está en tus manos.
Los pensamientos generan unas emociones y ellas una determinada conducta.
No dejes que tu cognición se llene de negatividad porque sólo generarás irracionalidad.

5 comentarios:

Mercedes dijo...

Interesante. Una reflexión para el crecimiento personal.
Dicen que la vida cuanto más vacía más pesa.
Tienes razón en que los vacíos nos los creamos nosotros mismos, porque esperamos que todo nos venga de fuera. El día que aprendamos a regalarnos flores y enviarnos una postal desde cualquier parte, seguro que cuando lleguemos a casa y la encontremos empezaremos a saber que somos nosotros mismos los que mejor podemos cuidar de nosotros mismos.

Un abrazo sin agujeros.

Mari Carmen dijo...

Sí, es cierto, a veces sentimos ese vacío, pero lo sentimos igualmente aunque tengas miles de proyectos en marcha o por hacer. Supongo que es consustancial al ser humano. Desde luego lo importante es saber por qué nos sentimos así. Tratar de darle salida y a continuación ir hacia lo que nos llena y nos permite seguir creciendo como personas.

Un abrazo :)

XoseAntón dijo...

Es curioso, Pantera, el abismo es enorme, es cierto; pero una sola sonrisa y se desvanece. Tan sólo eso, una sonrisa. :)

Bikiños

Ave Mundi Luminar dijo...

Estupendo punto de reflexión...

Quizá nos falta la educación suficiente como para reconocer cuando uno de esos vacíos empieza a ganar espacio... quizá nos falta capacidad para analizar con frialdad la realidad y de esa forma escudriñar las "razones racionales" que tan adecuadamente indicas, que forman el entramado de los pensamientos.

Sin duda no hay excusas, nuestro tiempo, en nuestro espacio, tiene la firma de la felicidad, no tiene sentido arrugar el papel y seguir vaciandonos para nada.

Un bsín

marga dijo...

me encanta tu blog, las frases, lo que escribes me llena mucho poruq me identifico con muchas cosas.
:)
saludos desde el norte de españa!