lunes, 25 de abril de 2011

Destino: Petersgaard (primera parte)



Aquella soleada mañana de Primavera, Laura pondría rumbo a su aventura, partiendo sola hacia un destino desconocido.
La posibilidad surgió de las manos de Karen, su amiga danesa y la confirmación la haría posible su querido Ernesto. Todo surgió precipitadamente, sin tiempo para dilaciones.
Eran unas vacaciones en un mágico lugar hacia al que no sabía porqué Laura sentía una fuerte atracción. “Esos aires vikingos te harán sentir como en casa”, le había dicho tantas veces bromeando su amiga, y ahora, tendría la posibilidad de comprobar si aquella cercanía que sentía con esa cultura era real o fruto de su imaginación.
Desde siempre, recordaba, le habían atraído los gnomos y las hadas, y esos países nórdicos eran la cuna de ambos seres mágicos. Especialmente, el lugar a donde se dirigía era privilegiado ya que estaba en una zona arbórea.

Todo se había producido tan rápidamente que a Laura le parecía estar viviendo todavía en un sueño. Vagamente recordaba la invitación de manos de Karen, la conversación en la cocina con Ernesto y la visión de esa tarjeta de embarque impresa donde junto a su nombre podía ver claramente un destino: København, o lo que era lo mismo, Copenhague.
Laura pensó en las dudas surgidas al tomar aquella decisión: demasiados temores no resueltos navegaban por su cabeza. Todavía confusa pero decidida a encararse con sus miedos, pulsó el OK de su vuelo, JK033, no sin antes sentir aquel hormigueo característico que la acompañaba cuando tomaba decisiones arriesgadas.
En realidad, el riesgo sólo radicaba en tomar un avión para llegar a su destino y disfrutar una semana en compañía de su amiga en un entorno nórdico misterioso.

Ya no podía dar marcha atrás y tampoco era lo que deseaba. Era un viaje de placer pero para Laura significaba asimismo un avance en su crecimiento, una superación y un descubrimiento. Crecer interiormente, superar sus profundos y anclados miedos y descubrir aquellos aires vikingos que tanto la atraían. El destino estaba ya escrito y ese domingo de primavera, Laura iniciaría su aventura nórdica.


Søndag

El primer obstáculo para aquel viaje estaba vencido: la despedida. Tan sólo una semana, pero el sentimiento de añoranza era la primera de las ataduras de las que Laura tenía que desprenderse.
En pleno vuelo, Laura sonreía mientras recordaba el rostro de su amado Ernesto alejándose conforme ella avanzaba hacia su puerta de embarque, ese beso intenso y la llamada al móvil para desearle un feliz vuelo. “Disfruta de ese viaje a tu interior – dijo- y aprende a "observar".
¡Menudo maestro tenía en Ernesto! Era una persona digna de imitar. Sabía reconocer la belleza en un mínimo detalle. Era una excelente observador. Nada le pasaba por alto. ¡Cuánto le agradecía Laura aquel regalo!

La segunda batalla la estaba librando justo en esos momentos: disfrutar del vuelo sin temores.

El JK033 de Spanair estaba completo. Laura compartía la fila 14 con un amable jubilado danés y una estudiante inglesa que parecía algo nerviosa. En sus asientos traseros dos niños daneses de unos 5-6 años no paraban de juguetear y reír. El pobre chico argelino que estaba sentado en su misma fila ya no sabía que hacer. Nuestro jubilado danés les refirió algunas palabras de protesta por la actitud de los niños. Las madres, magníficamente sentadas tras los niños, no se inmutaron. Seguían conversando de sus cosas.
La inglesa y Laura retiraron sus asientos hacia atrás, para ganar comodidad. Mientras la chica dormía, Laura observaba a través de la pequeña ventana del avión la inmensidad del cielo. Se sentía equilibrada y en sintonía con ese maravilloso paisaje. Una tras otra, aquellas nubes dibujaban indescriptivas formas que aseguraran la armonía de ese cielo.

La voz del piloto la sacó del ensimismamiento en que se encontraba, informándoles que en unos minutos aterrizarían en destino. El avión se introdujo majestuosamente entre las nebulosas blancas y emergió en un nuevo paisaje de gran belleza. Unas altas y magistrales torres eólicas en medio del inmenso mar, un puente que parecía cortarse dentro del mar (Laura luego supo que era el puente sumergido que conectaba Dinamarca con Suecia). Todo aquel paisaje emergía fascinante a los ojos de Laura.

Tras el aterrizaje, el largo recorrido entre tiendas y más tiendas comerciales la acercaron a recoger su equipaje facturado y tras cruzar la automática puerta, el encuentro con Karen, su amiga danesa.

Una despejada carretera y algo más de una hora de trayecto, llevó a ambas hasta la casa donde se hospedarían, la de los padres de Karen.
Ellos las esperaban en el acceso exterior para dar una calurosa bienvenida a Laura.



El entorno, mágicamente perdido, le recordó a aquellas campiñas escocesas que antaño tanto la enamoraran. El azul del mar se mezclaba sabiamente con las diferentes tonalidades verdosas del campo. Esbeltas e inacabadas hayas rodeaban la casa, al tiempo que señalaban el camino para adentrarse en el ansiado y mágico bosque.
Perpleja aún por esas vistas, Laura balbuceó las primeras palabras en inglés.

En menos de una hora estaba ya preparada para la primera inspección y captación de tomas fotográficas del lugar. Lo que veía era impensable en el país de donde provenía: animales libres jugueteando alrededor del bosque, uno bien protegido por las leyes danesas impidiendo que las personas accedan cuando anochece, para preservar la naturaleza en su estado puro. Leyes que no necesitan de barreras para hacerse cumplir.

La energía de aquel lugar la cautivó desde el principio.
Tras ese emocionante paseo, su primer contacto con el arte culinario del país (¿quién dijo que los daneses no comían bien?), una buena conversación y la necesidad de un sueño reparador.
Esa noche era la primera de su aventura nórdica y en sus sueños aparecieron gnomos y hadas dándole la bienvenida a aquel particular bosque con el que Laura forjaría un intenso vínculo.

jueves, 13 de enero de 2011

Vivir desde el corazón fomenta la coherencia emocional




El ritmo acelerado de nuestra sociedad dificulta una buena gestión de las emociones. Ellas son la causa de la mayoría de los malestares que acusa el ser humano.

Cuando las reprimimos y no las liberamos, nos crean Resentimiento. Esta emoción se libera en una doble dirección: por un lado, hacia la persona o personas que la originaron, y, por el otro, hacia nosotros mismos.
Cuando surgen precipitadamente y sin reflexión, aparece la Culpa que todo lo justifica, obviamente ésta también actúa de forma bidireccional.

Regular bien nuestras emociones, es decir, saber cómo y cuando expresar el sentimiento, nos beneficia a ambos: a ti que recibes mi emoción y a mí que al expresarla adecuadamente dejo que fluya.
Ésta es la clave para conseguir emociones inteligentes: dejar que fluyan.

Habitualmente el ser humano se identifica con la emoción sentida lo que produce “atascos malsanos” en su interior.

Pensamos que somos aquello que sentimos y eso, nos decepciona, nos conmueve, nos debilita, nos paraliza.

La Inteligencia Emocional es una disciplina que surge para equilibrar nuestras vidas. Establece cinco niveles para obtener óptimos resultados:

1.Autoconocimiento o consciencia de uno mismo
2.Autorregulación o saber cuál es el momento adecuado para expresar y cómo hacerlo.
3.Automotivación: orientar mi intención hacia un logro.
4.Empatía: Ser capaz de ponerme en el lugar del otro para así sentir como él lo haría.
5.Hábil socialmente: Disponer de las herramientas adecuadas para la interrelación.

El camino que aquí os quiero mostrar es el arte de lo genuino, es un modo de vida que favorecerá la coherencia que nos enseña la Inteligencia Emocional.

Se trata de responder a las situaciones a las que nos enfrentamos a diario utilizando las virtudes del corazón, que como aliadas del Amor Incondicional nos protegen de la emisión de sentimientos negativos.

Básicamente podemos enumerar seis virtudes del corazón:
Agradecimiento, Compasión, Perdón, Humildad, Entendimiento y Valor.

El agradecimiento tiene que ver con apreciar lo que los otros hacen por mi, lo que me ha sido dado por el Universo, en definitiva “mi dicha”. Para valorarlo tengo que desprenderme del “merecimiento”, “recompensa”, “contravalor”.
Agradezco desde la claridad del sol que me ayuda a despertar, el techo que me acoge cada día o el trabajo que me permite aquello que considero “posesiones”.
Recuerdo una frase que se cita en “El Alquimista” de P.Coelho que reza así: “Cuando quieres algo todo el universo conspira para que lo consigas”. Partiendo de ello y del supuesto que nada sucede sin una causa, tienes que agradecer todo lo que te ocurra, porque ése es tu aprendizaje.

La compasión me permite recordar que somos una gran familia, que todos somos iguales y que nadie ni nada merece sufrir. Cuando siento compasión empatizo con el otro, con su tragedia o con su dicha y ello me permite perdonar y a la vez entender.

El perdón aleja el resentimiento e instaura un patrón de amor y armonía en la persona.

La humildad nos recuerda que tenemos que alejarnos de la polaridad, de las diferencias y hay que sentir amor por aquel que no entiende, por aquel que su falta de comprensión en el propósito le hizo perderse en la materia.

El entendimiento nos capacita para irradiar ese sentimiento amoroso, nos proporciona conocimiento sobre nuestra verdadera esencia, aquella que habita en nuestro interior y que tras tanto tiempo identificándose con su vehículo o cuerpo, perdió la consciencia de su ser.

El valor es un arma poderosa, nos ayuda a tomar decisiones, nos aleja de la culpa y nos reconoce el propósito por el que fuimos creados.

Si entendemos que todo es energía y que para que ésta fluya positivamente tenemos que actuar con armonía, entenderemos el uso de las virtudes que nos proporciona el corazón energético como valiosos recursos para obtener la apreciada coherencia emocional.

Si en nuestras manos está transformar las olas en apacible mar, ¿porqué nos cuesta tanto hacerlo?

Hay que creer en el Poder de Transformación, en la soberanía interna que habita dentro de ti y que es la Esencia de tu ser. Si sientes esa grandeza, si sientes esa totalidad, sentirás cómo se va formando la coherencia en tu interior.

El poder de transformar las emociones, el poder de elegir aquellas que son saludables radica en TÍ.
Las virtudes del corazón son elementos a tu disposición para hacerte el camino más fácil.


Artículo escrito para el Portal de Inteligencia Emocional y publicado el 30/11/2010

domingo, 9 de enero de 2011

Tiempo para ser felices




Cada época de la vida tiene sus satisfacciones y lo importante no es si ya eres mayor o todavía eres demasiado niño, sino lo verdaderamente importante es sentirse feliz e ilusionado por la vida.
Este camino es un sendero de aprendizaje donde absorbemos experiencias, vivencias que nos conducirán a un mayor conocimiento de uno mismo y su realidad. Este punto álgido suele llamarse Madurez.
A menudo cuando entramos en esta etapa miramos atrás para hacer balance de nuestra vida, de nuestros errores, de nuestras victorias, en definitiva, de lo conseguido.
No sé si es adecuado definirlo de este modo. Creo que lo positivo es que uno cuando alcanza el grado de madurez necesario mire atrás con satisfacción, con orgullo, entendiendo todas y cada una de las experiencias pasadas como necesarias para encontrarse en el punto actual. Nada ocurre por nada. Todo está totalmente calculado y todo tiene una razón de ser.
Cuantas veces luchamos contracorriente y ello nos hace sentirnos frustrados y fracasados, porque pensamos que erramos el objetivo. Ese sentimiento nos debilita e incide directamente en nuestra autoestima. Es importante que cada suceso vivido se sienta de forma positiva, a pesar a veces de no atender al propósito previsto.
Me explicaré, muchos de los eventos que suceden en nuestra vida no lo hacen tal y como “pensamos” que hubiéramos querido: aquella relación fracasada, aquel examen suspendido, aquel trabajo no adjudicado, aquellas oposiciones por las que tanto estudiamos, fallidas. Habitualmente esos sucesos no conseguidos se viven negativamente como “nuestros fracasos”.
Lo que os propongo es que los vivamos positivamente de un modo totalmente distinto. Si todo tiene una razón de ser, ¿no es posible que aquel logro no se consiguiera simplemente porque no estaba escrito que así fuera?Esta formulación no conlleva frustración y por ende, no hay incidencia negativa en la autoestima de cada uno.
El Universo conspira para que las cosas que en su día escribimos que viviríamos, se cumplan y a menudo al no recordarlo, cogemos caminos distintos a los que “teníamos” que coger.
La emoción sentida al “fracasar” nos vuelve infelices mientras que si la emoción que siento es comprensión por la manera en que las cosas se han torcido para que consiga lo que me propuse antes de nacer, seguiré sintiéndome feliz.
Hay muchísimas experiencias que quisiéramos borrar de nuestra mente, pero seguro que esas vivencias tuvieron que ser vividas para encontrarnos en el punto de vida en el que estamos. “Si aquel día no hubiera tenido ese accidente, me hubiera encontrado en clase cuando se produjo el atentado”, “Si hubiera aprobado las oposiciones no hubiera entrado a trabajar en el periódico donde te conocí” y así millones de casos.
La diferencia es que no siempre sabemos a qué nos condujo determinado “fracaso” pero ciertamente el simple hecho de pensar que tuvo su razón de ser ya es suficiente para sentirnos felices por seguir nuestro propósito de vida.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Caos




No estoy poco acertada cuando afirmo que estamos abocados al caos y me remito a la situación actual que vivimos en este planeta que habitamos en nuestra condición humana.
No hay que irse muy lejos para constatar los hechos que están sucediendo y que lamentablemente nos están haciendo sentir bailando dentro del caos y desequilibrio. Antaño hechos como los que actualmente suceden podían deberse a “las vacas locas”, “enajenación mental transitoria”, “emociones desajustadas como los celos enfermizos”, por nombrar algunos de los nombres con los que se justificarían conductas como las que esta semana provocó un vecino de la comarca catalana de Girona. Pero ciertamente, ¿es ese un fenómeno aislado? Ni es aislado ni hay motivo que justificase (si ello cabe en lo posible) tal atrocidad. Sólo se me ocurre que la mente de ese individuo entró en el caos que gobierna nuestros días.

La sociedad está quebrando, están cayendo los poderes que la sustentaban y los individuos que siempre hemos sido marionetas de la misma, aunque de manera inconsciente, empezamos a identificar los líderes del caos, aquellos que han gobernado nuestras vidas imponiendo a su antojo nuestro supuesto libre albedrío. Dosificaron nuestra agua, acordaron unilateralmente cánones para disponer de ciertas “necesidades indispensables” creando estatus, diferencias sociales y nosotros seguíamos tolerando, cerrando los ojos a nuestros hermanos pobres, creyendo que la pobreza tenia que existir para equilibrar la balanza de la riqueza.
Ilusos sentimos que si trabajábamos mucho podríamos tener ciertas comodidades, nos hicieron creer que podíamos dejar de soñar y convertir nuestros sueños materiales en realidad y así dimos alimento a los Bancos para construir su Imperio, ese que ahora se desmorona pero que nos esta llevando consigo en su caída.

Se creó una sociedad desigual, que llamó democracia al control oculto, sociedad que no pensó en las personas por igual sino que marcó diferencias desde que tenemos conocimiento. Amigos, el feudalismo no ha dejado de existir.

Ahora que hemos cambiado los valores de la humanidad, que hemos dado luz verde a la separación, a la polaridad, al materialismo como única compensación humana, que nos distanciamos de nuestra fuente divina para ingresar de lleno en la otra cara de la moneda, donde se dan la mano, la crueldad con el engaño, la competencia con la avaricia, ahora es cuando el caos se apodera de nuestras vidas porque este mundo ya no es sostenible.

Ahora toca que el poder mundial se quite su máscara, deje de jugar este juego de marionetas que se han inventado para tejer nuestras vidas y desocupen sus cargos. Cada ser que habita este planeta tiene el derecho de decidir por él mismo, tiene el derecho de conocer todos los engaños con los que han llenado nuestras vidas.

Sólo la manipulación genética explica el desorden mental de las personas, sólo la sensación de indefensión que ha sumido esta sociedad actual a muchas de las personas que habitan hoy nuestro Planeta puede justificar los repetidos actos “incongruentes” que ocupan nuestras noticias.
Vale decir que nos cuentan lo que interesa que sepamos, porque como cobayas de laboratorio ahora mismo lo que necesitan es que entremos en pánico, en caos, para hacer más atractivo el juego de tu vida. Sólo que precisamente tú no te diviertes.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El Merecimiento





Érase una vez una jovencita a la que se le daban bien los estudios. No era especialmente exigente con ellos pero sabia que tenia cierta facilidad para sacarse los exámenes sin demasiados problemas. Sus padres eran trabajadores pero viendo esa facilidad en la niña, hicieron de más y de menos para poder pagarle unos estudios superiores. Laura, que así se llamaba nuestra protagonista, reflexionó sobre qué carrera estudiar; había que barajar posibilidades, en primer lugar, de satisfacción personal y ,en segundo lugar, y no menos importante, de supuesto bienestar económico futuro. El papel de la mujer habia cambiado en sus años de adolescente y no podía pensar en traspasar la responsabilidad de su futuro a aquel que fuera su esposo. Así, pensando y pensando, llegó a la conclusión que Derecho sería una buena elección. Pero tenía una pequeña pero no menos insignificante pega: a Laura no le gustaba dedicar "tiempo extra" a los estudios porque a ella también le agradaba salir y relacionarse con sus amigos, disfrutar de los tiempos de ocio. Así que desestimó la abogacía a pesar de esa magnífica serie que echaban por la "caja tonta" en la que una alocada y ensimismada abogada extremadamente delgada metía frecuentemente la pata en los lavabos unisex del despacho de abogados para el que trabajaba.
De nuevo Laura tuvo que acceder a su lista de posibilidades para barajar nuevamente otra elección. Recordó que siempre le habia gustado escribir, que antaño había escrito inclusive cuentos y al parecer según le había dicho su profesor de literatura, no se le daba mal. Pero los escritores no ganan dinero con lo que la supuesta "independencia económica" por ella deseada podría verse frustrada.
Pero ella era independiente y atrevida, así pues el Periodismo podría llevarla a otros paises, acercarla a otras culturas y vivir una vida de riesgos y libertad, pensó. En realidad, Laura no era ni tan atrevida ni tan independiente como pensaba, así pues la idea de cursar estudios de Periodismo rápidamente pasó a un segundo plano.
El padre de Laura estaba preocupado porque veía a su hija perdida, sabiendo que tenia que tomar una decisión importante que todos esperaban que no fuera equivocada. El futuro para los padres había sido tan distinto del que ahora podían darle a su hija que Laura sentía una terrible responsabilidad en tomar la elección adecuada.
Una noche cualquiera de un dia cualquiera una voz desde su interior le susurró que lo que ella verdaderamente quería era conocerse más a sí misma y con ello ayudar a las personas y en ese momento tuvo claro que tenía que elegir una profesión humanitaria. Barajó Medicina, Psiquiatria, Psicologia decantándose por esta última.
Los padres suspiraban, por fin Laura habia elegido, aunque hubieran preferido llamarla "Doctora" pero se sintieron igualmente orgullosos por haber contribuido a dar a su hija unos estudios superiores que le facilitaran el camino profesional que tan difícil parecía en esos días. ¡Ella reflejaría lo que ellos no habían podido ser!
Para Laura la vida tenía muchas maravillas que descubrir y entre ellas estaba el amor, que pronto emergería. Pero sus objetivos estaban claros y no quería depender económicamente de nadie, así es que terminada su carrera trató de labrarse un futuro laboral mínimamente estable pero sin grandes ambiciones porque Laura priorizaba otras cosas al adictivo poder. Laura era soñadora, idealista y apasionada, cuestionaba lo que para ella eran injusticias y no le preocupaba ganar. Ella necesitaba sentir la ayuda, sentir que su granito de arena mejoraba a alguien de su entorno. Y así pasaron los años, sin gruesas cuentas corrientes pero con grandes satisfacciones internas aunque también tuvo decepciones por esperar un mundo más justo que el que nos toca vivir.
Fueron unas oposiciones de joven, una plaza casi adjudicada en un Ayuntamiento, por mencionar algunas de sus "internas" frustraciones para culminar en obstáculos que siempre aparecían de un modo u otro en el camino que "supuestamente" se había marcado.
Laura se decía a sí misma que si ella se creaba su realidad porqué no había prosperado en aquello que consideraba era su mérito. Dos preguntas se daban forma en su mente: ¿Porqué se levantan esos muros que me imposibilitan el acceso que creo merecer? y ¿Qué necesito demostrar con ese merecimiento?
A Laura nunca le había preocupado realmente su posicionamiento. Su filosofía siempre fue la de vivir cada instante que nos conceda la vida y enriquecernos interiormente con lo que hacemos. Merecer o no merecer una posición laboral nunca fue su prioridad sin embargo siempre buscó ese merecimiento en esas oposiciones que jamás consiguió.

Una Laura madura sonríe cuando piensa en ello y entiende, al final, que erró en ese camino porque no era el que tenia que tomar por más que se sintiera frustrada cuando no conseguía el reconocimiento.
Algunas veces la vida nos pone trabas en aquello que consideramos es nuestra meta y lo hace porque en realidad no es eso lo que queremos aunque pensemos que sí.
Laura se habia pasado media vida tratando de formar parte de la jerarquía cuando no creía en ella. ¿Porqué no se había escuchado a sí misma en vez de perder tanta energía con cada intento y posterior fracaso?

A menudo como Laura hemos de preguntarnos para qué necesitamos conseguir ese reto que nos hemos marcado, somos realmente nosotros los que lo deseamos o esa compensación viene necesitada por algún componente externo no identificado. A quién deseamos agradar, quién obtiene la recompensa, los otros o nosotros.
Si no tememos escuchar nuestro interior, las respuestas apareceran y evitaremos un gasto de energía innecesario y una proliferación de emociones negativas que sólo recompensan a aquellos que se alimentan de ellas.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Loki




Naciste a primeros de agosto de unos excelentes padres, aunque por desgracia no pudiste seguir con ellos, imagino que eso a tí poco te importó. Como buen perro, lo único que deseas es una vida gratificante al lado de unos humanos que te cuiden, te proporcionen cariño, buenos paseos y lo más importante, ¡mucha comida!

Te recogimos dos meses más tarde, tras preparar tu nuevo hábitat y desde el primer momento te adaptaste a la perfección.
¡Qué diferente hubiera sido para nosotros esa adaptación si hubiéramos estado en tu lugar!
Tú sólo pedías atención y alimento y como recompensa podemos asegurar que darías tu vida por nosotros.

Algunas veces cuando estoy contigo te observo y me gusta lo que veo. Te siento feliz, alegre, loco y atolondrado cuando comparto mi tiempo contigo, y eso me place porque aprendo a quererte, a disfrutar de las pequeñas cosas, de esos momentos en los que comparto a tu lado.
¡Es tan fácil hacerte feliz! que me siento egoísta cuando me quejo, cuando exijo, cuando me frustro...

Rebosas entusiasmo cuando nos ves, cuando apenas estamos unos minutos a tu lado pendientes de un reloj que gobierna nuestras vidas humanas. Y tú, siempre esperas atento nuestro regreso, nunca te muestras cansado, decepcionado, rechazado, al contrario, siempre sabes darnos lo mejor de tí. Eso, querido Loki, lo valoramos y apreciamos y aunque sólo seas un perro, eres parte de nuestra familia como los peces del estanque o los pájaros que visitan nuestro entorno, construyendo sus nidos para pasar el invierno o tener a sus crías.

Cuanto más observas a los animales más aprendes valores como la lealtad o la tranquilidad, despertando en tí un sentimiento de gratitud que como humanos parecíamos haber perdido.

Gracias Loki por "casualmente" ser miembro de nuestra familia. Te queremos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Trastornos de la Personalidad




Cada ser humano es dueño de una personalidad propia y por ello somos únicos. Nuestra personalidad es la que marca la persona y su adaptación a las diferentes circunstancias de la vida será la que marque a menudo la diferencia entre trastorno o no.
Podríamos definir la personalidad como un conjunto de rasgos que contribuyen a la conformación mental del sujeto dándole su propia fisonomía. La personalidad es como una especie de masa moldeable que intenta equilibrarse con las distintas situaciones de la vida para llegar a una adaptación sujeto-entorno. En resumen, es el conjunto de características constantes de un individuo. Estas características conforman a su vez inteligencia, carácter temperamento, constitución y como conjunto que es tiene tanto elementos sanos como deficientes. El ser humano reacciona frente a las circunstancias de la vida tanto con unas como con otras. Si una persona tiene complejos es evidente que reaccionara con ellos a la vez que con el resto de la personalidad.
El arte de vivir no se hace posible si la persona no se ha desprendido de aquellos impedimentos que le impone su propia personalidad. Hay que evolucionar frente a las situaciones que vivimos y saber adaptarnos para conseguir una armonía cuerpo-mente.
Las enfermedades de la personalidad son muchas; diferentes influencias del entorno vivido, modelos inapropiados de educación, conflictos en la relación padres-hijos, situaciones límites y un sinfín de etcéteras pueden producir los llamados trastornos de personalidad.

Trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo
Se consideran controladores y responsables tanto de ellos mismos como de los demás. Es como si creyeran que todo depende de ellos y por tanto deben alcanzar y mantener el nivel óptimo de perfeccionismo. El resto de mortales aparecen ante sus ojos como “ineptos” y “despreocupados”. Para sobrevivir necesitan orden y perfección. Para ellos es catastrófico perder el control o no llevar a cabo los “deberes” que a menudo se autoimponen. Cualquier fracaso puede llevarlos a la depresión. Son individuos demasiado exigentes con un alto nivel de ansiedad que se frustran habitualmente.

Trastornos de la personalidad por dependencia
Se sienten desvalidos, desprotegidos necesitando continuamente el apoyo de los demás. Son los otros, los fuertes los que les proporcionan los recursos necesarios para alcanzar la felicidad. Sin ellos, no son nadie. Son tremendamente débiles y con una autoestima muy baja.
Este tipo de personas pueden funcionar perfectamente mientras cuenten con el apoyo y cuidado de la persona “fuerte”. Si ésta les falla, se hunden.
Su principal temor es el rechazo o el abandono.

Trastornos de la personalidad pasivo-agresiva
Su estado levita entre la pasividad y sumisión para mantener sus relaciones con el entorno y la agresividad que explosiona frente a la pérdida de autonomía que sienten en su interior. La ambivalencia les marca: necesidad de apego y miedo al abuso fluctuando entre una conducta pasiva y una conducta agresiva como aquel globo que finalmente se hincha y explota.

Trastorno paranoide de la personalidad
El sujeto paranoide es desconfiado por naturaleza. Siempre atento esperando pillar con las manos en la masa a aquél que le traicione. Ve fantasmas donde no los hay. Todo el mundo es una gran conspiración contra sí mismo.
Es cauteloso, sus interpretaciones siempre son complicadas y falsas.
Teme ser secretamente manipulado o controlado.
La ansiedad continua que sufren provocada por sus “manías” les hace a menudo solicitar terapia.

Trastorno narcisista de la personalidad
Se consideran especiales, divas, superiores a todo ser humano. Esa condición les posibilita un trato diferenciado del resto de la humanidad. Si no lo obtienen, pueden castigar o bien sentirse terriblemente frustrados.

Trastorno antisocial de la personalidad
Este tipo de personas se consideran autónomas y con fuerza en sí mismas. Creen tener derecho para violar las normas y reglas impuestas. La personalidad antisocial “primero pega y luego pregunta”. Pueden delinquir abiertamente o bien ser más sutiles y estafar mediante astutas manipulaciones.
Su creencia es que el mundo es injusto y yo merezco tener aquello que tienen otros. Sus actos delictivos siempre están justificados por ellos. No hay normas, no hay distinción entre el bien y el mal.

Trastorno esquizoide y esquizotípico de la personalidad
La palabra clave es el aislamiento y su estrategia mantenerse a distancia de los demás para preservar su soledad al máximo. El acercamiento de los demás lo viven como intrusión y ello representa una amenaza para su vida.

Trastorno de personalidad por evitación
Estas personas desean la cercanía con el entorno pero a la vez temen ser heridas. El temor al rechazo, al dolor les hace evitar toda relación y así no pueden llegar a sufrir. Evitan la evaluación, el riesgo porque el mayor temor que pueden sentir es la humillación. El paciente evitativo limita sus expectativas, se abstiene de compromisos porque en ellos existe el riesgo al fracaso.

Trastorno histriónico de la personalidad
Se viven como encantadoras con cierto estilo y totalmente merecedoras de atención por parte de los demás. Necesitan cautivar como modo de funcionamiento, atraer, expresar emociones de forma abiertamente manifiesta. Son unos excelentes actores, pues su vida entera parece puro teatro. Confabulan, manipulan siempre para conseguir que el resto se mantenga a sus pies. Bajo un aspecto jovial y seguro se esconde el temor a la indiferencia y rechazo.

Trastorno límite de la personalidad
Aquí se amontonan aquellos trastornos difíciles de encasillar, que están a caballo entre la neurosis y la psicosis. Se define como una pauta duradera de percepción, relación y pensamiento tanto sobre el entorno como sobre sí mismo en la que existen problemas en diversas zonas, como por ejemplo en la relación interpersonal, en la imagen que tiene de sí mismo, en su estado anímico, etc..
Podemos alertarnos ante un TLP cuando veamos por ejemplo: vivencias de relaciones intensas e inestables, conducta compulsiva, sentimientos de vacío o aburrimiento crónicos, impulsividad, ira intensa e incontrolable episódicamente, no tiene muy claro sus metas, sus prioridades, su escala de valores (confusión).

Tratamiento cognitivo para los trastornos de personalidad
En los trastornos de personalidad existen unos esquemas (pensamientos) inadecuados que paralizan la conducta positiva y son precisamente esos pensamientos los que hay que desbloquear en todos los trastornos de personalidad.


Ejemplos de esquemas de pensamiento de los trastornos de personalidad

Obsesivo-compulsivo Los detalles son cruciales
Por dependencia Necesito de la gente para ser feliz
Pasivo-agresiva La gente interfiere en mi libertad de acción.
Paranoide Hay que vigilar constantemente porque la traición puede venir de cualquier parte.
Narcisista Como soy especial debo tener reglas especiales.
Antisocial La gente es tonta yo tengo derecho a no respetar las normas.
Esquizoide y Esquizotípico Las relaciones son indeseables.
Por evitación No puedo soportar los sentimientos desagradables de rechazo y humillación.
Histriónico Soy tan buena que no tienen derecho los demás a negarme lo que yo quiero.
Límite Siempre estaré solo.
Soy malo, merezco el castigo.
No soy capaz de controlarme.
Tengo que protegerme de la gente porque me puede hacer daño
.
Si me conocieran realmente no estarían conmigo.