viernes, 2 de julio de 2010

La huida (segunda parte)




Los sueños se adueñaron de ellas, pero lo curioso es que parecían tan reales que Elena despertó con una nueva sensación en su interior.
Recordaba cada fragmento con total nitidez. La cueva las invadió de algo especial que las sumió en un estado semiinconsciente. En ese momento las imágenes grabadas en las paredes empezaron a cobrar forma y los colores vibraron con mayor intensidad. Una suave música sonaba a lo lejos proporcionando una sensación de paz a su mente.
Entre esas ahora desdibujadas formas, surgió una con apariencia humana. Elena no podía decir si era hombre o mujer tal y como los conocíamos los humanos pero ciertamente su apariencia era angelical.
En esa forma humana se unían paz, bondad, amor y dicha. Esas sensaciones empezaron a confortar a Elena como si fuera capaz de reflejar tal “positividad” para sí misma.
Esa presencia le habló aunque no llegó a abrir sus labios para expresarse pero así lo sintió Elena.
En su cabeza aquellas palabras resonaron con fuerza y claridad.

Tras esa vivencia, Elena sabía lo que tenia que hacer y no temía nada.
La pequeña Irene despertó con una amplia sonrisa y acercándose a su protectora, la besó con ternura en la mejilla.
Tras esa visión en la cueva, ambas sentían que todo era posible y que fuerzas mayores las protegían, fuerzas que no eran de este mundo pero que sentían con fuerte apego hacia ellas.
Tomaron un tentempié de la mochila y prosiguieron el camino por el pasadizo. La claridad se percibía aún lejos, el camino ahora parecía distinto de ayer. Quizás todavía no habían despertado, pero ¿era eso posible?
Cuando llegaron a la luz comprobaron que esa salida no era lo esperado. Un bosque distinto a los habitualmente conocidos se presentaba ante sus ojos. Incrédulas se miraron un segundo y nuevamente mantuvieron sus ojos fijos en ese espectáculo que se iniciaba… Una naturaleza viva y distinta, con sonidos dulces y olores diversos. Colores nunca antes descubiertos coloreaban ese paisaje y seres no humanos se perdían en el espesor de ese bosque.
Elena e Irene estaban felices mientras lo contemplaban pero la mente racional de Elena la despertó del asombro en el que se hallaba y se preguntó: ¿Estamos muertas?

Una voz sonó en su interior respondiendo a la pregunta: “Seguís vivas pero tenéis algo que aprender en este, nuestro mundo y por eso estáis aquí. El tiempo como vosotros los humanos lo conocéis, se ha detenido.
De algún modo una parte de vuestro ser sigue en la cueva, en la tercera dimensión. Pero, a la vez, estáis aquí cruzando el portal dimensional que os ha llevado a este lado.”

Irene se acercó a Elena y dijo: “Estamos en ese mundo que tantas veces percibo y me guía. Ahora tú también estás preparada para verlo. No temas lo desconocido. Abre tu corazón a las enseñanzas que se te mostrarán.”



Fuera o no un sueño, Elena confiaba en esos seres y por ese motivo cuando aquel la abrazó no sintió miedo alguno.
Le dijo que al despertar en la cueva poseería un nuevo conocimiento. De hecho, éste ya estaba en sus manos. Aquellos números y gráficos que ilustraban la agenda de Julián, formaban parte de un mapa de la Genética Humana. Se clarificaban las vías de acceso a la conciencia, aquella que los dioses de la antigüedad anularon con tanta sutileza.
Este conocimiento le había sido transmitido a Julián, pues su privilegiada posición profesional le ayudaría a entenderlo y posteriormente, difundirlo. Lamentablemente al intentar hacerlo fue eliminado.
Esas últimas palabras provocaron lágrimas en Elena, quien todavía poseía un halo de esperanza de reencontrarse con Julián.
La misión ahora recaía en ellas. Deberían transmitir el conocimiento para garantizar el despertar de la esclavizada humanidad en esta nueva era.

En este punto de la comunicación, el temor se apoderó de Elena. Ella era la responsable de Irene y tal aventura podría hacer peligrar su vida.
El ser dimensional percibió su sentimiento y la tranquilizó garantizándole que nada les pasaría.
En vuestro camino -le dijo- hay dos seres de nuestro mundo que tienen como misión protegeros para que podáis cumplir el objetivo. De hecho –prosiguió- los encontraréis en una forma amiga. Son Roberto y Clara.
A él lo conoces, es tu antiguo compañero de facultad. A Clara todavía no. Ella tuvo la misión de despertar y proteger a Julián y aunque falló en lo segundo, dará su vida por vosotras.
Clara os espera fuera de la cueva para llevaros con Roberto.
En estos momentos la Humanidad se encuentra preparada para el cambio que se ha de provocar. Aquellos que no sintonicen con la vibración actual, desaparecerán de sus formas humanas. La Primera Fuente nunca quiso veros esclavos en esta Tierra que os pertenece. Él no pidió que se os alojara en esta cárcel de cristal. Pero no todos siguieron los dictados de la Primera Fuente. Algunos tenían planes distintos para vosotros, los seres humanos.

Con estas últimas palabras el ser de luz se desvaneció junto con todo aquel mundo abierto ante sus ojos. La cueva se restableció y ambas mujeres despertaron nuevamente en ella.
Se cargaron las mochilas a sus espaldas y con una renovada energética sensación en su interior prosiguieron el camino hacia el final de la cueva, donde ciertamente una figura de mujer les esperaba fuera. Era Clara y con ella, Irene y Elena iniciarían un maravilloso viaje que llevaría a toda la humanidad a su ansiada edad dorada.

domingo, 6 de junio de 2010

La huida (primera parte)




Algo en el interior de Elena le sugería una huida precipitada, quizás aquella tenue silueta que se vislumbraba a través del abrupto bosque de arbustos que rodeaba su casa, era la razón de esa sensación o, tal vez, el apretón de manos que recibió de Irene, una vez apagó las luces del sótano para no ser delatadas.
En esta ocasión, Elena decidió hacerle caso a su intuición y tomando aquellos nuevos objetos descubiertos y descifrados por esa niña prodigio con la que había compartido hogar los últimos 4 años, corrió junto a ella deslizándose ambas por el pasadizo hábilmente construido por su fallecido padre. El camino por el mismo no era fácil pero sabía que elegir esa salida les haría ganar tiempo, un tiempo necesario para su supervivencia.

Nunca antes Elena había usado ese pasadizo, así pues desconocía tanto su recorrido como los obstáculos que pudiera haber ocasionado el paso del tiempo, lo que le generaba cierta angustia. Su padre había dedicado muchos años de su vida a su construcción. Pasaba horas y horas encerrado en el sótano, diseñando y calculando, siempre atento a que la mafia conspiradora no le encontrara desprevenido, anticipando sus pasos a los conspiradores, a la élite gubernamental.
Mientras tanto, Elena pensaba que su padre había enloquecido y lo único que quería era alejarse más y más de él.
Su padre tuvo que morir para que Elena empezara a creerse sus paranoias. Varios indicios sospechosos en el accidente ocurrido la hicieron activar esa alerta que sólo se disparaba cuando algo no iba bien.
Ahora era ella la desconfiada, la que vivía alejada de todos, la que luchaba, como antaño su padre hiciera, para revelar al mundo el plan corrupto de aquellos que estaban en el poder, de aquellos que se alimentaban de nuestras emociones descontroladas, nuestras crisis, nuestros suspiros, nuestra maldad y así, quitarnos nuestro poder real, aquel que como seres de luz nos correspondía pero que olvidamos tenerlo.
Esa lucha la alejaría de Julián en un pasado no muy lejano. Ahora, que él había abierto los ojos a la realidad, probablemente, esa misma revolución nuevamente los acercaría…

Irene tiró con fuerza de Elena que parecía conducirse con prudencia al adentrarse en el pasadizo. No temas, le dijo, todo saldrá bien.
Unos metros más adelante encontraron una mochila repleta de víveres que al parecer dejaría en previsión el padre de Elena. La mochila contenía botellas de agua, barritas energéticas, linternas, algunas prendas de abrigo y una brújula. Ambas chicas se colocaron una linterna en la frente para proseguir el camino y dejaron el resto de los ítems nuevamente en el interior de la mochila, que Elena colocó en su espalda.
Llegó un momento que esa cueva parecía demasiado bien construida para que lo hubiera hecho un hombre solo. Francamente, ni tan siquiera un ser humano. Conforme se adentraban más y más en ella, más frío sentían pero a la misma vez una sensación confortable se adueñaba de ellas.
En un cruce de caminos, Irene le indicó el sendero de la derecha a pesar de parecer más siniestro y estrecho. Elena siempre le hacía caso, porque a pesar de su corta edad, Irene era un ser especial y tenia esa desarrollada intuición que la hacían tan mágicamente sabia.


Ese sendero las adentró en una cavidad que al ser iluminada por sus linternas reflejó toda una serie de símbolos en sus paredes.
Era curioso pero esa simbología le era familiar. Tomó aquella agenda negra que Julián le enviara y contempló las similitudes de aquellos escritos con los de la pared.
Irene le acercó las extravagantes gafas con doble juego de vidrios y por el colorido de las paredes supo que la combinación tenía que ser azul-naranja. Así fue como Elena descubrió el primero de los enigmas de aquella cueva.
Decidieron que aquel era un mágico lugar para descansar y así lo hicieron ambas mujeres. Lo que ambas soñaron o vivieron en ese recinto les abrió más su mente para el recuerdo…

miércoles, 26 de mayo de 2010

La atadura al pasado




El pasado siempre está en el presente, de un modo u otro hacemos que reaparezca y eso nos debilita, nos gobierna, nos crea infelicidad.

El almacenamiento del pasado se inicia en nuestra infancia cuando recibimos los valores que nos transmiten educadores, padres, adultos importantes, inclusive relaciones con iguales, acontecimientos vividos especialmente, traumas, hechos que nos han marcado,…
Está claro que el archivo se hace cada vez más gordo y sí que la experiencia, lo vivido, algunas veces puede salvarnos en el futuro pero tenemos que evolucionar y la atadura en el pasado no nos lo permite.

Sufrimos a menudo por recuerdos vivenciados, por esquemas de comportamiento paralizantes que tratan de controlar nuestras vidas.
La vida tiene que fluir, tiene que ser un ir y venir de experiencias, vivencias, situaciones y uno tiene que quedarse con el sabor bueno de las cosas. Si no lo sentimos así, nos limitamos, nos mostramos atrapados a viejos esquemas que no permiten el cambio.

El pasado solo frena, sólo imposibilita el avance, la mejora, la evolución.
Tampoco tenemos que futurizar porque ello frustra y causa por tanto decepción al no ver realizados los sueños.

El pasado ya pasó, el futuro todavía está por llegar pero el presente es lo que te toca vivir, si te olvidas de sentirlo, no estarás viviendo.

Cuando hablamos de ser emocionalmente inteligentes nos referimos a sentir “en y el ahora”. Si me lamento por lo vivido o muestro nostalgia por aquello que está por llegar, no estoy saboreando mi vida, la intensidad de mis momentos.

Suavemente la noche abraza el nuevo amanecer, los sueños sirven de vivencia dormida pero el día trae pequeños milagros que no podrás recibir si permaneces todavía dormido. Quedarse en el pasado es seguir dormido como asimismo lo es soñar despierto en las muchas posibilidades que te depara el futuro.
Recuerda que cada instante es único e irrepetible, no lo dejes pasar.
Cada gota de vida derramada obstaculiza tu sabiduría, aquella que logras en el avance diario.
No es más sabio el que estudia más pero sí lo es aquel que siente cada momento como esencial.

No temas cerrar el pasado, pasar página. No temas apostar por ti, por la esencia de tu ser. No limites tu conocimiento y vive cada instante que cada nuevo día te aporta. Siéntete en esencia parte de este Todo.
La vida, tu vida tienes que vivirla en tu presente, sólo así serás consciente de lo mucho que te aporta.

domingo, 16 de mayo de 2010

Dios mio ¡vivo en la polaridad!



Desde que nacemos nos enfrentamos a la polaridad, ¿seré niño o niña? Evidentemente es importante saberlo porque nuestros papás preparan la canastilla en tonos rosáceos o en tonos azulados.
Llegamos a nuestro nuevo hogar y ya se marcan las diferencias que nos acompañarán a lo largo de toda nuestra vida: si somos varones, tanto la ropa como la habitación será probablemente azul, si por el contrario, somos niñas, el rosa será el color que se elegirá. En la escuela siguen las diferencias: ellos juegan al futbol y son más violentos, ellas prefieran las muñecas y las cocinitas.
Triste reconocerlo pero somos nosotros mismos los que marcamos la diferencia desde el principio, y es que la raza humana vive en la polaridad desde sus orígenes: la bondad y la maldad, la riqueza y la pobreza, los nobles y los esclavos, los jefes y los empleados, las mujeres y los hombres, los niños y las niñas,... Pero el ser humano antes que cualquier clasificación dicotómica es: un ser único y especial sin atender a géneros ni a razas.
Nuestra esencia es pura y no responde a polaridades pero nuestro carruaje con el que nos paseamos por este planeta marca ya unas diferencias desde el inicio del viaje. A veces nos corresponden cuerpos atléticos, otras veces nos sentiremos víctimas de la injusticia cuando nos corresponda uno de defectuoso, unas veces seremos las reinas del baile y otras, simples peones. Nos parecerá que no elegimos pero lo cierto es que sí lo hacemos pero no lo recordamos. Creo que nos sucede como al astronauta cuando se pone su traje espacial, dejamos de oír lo que nos transmite nuestra conciencia y perdemos el propósito de nuestro viaje.Pienso que nuestra principal razón es la de vivir esta experiencia, la de siendo alma pura, sin atender diferenciación ninguna, convivir con el peso de la polaridad, y conseguir ser felices.
Si yo soy amor y sólo sé ver eso a mí alrededor, entrar en el mundo humano y vencer la batalla a la dualidad tiene que ser todo un reto y uno nada fácil. Para empezar, la sociedad gobernante marca las diferencias, crea las clases y busca en cualquier recoveco la polaridad. Te instruye en la competencia, en el liderazgo, en la obtención de poder. Te manda mensajes de caras bonitas, cuerpos perfectos y lujosos coches como iconos asociados al éxito, al poder personal, a la felicidad. ¡Qué gran mentira! El dinero no hace la felicidad porque el dinero es una gran mentira inventada por los que están en el poder para crear las diferencias. La felicidad está dentro de cada uno de nosotros, somos felices al sentirnos conciencia, al sentir la luz que emana de nuestro interior, al entender que no tenemos límites. La limitación la crea la sociedad, la crean aquellos que mueven nuestras fichas para provocar el caos en el que hemos convertido nuestro mundo.
¿Habéis pensado alguna vez porque existe la tristeza, el miedo, los celos, el enfado? Para crear polaridad. Somos almas puras de amor inmersas en un mar revuelto de emociones negativas. Navegamos contracorriente cuando lo único que tenemos que hacer es salirnos de la polaridad. Nuestro pequeñísimo grano de arena se reflejará en la totalidad, nuestra revolución sin armas se sentirá en otros corazones y por fin entenderemos que la clave para vencer este caos en el que hemos convertido la sociedad en la que vivimos es la de sentir la unicidad, la unión de todas las personas, sin atender a ninguna diferencia, porque nuestra esencia es pura y todos, absolutamente todos, provenimos de la misma fuente.
No hay que buscar justicia para compensar las injusticias, no hay que luchar al lado de los débiles para vencer a los más fuertes, no hay que vanagloriarse sintiendo el triunfo,…sólo hay que sentir indiferencia, neutralidad, porque “el lado oscuro”, aquel que crea polaridad se alimenta de nuestra energía, esa que derrochamos cuando competimos, nos lamentamos, nos culpabilizamos, criticamos, nos enfadamos, nos censuramos, nos mostramos cobardes, envidiosos, rencorosos. Recuerda que la polaridad no existe en realidad, es producto de este mundo para alejarnos de nuestra propia conciencia, de nuestro yo, porque si supiéramos quien somos en realidad, nada ni nadie podría mantenernos en la esclavitud en la que vivimos.
La peor arma son nuestras emociones, aquellas que se muestran vulnerables ante los acontecimientos. Practica el sentimiento de amor incondicional, elimina las diferencias, siente la unión con todos los habitantes del planeta y verás como ese granito de arena crea una realidad distinta.

martes, 11 de mayo de 2010

El cuento del anillo y la princesa aburrida




Érase una vez una princesa que creía en los cuentos de hadas. Vivía en un palacete de cristal y a través de esos ventanales saboreaba el mundo, en la distancia para que nadie fuera a lastimarla.

Un día empezó a albergar la idea de cruzar esos abruptos muros y recorrer las calles que otros recorrían a diario. Y así lo propuso a quien consideraba su amo y señor. Éste le comunicó sus dudas al respecto pero también, en un empeño por ser más tolerante, le concedió ese deseo a su amada princesa. No sin antes entregarle un bello tesoro que la protegería de la maldad humana que se escondía más allá de su reino. Y ese regalo no fue otra cosa que un precioso anillo tallado especialmente para ella. La piedra elegida era un topacio de color ámbar.

El intuitivo príncipe presentía que esa deseosa búsqueda de nuevos caminos podía hacer tropezar a su amada con algún que otro aprovechado de la ingenuidad e inocencia de ésta. Pero sabía que expresar ese temor sería vivido con rechazo y así el hombre se mantuvo al margen, dejando que fuera la princesa la que descubriera los engaños que le depararía su nueva andadura. Eso sí, se aseguró que jamás dejara de llevar ese amuleto y así quedó algo más tranquilo.

Cristina, que así se llamaba nuestra protagonista, recogió sus enseres y se despidió efusivamente de su amado príncipe diciéndole:

“No desesperes amado, necesito sentir y dentro de tu reino me estoy ahogando y eso me impide ser feliz. Quizás esté equivocada pero la respuesta la encontraré en el camino más allá de los muros del reino.”

Y sin mirar atrás, cruzó las majestuosas puertas que la separaban del mundo exterior.

Diego, que así se llamaba el esposo, contempló con pena como se escapaba su perla, aquella que tantos años de satisfacción le proporcionaron. Quería correr hacia Cristina para hacerla razonar, quería expresarle todo lo que nunca antes dijo porque siempre había supuesto que sobraban las palabras cuando el amor era evidente. Ese amor que ahogaría a Cristina por no, paradójicamente, sentirse amada.
Supo que no tenía que cruzarse en ese destino que ahora quería mostrarse caprichoso. La batalla estaba de antemano decidida y él no tenía papel en ella.

Cristina se adentró en un mundo lleno de experiencias, historias tumultuosas, unas atractivas y otras no tanto. Aprendió de la gente, se emocionó con las vivencias de otros y sufrió en su propia carne todo lo que no había padecido antaño.
Ese era su destino: sentir el dolor, la frustración, la confusión que los actores que se iban incorporando en su nueva vida padecían. Pero ése no era su rol.

Una mañana despertose angustiada. No se reconocía en el espejo. ¿Cuánto tiempo había pasado? Semanas, meses quizás años viviendo vidas paralelas que la estaban destruyendo y contempló nuevamente aquel anillo que ahora yacía ingrávido en su cajita. Se preguntó porqué no lo llevaba puesto y recordó que un día lo sacó de su dedo para desafiar el poder de la magia oculta en la piedra tallada.

Así pues en un momento de lucidez entre tanto mar de dudas se decidió a sacarlo de la cajita y colocarlo nuevamente en su dedo.
A partir de ese instante los días se abrieron más claros, y Cristina supo que había llegado el momento de regresar tras su pintoresca aventura.

Recorrió pueblos y caminos, aprendió de algunas personas sabias y sobretodo se reconoció a sí misma en más de una ocasión. Y un día alcanzó aquel lugar que abandonó creyéndose ahogada por sus fortificados muros y comprobó que se hallaba deshabitado, abrupto y solitario.

Su fiel guardián no la había esperado a pesar de todas las promesas, ésas que ahora aparecían vacías de contenido ante los ojos de Cristina.

Se instaló nuevamente en su palacio y mandó derruir aquellos ventanales para poder desde esa altura contemplar aquellos paisajes con mayor claridad. Aprendió a gozar de cada instante y a esperar pacientemente el regreso de quien posiblemente también iría en busca de su propio equilibrio.

Aquel hombre no supo encontrar el camino de regreso y quedó inmerso en un mar de acontecimientos que perturbaron su mente.

Cansada de esperar, Cristina partió en su búsqueda y preguntó al anciano alquimista de barba blanca por el paradero de Diego. El viejo titubeó porque reconoció en esa bella mujer aquella que antaño le pareció tan confundida e indecisa. Ahora, permanecía segura y sabía cuál era su objetivo. Finalmente le indicó una casa alejada al lado del mar, donde al parecer vivía con otra mujer. Le dijo que intuía que Diego se encontraba en peligro y la acompañaría en tal proeza.

Cristina y el sabio mago caminaron noche y día hasta llegar a aquel lugar señalado por el anciano y cuando estaban a poco menos de cien metros, Cristina divisó una silueta que se alejaba mar adentro. Corrió hacia él porque tuvo un extraño presentimiento y como poseída por una extraordinaria fuerza, alcanzó aquel cuerpo ya inerte antes de que se perdiera en la profundidad de las aguas marinas.

Nadó con él a cuestas y lo tendió en la arena al lado de Vigortis, que así se llamaba el anciano, que hizo a Diego sacar el agua que había tragado.

Cuando recuperó la conciencia preguntó si estaba soñando y dijo que si morir servía para poder verla de nuevo ese era su destino. Cristina le besó como nunca antes lo hiciera y le respondió que todavía tenían mucho por compartir juntos de nuevo, en esta vida. Le dijo que lamentaba haberle hecho desgraciado por sus deseos egoístas de sentir sin comprender que también podía haber recorrido ese camino con él.

Unos meses más tarde ella le preguntó porqué se adentró en el mar y Diego le dijo que en un sueño la vio desaparecer dentro del mar y aquella mañana la seguía para salvarla de un trágico final.

*.*.*


La vida avanza inexorablemente como el agua de un río arrastrando al ser humano con la corriente. El hombre con su equilibrio ha de ser capaz de afrontar las circunstancias adversas que le salen al paso. La vida no es más o menos justa, más o menos injusta, mala o buena, podríamos decir que la vida tan solo ES.

jueves, 6 de mayo de 2010

Inteligencia Emocional




La Inteligencia Emocional tiene que ver con cómo tratamos nuestras emociones para conseguir ser felices y no sentirnos desdichados.
En la sociedad actual, las prisas, el estrés, la necesidad del día después, los avances tecnológicos y el culto al cuerpo, vivimos por y para este “carruaje” denominado cuerpo físico pero a pesar de la gran evolución a la que parece que nos hemos abocado, conlleva consigo un gran retraso. Son dos caras de la misma moneda. Cuanto más avanza la ciencia, la tecnología, la industria, más decrece el potencial innato del ser humano. Los días transcurren rápidos, sin posibilidad de detenerse y pensar en uno mismo y en todo lo que acontece realmente en nuestro entorno. Con cada avance nos alejamos más y más de nuestra realidad, de nuestro vínculo con el Universo y con el resto de seres y cosas que habitan en él.

Pero vamos a ir por partes:
Lo primero que hay que entender es el concepto de “relación” entre las diferentes partes que forman al ser humano. Utilizando la metáfora del carruaje, diremos que éste, sin ayuda de los caballos, no puede moverse e incorporar vivencias y experiencias, pero al mismo tiempo si deja que sean ellos exclusivamente los que dirijan el camino, podría encontrarse a veces con dificultades o riesgos. Así pues también es fundamental la figura del cochero para dirigir a esos caballos por sendas poco tortuosas.
Bajo esta metáfora se esconden tres elementos: cuerpo, mente y emociones. Pero dentro del carruaje habita un ser, el pasajero que es realmente el que disfruta o no del paseo.
A este pasajero diversos autores lo han nombrado de múltiples maneras: niño interior, conciencia, alma, esencia.
La importancia no radica en la denominación sino en comprender que nosotros somos él, porque sólo de ese modo actuaremos con inteligencia emocional.

Nuestra identificación con nuestro “cuerpo”, con nuestro “carruaje”, con nuestra “forma humana” nos limita el poder que reside en nuestro interior, y esa limitación nos produce frustración lo cual nos hace ser infelices.

Acabamos de ver la primera de nuestras ataduras que nos impide lograr actuar con inteligencia emocional.
Pero hay más:
El vínculo o dependencia que creamos con nuestras familias, otros seres humanos, con las cosas que creemos “poseer”, aquellos materialismos adquiridos y que impiden a menudo que podamos crecer interiormente, expandir nuestra conciencia.
Nos atamos incondicionalmente al pasado, bueno o malo, pero siempre presente en nuestras decisiones, en nuestra evolución, coartándola.
Pero la más grande de todas las ataduras que impiden el desarrollo de la inteligencia emocional en nosotros es vivir en la polaridad, etiquetar las cosas como buenas o malas, correctas o incorrectas, crear diferencias cuando somos unidad con nuestro Universo y con todos los seres que habitan en él.

Nuestra conciencia grita desde el interior de cada uno de nosotros pero no la escuchamos y nos dice que salgamos de la polaridad, que entendamos la Unidad, que todos formamos parte de la misma fuente creadora, que somos parte de ella.

Primer paso para comportarme con inteligencia emocional: Identificarme con mi “alma” sintiendo la inmensidad de su poder, mi poder.
Un poder que va más allá de las limitaciones que me produce el cuerpo físico, un poder que me recuerda mi pasado.
Para explorar todas las infinitas posibilidades que tengo, necesito conocerme, confiar en mi mismo, trabajar la seguridad en mi persona.
El mensaje “Soy capaz” “Puedo” tiene que bombardear continuamente el cerebro para crearme una realidad positiva, porque mi infinito poder me permite crearme mi realidad, esa que tantas y tantas veces llego a boicotearme.

Llegados a este punto necesito poder definir la emoción: es una señal que me da información sobre lo que acontece en mi interior, me dice como vivo una determinada información.
Tengo que adquirir conciencia de mi misma para entender el propósito de mis emociones, de aquello que siento en cada momento y lugar.
Con plena conciencia de mis emociones puedo aprender a regularlas, a gestionarlas, para hacer un uso adecuado de ellas. No se trata de reprimir, sino de exteriorizarlas cuando sea conveniente para mí y para el otro.

Todos habréis oído hablar de los chakras o centros de energía que poseemos. Los tres centros energéticos inferiores están asociados a lo que llamamos el poder de las emociones humanas. Pero las emociones tienen que ser enfocadas y aquí es donde interviene la lógica, asociada a los centros energéticos superiores. El pensamiento es el que enfoca o da dirección a las emociones. La unión emoción y pensamiento forma el sentimiento en el chakra corazón. Sentimos con nuestros corazones.
Según civilizaciones antiguas las emociones primarias percibidas sólo son dos: Amor y su opuesto, unas veces se denominará odio, otras miedo, otras furia, otras frustración,…

Este sentimiento es el que crea sintonia con nuestro Planeta, es a través del lenguaje de los sentimientos como influimos en lo que formamos parte.

La Humanidad está pasando por una época de caos en la que el despertar de nuestra conciencia se hace totalmente necesario. Nuestras emociones / sentimientos destructivos, están creando el caos, el desorden, la infelicidad, la guerra, el fin de nuestro mundo. Las herramientas para cambiar esa realidad están en nuestro poder, sólo necesitamos creer en nosotros, en nuestro potencial, sentir desde el amor y la compasión, actuar con entendimiento, sin competitividad ni diferencias, creando Unidad, porque nuestros actos aislados tienen eco en nuestro planeta.

Si sentimos odio, destruimos, si sentimos amor, construimos.

Necesito enfocar mi vida hacia un objetivo por el que me sienta motivada y tengo que aprender a ser constante para no sentir desmotivación en mi. La motivación es algo innato en mi ser sólo que cuando me parece que me falta es porque el enfoque no ha sido adecuado.
La persona inteligente emocionalmente conoce sus sentimientos, hace un buen uso de ellos y orienta su intención hacia su logro. Ello habla de Inteligencia Intrapersonal y está formada por : autoconocimiento, autorregulación y automotivación.
Pero la inteligencia emocional me sirve para relacionarme eficazmente, para entendiendo mis sentimientos poder ponerme en el lugar del otro, entender cómo se siente y establecer relaciones más dichosas. Entramos en la Inteligencia Interpersonal que consta básicamente de dos partes: la empatía y las habilidades sociales.

Finalmente es importante que tengamos en cuenta que las emociones sólo nos aportan información sobre cómo nos sentimos, cómo nos afecta un suceso. Un uso inteligente de esas emociones está en dejar que transiten, que fluyan sin quedarse enquistadas en nosotros.
Cumplen una función pero tienen que fluir libremente.
Cuando elijo quedarme con ese sentimiento, me paralizo y me siento infeliz. Y digo elijo porque somos nosotros los que tenemos el poder para elegir los sentimientos que sentimos, pero también elegimos los pensamientos y a menudo éstos son irracionales, distorsionados provocando nuevamente el trastorno emocional.

Para actuar con inteligencia emocional, recuerda que tu pensamiento tiene que ser verdadero, no una interpretación, siempre hay que preguntarse: ¿en qué me baso para pensar esto? ¿qué evidencias tengo?

Las emociones son señales que cumplen un propósito, una vez recibas el mensaje tienes que dejarlas ir. Recuerda que las emociones son transitorias.
Por último, no menos importante recuerda que la elección siempre es tuya pero también que tus elecciones afectan al mundo en el que vives.

viernes, 30 de abril de 2010

Recuperarse de su adicción




Reconocer que somos adictos es difícil pero todavía lo es más mantenerse abstinentes. Significa:
•cambiar el modo en que uno vive
•desmantelar el armazón adictivo de la propia vida, esto es, cómo se ve a sí mismo, qué cosas cree, cómo se cuida y cómo se relaciona con otros, para crear en su lugar una estructura sana.
Elegir la adicción es elegir el camino fácil porque el otro camino significa lidiar con nuestros sentimientos y enfrentarse a los problemas que nos presenta la vida. Sin embargo, el camino fácil a la larga és también el más dificil porque con sus engaños y falsas satisfacciones nos aprisiona en su telaraña adictiva.

Recuperarse significa aprender a satisfacer las propias necesidades que uno tenga sin acudir a un alterador del estado de ánimo para hacerlo.
Recuperarse significa aprender a manejar los propios problemas que se le presenten con eficacia sin necesitar nuevamente una alterador del estado del ánimo para lograrlo.
Recuperarse finalmente significa atender a nuestro niño interior, a aquel que hace tiempo dejamos de escuchar porque tomamos el camino fácil, el atajo que nos llevo a la encrucijada adictiva.

La abstención es el camino a la libertad, el camino que nos conduce a recuperar nuestra vida, una vida saludable. Es la adicción la que coarta tu libertad, haciendo imposible tener el control a pesar de esos mensajes que nos autoenviamos en los que “creemos ilusoriamente” que la controlamos.
“Yo controlo”, “Yo impongo los límites”, “Yo sé cuando tengo que parar”, todas estas frases no son más que meras ilusiones, falsas creencias que sirven de gancho para la personalidad adictiva.

Recuperarse de su adicción significa dejar de consumir no sólo su “droga” habitual sino también todas las drogas y actividades que ha utilizado para alterar su estado de ánimo.

Para recuperarse tiene que “abordar” su malestar interior, su vacío, su insatisfacción, o éste saldrá a la superficie una y otra vez bajo diferentes formas que nuevamente le llevarán al proceso adictivo.
Para recuperarse tendrá que aprender a manejar sus sentimientos, a entenderlos, a expresarlos, a sentirlos.
Para recuperarse tendrá que enfrentarse a los problemas resolviendolos eficazmente, valorando pros y contras y encontrando la solución más óptima.
Para recuperarse tendrá que conocerse a sí mismo, aceptando sus defectos, sus limitaciones pero sobre todo queriéndose por encima de todo.