lunes, 18 de octubre de 2010

Mujeres Maltratadas



Episodio 1: MARÍA

Los rayos de sol alumbraban la estancia a través de la pequeña y descolorida ventana. María estaba sentada en la cocina con una taza de café y un cigarrillo; reflexionaba en qué se había convertido su vida. Marcos y Ana, sus hijos, estaban de colonias, esa misma tarde regresaban, y Lucas, su marido, todavía no había vuelto del turno de noche en la fábrica de metales. Por suerte, hoy los chicos no asistirían a otra de las habituales peleas y no llorarían en silencio por el sufrimiento de mamá.
Día tras día Lucas llegaba a casa malhumorado, cansado y la tomaba con María. Ella trataba de no hacerle enfadar y no imponer queja alguna que pudiera hacer estallar la bronca entre ellos, pero, hiciera lo que hiciera, Lucas buscaba siempre la manera de justificar su agresividad y en consecuencia sus golpes. Cualquier minucia como una mota de polvo apreciada o una zapatilla fuera de su sitio era motivo suficiente para atestarle el primer golpe, y, tras éste venía la paliza, paliza a la que María ya se había acostumbrado.
Ese comportamiento de Lucas se daba prácticamente desde el principio de su unión aunque ella siempre creía que ocurría porque él era extremadamente celoso. De hecho, en los primeros años de matrimonio ya se producían episodios de violencia doméstica. Si, por ejemplo, cuando Lucas llegaba a casa encontraba a María en la escalera conversando con algún vecino varón, lo primero que hacía al entrar en casa (no antes porque sabía guardar discreción) era abofetearla por desvergonzada. A ella eso no le ofendía, al contrario, creía que así debía comportarse un hombre que amara a una mujer. Pero el paso de los años y el estancamiento laboral habían acusado esos encuentros haciéndolos cada vez más intensos y violentos.
Lo que en un principio podían considerarse bofetadas que pocos moratones dejaban, en la actualidad María sufría peleas casi a diario de las que salía fuertemente magullada.
Ella justificaba la actitud de Lucas diciendo que así era su hombre, con carácter, y porque tras la pelea, tarde o temprano, recibía alguna muestra de cariño, por pequeña que fuera.
La verdad es que nunca había sido excesivamente cariñoso, inclusive su aspecto duro y distante no parecían demasiado apropiados para ofrecer muestras de amor, pero María conservaba aún algún que otro buen recuerdo de los 3 primeros años de unión.
Lo conoció en un baile al que asistió con una amiga un domingo del mes de abril. Lucas se le acercó para pedirle que bailara con ella y desde ese momento ya no dejaron de verse. Llevaba un traje gris algo gastado por el paso del tiempo pero que le resaltaba sus rasgados ojos negros. Su pelo, peinado hacia atrás, acumulaba bastante gomina para disimular sus afianzados rizos de color castaño.
Le pareció apuesto desde el mismo instante en que le vio a pesar de los consejos de su amiga indicándole la fama de mujeriego que tenía. Consuelo ya había sido víctima de esos penetrantes ojos negros y sentía recelo de que María obtuviera la misma fortuna.
Bailaron hasta bien entrada la noche y al acompañarla a la pensión donde vivía, la besó ardientemente en los labios. María se sintió frágil a la vez que poseída por la fortaleza de ese hombre que le había arrancado su primer beso. Fuertemente atraída por él volvió a citarse la siguiente tarde a la salida de la fábrica de telares en la que trabajaba. Lucas plantado en la puerta la esperaba vestido con una cazadora de cuero negra y unos pantalones blancos de pinzas. Realmente parecía un completo gigoló pero a pesar de ello y de los comentarios o referencias que tenía, María quedó perdidamente enamorada de él. En este segundo encuentro Lucas la rozó con un beso en la mejilla y la cogió fuertemente de la mano para así juntos caminar hasta un local donde todo el mundo parecía conocerlo. Tomaron un refresco y charlaron.
María recordaba vagamente ese día puesto que ocurrieron cosas algo contradictorias, si ahora lo pensaba:

“En ese mismo local hubo un incidente con el chico que nos trajo las bebidas. Al acercarse a mí me susurró al oído que tuviera cuidado con mi acompañante, que ya era la tercera o cuarta mujer a la que invitaba y, todas, tras esa cita, huían de su lado como si miedo le tuvieran.
La verdad es que lo comentó de forma simpática y para nada grosera, pero Lucas no así se lo tomó y se levantó y lo cercó hacia una esquina donde lo amenazó discretamente para no dar la nota en el lugar, pero con una intensa ira en su mirada. Tras ello se acercó nuevamente a mí y me tomó la mano para así irnos del local al que acusó de poco elegante para una “damisela como tú”; sí, esas fueron exactamente las palabras.
Tras ese incidente no volvimos a pisar el lugar, bueno al menos juntos, porque al cabo de poco menos de una semana acudí con una amiga porque sentía interés en conocer la verdad de esas palabras pronunciadas por el camarero. No estaba allí, pregunté por él y me dijeron que estaba enfermo. Nunca más lo volví a ver.”

Ahora pienso que quizás esa misma noche, una vez me hubo dejado en la pensión donde me hospedaba, regresó y terminó aquello que mi presencia importunó.
Lo cierto es que los hechos siguientes fueron tan maravillosos que en poco menos de un año nos casamos.
Realmente Lucas se había vuelto más agrio y grosero desde el nacimiento de Ana, la hija pequeña, y el cierre de la fábrica en la que estaba. El dinero siempre faltaba en casa y, probablemente pensaría que justo se había quedado sin empleo en el peor de los momentos, con una boca más por alimentar.
Esa época, recordaba María, fue la más dura de su relación. Lucas se tiró mucho a la bebida y regresaba a menudo borracho despertando a la pequeña con sus gritos y palizas. Marcos, el mayor, se tapaba los oídos con sus manitas y se sentaba en el suelo en un rincón de su habitación. Lucas jamás le puso la mano encima, ni a él ni a Ana, sólo tenía coraje para golpearme a mí.

Por suerte esa fatídica época no duró demasiado y el paso del tiempo la ha suavizado en el recuerdo.

Lucas pronto encontró un nuevo trabajo y aunque el salario no era suficiente y tenia que echar horas en un pequeño taller para complementar el sueldo, lo cual le predisponía al malhumor, el abuso de alcohol se había moderado y ello facilitaba la convivencia.
La verdad es que la relación entre la pareja estaba cada vez más deteriorada. Los ánimos estaban siempre caldeados y María tenía bastante facilidad para embarazarse lo que provocaba mayor tensión en la relación.
Los tres abortos provocados le taponaron su fertilidad relajando los problemas de nuevos embarazos por un tiempo. Lucas era un hombre potente y con muchas necesidades y María tenía que estar siempre a punto para satisfacerle. El placer de ella nunca contó ni tampoco le importó al hombre cómo se lo hacía María para evitar un embarazo.
Mientras los niños fueron pequeños ella tuvo que cuidar de ellos y de la casa y fue Lucas quien trabajaba para mantenerlos.

El estrés por la cantidad de horas echadas y la rutina a la que se vio inmerso agravarían su agresividad.

Mientras se encontraba inmersa en sus reflexiones, la puerta se abrió y un ojeroso y sucio Lucas apareció. María se levantó sobresaltada de la silla en la que se hallaba porque sabía que se avecinaba la tormenta.

Continuará...

sábado, 9 de octubre de 2010

Mujeres maltratadas




“Hay muchas clases de maltrato además del físico, propiamente dicho. Cuando un componente de una pareja pierde su libertad, está siendo maltratado.”

Un día cualquiera de un mes cualquiera

Las dos mujeres aún no se conocían, formaban parte de mundos distintos pero iban a iniciar una trayectoria común, unidas por un destino que quizás persiguiera su salvación o tal vez su desgracia. La vida de cada una de ellas era bien distinta, pero en común tenían su condición de mujer y el maltrato al que habían sido o eran sometidas. Jóvenes ambas iban a aprender mucho la una de la otra.

Quién parecía más inteligente, quizás se escudaba en esa actitud para verse más fuerte, y, aquella a quien los ojos del entorno vieran más sumisa, podía muy bien ser simplemente una opción de vida elegida.

María y Elena se llamaban y pronto sus vidas se cruzarían...

* * *

Elena

Elena llamó a su madre como cada semana solía hacer. Esta vez ya estaba cansada de fingir que todo era maravilloso e iba a contarle todo el dolor y la amargura acumulados en los últimos meses. Mentir no era ningún rasgo de su carácter, muy al contrario, una característica de su personalidad era precisamente la sinceridad con que encauzaba cualquier conversación, pero había aprendido a usar la mentira para no preocupar a los suyos, aquellos que tan lejos estaban pero seguían cercanos en su corazón.

Había tomado una decisión que afectaba en cierta medida a sus padres y necesitaba sentir que ellos seguían a su lado. Había perdido dignidad y autoestima y sólo ellos podían devolverle algo del amor desvanecido. El tiempo y su voluntad harían el resto, pero ahora todo estaba demasiado reciente y necesitaba llorar, aunque sus lágrimas resbalaran por el auricular sin poder ser atendidas con una cálida acogida. Su madre sabría contener ese lamento como cuando de niña se hacía daño y ella le calmaba dulcemente el dolor. Ahora el dolor punzaba con fuerza el interior como si una herida interna sangrase sin poder ser taponada.

-¡Me han hecho daño mamá! – Se lamentó sollozando la niña interior de Elena a través del auricular – Me siento perdida y necesito que me escuches y me calmes como cuando era niña.
-Sabes querida mía que siempre he estado a tu lado aunque la distancia no lo haya querido así – respondió su madre – Algo en mi interior me decía que no eras feliz, que sufrías, pero no podía cuestionarte porque entonces hubiera faltado a mi lealtad y confianza. Tú tenías que contarlo, tenías que pedir mi ayuda, para que yo, sin pestañear siquiera, te ofreciera todo el consuelo que me fuera posible.
-No me quiere mamá, nunca me ha querido, todo ha sido una farsa. Creía que era yo quién descuidaba mis deberes como esposa, como mujer, siempre atareada con el trabajo a cuestas, pero finalmente he abierto los ojos y he visto aquello que mi corazón negaba. – dijo Elena.

-No siempre, querida niña, estamos preparados para escuchar la verdad e insonorizamos con pequeños matices aquello que podría lastimar nuestra alma, hasta que finalmente estamos preparados para afrontarlo – la consoló su madre.

-Pero es que yo no creo que esté preparada para sufrir esa terrible derrota, porque no es otra mujer la que me ha vencido, sino su homosexualidad. – confesó Elena.

–Uno no despierta de la noche a la mañana con esos instintos, eso es algo que se halla muy arraigado en su interior y que podría haber permanecido oculto durante toda una vida si yo no hubiera intervenido.- prosiguió.

-Pensé que sería positivo para nuestra frágil relación improvisar un encuentro- contó Elena –llevábamos demasiado tiempo distanciados y creí oportuno pedirle perdón dejando por una vez de lado el trabajo en pro al amor.

-No me cuentes más, creo poder imaginar lo que sucedió – le cortó la madre
-Pobre niña, ¡qué ultrajada te debiste sentir!

–No sabes bien cómo me sentí en aquel instante mamá –dijo Elena.–No solo los sentimientos hacia él, sino los propios, se vinieron abajo y todo el trabajo de poder logrado con los años se desvaneció como si la auto-confianza jamás hubiera estado presente en mi ser.

-Pero tú eres fuerte mi niña y sé que te repondrás. No debes permanecer por más tiempo sola, rodeada de extraños – dijo su madre –tienes que liquidar todo ese pasado y volver a tu país. Allí no serás capaz de recobrar tu vida. Aquí, no será fácil, pero al menos podremos ayudarte a olvidar. Creemos en ti, pequeña, y sé que podremos lograr juntos que la confianza perdida vuelva de nuevo a ti.

–Gracias mamá –dijo Elena –precisamente ahora es lo que trato de hacer, terminar con todos los hilos que me unen a esta pesadilla para regresar de nuevo a mi país, pero se me hace difícil, porque debo hacerlo toda sola y no soy tan fuerte como en un principio creí.

-Me gustaría pedirte que vinieras, aunque fueran unos pocos días, porque ahora mismo no sé si quizás sería capaz de hacer alguna tontería.-prosiguió Elena – Me siento débil y os necesito cerca. Terminar con este episodio de vida londinense me llevará aún unos cuantos meses y necesito unas dosis de vuestro amor y comprensión.

–Cariño, eso ya había quedado claro. Tus asuntos son los nuestros, si así lo deseas. Papá no podrá dejar su trabajo durante mucho tiempo, pero yo podré arreglarlo perfectamente para permanecer a tu lado hasta que recobres la serenidad – dijo su madre con empatía.
–Me vendrán bien unas vacaciones en la capital oscura así es que prepárate a sonreír porque eso es lo que harás a partir de los próximos días -concluyó su madre.

Tras esa conversación, Elena se sintió más comprendida y querida, con más fuerzas para actuar con el aplomo necesario durante los episodios venideros. Tenía que enfrentarse con una familia noble a la que nada gustaría sacar a relucir “trapos sucios”. Probablemente la chantajearían, la humillarían,... pero ella debía mantenerse firme y segura porque lo que había visto había hundido todo lo que sentía por su marido y probablemente quebraría parte de la seguridad adquirida.

La entrañable voz de su madre, sus cariñosas palabras, le devolvieron momentáneamente la fe en su poder, en sí misma. Era una mujer herida pero finalmente había encontrado el camino para cicatrizar el dolor. La habían humillado, ultrajado pero lograría sacar su fuerza interior para reponerse de sus heridas. Tenia poder, el poder de amarse a sí misma y eso la salvaría.


María

María se levantaba cada día a las 7:30 horas. Ese día no tenía nada de especial, iba a ser uno de tantos en su monótona vida. Se sentía especialmente cansada esa mañana, quizás no era exactamente cansancio pero sí cierta predisposición apática. Nunca había sido demasiado alegre ni siquiera amante de los deportes, pero desde que tuvo a los niños se volvió más pausada; realmente ya tenía bastante con el ajetreo de su hogar, los críos y la casa de doña Isabel, donde limpiaba y cocinaba, como para pensar encima en mantenerse atlética.

Se reía en sus adentros imaginándose por un momento practicando un deporte. Realmente tenía suerte de su constitución delgada porque nada tenía que ver con la práctica deportiva. Ni tiempo tendría aunque quisiera. Recordaba, eso sí, que le gustaba bailar, aunque eso pertenecía a un pasado bastante lejano.
No era tan mayor, pero sus huesos estaban agotados; ya fuera por el día a día, ya fuera por los golpes.

María estaba casada con Lucas, alguien a quien le gustaba mostrarse autoritario con las mujeres y si era necesario utilizar la fuerza, aunque en el fondo tenía un gran corazón, al menos así lo demostraba con los niños. Tampoco había tenido mucha fortuna con su trabajo y esa situación poco fructífera tenía mucho que decir en su comportamiento para con María.

Lucas se había marchado ya al trabajo y María se desperezaba como de costumbre; pronto tendría que levantar a los niños, pero antes debía arreglar su habitación para que cuando él llegara pudiera echarse una siesta.

A las 8 en punto los niños se levantaban y ellos mismos arreglaban su cama. Por fortuna, tenía unos hijos maravillosos y muy hacendosos. La vida en eso si le había sonreído.

La comida la preparaba la noche anterior y así podía dormir un poco más. Por la mañana era cuando más a gusto se estaba en la cama y además, tampoco le interesaba lo que echaban por la televisión. Cuando terminaba de cenar se metía en la cocina y no salía hasta que hubiera acabado la comida del día siguiente.
Algunas veces los niños se habían acostado solos y Lucas entraba sigilosamente en la cocina acosándola, otras se quedaba frito en el sofá y ya no había nada que temer.

Odiaba hacer el amor con él porque había perdido la dulzura sustituyéndola por la fuerza. Parecía que se sintiera poderoso cada vez que agresivamente la penetraba. Obligarla le excitaba pero también le enojaba.

Esa era su vida, casada con un hombre que tenía mal carácter, intensamente posesivo pero al que debía lo que ella era. Formaban una familia y eso ella no lo había tenido. Lo quería y lo respetaba. Era el sostén de su familia, su propia familia y tenía que cuidarlo porque era su deber.

Era una mujer agotada pero con unas creencias demasiado difíciles de vencer. Eso probablemente la hundiría o tal vez, la mataría. ¿Hasta dónde podría llegar su paciencia? ¿Cuánto habría que ultrajarla para que ese tipo de mujer, devota y sumisa, reaccionara?

La elección siempre es nuestra, en cada acto, en cada palabra. Una primera vez pueden hacernos daño pero si seguimos aguantándolo es en cierto modo porque así lo deseamos en alguna parte de nuestro ser.


Dos Mujeres

En un punto de nuestra historia los caminos de ambas mujeres se cruzarían, una ayudaría a la otra a abrir los ojos y a rebelarse recuperando la confianza perdida.

Tan distintas, pero, a la vez, con historias paralelas.

Elena sufrió en su propia piel el maltrato psicológico que la vida conyugal le había deparado al casarse con un ser rígido y sin sentimientos. Fueron años escondiendo la verdad que ahora se destapaba, ocultando un hecho tan desconcertante como que tu propia pareja desee a alguien de su propio sexo. Ese descubrimiento la frustró tanto que su propio equilibrio se desestabilizó sufriendo un verdadero desajuste emocional.

Esa es la gran incidencia del entorno en el propio ser, que de la noche a la mañana puede producir el más terrible y asolador terremoto al edificio más bien construido. Elena sintió en su ser el paso de esa tragedia.

María vivía sumida en un continuo maremoto pero todavía no lo había constatado. En su percepción del mundo, esa manera de vivir era la normal. La fortaleza de Elena serviría de empuje para que María proclamara su independencia. La lucha ayudaría a Elena a reconstruir ese interior magullado.

Dos mujeres maltratadas, dos historias similares, pero con un solo destino.

domingo, 19 de septiembre de 2010

¿Fluyen tus emociones?




Definimos Inteligencia Emocional como una disciplina que nos ayuda a lidiar de manera inteligente con nuestras emociones.
Una emoción es una sensación que surge en nosotros frente a una situación o pensamiento.
Algunas veces es agradable pero otras no. A menudo funcionamos evitando sentir aquella emoción desagradable, con lo que la REPRIMIMOS.
Otras veces, también desafortunadas, la EXPRESAMOS CON RABIA.
Cuando reprimimos surge el RESENTIMIENTO, cuando la expresamos con rabia surge la CULPA.

La Inteligencia Emocional surge para ayudarnos a que eso no suceda y para ello establece 5 estadios:

• AUTOCONOCIMIENTO
• AUTOREGULACIÓN
• AUTOMOTIVACIÓN
• EMPATIA
• HABILIDADES SOCIALES

En el autoconocimiento, aprendo a conocer mi interior, a saber cómo me siento, cómo reacciono frente a un estímulo.
En la autorregulación, aprendo a gestionar las emociones que siento para fluyan adecuadamente.
En la automotivación, aprendo a motivarme por mí mismo, entiendo el propósito de mi vida y intenciono mis pasos para lograrlo.
Con la empatía, soy capaz de ponerme en el lugar del otro y me es más fácil sentir su dolor y su alegría. Aprendo a suponer menos y a entender más.
Finalmente las habilidades sociales me ayudan a ser más asertivo, a relacionarme de manera más eficaz con las personas.

Pero demos marcha atrás porque para que esta disciplina tenga sentido tengo que entender que TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS SOMOS ALMAS O SERES DE LUZ que habitamos en un cuerpo y así experimentamos nuestro paso por la Tierra.

Como cuerpo poseemos MENTE y EMOCIONES. La mente tiene que ver con los pensamientos, con el razonamiento y las emociones tienen que ver con los sentimientos.

Imaginemos que nuestra alma es el pasajero de un tren (cuerpo) que recorre una vía inagotable o de duración determinada (la vida). Durante el recorrido verá muchas cosas a través de las ventanas de su vagón, interactuará con ellas e inclusive con las personas que compartan vagón (familiares, amigos, profesores…). Ese conocimiento transmitido por las personas que comparten el vagón durante el largo recorrido irán dejando una IMPRONTA en la persona creando así el grupo de CREENCIAS, ASUNCIONES, VALORES con los que crecemos.

El paisaje, lo que sucede en el exterior nos produce sensaciones, pensamientos, sentimientos y todo a la vez se tiñe de las creencias que hemos ido adquiriendo.

En definitiva, el conjunto ALMA-CUERPO-MENTE-EMOCIÓN es un conjunto interdependiente y por ello es tan importante que todas las partes se hallen en ARMONIA Y EQUILIBRIO.

Si la creencia es IRRACIONAL, produce PENSAMIENTO IRRACIONAL y en consecuencia LAS EMOCIONES RESULTANTES SON IRRACIONALES.

Esas emociones irracionales nos PARALIZAN, SE ENQUISTAN y lo más importante AL NO FLUIR NOS PRODUCEN MALESTAR.

Con los cinco estadios propuestos por la INTELIGENCIA EMOCIONAL conseguimos coherencia emocional, dejamos que las emociones transiten y vivimos más felizmente.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Otro




El Otro lleva tanto tiempo conmigo que ni siquiera puedo pensar en mí sin él. Él me guía en todos los instantes de mi vida. Ha estado presente en mi nacimiento, cuando tuvimos aquel accidente en el que pensé que perdía a mi madre, en aquellos difíciles días en que me lo cuestionaba todo. Me ha acompañado en todas y cada una de las situaciones que la vida me ha dado, ofreciéndome en todo momento atención y cuidado. Tanto hemos vivido juntos que ahora se hace difícil prescindir de él.

El Otro es algo así como mi propio vestido, el ropaje con el que asisto a las representaciones de la vida, mi consejero que interviene para que mis decisiones sean acertadas. Ha estado tan pegado a mí, que ahora no sé si voy a poder.

El Otro me aconsejó cuando decidía qué profesión elegir, me susurró: "éste es el hombre adecuado" cuando decidí comprometerme, me hizo sentir que estaba preparada cuando tuve a los niños. ¿Vale la pena tomar el camino equivocado?

El Otro siempre ha sabido lo que era mejor para mí, me ha acurrucado en los sollozos y ha evitado que cayera por más de un acantilado, pero lo más importante de todo es que SIEMPRE HA PENSADO POR MI.

Y ahora me pregunto: ¿Es eso lo que en verdad quiero?

El Otro se viste de sabiduría para hacer que sientas su necesidad de existir. Critica tus decisiones alocadas para que creas que sin escucharlo estarás mal. Te hace sentir pequeña cuando teme ser descubierto.

El Otro vive de ti, vive tu vida enfundado en tu caparazón. Se coló junto a tu alma en el momento en que decidiste vivir una existencia terrenal y empezó a hablarte desde tu nacimiento. Su voz cada vez sonó más fuerte en tu interior y pensaste que ésa era tu alma. Pero no, era la del Otro.
Es un ser que habita en las tinieblas que rodean tu corazón, bloqueando que éste sea escuchado.


El día que despiertes y escuches verdaderamente tu corazón quedarás deslumbrada por los misterios de la vida, estarás abierta a los milagros y vivirás cada segundo de tu existencia con tal intensidad y plenitud que jamás sentirás el vacío que habita el alma humana.

Entonces reconocerás el tiempo perdido escuchando al Otro, dejando que él viva tu vida, limitando al máximo tus sentidos y verás que esas dudas que ahora albergas sólo son una manipulación más del Otro porque ahora sí ve con temor el fin de su existencia.

viernes, 27 de agosto de 2010

MAKTUB = "Está escrito"



Se dice que todos tenemos escrito nuestro destino antes ya de nacer y que conforme crecemos todo se va alineando de modo que podamos cumplir con nuestra Historia Personal, aquella que nos pertenece y que elegimos vivir.
Pero no todos recordamos, no siempre atendemos a las señales que nos muestra la vida. Es importante entender cuál es nuestro propósito de vida, porqué determinadas personas se cruzan en nuestro camino y, aunque al final siempre acabamos eligiendo conscientemente nuestro destino, hemos de saber que nuestra historia ya estaba escrita por nosotros mismos antes siquiera de ocupar este cuerpo.

Nuestra alma guía nuestro sendero con aquellas señales que llamamos “intuiciones” aunque muchas veces ésas se confunden con deseos de la mente. Hemos de aprender a reconocer las verdaderas señales para conseguir el objetivo o propósito de todo humano: cumplir su historia personal, tal y como él mismo la diseñó.

Para ayudarnos a recordar nos cruzamos en el camino con personas, situaciones, accidentes, “casualidades”. A veces, pensamos que eso es injusto, que aquello nos desvía de nuestro propósito, que esto no nos lo merecemos,... pero todo sucede por alguna razón y cuando te dispersas demasiado, el Universo te da un toque para que recuerdes tu realidad, aquella que tú creaste.

Nuestro diario fue escrito mucho antes de nacer, cada ser humano tiene el suyo, en el que se relatan aquellas vivencias que uno desea vivir en su condición humana. Esto habla de “Libre albedrío” porque todas las situaciones por las que pasamos estaban descritas por nosotros mismos antes de renacer en este cuerpo. La espesa densidad del mismo nos hace olvidar el verdadero propósito y rápidamente aprendemos a lamentarnos de la vida que vivimos, de las circunstancias. Comparamos, juzgamos y sobre todo nos quejamos, porque siempre hemos creído que “Otro” decide por nosotros.

Responsabilízate de tus elecciones, porque son tuyas y sólo tuyas, solo que a veces el Universo te echa una mano conspirando a tu favor para que alcances realizar tu Historia Personal, esa que alejaste de tus posibilidades cuando tomaste un sendero equivocado. Pero fíjate que por más vueltas que dé el destino, al final siempre te conduce al camino que te llevará a vivir esa vida que en su día elegiste vivir en tu forma humana.

Si reflexionas sobre tu pasado, seguro encuentras puntos en los que tomaste una dirección u otra, “casualidades” que hicieron cambiar un propósito, inclusive a veces, mismas almas se te presentan con aspecto distinto.
No siempre estamos abiertos a recordar y la vida humana nos “enriquece” con placeres banales para que olvidemos el verdadero propósito. Es algo así como aquellos guerreros que tenían una misión por cumplir pero al entrar en aquel lujurioso lugar cayeron en tal trance que nunca más recordaron a dónde debían dirigirse.
Nosotros somos esos guerreros que al ocupar un cuerpo humano sufrimos una especie de amnesia. Nuestro objetivo es curarnos de ese olvido y para ello el Universo interviene con sutiles señales que nos lleven a despertar del coma inducido.
La sociedad humana tiene “seres” cuya misión es la contraria, es decir, así como el Universo conspira para abrirnos los ojos, esos Seres lo hacen para borrar las huellas del Recuerdo.

Cuando tu forma humana siente el vacío de su existencia, tu Yo Interior trata de captar tu atención para hacerte recordar.
Tu propósito no es trabajar, comprarte una casa, tener hijos y bla, bla, bla…Tu objetivo es llevar tu Alma a la conciencia para recordar tu Historia Personal. Sólo así reconocerás el soberano poder que habita en tu interior y recuperarás la Esencia de la Primera Fuente de la que formas parte como un Todo.

No nacemos para morir, nacemos para vivir aquello que decidimos libremente vivir y unos pocos se creen con el poder de usurpar.
Recordar te permitirá liberarte de esa prisión y en consecuencia liberar y sanar el Planeta que libremente un día elegimos poblar.
Ahora mismo somos esclavos de nuestro propio destino, uno que otros han escrito para toda la Humanidad.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Sentir




Siento cómo el aire agita los árboles y al mismo tiempo noto su brisa fresca en mi cuerpo. Lo percibo porque quiero saber porqué nunca se detiene. Es curioso pero nos preocupan los dolores, las enfermedades, tratamos de preveer las situaciones embarazosas o alarmantes pero nunca cuestionamos ese AIRE que respiramos y que sin él no viviríamos.
Suponemos, es más, damos por hecho que él siempre está ahí, pero ¿nos preocupamos por sentirlo?

Nuestra vida desde nuestro inicio consciente tiene como objetivo final consolidar una serie de logros que creemos nos llevarán a obtener la apreciada FELICIDAD. Creemos que esa meta se consigue con perseverancia, una buena dosis de suerte y por supuesto, una infancia de “nubes de algodón” que alejara posibles traumas. Pero en realidad lo único que importa es nuestra actitud y nuestra responsabilidad en la vida que vivimos.
Uno es feliz si quiere serlo, si así lo elige, importando poco si tuvo suerte, sus padres fueron excelentes educadores o si tuvo buenas o malas compañías. Lo definitivamente importante es cómo sentimos lo que nos rodea, cómo nos desprendemos de lo que nos impide evolucionar.
Nos guiamos por lo que perciben nuestros sentidos y aquello que no vemos con los ojos, carece de importancia o no ha de ser tenido en cuenta porque no puede examinarse. Pero tenemos la capacidad de desarrollar otros sentidos internos que ampliaran nuestra visión del mundo y de nosotros mismos.

La naturaleza, la vida en sí misma, nos proporciona muchos elementos con los que sentir y a los que agradecer su existencia. Pero claro eso es demasiado ¿simple?
El mensaje que trato de transmitir es que siempre nos quejamos, nos sentimos frustrados, decepcionados, fracasados,… todos los demás tienen la culpa de nuestro malestar actual. Ellos son los culpables, nosotros estamos resentidos, pero todo ese diálogo que produce nuestro veneno emocional interno en definitiva se produce porque así LO ELEGIMOS. El dilema está en ser víctima o ser juez, inclusive puedo alternar ambos estados a lo largo de mi vida, ¿con qué finalidad? Pues la de pasar por la vida sin responsabilizarme de ella.
La vida ES UN REGALO que tengo que agradecer, las consecuencias de cómo elija vivirla repercutirán en TODOS, porque todos estamos conectados y sentimos la vibración negativo del otro.
El aire que respiramos y que nos permite sentirnos vivos es un regalo que despreciamos cuando nos sentimos paralizados, cuando nos perdemos en banalidades o cuando no despertamos al milagro que supone vivir.

Tenemos la responsabilidad de hacernos cargo de nuestra vida de la manera más positiva. No hay que desperdiciar nuestro tiempo, no hay que sufrir sino que hay que aprender a sentir a través de cada poro de tu piel.
Cada nuevo día nos trae nuevas sensaciones, experiencias que sentir porque ese es nuestro propósito de vida: ser capaces de vivir desde el corazón ahora que como almas estamos enfundados en estos densos cuerpos que olvidan fácilmente el poderoso huésped que los habita.

La identificación con tu esencia, con tu yo se sentirá más fácilmente si cultivas tus espacios de contemplación. Uno tiene que aprender a estar solo, a sentir la totalidad que lo conecta al resto de seres, desprenderse de aquellos hábitos nocivos que le hacen vivir en la polaridad o mantenerse anclado en emociones negativas.

No hay tiempo que perder, hay mucho por hacer, por ti y por el mundo que habitas. Cultiva la práctica diaria de las virtudes del corazón para enfrentarte a las inclemencias de la vida. Agradecer, sentir compasión, perdonar, mostrar humildad, valor o entendimiento tienen que usarse como poderosas armas para vencer la energía negativa. La práctica te llevará al uso normalizado y ello proporcionará bienestar a tu vida. Individualmente te sentirás más despierto, más vivo, más intuitivo, sentirás con más fuerza el poder que te corresponde. El universo vibrará con tu energía positiva y eso que te pareció en algún momento “algo simple” te darás cuenta que tiene una magnitud incuestionable.
Ya ves, percibir pequeños detalles como la grandeza de ese aire que nos permite seguir vivos cada día, es una realidad que hay que empezar a sentir y a agradecer. Si podemos elegir percibir la totalidad ¿porqué conformarnos con menos?

Frena el ritmo acelerado de tu vida diaria, abre tus sentidos y escucha cómo sus percepciones resuenan en tu interior. Esa es la clave para tu despertar y el de toda la humanidad.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Controla tu vida



La noche cae dejando entrever algunas estrellas en un cielo casi cubierto por las nubes, ésas que horas antes amenazaban lluvia pero que por alguna razón desconocida se abstuvieron. La mujer flirtea con el hombre pero éste no parece cerciorarse, prefiere contemplar el cielo que ceder a los deseos de ella. Malhumorada se aleja del jardín y entra en la casa, no sabiendo muy bien en qué ocupar la mente para distraerla de la frustración sentida. Mira el reloj del pasillo y se percata que aún queda hora y media para la medianoche, horario habitual para acostarse, así pues la alternativa queda desechada. Sube los 14 peldaños que la separan del piso superior donde se encuentra su querida buhardilla. Se adentra en ella y observa por un segundo las posibilidades que la misma le depara. Pero lamentablemente ninguna es tan atractiva como un rato de sexo con su pareja. Esa noche están solos. Los hijos se encuentran en el campamento de verano. Pero, a ver, piensa ella, hace ya una semana que se fueron y desde entonces ¿lo hemos celebrado especialmente? De nuevo la frustración hace mella en su interior dejando hueco para que se instale la rabia. De repente, como si no se hubiera dado cuenta de ello algunas preguntas empiezan a oírse ruidosamente en el interior de su cabeza, preguntas que abren dudas a su hasta el momento maravillosa relación de pareja.
¿Ya no me quiere? ¿No me desea igual que antes? ¿Habrá conocido a otra? Y bla, bla, bla. Consecuentemente, frustración y rabia tienen que contraerse para permitir que los celos tengan su espacio. Y como no, la poca confianza en una misma ceden el poder a esos interrogantes que acaban por nublar enteramente su mente.

Podemos rebobinar y ponernos en la mente del hombre, vislumbrando una escena adecuada para él. Tras una jornada de duro trabajo en aquella empresa a la que se siente atado tras tantos años de servicio y que poco le aporta actualmente, sólo piensa en llegar a su apreciado “universo local” y contemplar su creación junto con su esposa, la que probablemente le estará esperando en el porche junto con un par de bebidas frías para reducir la sensación de calor en este abrumador verano. Pero no, no sucede exactamente como él planea. En casa la mujer no parece entusiasmada con su llegada, se queja de que hoy ha venido demasiado pronto y a ella no le ha dado tiempo de todos los quehaceres que se había impuesto ese día. La frustración ahora ¿quién la siente? Por supuesto él, que anticipando esos pensamientos motivados por las suposiciones que lleva a cabo, termina frustrándose cuando lo esperado no se produce.

Todo se intensifica en décimas de segundo. En poco tiempo, episodios como los descritos, pueden provocarnos una terrible infelicidad.

Tratemos de analizarlo para entender el mecanismo que actúa en nuestro interior y justifica ese descontrol emocional:
Se inicia la situación frustrante a causa de una diferencia de opiniones. Ella desea tener sexo y él se encuentra ocupado contemplando el cielo. Él improvisa una tarde apacible con una bebida refrescante y la compañía de su mujer y ella lo considera inapropiado e inoportuno.

Quizás ella no ha sabido transmitirle adecuadamente su deseo o quizás él tenía que haberla llamado antes para expresarle sus intenciones. Pero ¿todo tiene que ser tan “poco espontáneo”?
En el primer supuesto, ambos disfrutan a su manera de esa noche solos. En cualquier caso, ella “supone” y por tanto “se frustra”. No empatiza, no comunica adecuadamente sus intenciones, vive con la creencia que sus deseos son órdenes. La espera siempre frustra.
En el segundo supuesto, la frustración llega cuando uno se percata de la poca sintonía que tiene con su pareja. Concluir eso está fuera de lugar, pero el ser humano es así. Las conclusiones apresuradas están en el orden del día.
En ambos casos la emoción negativa se alimenta de los pensamientos que rondan su cabeza. Esos interrogantes que toman forma en su mente los sucumben en una paralización emocional destructiva. Entran en un círculo obsesivo que daña su persona y el amor que sienten por sí mismos.



Pero ¿en qué momento se pierde el control? Cuando uno cede el poder de su vida al otro, a los hechos y a las suposiciones, cuando se toma cualquier evento como algo personal, cuando se juzga, cuando se culpabiliza y cuando utiliza las palabras en su contra.

La vida contiene muchísimas situaciones que generan reacciones en nosotros. La persona tiene que desprenderse de aquellos hábitos que hacen de ellos seres infelices porque necesitan la aprobación de los demás para sentirse bien y no siempre pueden tenerla.
Tenemos que querernos a nosotros mismos, querer igualmente a aquellos que comparten el mundo con nosotros, sentirnos cercanos a ellos y sobretodo no juzgarlos cuando hacen cosas que no entran dentro de los parámetros que nuestros progenitores nos transmitieron. Eso es el libre albedrío y eso también es saber empatizar con el otro.
Si entendemos que la diferencia entre ser felices y vivir insatisfechos depende única y exclusivamente de nosotros mismos, ¿por qué siempre acabamos eligiendo la desdicha?

Cuando elegimos un rol siempre nos va ser víctimas o jueces, ¿por qué simplemente no disfrutamos de la vida que vivimos, sintiendo cada segundo del momento presente y agradeciendo estar vivos?
Párate y piensa por un momento, qué hay más milagroso que engendrar una propia vida. La respuesta es sencilla, sentirse satisfecho por vivirla.

La moneda tiene dos caras, felicidad e infelicidad, tú eliges con cual te quedas pero no culpes a otros de tus desdichas. Tú creas tu realidad.