domingo, 4 de abril de 2010

La Llave (2ªparte)




Elena contempló sus temblorosas manos sin saber cuanto tiempo podría todavía mantener el papel entre sus dedos. Su corazón latía precipitadamente.
¿Qué debía hacer? – se preguntaba, pero no tenia la mente clara para emitir respuesta alguna. El contenido de aquella carta la había turbado por dos motivos, el primero, nunca antes Julián le expuso sus sentimientos tan abiertamente, y el segundo, sus teorías parecían tener una razón real. Ahora, más que nunca, debía tranquilizarse para poder pensar con claridad.
Consulto su reloj, las 2:30 am. Miró a través de la puerta de la habitación de Irene y constató que seguía profundamente dormida. Afuera sólo se oía la noche, una clara noche de luna llena.
Aprovechó para bajar al sótano donde, en su día, guardó el baúl que le había enviado Julián. Como estaba cerrado, lo dejó en un apartado y oscuro rincón, junto con el resto de objetos también de su propiedad. Posiblemente el hecho de mantener todavía esas pertenencias le hacían creer que aún seguían juntos, a pesar de la distancia y la escasa correspondencia recibida.
Sus verdes ojos buscaron entre las sombras el baúl dorado. Era de un tamaño mediano y la llave se introdujo en la cerradura sin complicación alguna. Una vez abierto, Elena extrajo el contenido de su interior: una libreta tamaño cuartilla cuyas hojas parecían a primera vista vacías, una agenda negra con unos raros símbolos en su interior, una pirámide de cristal de cuarzo verde-azulada y unas extravagantes gafas con doble juego de vidrios, alternando cuatro tonos de colores, marrón-azul-verde y naranja. Nada más, ni doble fondo, ni escondites secretos. Nada.
Elena suspiró con cierta angustia ya que aquel contenido no mostraba demasiada claridad a las palabras de Julián. En aquel preciso instante, una tenue silueta se precipitaba por las escaleras hacia el sótano. Los pasos aunque débiles prolongaron el estado angustioso en el que se encontraba Elena. Su corazón palpitó con fuerza hasta que el resplandor de la luna puso imagen a esos pasos. Se trataba de Irene en uno de sus despertares nocturnos. Sus azules ojos abiertos dejaban resbalar pequeñas lágrimas, como si se sintiera desbordada por una inmensa sensación de tristeza. Caminó hacia Elena y cuando se encontró frente a ella, cogió con sus finas y diminutas manos la pirámide de cristal al tiempo que le decía a Elena que se pusiera las gafas intercalando la posición de los vidrios. La simbología contenida en la agenda cobraba ahora un aspecto legible. Gratamente sorprendida, Elena abrazó a Irene y le dijo que no llorara, que no había motivo para ello, que con su ayuda estaban más cerca de ayudar a Julián. Irene contestó aún con lágrimas en sus ojos, que a Julián no le quedaba demasiado tiempo y tampoco a la humanidad.
Esa realidad que ahora estaba en su poder tenía que descifrarse al mundo, para que abrieran los ojos al engaño en que se habían convertido las vidas humanas.
Pero Julián les advertía que corrían peligro, que tenían que ponerse a salvo y estaba claro que esa casa que tanto tiempo las había mantenido protegidas del mundo, ahora podía suponerles un obstáculo. Si alguien las encontraba, no tendrían protección alguna, así es que tenían que salir cuanto antes de allí.
Consultó nuevamente su reloj, aún disponían de 4 horas hasta el amanecer y con ayuda de la luna podrían avanzar bastante. Pero ¿hacia donde? Recordó algunos de los amigos de su padre, gente influyente que quizás todavía no habría sido contaminada, pero claro eso podía exponerlas a un verdadero peligro. Entonces recordó a Roberto, su compañero de facultad. Luchaba desde la clandestinidad en contra de la opresión. Llegó a poner cara y nombre a los que estaban en el poder. Salió ileso de dos atentados y ahora estaba más oculto que antes, pero Elena sabía como contactar con él…
“Es buena idea” – dijo Irene como si le hubiera leído el pensamiento.
Tenían que dirigirse hacia el sur de Francia, donde Elena le había dejado antaño mensajes cuando necesitaba contactar con él. Probablemente era el único escondite todavía activo. Tenía que probarlo. Él podía ayudarlas, sabía cómo hacerlo….

Mientras, en algún lugar cercano, un hombre encendía un cigarrillo tras cerrar su móvil. Segundos antes, al otro lado del auricular, una voz grave le decía: “Puedes acabar con el objetivo. Deshazte de las pruebas. Tiene que parecer un accidente.”


Llegados a este punto, el autor/autora del relato de ficción debe decidir si terminar aquí, cediendo la batalla a los malos o bien, muy al contrario, sacarse un as de la manga y optar por salvar a los buenos y seguir con la narración.
En la ficción, todo es posible, pero en la realidad, en aquella que lo es para nosotros, a muchas personas se les arrebata su vida por ayudar a otros en este despertar que necesita la Humanidad.
Cada uno pone su grano de arena en esta, nuestra historia, la que nos incumbe a todos, porque lo importante es querer abrir los ojos a la verdadera realidad, aquella de la que somos esclavos y contra la que podemos luchar.
No hay que temer, solo hay que querer.



“Neo había recibido suficientes balas como para perder su vida, sin embargo, el hecho de saberse con el poder para cambiar el mundo consiguió que cambiara su realidad, o ¿fue el amor de Trinity?”

Cree en tu poder para hacer tu realidad, esa es la clave.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La llave (1ª parte)




Elena miraba turbada aquella llave dorada mientras Irene se dirigía en estado semiinconsciente a su habitación. No era la primera vez que Irene actuaba de ese modo; de hecho, a Elena ya no le sorprendía, tras cuatro años de convivencia. Ese extraño comportamiento, que a otros podía desconcertar, a ella la fascinaba. Irene mostraba un sexto sentido para percibir determinadas cosas y Elena había logrado que eso no inquietase la fragilidad de una niña de 6 años tan especial.

La adoptó con 2 años cuando trabajaba en los Servicios Sociales de aquella gran ciudad. Su expediente llegó a sus manos “por casualidad”, pensó entonces, aunque ahora tras lo acontecido sabía que “nada sucede por nada”.
Ellas dos tenían que estar juntas en estos nuevos tiempos, en los que la humanidad parecía mostrarse tan perdida.
Irene formaba parte del conjunto de seres especiales que ayudarán al cambio, de eso Elena estaba segura y por esa creencia la recogió, la crió y la ayudó a desarrollar todo su potencial. Ahora con 6 años, Irene era toda una “precog”. Se mantenía inocente y pura sin el control de los que tienen el poder.
Elena se encargaba especialmente de su educación, la mantenía alejada de todo aquello que pudiera confundirla, atemorizarla o convertirla en un esclavo más, dentro de nuestra cárcel de cristal construida bajo nuestra dormida autorización...

Esa forma de pensar, esa obsesión por desentrañar la conspiración, la alejaron de Julián - recordaba Elena, mientras en sus manos tenía sujeta esa llave dorada.

Él, reconocido físico, fue captado, muy a pesar de Elena, por una de las principales empresas consideradas clave en el plan conspiratorio contra la humanidad. La poca credibilidad de Julián y la suntuosa suma de dinero que le proporcionó la nueva firma por sus investigaciones, favorecieron el alejamiento y posterior ruptura. Aunque ciertamente, ahora que lo pensaba, ¿acaso rompieron? Simplemente él se marchó a una sucursal en Michigan, y las llamadas y correos se fueron distanciando. Nunca llegaron a hablarlo…

Elena se concentró en la formación de Irene, en proporcionarle una estabilidad emocional, ofreciéndole un lugar donde vivir lo suficientemente alejado de la civilización para poder pasar lo más inadvertida posible.
Ahora, se reía recordando las palabras de su padre:
“tienes que ser autosuficiente, conseguir tus propios recursos y así sobrevivirás a la catástrofe que se avecina para la humanidad.”
Entonces, de niña le parecían tremendas tonterías, obsesiones de un viejo loco, pero algunos acontecimientos que vivenció, la llevaron a creer firmemente en ellas.

El padre de Elena era astrofísico y su repentina muerte dejó una sustanciosa herencia para ella. Él la había criado sólo; precisamente, en esa casa que ahora habitaba junto con Irene, habían pasado largas temporadas. Ese fue uno de los legados de su padre.
A Julián lo conoció en el círculo laboral de su padre, era un admirador de su trabajo y rápidamente se convirtió en “protector” de Elena. Unos meses de intensos encuentros desembocaron en una rápida convivencia. Lástima que sus caminos tomaran distintas sendas…

En los últimos 8 meses, tan sólo habría recibido el baúl dorado y ahora aquella extraña carta:

“No estamos a salvo. Tú tenías razón. Nunca debí aceptar ese trabajo. Me dejé comprar por ellos y ahora soy cómplice de este holocausto. Tenéis que desaparecer. Vendrán a por vosotras. He descubierto algo que nos pone a todos en peligro. Coge todos los documentos que contiene el baúl dorado que te llegó esta última semana. La llave lo abrirá. Mueve la verdad por la red pero borra tus pasos. No te fíes de nadie. Ellos no saben que existís. Me ha costado mucho hacerte llegar esta carta. Puede que hayan seguido el rastro. Coger vuestras cosas y desaparecer lo antes posible. Mi vida no vale nada pero vosotras dos sois un tesoro incalculable, sobre todo Irene, ella es la clave. Tienes que protegerla como yo siempre te protegí a ti. No contactes conmigo. Nunca dejé de quererte. Siento no haberte apoyado. “

Continuará…

miércoles, 17 de febrero de 2010

Autoconocimiento




Laura sentía que necesitaba resolver aquellos acertijos que día tras día se le presentaban. En el trabajo, sucumbía ante el temor de las interminables interacciones que se daban cita a diario en su despacho; en casa, perdía la motivación que en su día le llevó a interesarse por ampliar sus estudios; en la relación con sus hijos, le invadía una sensación de indefensión al ver reflejada en sí misma aquellas actitudes que tanto odiaba de su progenitora y, sin saber porqué, ella repetía esas mismas equivocaciones que antaño le alejaron de su madre. Con su marido, no se sentía mucho mejor; él llegaba de su trabajo bastante cansado y no parecía demasiado predispuesto a recibir de parte de Laura determinadas “memeces”, vocablo usado por Roberto para definir los problemas que a ella le parecían importantes y que tenían que ver con sus emociones…
Así estaban las cosas y, precisamente aquel lluvioso día del mes de febrero, Laura se planteaba si era conveniente o no acudir a un “loquero” como así los llamaba.
Sentada frente al teléfono revisaba aquellos tantos números dispuestos al azar que le acercaban de la visita con un especialista. Quizás pudiera entender tanto entresijo de confusión que apenas la dejaba vivir, pensaba.
Hacia años que Laura se definía a sí misma como una superviviente y, curiosamente ahora al recordarlo, se reía para sus adentros. Realmente poco tenia de superviviente, más bien se acercaría mejor denominarse “eternamente dormida”. Un superviviente es aquel que sobrevive a los conflictos, a los malestares, pero ella no estaba sobreviviendo, estaba aletargada, asustada de despertar a su conciencia, pero al mismo tiempo necesitada de salir de ese eterno dormitar.
Ensimismada en esos pensamientos, una voz le sorprendió al otro lado del aparato:
-Aquí la consulta de la Dra. Julia Humbert, ¿desea que le demos hora?
Y sin tiempo a decidir, Laura se encontró anotando en su agenda una cita para ese mismo día.

Horas más tarde, en la consulta de Julia, ésta se preparaba para la apretada agenda que le esperaba y repasando los nombres ya habituales, se percató de aquel nuevo, Laura Ibáñez, una primera visita.
“Cada vez más personas perdidas” pensó Julia.
Antes se encontraba con depresiones, ataques de ansiedad, fobias diversas… pero desde el inicio de este nuevo año, sólo le aparecían casos de gente pérdida, confundida, que luchaba entre lo que suponía el despertar para sus viejas y cerradas creencias y el estado cataléptico impuesto desde fuera por la sociedad que nos gobierna.
Cuando llegaban a la consulta esos seres se preguntaban de forma inconsciente si preferían tener su mente controlada o bien tomar las riendas de su vida y con ello asumir el poder que les corresponda.
Podría parecer fácil la decisión y de hecho así lo fue en su día para Julia pero no todas las personas disponían de la claridad de conciencia que sentía ella. Como decía un buen amigo “Prefiero que me llamen loco y estar despierto que seguir dormido pero ser considerado normal”.

Laura llegó unos minutos antes a la cita, se encontraba nerviosa, no sabía muy bien porqué. Su marido la había llamado hacia apenas media hora y ella había obviado, conscientemente, comentarle lo de su cita. Probablemente no lo hizo porque él jamás lo entendería. Para Roberto, la vida era apasionante: futbol, televisión, partida de tenis, negocios, viajes y cuando se dejaba ver por casa, por supuesto, nada de ruidos que dificultaran su “relajada” existencia. Así estaba la pobre Laura que tenia que lidiar ella solita con esa pareja de hijos tan maleducados que les había tocado sufrir, manteniendo la falsa armonía bajo control para no desestabilizar el caparazón familiar.
Víctima de un trabajo funcionarial que la aburría horrores, casada con un hombre al que no amaba ni apenas soportaba, madre de unos niños desapegados pero cruelmente caprichosos, a los que nunca había sabido educar, posiblemente invadida por un sentimiento de culpa generado por su carencia de afecto hacia ellos.
Víctima sí pero también indefensa, sin armas con las que enfrentarse a su vida ni un segundo más.

-Buenas tardes, Laura. Mi nombre es Julia y voy a ser tu terapeuta. Me gustaría que una vez acomodada trates de contarme de la forma más clara posible, qué te ha llevado hasta aquí. ¿Qué te preocupa, Laura?

Laura miró aquel rostro angelical que tanta paz le trajo repentinamente a su inquieto espíritu.
El silencio no incomodó a ninguna de las mujeres. Laura saboreaba la sensación y Julia sabia tolerar esos espacios de reflexión.

-Vivo dentro de un caos y no sé cómo salir de él – dijo Laura rompiendo así la calma que invadía aquella sala.

Con estas primeras palabras, nuestra protagonista inició una relación transferencial que la llevó a conocerse a sí misma, pasando por muy duros momentos en los que a punto estuvo de no volver a visitarse. Cada sesión era un conocimiento más profundo de su ser, con ello, reconocerse a veces débil, otras veces ruin, otras frustrada. Pero todos y cada uno de esos sentimientos, todas esas emociones sentidas en algún momento formaban parte de ella y no por eso debía menospreciarse.

Aprendió mucho de esas sesiones pero lo más importante es que llegó a conocerse a sí misma, lo que le ofreció la oportunidad de romper las cadenas que le ataban a lo ingrávido, a lo paralizante. Despertó a lo genuino, a su conciencia, a su sabiduría y con su despertar, ayudó a otros que seguían dormidos.

viernes, 5 de febrero de 2010

Adéu Iaia




Ahir ens vas deixar, sense fer gaire soroll com si no volguessis molestar. El teu cos ja no podia seguir fent la seva funció i per fi t'ha alliberat. Nosaltres, la teva família aquí, desitgem que el camí cap als estels et sigui clar i esperançador.
No has de marxar amb por perquè la teva pròpia llum t'allunyarà de la foscor.
Ha estat una vida plena de ensurts però també de satisfaccions. Penso que tot i no tenir una infantessa gaire bona, la vida a la teva maduresa t'ha donat menys mal de caps. Et vares casar molt joveneta, encara erets una nena, has patit la pèrdua d'una filla, vares enviudar encara prou jove desprès d'un acompanyament a la infermetat del teu home llarga i tediosa. Però l'edat de la jubilació ha estat molt profitosa: viatges, experiències, ... i finalment quan ja no podies seguir vivint sola, vas entrar a una residència on tu saps que has estat molt bé; com tu deies "aquí em cuidant molt bé".
Te’m estima't i et recordarem de cor. Un petó iaia!

jueves, 28 de enero de 2010

Recupera tu poder




Cuantas veces habremos oído esta frase…”Recupera tu poder” y aunque la mayoría de las veces se presentara con un manual de ayuda incorporado, seguro que no hemos sabido cómo lograrlo…

Para todos los objetivos que nos propongamos necesitamos en primer lugar creer realmente en la posibilidad de poderlos conseguir, sino por más que tuviéramos metas, si no creemos en ellas, jamás se transformarán en una realidad. Para que la creencia tenga base, uno tiene que sentirlo en su interior… ¿Cómo sé si así lo siento?

Si el poder lo alejo de mi persona, no me siento capaz de conseguir las metas que me proponga ya que “entiendo” que otros tienen más que decir que yo misma.
Primer error: No me creo capaz de conseguir todo lo que quiera, ya que no creo en mi poder.
Cuando hablamos de autoestima, hablamos de la capacidad para confiar en nuestro potencial, no de aquel que se consigue con estudios y títulos, de aquel que aparece innato en nuestro interior. La capacidad está dentro de cada uno de nosotros, es ese “niño interior”, “esencia de nuestro yo” el que alberga el poder.

Segundo error: No me identifico con él. Yo soy lo que ven mis ojos.
Mi percepción es limitada y necesito ampliar mis miras. No me he de sentir finita cuando soy infinita. Mi límite es mi cuerpo pero lo que habita en su interior tiene una grandeza ilimitada. Si yo me identifico con mi interior, recupero el poder que nunca he perdido sólo que desde que habito en este cuerpo olvidé que lo tenía.


Nos han educado con creencias de fe, aptitudes,…externas a nosotros. Crecer con esos condicionantes conlleva cultivarse culturalmente para adquirir poder, rogar a un Dios lejano que nos conceda el “milagro” y un sinfín de situaciones que en definitiva corroboran que el poder no lo tengo yo innato, sino que lo adquiero si “me lo curro”, “rezo mucho” y “lo visualizo”.
Esta última práctica sí suele funcionar pero para que la visualización sea efectiva necesito sentir el potencial de ese interior y el ser humano se niega a reconocer el poder que alberga dentro de su caparazón.


Primera premisa: No somos aquello que vemos con nuestros ojos.
La percepción de nuestros ojos tiene límites y me engaña, porque quiere que me identifique con el cuerpo que habito y eso en sí mismo ya es un límite que niega el poder infinito que tengo.

Segunda premisa: Yo me creo mi realidad.
Si entiendo que tengo el poder para elegir, no permitiré más albergar frustraciones por no conseguir aquello que me he propuesto. Simplemente porque entenderé que obtengo lo que realmente quiero. Puedo conseguir el mundo porque yo soy el mundo. Pero para ello tengo que reconocerme unido a todos, no un ser único e individual.

Tercera premisa: Existe la unicidad pero conectada a la totalidad.
Tengo que sentirme interiormente como un ser especial pero al mismo tiempo he de sentirme conectada al Universo, a la Familia Humana, a la Naturaleza, a la Tierra, al Sol que tanto nos protege y agradecerles a todos ellos (incluyendo a mi ser) la realidad de esa maravillosa creación.
Reconocer el Poder que alberga mi interior pasa por dejar de lado “mi limitada mente” y sentir la expansión de la conciencia, sentir la luz que habita en mi ser.

Cuarta premisa: Confía en tu intuición.
La intuición es esa vocecita que desde dentro te guía y a la que tan pocas veces escuchamos. Si abro mi conciencia seré capaz de reconocerla cuando me hable. Para expandir mi conciencia necesito vivir sintiendo los actos del día a día y sintiéndolos desde el corazón energético. No más emociones invalidantes, no más críticas, no más envidias, juicios o temores. No más diferencias, injusticias, rencores, comparaciones. Hay que aprender a vivir desde y para el Amor.


Los libros de autoayuda no van desencaminados, nos recuerdan una realidad: hay que sintonizar nuevamente con nuestro interior, con ese ser puro que habita en él. Sólo de ese modo conseguiremos recuperar el poder que nunca perdimos ni dejamos de tener, tan sólo olvidamos que existía.

viernes, 22 de enero de 2010

La muerte




Hace unos cuantos años escribí sobre ella. Era la primera vez que abiertamente declaraba mis temores, aquellos que me habían acompañado durante tantos años y al mismo tiempo, recordaba un episodio de mi vida que despertó en mí unas sensaciones nuevas que restablecieron todo mi sistema de creencias al respecto.
Ayer, sin ir más lejos, encontraba unas líneas de lo que escribí entonces:

“…Crecí con temor y el paso a la madurez me ha hecho empezar a querer entenderla, incorporándola en mi visión de la vida. He comprendido que en el pensamiento se alberga la clave para una mente sana e intento a lo largo de mi vida incorporar pensamientos positivos que me ayuden a evitar frustraciones o malestares. Frente a cualquier situación lo peor que puede pasar es la propia muerte y ello es un hecho totalmente natural, con lo cual son innecesarias emociones tales como ansiedad o depresión.”

Estas palabras actualmente sirven de argumento para el trabajo con ancianos, con personas cercanas a la experiencia de muerte para mejorar su calidad de vida.
Repasando nuevamente aquel artículo encuentro conceptos a tener en cuenta cuando hablamos de la muerte:

“Es un proceso natural que nos conduce a un nuevo despertar, porque hay algo en tu interior que así te lo dice y que llamamos alma, aquella que alberga tu cuerpo físico y que es invisible y adimensional. Este pensamiento proporcionará seguridad y mantendrá alejado el miedo a esa misteriosa experiencia.”

La muerte es un proceso natural.
Nacemos sabiendo que pereceremos. Esta es la ley de la vida humana y lo refiero de este modo “vida humana” porque más allá de nuestro cuerpo físico (vehículo, si lo prefieres) tenemos un alma que es nuestra verdadera esencia. Por tanto la muerte es la finalidad del cuerpo elegido en ese renacer.

Ansiedad y miedo son las emociones que reflejamos ante la posibilidad de morir. Son sentimientos que invalidan, que paralizan creados desde nuestro pensamiento irracional y dañino.


La razón básica de tu ansiedad en relación con la muerte es el hábito de toda una vida de creer que tu cuerpo eres tú. En realidad eres una mente consciente que habita en un cuerpo.

El miedo a la muerte inhibe nuestra vida porque muchos actos no se realizan pensando en el peligro que comportan. Nos volvemos débiles, catastróficos porque no entendemos con qué medida se toma la gran decisión de despojarnos de nuestra vida, creyendo a menudo que no es justo. Nos pasamos media vida invocando el perdón de un Dios o resolviendo antiguas culpas para así disponer de la concesión de más tiempo. Pero, ¿tiempo para qué? Para que nuestro cuerpo agotado siga viviendo esta realidad.

La muerte forma parte del proceso de la vida.
Pocas personas llegan a aceptar la muerte como un proceso natural y normal en la vida y aquellas que lo consiguen, probablemente tengan una vida más feliz.

La ansiedad que sentimos a lo largo de nuestra existencia física en torno a esa experiencia, tiene que ver con la falsa creencia de que somos eso que vemos reflejado en un espejo y, “eso” se lastima, se hiere, se arruga y desaparece vitalmente.

Nuestro principal problema es que todavía no hemos asimilado la idea de que tan sólo es nuestro caparazón el que muere, es decir, el cuerpo o forma que adquirimos al presentarnos a los demás mortales. Nosotros somos una mente consciente habitando un cuerpo y por ello hemos de entender que aunque el cuerpo se extinga con el proceso de la muerte, la mente que lo habitaba sigue su camino en la eternidad del Universo.

Recuerda que nada es horrible ni intolerable en sí, sino que son sus ideas irracionales las que se lo hacen creer así.
Lo peor que puede pasarnos ante un acontecimiento es que terminemos muriéndonos. Pero eso mismo es completamente normal y nos llega tarde o temprano a todos.
¿Por qué pues alterarse y deprimirse ante lo que, después de todo, no es más que normal?

sábado, 9 de enero de 2010

Miedo




El miedo es una emoción que provoca un shock en nuestro organismo y como consecuencia ejecutamos dos tipos de respuesta: la paralización como si nos hubiéramos quedado en estado catatónico, o bien, la huida.
En ambos casos la respuesta emitida es inadecuada ya que cedemos nuestro poder al acontecimiento que nos provoca esa emoción. Y entonces estamos desprotegidos.
Se dice que el miedo o temor es una respuesta innata como método de supervivencia. Pero lo que NO se nos dice es en base a qué creencia estimo necesario considerar que estoy en riesgo de supervivencia. Y lo peor: ¿A quién protejo: a mi aspecto externo o a mi conciencia? De aquí surge otra pegunta ¿Con cual de ambas entidades me identifico?

Según este análisis que sigue, se puede corroborar que el miedo es una emoción primaria de la que emanaran otras emociones igualmente negativas para el ser humano. Veamos algunas de ellas:

La ira: estallido de rabia, enfado, descontrol causado básicamente por una pérdida del Ego (mi aspecto externo). Nos enfadamos cuando nos quitan el aparcamiento que “seguro” teníamos derecho a obtener. Nos enfadamos cuando bajo nuestro criterio (siempre definido por la percepción ofuscada del ego) nos juegan una mala pasada, nos hacen una faena, nos traicionan. Nos enfadamos cuando perdemos una partida, un juego, un amigo-a, un marido-una esposa. La ira es una reacción defensiva ante un ataque que tememos. Nos da miedo perder la soberanía de nuestro Ego.

La tristeza: estado de debilitamiento anímico en el que nos invade la sensación de fracaso y abandono. Nos entristece que nos dejen, el sufrimiento, la pérdida de nuestros vínculos. Tememos sentir la soledad porque nos estamos identificando con nuestro vehículo exterior y por este motivo no vemos la conexión que tenemos con todas las cosas que forman nuestro Universo. De nuevo el Ego nos nubla la percepción haciendo que surja el miedo.


El miedo nos debilita, nos resta poder, poder para elegir sentirnos libres y capaces de conseguir todo lo que nos propongamos. Nosotros somos los arquitectos de nuestra realidad, una en la que tenemos que sentirnos tremendamente pequeños para identificar la grandeza de la totalidad que nos envuelve, pero también igualmente grandes para sentirnos parte de esa maravilla.


¿Cómo hacemos para salirnos del Miedo?

Es simple al tiempo que complejo.

El primer paso es: Identificarnos con nuestra conciencia interna. Esto quiere decir encontrar la forma de acercarnos a nuestro verdadero Ser y para ello, hay que empezar a dejar las diferencias de un lado, salirse de los materialismos, sentirse conectado a todos y cada uno de las personas y cosas que forman parte de esta creación.

El segundo paso es: Salirse de las creencias, valores aprendidos con nuestra mente racional y analítica porque ella ha recibido la formación desde el cuerpo con el que se identifica y se halla contaminada.

El tercer paso es: Creer el poder que tenemos. Ello nos liberará de la emoción negativa del Miedo.

El cuarto paso es: Explorar como una única emoción la práctica del amor desinteresado, no turbado con contaminantes de nuestra Sociedad.


Las guerras, la caída de la Economía, las diferencias de Gobierno, las razas, las enfermedades, las comparaciones, los malos-los buenos, la necesidad de protección, la falsa seguridad… y un largo etcétera dejan que entre de lleno el Miedo en nuestras vidas convirtiéndonos en “títeres” de unos pocos que se creen con más poder que el resto de la Humanidad. Ellos están jugando una larga partida de “Monopoly “ siendo la Banca y nosotros accedemos con los ojos vendados a perder nuestra única verdadera posesión: nuestra conciencia infinita.


Abre los ojos y simplemente no tengas miedo, ama y siéntete libre, no permitas que te aten porque NADIE es tu dueño.