martes, 11 de mayo de 2010

El cuento del anillo y la princesa aburrida




Érase una vez una princesa que creía en los cuentos de hadas. Vivía en un palacete de cristal y a través de esos ventanales saboreaba el mundo, en la distancia para que nadie fuera a lastimarla.

Un día empezó a albergar la idea de cruzar esos abruptos muros y recorrer las calles que otros recorrían a diario. Y así lo propuso a quien consideraba su amo y señor. Éste le comunicó sus dudas al respecto pero también, en un empeño por ser más tolerante, le concedió ese deseo a su amada princesa. No sin antes entregarle un bello tesoro que la protegería de la maldad humana que se escondía más allá de su reino. Y ese regalo no fue otra cosa que un precioso anillo tallado especialmente para ella. La piedra elegida era un topacio de color ámbar.

El intuitivo príncipe presentía que esa deseosa búsqueda de nuevos caminos podía hacer tropezar a su amada con algún que otro aprovechado de la ingenuidad e inocencia de ésta. Pero sabía que expresar ese temor sería vivido con rechazo y así el hombre se mantuvo al margen, dejando que fuera la princesa la que descubriera los engaños que le depararía su nueva andadura. Eso sí, se aseguró que jamás dejara de llevar ese amuleto y así quedó algo más tranquilo.

Cristina, que así se llamaba nuestra protagonista, recogió sus enseres y se despidió efusivamente de su amado príncipe diciéndole:

“No desesperes amado, necesito sentir y dentro de tu reino me estoy ahogando y eso me impide ser feliz. Quizás esté equivocada pero la respuesta la encontraré en el camino más allá de los muros del reino.”

Y sin mirar atrás, cruzó las majestuosas puertas que la separaban del mundo exterior.

Diego, que así se llamaba el esposo, contempló con pena como se escapaba su perla, aquella que tantos años de satisfacción le proporcionaron. Quería correr hacia Cristina para hacerla razonar, quería expresarle todo lo que nunca antes dijo porque siempre había supuesto que sobraban las palabras cuando el amor era evidente. Ese amor que ahogaría a Cristina por no, paradójicamente, sentirse amada.
Supo que no tenía que cruzarse en ese destino que ahora quería mostrarse caprichoso. La batalla estaba de antemano decidida y él no tenía papel en ella.

Cristina se adentró en un mundo lleno de experiencias, historias tumultuosas, unas atractivas y otras no tanto. Aprendió de la gente, se emocionó con las vivencias de otros y sufrió en su propia carne todo lo que no había padecido antaño.
Ese era su destino: sentir el dolor, la frustración, la confusión que los actores que se iban incorporando en su nueva vida padecían. Pero ése no era su rol.

Una mañana despertose angustiada. No se reconocía en el espejo. ¿Cuánto tiempo había pasado? Semanas, meses quizás años viviendo vidas paralelas que la estaban destruyendo y contempló nuevamente aquel anillo que ahora yacía ingrávido en su cajita. Se preguntó porqué no lo llevaba puesto y recordó que un día lo sacó de su dedo para desafiar el poder de la magia oculta en la piedra tallada.

Así pues en un momento de lucidez entre tanto mar de dudas se decidió a sacarlo de la cajita y colocarlo nuevamente en su dedo.
A partir de ese instante los días se abrieron más claros, y Cristina supo que había llegado el momento de regresar tras su pintoresca aventura.

Recorrió pueblos y caminos, aprendió de algunas personas sabias y sobretodo se reconoció a sí misma en más de una ocasión. Y un día alcanzó aquel lugar que abandonó creyéndose ahogada por sus fortificados muros y comprobó que se hallaba deshabitado, abrupto y solitario.

Su fiel guardián no la había esperado a pesar de todas las promesas, ésas que ahora aparecían vacías de contenido ante los ojos de Cristina.

Se instaló nuevamente en su palacio y mandó derruir aquellos ventanales para poder desde esa altura contemplar aquellos paisajes con mayor claridad. Aprendió a gozar de cada instante y a esperar pacientemente el regreso de quien posiblemente también iría en busca de su propio equilibrio.

Aquel hombre no supo encontrar el camino de regreso y quedó inmerso en un mar de acontecimientos que perturbaron su mente.

Cansada de esperar, Cristina partió en su búsqueda y preguntó al anciano alquimista de barba blanca por el paradero de Diego. El viejo titubeó porque reconoció en esa bella mujer aquella que antaño le pareció tan confundida e indecisa. Ahora, permanecía segura y sabía cuál era su objetivo. Finalmente le indicó una casa alejada al lado del mar, donde al parecer vivía con otra mujer. Le dijo que intuía que Diego se encontraba en peligro y la acompañaría en tal proeza.

Cristina y el sabio mago caminaron noche y día hasta llegar a aquel lugar señalado por el anciano y cuando estaban a poco menos de cien metros, Cristina divisó una silueta que se alejaba mar adentro. Corrió hacia él porque tuvo un extraño presentimiento y como poseída por una extraordinaria fuerza, alcanzó aquel cuerpo ya inerte antes de que se perdiera en la profundidad de las aguas marinas.

Nadó con él a cuestas y lo tendió en la arena al lado de Vigortis, que así se llamaba el anciano, que hizo a Diego sacar el agua que había tragado.

Cuando recuperó la conciencia preguntó si estaba soñando y dijo que si morir servía para poder verla de nuevo ese era su destino. Cristina le besó como nunca antes lo hiciera y le respondió que todavía tenían mucho por compartir juntos de nuevo, en esta vida. Le dijo que lamentaba haberle hecho desgraciado por sus deseos egoístas de sentir sin comprender que también podía haber recorrido ese camino con él.

Unos meses más tarde ella le preguntó porqué se adentró en el mar y Diego le dijo que en un sueño la vio desaparecer dentro del mar y aquella mañana la seguía para salvarla de un trágico final.

*.*.*


La vida avanza inexorablemente como el agua de un río arrastrando al ser humano con la corriente. El hombre con su equilibrio ha de ser capaz de afrontar las circunstancias adversas que le salen al paso. La vida no es más o menos justa, más o menos injusta, mala o buena, podríamos decir que la vida tan solo ES.

jueves, 6 de mayo de 2010

Inteligencia Emocional




La Inteligencia Emocional tiene que ver con cómo tratamos nuestras emociones para conseguir ser felices y no sentirnos desdichados.
En la sociedad actual, las prisas, el estrés, la necesidad del día después, los avances tecnológicos y el culto al cuerpo, vivimos por y para este “carruaje” denominado cuerpo físico pero a pesar de la gran evolución a la que parece que nos hemos abocado, conlleva consigo un gran retraso. Son dos caras de la misma moneda. Cuanto más avanza la ciencia, la tecnología, la industria, más decrece el potencial innato del ser humano. Los días transcurren rápidos, sin posibilidad de detenerse y pensar en uno mismo y en todo lo que acontece realmente en nuestro entorno. Con cada avance nos alejamos más y más de nuestra realidad, de nuestro vínculo con el Universo y con el resto de seres y cosas que habitan en él.

Pero vamos a ir por partes:
Lo primero que hay que entender es el concepto de “relación” entre las diferentes partes que forman al ser humano. Utilizando la metáfora del carruaje, diremos que éste, sin ayuda de los caballos, no puede moverse e incorporar vivencias y experiencias, pero al mismo tiempo si deja que sean ellos exclusivamente los que dirijan el camino, podría encontrarse a veces con dificultades o riesgos. Así pues también es fundamental la figura del cochero para dirigir a esos caballos por sendas poco tortuosas.
Bajo esta metáfora se esconden tres elementos: cuerpo, mente y emociones. Pero dentro del carruaje habita un ser, el pasajero que es realmente el que disfruta o no del paseo.
A este pasajero diversos autores lo han nombrado de múltiples maneras: niño interior, conciencia, alma, esencia.
La importancia no radica en la denominación sino en comprender que nosotros somos él, porque sólo de ese modo actuaremos con inteligencia emocional.

Nuestra identificación con nuestro “cuerpo”, con nuestro “carruaje”, con nuestra “forma humana” nos limita el poder que reside en nuestro interior, y esa limitación nos produce frustración lo cual nos hace ser infelices.

Acabamos de ver la primera de nuestras ataduras que nos impide lograr actuar con inteligencia emocional.
Pero hay más:
El vínculo o dependencia que creamos con nuestras familias, otros seres humanos, con las cosas que creemos “poseer”, aquellos materialismos adquiridos y que impiden a menudo que podamos crecer interiormente, expandir nuestra conciencia.
Nos atamos incondicionalmente al pasado, bueno o malo, pero siempre presente en nuestras decisiones, en nuestra evolución, coartándola.
Pero la más grande de todas las ataduras que impiden el desarrollo de la inteligencia emocional en nosotros es vivir en la polaridad, etiquetar las cosas como buenas o malas, correctas o incorrectas, crear diferencias cuando somos unidad con nuestro Universo y con todos los seres que habitan en él.

Nuestra conciencia grita desde el interior de cada uno de nosotros pero no la escuchamos y nos dice que salgamos de la polaridad, que entendamos la Unidad, que todos formamos parte de la misma fuente creadora, que somos parte de ella.

Primer paso para comportarme con inteligencia emocional: Identificarme con mi “alma” sintiendo la inmensidad de su poder, mi poder.
Un poder que va más allá de las limitaciones que me produce el cuerpo físico, un poder que me recuerda mi pasado.
Para explorar todas las infinitas posibilidades que tengo, necesito conocerme, confiar en mi mismo, trabajar la seguridad en mi persona.
El mensaje “Soy capaz” “Puedo” tiene que bombardear continuamente el cerebro para crearme una realidad positiva, porque mi infinito poder me permite crearme mi realidad, esa que tantas y tantas veces llego a boicotearme.

Llegados a este punto necesito poder definir la emoción: es una señal que me da información sobre lo que acontece en mi interior, me dice como vivo una determinada información.
Tengo que adquirir conciencia de mi misma para entender el propósito de mis emociones, de aquello que siento en cada momento y lugar.
Con plena conciencia de mis emociones puedo aprender a regularlas, a gestionarlas, para hacer un uso adecuado de ellas. No se trata de reprimir, sino de exteriorizarlas cuando sea conveniente para mí y para el otro.

Todos habréis oído hablar de los chakras o centros de energía que poseemos. Los tres centros energéticos inferiores están asociados a lo que llamamos el poder de las emociones humanas. Pero las emociones tienen que ser enfocadas y aquí es donde interviene la lógica, asociada a los centros energéticos superiores. El pensamiento es el que enfoca o da dirección a las emociones. La unión emoción y pensamiento forma el sentimiento en el chakra corazón. Sentimos con nuestros corazones.
Según civilizaciones antiguas las emociones primarias percibidas sólo son dos: Amor y su opuesto, unas veces se denominará odio, otras miedo, otras furia, otras frustración,…

Este sentimiento es el que crea sintonia con nuestro Planeta, es a través del lenguaje de los sentimientos como influimos en lo que formamos parte.

La Humanidad está pasando por una época de caos en la que el despertar de nuestra conciencia se hace totalmente necesario. Nuestras emociones / sentimientos destructivos, están creando el caos, el desorden, la infelicidad, la guerra, el fin de nuestro mundo. Las herramientas para cambiar esa realidad están en nuestro poder, sólo necesitamos creer en nosotros, en nuestro potencial, sentir desde el amor y la compasión, actuar con entendimiento, sin competitividad ni diferencias, creando Unidad, porque nuestros actos aislados tienen eco en nuestro planeta.

Si sentimos odio, destruimos, si sentimos amor, construimos.

Necesito enfocar mi vida hacia un objetivo por el que me sienta motivada y tengo que aprender a ser constante para no sentir desmotivación en mi. La motivación es algo innato en mi ser sólo que cuando me parece que me falta es porque el enfoque no ha sido adecuado.
La persona inteligente emocionalmente conoce sus sentimientos, hace un buen uso de ellos y orienta su intención hacia su logro. Ello habla de Inteligencia Intrapersonal y está formada por : autoconocimiento, autorregulación y automotivación.
Pero la inteligencia emocional me sirve para relacionarme eficazmente, para entendiendo mis sentimientos poder ponerme en el lugar del otro, entender cómo se siente y establecer relaciones más dichosas. Entramos en la Inteligencia Interpersonal que consta básicamente de dos partes: la empatía y las habilidades sociales.

Finalmente es importante que tengamos en cuenta que las emociones sólo nos aportan información sobre cómo nos sentimos, cómo nos afecta un suceso. Un uso inteligente de esas emociones está en dejar que transiten, que fluyan sin quedarse enquistadas en nosotros.
Cumplen una función pero tienen que fluir libremente.
Cuando elijo quedarme con ese sentimiento, me paralizo y me siento infeliz. Y digo elijo porque somos nosotros los que tenemos el poder para elegir los sentimientos que sentimos, pero también elegimos los pensamientos y a menudo éstos son irracionales, distorsionados provocando nuevamente el trastorno emocional.

Para actuar con inteligencia emocional, recuerda que tu pensamiento tiene que ser verdadero, no una interpretación, siempre hay que preguntarse: ¿en qué me baso para pensar esto? ¿qué evidencias tengo?

Las emociones son señales que cumplen un propósito, una vez recibas el mensaje tienes que dejarlas ir. Recuerda que las emociones son transitorias.
Por último, no menos importante recuerda que la elección siempre es tuya pero también que tus elecciones afectan al mundo en el que vives.

viernes, 30 de abril de 2010

Recuperarse de su adicción




Reconocer que somos adictos es difícil pero todavía lo es más mantenerse abstinentes. Significa:
•cambiar el modo en que uno vive
•desmantelar el armazón adictivo de la propia vida, esto es, cómo se ve a sí mismo, qué cosas cree, cómo se cuida y cómo se relaciona con otros, para crear en su lugar una estructura sana.
Elegir la adicción es elegir el camino fácil porque el otro camino significa lidiar con nuestros sentimientos y enfrentarse a los problemas que nos presenta la vida. Sin embargo, el camino fácil a la larga és también el más dificil porque con sus engaños y falsas satisfacciones nos aprisiona en su telaraña adictiva.

Recuperarse significa aprender a satisfacer las propias necesidades que uno tenga sin acudir a un alterador del estado de ánimo para hacerlo.
Recuperarse significa aprender a manejar los propios problemas que se le presenten con eficacia sin necesitar nuevamente una alterador del estado del ánimo para lograrlo.
Recuperarse finalmente significa atender a nuestro niño interior, a aquel que hace tiempo dejamos de escuchar porque tomamos el camino fácil, el atajo que nos llevo a la encrucijada adictiva.

La abstención es el camino a la libertad, el camino que nos conduce a recuperar nuestra vida, una vida saludable. Es la adicción la que coarta tu libertad, haciendo imposible tener el control a pesar de esos mensajes que nos autoenviamos en los que “creemos ilusoriamente” que la controlamos.
“Yo controlo”, “Yo impongo los límites”, “Yo sé cuando tengo que parar”, todas estas frases no son más que meras ilusiones, falsas creencias que sirven de gancho para la personalidad adictiva.

Recuperarse de su adicción significa dejar de consumir no sólo su “droga” habitual sino también todas las drogas y actividades que ha utilizado para alterar su estado de ánimo.

Para recuperarse tiene que “abordar” su malestar interior, su vacío, su insatisfacción, o éste saldrá a la superficie una y otra vez bajo diferentes formas que nuevamente le llevarán al proceso adictivo.
Para recuperarse tendrá que aprender a manejar sus sentimientos, a entenderlos, a expresarlos, a sentirlos.
Para recuperarse tendrá que enfrentarse a los problemas resolviendolos eficazmente, valorando pros y contras y encontrando la solución más óptima.
Para recuperarse tendrá que conocerse a sí mismo, aceptando sus defectos, sus limitaciones pero sobre todo queriéndose por encima de todo.

lunes, 19 de abril de 2010

Apuntes sobre Inteligencia Emocional



La inteligencia emocional supone aprender a conocer, sentir y gestionar las propias emociones y las de los demás para conseguir sentirnos bien y hacer que nuestras relaciones sean más satisfactorias.

En la vida perdemos mucha energía, mucho esfuerzo en inútiles batallas que iniciamos sin siquiera saberlo. La Inteligencia emocional consigue que gracias al autoconocimiento de ti mismo/-a, entiendas cómo te sientes en cada momento, sepas el propósito que tiene en cada momento la emoción sentida y aprendas a regularla, a gestionarla para que no te cause malestar ni a ti ni a aquellos que te rodean.

Cuando actuamos con inteligencia emocional, nos mostramos empáticos, es decir, sabemos ponernos en el lugar del otro, y así entender cómo se siente. Eso facilita la comunicación y en consecuencia favorece las relaciones saludables.

La inteligencia emocional nos permite apaciguar nuestra mente, sin derroche de energía, usándola para un único propósito: pensar racionalmente, con lógica, sin filtros emocionales que distorsionen la vivencia real.

Somos lo que pensamos, por tanto si pensamos negativamente, esto es lo que creamos: negatividad a nuestro alrededor. Con la inteligencia emocional aprendemos a controlar nuestros pensamientos, con el objetivo de armonizar nuestra vida.

Hay que entender que el ser humano no sólo está formado por el cuerpo y la mente; las emociones también tienen cabida en ese conjunto. El ser humano tiene que encontrar el equilibrio entre estas instancias: cuerpo, mente y emociones. Con inteligencia emocional conseguimos responsabilizarnos de las emociones sentidas, entender la función que cumplen en todo momento. Como sentimos lo que pensamos, la misma inteligencia emocional ayuda a pensar positivamente y racionalmente.

La inteligencia emocional nos ayuda a estar en el presente, a desprendernos del pasado y a no preocuparnos por el futuro.

Nos hacemos cargo de nuestra vida, de nuestro ser, al que amamos y por tanto lo cuidamos, entendiendo también que forma parte de una unidad con el que está conectado, el Universo, la Tierra, el resto de nuestros semejantes, el resto de seres vivos.
Nuestra actuación tiene repercusiones en esa unidad por tanto es imprescindible que aprendamos inteligencia emocional para el bien de la humanidad y del universo.

domingo, 4 de abril de 2010

La Llave (2ªparte)




Elena contempló sus temblorosas manos sin saber cuanto tiempo podría todavía mantener el papel entre sus dedos. Su corazón latía precipitadamente.
¿Qué debía hacer? – se preguntaba, pero no tenia la mente clara para emitir respuesta alguna. El contenido de aquella carta la había turbado por dos motivos, el primero, nunca antes Julián le expuso sus sentimientos tan abiertamente, y el segundo, sus teorías parecían tener una razón real. Ahora, más que nunca, debía tranquilizarse para poder pensar con claridad.
Consulto su reloj, las 2:30 am. Miró a través de la puerta de la habitación de Irene y constató que seguía profundamente dormida. Afuera sólo se oía la noche, una clara noche de luna llena.
Aprovechó para bajar al sótano donde, en su día, guardó el baúl que le había enviado Julián. Como estaba cerrado, lo dejó en un apartado y oscuro rincón, junto con el resto de objetos también de su propiedad. Posiblemente el hecho de mantener todavía esas pertenencias le hacían creer que aún seguían juntos, a pesar de la distancia y la escasa correspondencia recibida.
Sus verdes ojos buscaron entre las sombras el baúl dorado. Era de un tamaño mediano y la llave se introdujo en la cerradura sin complicación alguna. Una vez abierto, Elena extrajo el contenido de su interior: una libreta tamaño cuartilla cuyas hojas parecían a primera vista vacías, una agenda negra con unos raros símbolos en su interior, una pirámide de cristal de cuarzo verde-azulada y unas extravagantes gafas con doble juego de vidrios, alternando cuatro tonos de colores, marrón-azul-verde y naranja. Nada más, ni doble fondo, ni escondites secretos. Nada.
Elena suspiró con cierta angustia ya que aquel contenido no mostraba demasiada claridad a las palabras de Julián. En aquel preciso instante, una tenue silueta se precipitaba por las escaleras hacia el sótano. Los pasos aunque débiles prolongaron el estado angustioso en el que se encontraba Elena. Su corazón palpitó con fuerza hasta que el resplandor de la luna puso imagen a esos pasos. Se trataba de Irene en uno de sus despertares nocturnos. Sus azules ojos abiertos dejaban resbalar pequeñas lágrimas, como si se sintiera desbordada por una inmensa sensación de tristeza. Caminó hacia Elena y cuando se encontró frente a ella, cogió con sus finas y diminutas manos la pirámide de cristal al tiempo que le decía a Elena que se pusiera las gafas intercalando la posición de los vidrios. La simbología contenida en la agenda cobraba ahora un aspecto legible. Gratamente sorprendida, Elena abrazó a Irene y le dijo que no llorara, que no había motivo para ello, que con su ayuda estaban más cerca de ayudar a Julián. Irene contestó aún con lágrimas en sus ojos, que a Julián no le quedaba demasiado tiempo y tampoco a la humanidad.
Esa realidad que ahora estaba en su poder tenía que descifrarse al mundo, para que abrieran los ojos al engaño en que se habían convertido las vidas humanas.
Pero Julián les advertía que corrían peligro, que tenían que ponerse a salvo y estaba claro que esa casa que tanto tiempo las había mantenido protegidas del mundo, ahora podía suponerles un obstáculo. Si alguien las encontraba, no tendrían protección alguna, así es que tenían que salir cuanto antes de allí.
Consultó nuevamente su reloj, aún disponían de 4 horas hasta el amanecer y con ayuda de la luna podrían avanzar bastante. Pero ¿hacia donde? Recordó algunos de los amigos de su padre, gente influyente que quizás todavía no habría sido contaminada, pero claro eso podía exponerlas a un verdadero peligro. Entonces recordó a Roberto, su compañero de facultad. Luchaba desde la clandestinidad en contra de la opresión. Llegó a poner cara y nombre a los que estaban en el poder. Salió ileso de dos atentados y ahora estaba más oculto que antes, pero Elena sabía como contactar con él…
“Es buena idea” – dijo Irene como si le hubiera leído el pensamiento.
Tenían que dirigirse hacia el sur de Francia, donde Elena le había dejado antaño mensajes cuando necesitaba contactar con él. Probablemente era el único escondite todavía activo. Tenía que probarlo. Él podía ayudarlas, sabía cómo hacerlo….

Mientras, en algún lugar cercano, un hombre encendía un cigarrillo tras cerrar su móvil. Segundos antes, al otro lado del auricular, una voz grave le decía: “Puedes acabar con el objetivo. Deshazte de las pruebas. Tiene que parecer un accidente.”


Llegados a este punto, el autor/autora del relato de ficción debe decidir si terminar aquí, cediendo la batalla a los malos o bien, muy al contrario, sacarse un as de la manga y optar por salvar a los buenos y seguir con la narración.
En la ficción, todo es posible, pero en la realidad, en aquella que lo es para nosotros, a muchas personas se les arrebata su vida por ayudar a otros en este despertar que necesita la Humanidad.
Cada uno pone su grano de arena en esta, nuestra historia, la que nos incumbe a todos, porque lo importante es querer abrir los ojos a la verdadera realidad, aquella de la que somos esclavos y contra la que podemos luchar.
No hay que temer, solo hay que querer.



“Neo había recibido suficientes balas como para perder su vida, sin embargo, el hecho de saberse con el poder para cambiar el mundo consiguió que cambiara su realidad, o ¿fue el amor de Trinity?”

Cree en tu poder para hacer tu realidad, esa es la clave.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La llave (1ª parte)




Elena miraba turbada aquella llave dorada mientras Irene se dirigía en estado semiinconsciente a su habitación. No era la primera vez que Irene actuaba de ese modo; de hecho, a Elena ya no le sorprendía, tras cuatro años de convivencia. Ese extraño comportamiento, que a otros podía desconcertar, a ella la fascinaba. Irene mostraba un sexto sentido para percibir determinadas cosas y Elena había logrado que eso no inquietase la fragilidad de una niña de 6 años tan especial.

La adoptó con 2 años cuando trabajaba en los Servicios Sociales de aquella gran ciudad. Su expediente llegó a sus manos “por casualidad”, pensó entonces, aunque ahora tras lo acontecido sabía que “nada sucede por nada”.
Ellas dos tenían que estar juntas en estos nuevos tiempos, en los que la humanidad parecía mostrarse tan perdida.
Irene formaba parte del conjunto de seres especiales que ayudarán al cambio, de eso Elena estaba segura y por esa creencia la recogió, la crió y la ayudó a desarrollar todo su potencial. Ahora con 6 años, Irene era toda una “precog”. Se mantenía inocente y pura sin el control de los que tienen el poder.
Elena se encargaba especialmente de su educación, la mantenía alejada de todo aquello que pudiera confundirla, atemorizarla o convertirla en un esclavo más, dentro de nuestra cárcel de cristal construida bajo nuestra dormida autorización...

Esa forma de pensar, esa obsesión por desentrañar la conspiración, la alejaron de Julián - recordaba Elena, mientras en sus manos tenía sujeta esa llave dorada.

Él, reconocido físico, fue captado, muy a pesar de Elena, por una de las principales empresas consideradas clave en el plan conspiratorio contra la humanidad. La poca credibilidad de Julián y la suntuosa suma de dinero que le proporcionó la nueva firma por sus investigaciones, favorecieron el alejamiento y posterior ruptura. Aunque ciertamente, ahora que lo pensaba, ¿acaso rompieron? Simplemente él se marchó a una sucursal en Michigan, y las llamadas y correos se fueron distanciando. Nunca llegaron a hablarlo…

Elena se concentró en la formación de Irene, en proporcionarle una estabilidad emocional, ofreciéndole un lugar donde vivir lo suficientemente alejado de la civilización para poder pasar lo más inadvertida posible.
Ahora, se reía recordando las palabras de su padre:
“tienes que ser autosuficiente, conseguir tus propios recursos y así sobrevivirás a la catástrofe que se avecina para la humanidad.”
Entonces, de niña le parecían tremendas tonterías, obsesiones de un viejo loco, pero algunos acontecimientos que vivenció, la llevaron a creer firmemente en ellas.

El padre de Elena era astrofísico y su repentina muerte dejó una sustanciosa herencia para ella. Él la había criado sólo; precisamente, en esa casa que ahora habitaba junto con Irene, habían pasado largas temporadas. Ese fue uno de los legados de su padre.
A Julián lo conoció en el círculo laboral de su padre, era un admirador de su trabajo y rápidamente se convirtió en “protector” de Elena. Unos meses de intensos encuentros desembocaron en una rápida convivencia. Lástima que sus caminos tomaran distintas sendas…

En los últimos 8 meses, tan sólo habría recibido el baúl dorado y ahora aquella extraña carta:

“No estamos a salvo. Tú tenías razón. Nunca debí aceptar ese trabajo. Me dejé comprar por ellos y ahora soy cómplice de este holocausto. Tenéis que desaparecer. Vendrán a por vosotras. He descubierto algo que nos pone a todos en peligro. Coge todos los documentos que contiene el baúl dorado que te llegó esta última semana. La llave lo abrirá. Mueve la verdad por la red pero borra tus pasos. No te fíes de nadie. Ellos no saben que existís. Me ha costado mucho hacerte llegar esta carta. Puede que hayan seguido el rastro. Coger vuestras cosas y desaparecer lo antes posible. Mi vida no vale nada pero vosotras dos sois un tesoro incalculable, sobre todo Irene, ella es la clave. Tienes que protegerla como yo siempre te protegí a ti. No contactes conmigo. Nunca dejé de quererte. Siento no haberte apoyado. “

Continuará…

miércoles, 17 de febrero de 2010

Autoconocimiento




Laura sentía que necesitaba resolver aquellos acertijos que día tras día se le presentaban. En el trabajo, sucumbía ante el temor de las interminables interacciones que se daban cita a diario en su despacho; en casa, perdía la motivación que en su día le llevó a interesarse por ampliar sus estudios; en la relación con sus hijos, le invadía una sensación de indefensión al ver reflejada en sí misma aquellas actitudes que tanto odiaba de su progenitora y, sin saber porqué, ella repetía esas mismas equivocaciones que antaño le alejaron de su madre. Con su marido, no se sentía mucho mejor; él llegaba de su trabajo bastante cansado y no parecía demasiado predispuesto a recibir de parte de Laura determinadas “memeces”, vocablo usado por Roberto para definir los problemas que a ella le parecían importantes y que tenían que ver con sus emociones…
Así estaban las cosas y, precisamente aquel lluvioso día del mes de febrero, Laura se planteaba si era conveniente o no acudir a un “loquero” como así los llamaba.
Sentada frente al teléfono revisaba aquellos tantos números dispuestos al azar que le acercaban de la visita con un especialista. Quizás pudiera entender tanto entresijo de confusión que apenas la dejaba vivir, pensaba.
Hacia años que Laura se definía a sí misma como una superviviente y, curiosamente ahora al recordarlo, se reía para sus adentros. Realmente poco tenia de superviviente, más bien se acercaría mejor denominarse “eternamente dormida”. Un superviviente es aquel que sobrevive a los conflictos, a los malestares, pero ella no estaba sobreviviendo, estaba aletargada, asustada de despertar a su conciencia, pero al mismo tiempo necesitada de salir de ese eterno dormitar.
Ensimismada en esos pensamientos, una voz le sorprendió al otro lado del aparato:
-Aquí la consulta de la Dra. Julia Humbert, ¿desea que le demos hora?
Y sin tiempo a decidir, Laura se encontró anotando en su agenda una cita para ese mismo día.

Horas más tarde, en la consulta de Julia, ésta se preparaba para la apretada agenda que le esperaba y repasando los nombres ya habituales, se percató de aquel nuevo, Laura Ibáñez, una primera visita.
“Cada vez más personas perdidas” pensó Julia.
Antes se encontraba con depresiones, ataques de ansiedad, fobias diversas… pero desde el inicio de este nuevo año, sólo le aparecían casos de gente pérdida, confundida, que luchaba entre lo que suponía el despertar para sus viejas y cerradas creencias y el estado cataléptico impuesto desde fuera por la sociedad que nos gobierna.
Cuando llegaban a la consulta esos seres se preguntaban de forma inconsciente si preferían tener su mente controlada o bien tomar las riendas de su vida y con ello asumir el poder que les corresponda.
Podría parecer fácil la decisión y de hecho así lo fue en su día para Julia pero no todas las personas disponían de la claridad de conciencia que sentía ella. Como decía un buen amigo “Prefiero que me llamen loco y estar despierto que seguir dormido pero ser considerado normal”.

Laura llegó unos minutos antes a la cita, se encontraba nerviosa, no sabía muy bien porqué. Su marido la había llamado hacia apenas media hora y ella había obviado, conscientemente, comentarle lo de su cita. Probablemente no lo hizo porque él jamás lo entendería. Para Roberto, la vida era apasionante: futbol, televisión, partida de tenis, negocios, viajes y cuando se dejaba ver por casa, por supuesto, nada de ruidos que dificultaran su “relajada” existencia. Así estaba la pobre Laura que tenia que lidiar ella solita con esa pareja de hijos tan maleducados que les había tocado sufrir, manteniendo la falsa armonía bajo control para no desestabilizar el caparazón familiar.
Víctima de un trabajo funcionarial que la aburría horrores, casada con un hombre al que no amaba ni apenas soportaba, madre de unos niños desapegados pero cruelmente caprichosos, a los que nunca había sabido educar, posiblemente invadida por un sentimiento de culpa generado por su carencia de afecto hacia ellos.
Víctima sí pero también indefensa, sin armas con las que enfrentarse a su vida ni un segundo más.

-Buenas tardes, Laura. Mi nombre es Julia y voy a ser tu terapeuta. Me gustaría que una vez acomodada trates de contarme de la forma más clara posible, qué te ha llevado hasta aquí. ¿Qué te preocupa, Laura?

Laura miró aquel rostro angelical que tanta paz le trajo repentinamente a su inquieto espíritu.
El silencio no incomodó a ninguna de las mujeres. Laura saboreaba la sensación y Julia sabia tolerar esos espacios de reflexión.

-Vivo dentro de un caos y no sé cómo salir de él – dijo Laura rompiendo así la calma que invadía aquella sala.

Con estas primeras palabras, nuestra protagonista inició una relación transferencial que la llevó a conocerse a sí misma, pasando por muy duros momentos en los que a punto estuvo de no volver a visitarse. Cada sesión era un conocimiento más profundo de su ser, con ello, reconocerse a veces débil, otras veces ruin, otras frustrada. Pero todos y cada uno de esos sentimientos, todas esas emociones sentidas en algún momento formaban parte de ella y no por eso debía menospreciarse.

Aprendió mucho de esas sesiones pero lo más importante es que llegó a conocerse a sí misma, lo que le ofreció la oportunidad de romper las cadenas que le ataban a lo ingrávido, a lo paralizante. Despertó a lo genuino, a su conciencia, a su sabiduría y con su despertar, ayudó a otros que seguían dormidos.