jueves, 5 de enero de 2012

Carta a Los Magos



Sentada en su cómodo sillón de cuero negro Julia se disponía a escribir aquella carta en un día tan apropiado para esa actividad. La única diferencia era que Julia no creía en esas cosas, no solo porque ya fuera adulta, sino más bien porque poco creía en las tradiciones que había impuesto la sociedad consumidora a la que pertenecía.
El día de los Reyes Magos, otra fecha justificada y obligada a la que acudir a los establecimientos para consumir. Los regalos son mágicos y por eso los traen esos poderosos reyes de Oriente… en realidad disfrazamos y otorgamos un poder a unos pocos, todo con la excusa nuevamente del consumo obligado.
Pertenecemos a una sociedad que trata continuamente de adormecernos con idioteces como la de los Reyes Magos y la magia de la Navidad; fechas para soñar, para desear, para recuperar la ilusión, para gastar lo poco que hemos podido ahorrar y así conseguir que otros sean felices. No nos damos cuenta que lo que estamos propugnando es que “el dinero Sí trae la FELICIDAD”.

Nuestra actitud compulsiva genera necesidad y con la compra, el regalo, el deseo, la ilusión caemos en nuestra propia desgracia, aquella que nos esclaviza por necesitar mucho dinero para lograr estar a la altura de lo que nos impone la sociedad en la que vivimos.
Aunque seamos y nos sintamos pobres (económicamente hablando) hay que consumir durante estas fiestas porque es la magia de la Navidad y "ya nos apretaremos el cinturón más tarde", decimos.

¡Qué ingenuos y tontos somos!

Párate y piensa: en realidad, ¿necesitas recibir regalos? ¿necesitas regalar?, ¿acaso ello nos hará más felices?

Si contestamos a esas tres preguntas de manera honesta, obtendremos un NO por respuesta. Si por el contrario en alguna de ellas contestas un sí, entonces estás más dormido que la mayoría.

Veamos, si necesito recibir regalos es que creo que un vestido nuevo, un juego de consola, un reloj o la última fragancia de moda, son imprescindibles para mi y además no sólo no me los puedo comprar yo, sino que necesito sentir que se me recompensa de alguna manera con esos “regalos”.
Esto se asemeja a la necesidad de sentirme aprobado por los demás. Primer problema.

Si necesito regalar es que necesito aparentar, posicionarme, transmitir materialmente una emoción de amor o cariño. Recuerda cuanto más cara sea la joya, más te quieren…
Realmente ¿piensas que quien te ame de veras necesitará demostrártelo con algo que se paga con monedas?. Si fuera así sólo podrían dar amor aquellos que más tuvieran. Nuevamente injusto y sinsentido.

Finalmente, si piensas que cuantos más regalos hagas y/o obtengas más feliz vas a ser es que has perdido toda conexión con tu interior, con tu propio YO y ese ser al que llamas equivocadamente YO se ha infiltrado en tu ser para robotizarte y hacerte víctima de tus emociones dañinas:
rabia por no poder, impotencia por no llegar, frustración por no ser mejor que.


Por todo lo dicho Julia se disponía a escribir una carta a los Magos, que no eran más reyes que ella que era toda una Soberana, por supuesto, como tú o como yo. Y no es que los Magos fueran menos magos que ella pero claro tanto tiempo vivido como humana le habían hecho perder el contacto con su Magia, la que siempre había habitado en ella, como en ti y en mí.

A diferencia de las cartas del resto de Julias, Lauras, Mónicas o Claras, la de nuestra protagonista no pediría nada que pudiera comprarse con aquellos trozos de papeles que llamaban dinero, ni supondría ningún sobreesfuerzo para nuestros elegidos Magos, sólo deseaba que ellos le recordaran su eterna sabiduría siempre existente pero olvidada para vivir con MAGIA lo que otros viven con “la venda de la ilusión”.


lunes, 5 de diciembre de 2011

AMAR NO ES POSEER




Diálogo imaginario entre una pareja:

Ella le dice a él:
Te amo, me gusta sentir que tú también me amas, que me deseas, que me quieres sólo para ti, que te muestras celoso cuando miro a otros,…

Él responde:
NO, Claudia, esto no es amor. Amar no es poseer. Yo no quiero poseerte, no quiero temer perderte. Sólo quiero amarte porque así lo elijo, libremente.

Claudia duda:
Pero Diego, si no hay atadura el vínculo puede romperse.

Diego responde:
Si así sucede es porque así lo decidimos soberanamente, desde nuestra individualidad atendiendo a nuestra libertad.

Claudia sigue expresando recelo en su duda:
No entiendo. Cuando nos comprometimos, me prometiste fidelidad y amor eterno. Cuando nos casamos, el sacerdote que ofició la ceremonia dijo que tendríamos que estar juntos hasta el resto de nuestros días. Mi madre, cuando yo era adolescente, me contaba que un hombre es para toda la vida,…pero nunca me contó cómo hacer que no tome otro camino que no sea el de seguir a tu lado.

Diego aclara dulcemente:
Nuestra unidad esta formada por dos seres libres, únicos e individuales, por tanto soberanos. Ni yo puedo mandar sobre ti ni tú sobre mí. Tratamos de elegir las cosas juntos, pero habrán cosas que te gusten a ti y otras que me gusten a mí. Eso no significa que ya no nos amemos. Eso refuerza nuestra individualidad. Las compartiremos si deseamos hacerlo entendiéndonos ambos como soberanos, pero si lo hacemos a causa de prejuicios, temores, dudas, controles… pisamos la propia soberanía.

¿Tú, Claudia, realmente necesitas controlar mis movimientos? ¿Te sientes amada cuando yo te coarto tu libertad?

Claudia responde:
No sé contestarte. Si te veo hablando con una amiga, recelo de ella. Si te suena el móvil y el número que llama no es conocido por mi, pienso que tienes una aventura. Si al acostarnos y yo acercarme me dices que estas cansado y ese día no hacemos el amor, pienso que ya no me deseas. Si eliges salir un viernes a cenar con tus amigos en vez de llevarme a un restaurante de parejas, siento celos porque presupongo que prefieres su compañía en vez de la mía. Evidentemente pienso que si me amaras sólo desearías estar conmigo.

Diego se echa a reír y dice:
No ves que en el trasfondo de todos tus argumentos solo hay deseo de poseer por temor a perder. Cuando reclamas esa posesión cedes tu individualidad y reclamas la mía. No existe un vínculo sano entre dos personas si se pierde la soberanía de cada uno. ¿Te das cuenta que todo lo que reclamas se basa en creencias irracionales que parten de una sociedad que confunde el libre albedrío con la infidelidad, que exige posesión pero al mismo tiempo castiga el comportamiento basado en los celos? Y yo digo, ¿dónde está la línea adecuada?

Vivimos en una ilusión que crea polaridad entre los propios actores, que acusa de maltratadores aquellos que “controlan” pero que al mismo tiempo reafirma continuamente esa actitud posesiva. Somos esclavos de nuestros miedos, nos permiten disponer de nuestro propio feudo para sentirnos poseedores de algo, en este caso, poseemos la soberanía de otro ser humano, nos creemos libres y juzgamos siempre la polaridad para evaluar el comportamiento correcto en base a los principios que nos han inculcado.

Claudia, olvida todo lo aprendido y respóndeme:
¿Sientes necesidad de controlarme?
Si así fuera, eso indicaría que confías en mí o al contrario.
Si nuestra relación fuera una casa, ¿tendría ventanas? Y éstas ¿cómo estarían abiertas o cerradas?

Claudia refunfuñando dice:
Tú Diego siempre usando recursos psicológicos.

Diego:
Las alegorías siempre se usan con buenos fines.
Al igual que haces respirar las habitaciones de tu casa para que salga el aire viciado y entre el aire fresco, las relaciones tienen que permitir el espacio de cada uno porque eso refuerza el vínculo en vez de ahogarlo.

Amar no es poseer, Claudia. Soy un ser libre que elige amarte HOY, AHORA, DURANTE pero siempre desde mi soberanía y libertad como individuo, jamás pisando la tuya. Por eso TE AMO pero NO TE POSEO, porque hacerlo iría en contra de tu soberanía.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Ejerzamos nuestra soberanía




Soy una "simple" humana como todos los que formamos parte de este colectivo denominado humanidad y lo pongo entrecomillas porque en realidad, aunque parezca en cierto modo contradictorio, soy al mismo tiempo una soberana como el resto de vosotros. Somos poderosos, especiales, únicos, cada uno de nosotros, pero lo más importante es que somos libres, libres para decidir, para ejercer nuestra soberania como nos plazca.
El ser humano, y actualmente en mayor intensidad, vive desde el concepto de esclavismo, puro y duro, sin siquiera saberlo, o lo que es peor, siendo consciente y conformándose, porque teme no poder seguir pagando, no poder disfrutar de los ocios que tanto deleite le proporcionan, porque cree simplemente que no merece el privilegio de liberarse.
Nuestra sociedad no ha evolucionado, al contrario, seguimos anclados en un sistema feudal que nos esclaviza a diario, en el que unos pocos (o muchos según se mire) actúan de caciques porque piensan que tienen el poder para actuar así.
El resto, los esclavos conformes, viven autoconvencidos que sólo son merecedores de un trozo de tierra si reciben nóminas de sus empresarios y para conseguirlo, ceden su soberania al otro.
Hoy en dia, el sistema feudal se aprovecha del temor subyacente a perder privilegios llegando a aceptar situaciones de pura tiranía. El empleado cede su soberania porque no cree en su poder ni en sus derechos innatos. El cacique amenaza, relega, explota, exprime, recrimina los fallos, nunca elogia los logros y encima pide el derecho a ser respetado y jamás juzgado; su premisa "Yo soy el amo" es la única válida porque la amenaza de perder el trabajo y formar parte como miembro activo de las colas del INEM parece no gustar a nadie. Tu eres un ser libre y como tal has de valorar si estás siendo respetado. Tienes que exigir con valor y respeto porque tú también eres un soberano, lo que ocurre es que te compraron con supuestas necesidades que ahora sientes como básicas y lo peor es que otorgas el poder de esa obtención a mantener un trabajo esclavista, para poder seguir pagando esa hipoteca que te vincula y te ata a los bancos y esos, al final, son los verdaderos amos de nuestra soberanía.

martes, 18 de octubre de 2011

Palabras desde el silencio para papá


Nunca antes me habia planteado como me sentiria si padre o madre fallase. De hecho la primera en "supuestamente" enfermar fue mamá, pero nunca pensé que su enfermedad la llevara directamente a morir. Contigo, papá, se ha producido algo distinto en mi interior. No sé explicarme, pero me ha parecido escuchar que una vocecita en mi interior, me decía: "Prepárate, el fin se acerca" y eso, desde aquel dia que por teléfono me preguntaste: "¿Cuando vendrás a vernos?", como si sintieras realmente el final.
Cierro los ojos y te recuerdo antaño, con un aspecto más mejorado pero también serio, sin dejar entrever demasiado esos sentimientos que ocupan tu corazón. Ni siquiera cuando tuviste que enfrentarte al cancer de mamá, lo expresaste. De todos modos, tú sufrías, el vacio se apoderaba de tí con cada pensamiento sobre un mañana sin su compañia. Ahora es ella la que sufre, la que siente que el camino que iniciasteis juntos se termina, pero también oculta su pena.
Imagino que toda esa represión tiene que ver con el temor, temor a pronunciar su nombre...muerte.
El otro dia una paciente me decia ¿porqué somos tan complicados en nuestra cultura? ¿porqué las muertes no pueden vivirse con alegria en vez del sufrimiento que las acompaña?
Pensé en tí, papá, entonces, y pedí al cielo, al universo, a quien pertoque, que no sufras, porque tu dolor sé que me hará daño y no quiero sentirlo.
Y también yo me pregunto ¿porqué hacemos tan difícil lo facil? Me repito una y otra vez, como si me estuviera preparando, que nacemos para morir y que la muerte no es más que una etapa de transición y lo creo realmente pero también sé que te echaré de menos. Sonrío cuando releo esas palabras, "...te echaré de menos" y lo hago porque en realidad mi vida, mi dia a dia, transcurre sin tu presencia. A menudo llamaros es más "la obligación de una hija" pero no la necesidad. Siempre he sido "rarita" papá, observadora y solitaria, rebelde con tus consejos que yo vivía como imposiciones. Con los años, nos suavizamos ambos, nos toleramos más. Tú te cansaste de "sugerir" y yo "toleré que lo hicieras". Ni en eso estuvimos de acuerdo!
Me gustaria poderte agradecer todo lo que has hecho por mi, que es muchísimo, pero sé que ahora mismo no podría expresártelo sin que me cayeran las lágrimas.
Me has dado la vida, has cuidado de mí, jamás te has olvidado que tenías una hija y cuando ha hecho falta, has estado allí. No recuerdo haber recibido un no por respuesta...bueno, sólo cuando de adolescente te pediría algo que tú considerarías inapropiado, por supuesto.
Ahora mismo me vienen algunas imágenes de recuerdos a la mente: aquel día que tu adolescente hija se enfadó y te envió aquella libreta en dirección a tu cabeza, que por suerte, supiste sortear; Cuando te desmayaste en la boda de mi hermana, por la emoción del momento, y pensamos todos que te habíamos perdido; nuestra comida en la cafeteria del hospital mientras operaban a mamá; Tu rostro cuando ella gemía de dolor y ese beso que le diste para que sintiera tu cariño y proximidad; el día que celebrasteis los 50 años, la emoción de mamá mientras tú le leias aquel verso. ¿Sabes? Ayer mismo miré la foto de archivo de ese momento y me entristeció pensar que no sabríais vivir uno sin el otro. ¡Cómo llegamos a depender tanto de nuestra pareja!

Papá, lo has hecho bien, nos has cuidado, querido y protegido. Has intentado hacer felices a aquellos que han estado contigo y estoy segura que a menudo de modo totalmente altruista.

No temas, no sientas la enfermedad en tu interior. Trata de sanar tu cuerpo, confía en tu poder. Disfruta al máximo de tu vida, no le concedas espacio al dolor y a la preocupación. No temas morir porque es el miedo el que crea tu enfermedad. Decide tú.

domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Sabemos ser felices?




Hace años escribí un artículo sobre la felicidad y desde entonces he leído mucho sobre la misma, distintos puntos de vista pero todos aciertan a admitir que la felicidad no es un estado estable y continuo sino que se vive en momentos y uno elige si desea sentirse o no feliz sean cuales sean las circunstancias que envuelvan su vida. No hace mucho leí: “La felicidad no es una meta, es una trayectoria” y estoy totalmente de acuerdo con esa asunción.
La vida nos marca un camino desde que nacemos hasta que morimos, uno que a menudo tiene dificultades, obstáculos, de mayor o menor intensidad, pero es nuestra actitud frente a ellos la que aportará a nuestra vida felicidad o amargura.
Siempre he considerado al ser humano como una entidad cuyas partes están interrelacionadas. Así mente, cuerpo y emociones forman nuestro ser y cuando una de esas instancias se halla en malestar, desequilibra a las otras. Pero hay un hecho importante y es que nosotros elegimos como sentirnos sean cuales sean los eventos que nos rodeen y en esa decisión los pensamientos ocupan un papel muy importante. Cómo pensemos abocará una emoción y una gestión adecuada de las mismas concederá la diferencia.
Las emociones negativas presentadas por pensamientos irracionales, que nada tienen que ver con la realidad, sino que están teñidos por malestares ficticios, causarán infelicidad. Nos sentiremos rechazados, ofendidos, desgraciados, desesperanzados, ansiosos, tristes y creeremos que la vida es injusta porque nos produce esos sentimientos invalidantes. La cara opuesta es el conjunto de emociones positivas que vienen precedidas por pensamientos sanos que inalteran el equilibrio de la persona. Evidentemente ese estado conduce a la felicidad lo que es síntoma de bienestar personal.
Cada ser humano controla su mente gobernando asimismo los sentimientos que se generan con esos pensamientos. Nuestra mente está programada para boicotearnos pero nosotros poseemos la última palabra: somos los que elegimos cómo vivir la vida, y en esa manera de vivirla radica ser o no felices.
Pero recordemos como os he dicho al principio que la felicidad no es un estado continuo lo que establece que jamás hay que bajar la guardia.
La vida está repleta de desgracias, obstáculos, redes que se tejen en nuestra contra, contradicciones con nuestro propio yo, equivocaciones, desviaciones pero la confianza en uno mismo mantiene un sano control y equilibrio. Cuando uno cae en justificaciones, malentendidos, culpabilización, autodestrucción se está saboteando y permite que la duda desequilibre su vida.
Recuerda que tu vida es tuya y que lo que aprendemos es a saber vivirla. Nuestro mayor reto es precisamente establecer las elecciones adecuadas para vivir felizmente buscando la armonía entre nuestras necesidades y las relaciones que establecemos. Por más ingratas que sean las circunstancias, una actitud conciliadora con nuestro ser posibilita alcanzar la felicidad.

Algunas claves para lograr mantenernos felices y en equilibrio:
- Respétate a ti mismo. Elijas el camino que elijas, decidas lo que decidas, respétalo.
- Siéntete merecedor de tu vida y agradece el haber nacido.
- Conócete muy bien a ti mismo. Tienes que ser capaz de ir siempre un paso por delante de ti. El conocimiento profundo permite la buena gestión de tus emociones porque conoces tus propios demonios y sabes mantenerlos a raya.
- Nunca te avergüences por reconocerte débil, indefenso, celoso, rabioso, enojado. Simplemente aprende de esas emociones y de la función que tienen en cada momento. Lo importante es que las recibas con entendimiento para saber perdonarte.
- No te juzgues, ni juzgues a los que te rodean. Cada cual vive su vida como elige hacerlo.
- Reconócete libre para elegir tu camino. Esa es la aportación principal que le das a tu vida.
- Cuida en todo momento tu cuerpo, tu mente y las emociones que lleves contigo. Es tu responsabilidad.
- Aprende a estar a solas contigo mismo al menos cinco minutos diarios. No temas no saber qué preguntarte o peor todavía, qué responderte. Confórmate con estar a solas contigo y poco a poco tu interior se acostumbrará a fluir normalmente.
- Por último, vive el presente, cada momento intensamente como si fuera tu último aliento. El gozo de vivir se merece que vivas el presente, no que revivas el pasado o especules el futuro.

Cada instante de nuestra vida se forma con nuestras intenciones. Somos los creadores de nuestra existencia y ello supone un peso importante. Si nuestras actitudes conforman impresiones positivas además de vivir plenamente felices conformaremos impresiones de conjunto sanas y positivas. Aunque te sientas único no olvides que formas parte de una unidad y que tu infelicidad crea una realidad destructiva. Fomenta el equilibrio y con ello contribuirás a un mundo mejor.

jueves, 11 de agosto de 2011

Ellos




Aquella pareja de ancianos permanecía sentada en el sofá, con la televisión encendida y las manos entrelazadas. Sus miradas vacías surcaban un pasado ya recorrido sin apenas lamentarse de lo vivido.
Llevaban más de 50 años juntos y seguían queriéndose como el primer día, o eso les parecía. Se habían acostumbrado tanto uno al otro, que cuando uno falleciera, el otro sentiría la oscuridad de la muerte por compañera.

Pensaban equivocadamente que su existencia se había completado: se enamoraron, se casaron, viajaron mientras se sintieron con fuerzas, tuvieron hijos, los cuales les dieron nietos que a su vez tuvieron bisnietos, cuidaron de sus padres, trabajaron hasta que tuvieron edad de jubilarse y celebraron esos cincuenta años de convivencia con sus mejores galas.

Tras aquello, enfermedades, médicos, entierros, cansancio, dolor y una espera jamás deseada de dejar este sufrimiento para morar en lo desconocido.

Ella penetró en primer lugar en el reino de la quimioterapia, con sus engañosas promesas de salvación y con un contrato indefinido.
El silencioso sufrimiento de él y su mimetismo por la causa de su amada, le llevarían a él a vincularse también a los tratamientos oncológicos, como si dos ancianos no tuvieran derecho simplemente a vivir el resto de sus días tranquilos.

Menuda palabra: ¡tranquilidad! Ellos jamás se habían sentido así.

Cuando no se preocuparon por llegar a fin de mes, lo hicieron por sus hijos o por sus padres, o por aquel nieto que estaba de viaje o para que el contrato laboral de su yerno pasara de temporal a indefinido.

Así ha sido su vida realmente y ahora que probablemente creían haber aprendido la lección de vivir el presente, de ocuparse de las cosas sólo cuando fuera necesario para dar con la solución, el tiempo transcurrió.

¿Y ese fabuloso viaje a Paris? O ¿y aquel finde a Madrid en AVE? ¿Para cuando?
Siempre anteponíais a otros, os conformabais con imaginaros en un futuro realizando esos viajes.
El próximo año, cuando pase la revisión, …total para encontraros ahora frente a una pantalla de televisión encendida lamentándoos por lo que os está sucediendo, cuestionando si la enfermedad ha sido o no merecida dentro de vuestra creencia cristiana, entrando como única alternativa posible, de nuevo, una vez más, en la rueda de la quimioterapia.
¿No hemos aprendido nada en estos años? ¿No os sirvió el aviso de ella para cambiar vuestro pensamiento?


Estamos programados para temer la muerte, salirnos de la rutina, separarnos de los únicos seres que creemos querer.

No percibimos más allá y en la vejez nos sentimos abocados a la indefensión y al sufrimiento por la espera. Vivimos sin vivir, sin sentir pasar los días, sin ilusión siquiera pero aferrados a una vida sin vida.


Aquella pareja de ancianos se había dormido frente a la pantalla de su televisor. Un día más, esperando y temiendo, pero aferrándose a un cuerpo cada vez más deteriorado, no por el paso del tiempo sino por creer antes en la salvación del sistema sanitario que en la autosanación.

sábado, 2 de julio de 2011

Palabras de amor



La mujer se sentó en su cómodo sillón de cuero negro y abrió su portátil tal y como acostumbraba hacer a diario. El reloj de sobremesa marcaba las 10:10 aunque en realidad eran las 19 horas. Recordó que tenía que cambiar la agotada pila pero como buena seguidora de señales pensaba que esos números simbolizarían algo y tenía que descubrirlo. “Excusas”, se dijo, “simplemente que nunca te acuerdas de cambiarla”.
La vida transcurría de forma confusa desde que tuvo un extraño sueño, o no tenia que llamarlo así, en cualquier caso, ese evento sucedió la misma noche que el reloj marcó y se detuvo en las 10 y 10. Quizás ese era el motivo que la llevaba día tras día a sentarse en esa misma posición esperando que sucediera algo más que la hiciera entender. Pero ese viernes tenía alguna cosa especial, era un 10 de octubre de 2010 y además se cumplía el décimo aniversario de la muerte de su abuela.
Lo casual radicaba en que en el supuesto sueño, su abuela se le aparecía tal y cómo ella la recordaba y la advertía especialmente de algo que tenía que ver con ese preciso día. La información se presentaba confusa pero aquella hora detenida en el reloj simbolizaba algo y ella lo sabía.
Repitió los mismos actos que hiciera antaño en espera que un nuevo trance la ayudara a descifrar aquel misterio.
Buscó la relación de números en el ordenador y un sinfín de páginas se abrieron ante sus ojos.
“Esto no tiene sentido”, se dijo al tiempo que movía el cursor deteniéndose en la noticia que ocupaba el décimo lugar y sin saber muy bien porqué, se dirigió a leer el párrafo 10.
“Creo que tanta soledad me paranoia”, se dijo mientras leía el contenido del mismo:
“Palabras de amor, nuevo libro del escritor Roberto Guzmán, …”
“Roberto”…repitió…”mi querido Roberto”, y siguió leyendo: el viernes 10 de octubre a las 20 horas firmará ejemplares de su último libro en la librería Valls.
Tras acabar el párrafo y, como movida por un resorte, se levantó, cogió su bolso y se dirigió hacia la puerta. Se detuvo unos instantes para mirarse en el espejo del recibidor. Habían pasado veinte años desde la última vez que se vieron, quizás no la reconocería pero algo en su interior le decía que tenía que acudir. Sacó el carmín del bolso y pintó sus labios. Los años no habían pasado en balde pero todavía seguía sintiéndose atractiva. Por un momento la duda embargó su cuerpo…

La librería Valls se encontraba en una céntrica plaza del casco antiguo de la ciudad. En el aparador un gran cartel y una docena de libros mostraban el rostro de Roberto Guzmán, su gran amor. Durante unos minutos se perdió en el recuerdo del tiempo que pasaron juntos. Una voz conocida la devolvió del trance. Laura, ¿eres tú Laura?, La mujer miró aquel hombre de pelo canoso y dulce sonrisa, los años transcurridos no le habían quitado su atractivo. Como movida por el deseo se acercó a él y le besó en su mejilla, él la agarró con fuerza por la cintura y la besó ardientemente en sus labios. Laura sintió un temblor extraño en todo su cuerpo mientras Roberto la besaba, incluso parecía que el suelo temblaba bajo sus pies y entonces recordó las palabras que su abuela dijo en su sueño: “Vete de tu casa en el décimo aniversario de mi muerte, pues allí no estarás a salvo”.
El temblor cada vez era más pronunciado. Roberto la sujetó con fuerza del brazo y ambos se dirigieron al centro de la plaza, donde parecía ser más seguro. Los edificios se resquebrajaban a su alrededor llegando algunos a desmoronarse. No había duda, era un terremoto. Tras varios minutos que parecieron eternos el temblor cesó. Una rápida mirada a su entorno le mostró que tanto la librería como otros edificios adyacentes se habían derrumbado.

Habían transcurrido varios meses desde aquel terremoto que destrozó parte de la ciudad donde vivía Laura incluida su vivienda.
Tenía abierto un libro en su regazo en cuyo prólogo impreso podía leerse:

“Palabras de amor, dedicado a Laura, el amor de mi juventud”